POIESIS / 82

Por Gabriel Chavez Casazola

Ritmo: la intensidad, la repetición

Como el latir del corazón: sístole y diástole, dos grandes ‘cuestiones’ marcan la escritura de Xavier Oquendo de manera constante: la fatalidad de la poesía (con sus costuras de significante) y la condición del poeta (con sus impulsos de significado), ambas en relaciones antinómicas, a menudo contradictorias, que se resuelven en su propia tensión. Si bien su marca puede apreciarse mejor al revisar toda la extensión de la obra del autor, estas ‘cuestiones’ subyacen a varios textos de esta antología e irrumpen hacia el final de ella en un in crescendo rítmico que culmina, casi orgásmicamente, en los últimos poemas del libro, como una muestra de que el tema ha ganado centralidad en la etapa más reciente de su trabajo poético.

Por una parte, desde una concepción mítica, genésica, para Oquendo la poesía lo es todo y da origen a seres y cosas, a la manera del argé de los presocráticos. A su vez el poeta, un ser sin origen como las piedras y los ríos, un predestinado, al escribir el poema escribe el mundo, lo hace existir: el poema se necesita en el poeta. Pero es un demiurgo perezoso, caprichoso. A menudo no quiere hacer lo suyo, se resiste a nombrar y que las cosas sean, tímido Sísifo en rebelión. Y entonces la poesía –esa fuerza mayor– le obliga a acometer la tarea. Hay una condena en todo esto, pero es una condena dichosa la que ata al poeta a la escritura: oh felix culpa, podríamos entonar como en el célebre himno pascual.

Pero, por otro lado, y sin que negar lo anterior, la poesía es para él también una interlocutora cotidiana, femenina; una otra yo con la que (se) puede conversar de tú a tú y decirle mamita, ricaza, pescueza o suponer que se ha hecho la tuerta, la muy diva y le ha puesto cachos –cuernos, se dice en mi país– nada menos que a Rimbaud (ese sí monstruo de la naturaleza). Y el poeta, ya lejos de la dimensión del mito, será siempre la anécdota del poema, el asterisco del pie de página, la tapa de cuero que guarda el cantar de los cantares, el otro lado de la contratapa del libro… bajito, chiquito, nadita… burla, pez incomible, aire sin viento.

El poeta no existe, concluirá Oquendo, pero tendrá su rocinante y su dulcinea en la posteridad de su poesía / que la posteridad del poeta es su lector: ése es su quijote.

Timbre: la voz, la singularidad

Antes de terminar, un apunte sobre la voz del poeta, singularísima en la poesía ecuatoriana y también muy distintiva en Latinoamérica, aunque encuentre resonancias en otros poetas conversacionales de su misma generación. Acabo de escribir ‘poeta conversacional’ y ya dudo, pues aunque lo sea, lo es de un modo propio. Su poesía está cargada de (y por) imágenes insólitas, a menudo simbolistas o surreales, que la hacen tener otras capas de sentido. Y su sugestiva y en apariencia suave, aunque penetrante, entonación, propia de quien canta y cuenta, no es estrictamente coloquial: sus construcciones resultan con frecuencia disruptivas, y en esos quiebres algo se gana y algo queda derramado (en el lector, que, recordemos, es su quijote).

Eso sí, es casi siempre una voz que conmueve. La suya es una poesía que busca tocar al lector. Xavier Oquendo es un poeta compasivo, que nos deja dolernos y alegrarnos con él. Como él mismo ha dicho de otros, es –“ni más ni menos”– un poeta de la emoción.
Entre la sincronía melódica y la armónica diacronía que hemos esbozado, más allá del ritmo de sus obsesiones, el timbre de su voz nos abriga, también a nosotros, salvados del naufragio, del inconcluso mar, por su poesía.

Al escuchar esa voz, imagino a Xavier muy joven, cuando quería ser compositor o cantautor, dudando entre hacer canción de autor o rock latino o hasta un buen pop, y me convenzo de que, en cierto modo, la música lo aproximó, lo llevó de su mano a la poesía. Y ambos hicieron morada allí. (Fragmento del prólogo para “Mar inconcluso”. antología personal de su poesía, 2021).


poemas-XOT


Xavier Oquendo Troncoso (Ambato-Ecuador, 1972). Periodista y Magister en Escritura Creativa. Profesor de Letras y Literatura.
Ha publicado doce libros de poesía, sus últimos títulos son Esto fuimos en la felicidad (Finalista Premio Jorge Carrera Andrade, 2009), Solos (2011), Lo que aire es (2014), Manual para el que espera (2015), Compañías limitadas (Finalista del Premio Pilar Fernández Labrador, 2018; Premio Universidad Central del Ecuador, 2020) y Tiempo abierto (2022) y una veintena de libros recopilatorios de su obra poética publicados en varios países de América Latina y Europa.
Ha incursionado en la narrativa corta y la literatura infantil y juvenil.
Su obra figura en muchas de las más importantes antologías de la poesía contemporánea de la lengua española. Organizador del Encuentro internacional de poetas “Poesía en paralelo cero”, uno de los más importantes festivales de poesía de América latina, director y editor de la firma editorial El Ángel Editor, en donde ha publicado alrededor de 500 libros de poesía de autores ecuatorianos y del mundo, haciendo una amplia difusión de la poesía contemporánea en la región.