FOLLETÍN > ENTREGA 22

Tragedy & Hope. A History of the World in Our Time. 1966. The MacMillan Company, New York; Collier MacMillan Limited, London. [Traducción de A. Mazzucchelli].

Carroll Quigley

Estas concesiones no fortalecieron el régimen imperial, sino que sólo intensificaron el sentimiento revolucionario. La muerte del emperador y de la emperatriz viuda Tzu Hsi, que había sido la verdadera gobernante del país (1908), llevó al trono a un niño de dos años, P’u-I. Los elementos reaccionarios aprovecharon la regencia para obstaculizar la reforma, destituyendo al ministro reformista conservador Yüan Shih-k’ai (1859-1916). El descubrimiento del cuartel general de los revolucionarios en Hankow en 1911 precipitó la revolución. Mientras que el Dr. Sun Yat-sen (1866-1925) se apresuró a regresar a China desde el extranjero, desde donde había dirigido el movimiento revolucionario por muchos años, el régimen imperial, que se tambaleaba, llamó a Yüan Shih-K’ai para que tomara el mando de los ejércitos antirrevolucionarios. Éste, en cambio, cooperó con los revolucionarios, forzó la abdicación de la dinastía manchú y conspiró para hacerse elegir presidente de la República China. Sun Yat-sen, que ya había sido elegido presidente provisional por la Asamblea Nacional de Nanjing, aceptó esta situación, retirándose del cargo y llamando a todos los chinos a apoyar al presidente Yüan.
El contraste entre el Dr. Sun y el General Yüan, primer y segundo presidente de la República China, era de lo más agudo. El Dr. Sun era un creyente en las ideas occidentales, especialmente en la ciencia, la democracia, el gobierno parlamentario y el socialismo, y había vivido la mayor parte de su vida como exiliado en el extranjero. Era abnegado, idealista y poco práctico. El general Yüan, en cambio, era puramente chino, un producto de la burocracia imperial, que no conocía las ideas occidentales y no tenía fe en la democracia ni en el gobierno parlamentario. Era vigoroso, corrupto, realista y ambicioso. La verdadera base de su poder residía en el nuevo ejército occidentalizado que había creado como gobernador general de Chihli en 1901-1907. En esta fuerza había cinco divisiones, bien entrenadas y completamente leales a Yüan. Los oficiales de estas unidades habían sido elegidos y entrenados por Yüan, y desempeñaron papeles principales en la política china después de 1916.
Como presidente, Yüan se opuso a casi todo lo que el Dr. Sun había soñado. Amplió el ejército, sobornó a los políticos y eliminó a los que no podían ser sobornados. El principal apoyo a su política fue un préstamo de 25 millones de libras de Gran Bretaña, Francia, Rusia y Japón en 1913. Esto lo hizo independiente de la asamblea y del partido político del Dr. Sun, el Kuomintang, que dominaba la asamblea. En 1913 un elemento de los seguidores de Sun se rebeló contra Yüan pero fue aplastado. Yüan disolvió el Kuomintang, arrestó a sus miembros, destituyó al Parlamento y revisó la constitución para otorgarse a sí mismo poderes dictatoriales como presidente vitalicio, con derecho a nombrar a su propio sucesor. Cuando murió, en 1916, estaba preparando su proclamación como emperador.
Tan pronto como murió Yüan, los líderes militares destacados en diversas partes del país comenzaron a consolidar su poder a nivel local. Uno de ellos llegó a restaurar la dinastía manchú, pero fue destituido de nuevo en dos semanas. A finales de 1916 China estaba bajo el dominio nominal de dos gobiernos, uno en Pekín bajo Feng Kuo-chang (uno de los militaristas de Yüan) y un gobierno de secesión en Cantón bajo el Dr. Sun. Ambos funcionaban bajo una serie de constituciones de papel fluctuantes, pero el poder real de ambos se basaba en la lealtad de los ejércitos locales. Como en ambos casos los ejércitos de las zonas más remotas eran semi-independientes, el gobierno en esas zonas era una cuestión de negociación más que de mandos desde la capital. Incluso el Dr. Sun vio esta situación con suficiente claridad como para organizar el gobierno cantonés como un sistema militar con él mismo como generalísimo (1917). El Dr. Sun era tan poco apto para este cargo militar que en dos ocasiones tuvo que huir de sus propios generales para ponerse a salvo en la concesión francesa de Shanghai (1918 y 1922). En tales condiciones, el Dr. Sun no pudo llevar a cabo ninguno de sus planes favoritos, como la vigorosa educación política del pueblo chino, una amplia red de ferrocarriles chinos construida con capital extranjero o la industrialización de China sobre una base socialista. En cambio, en 1920, el caudillismo era supremo, y los chinos occidentalizados sólo encontraron la oportunidad de ejercer sus nuevos conocimientos en la educación y en el servicio diplomático. Dentro de la propia China, el mando de un ejército bien entrenado que controlaba un grupo compacto de provincias locales era mucho más valioso que cualquier conocimiento occidentalizado adquirido como estudiante en el extranjero.

[Continuará]

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