D. LAMAS GARCÍA / De la radio a los algoritmos, la disputa por el poder cambió de escenario: hoy la batalla decisiva se libra por controlar nuestra atención y percepción de la realidad.
ENSAYO
La batalla por la atención, la que una persona puede prestar a lo largo de su día, de su vigilia, es el corazón del interés y desvelo de todos aquellos que se dedican a los medios, la publicidad y obviamente a la política, en su objetivo por el llamado “control del discurso”.
En 2020 Hollywood lanzaba el film “News of the world”. Tom Hanks protagoniza a Jefferson Kyle Kidd, un viajero en Texas de 1870, poco después del final de la Guerra Civil. Kidd es un presentador de noticias, alguien que viaja de ciudad en ciudad y literalmente le pagan por leer las noticias a los lugareños. La entrega a domicilio no existía hace 150 años y muchas personas en estos pequeños pueblos ni siquiera sabían leer, por lo que confiaban en personas como Kidd para que les contaran lo que estaba pasando en el mundo.
El correr del tiempo ha mostrado un complejo y sofisticado andamiaje de tecnologías que se han ido entrelazando, creciendo y mutando hasta niveles que un individuo común y corriente, concentrado en los quehacer cotidianos de la vida ni siquiera intuye claramente.
Hoy, ese viajero que leía noticias en pueblos remotos ha sido reemplazado por un ejército de algoritmos. Pero el objetivo es el mismo: capturar la atención, mantenerla, y moldear lo que vemos y pensamos. La diferencia es que ahora, el viajero no tiene rostro ni nombre, y su voz no se escucha: se siente.
Hoy existen empresas que ofrecen segmentación psicográfica: análisis de rasgos psicológicos, motivaciones conscientes y subconscientes, identificación de narrativas y redes de influencia. Su objetivo es saber exactamente cómo, cuándo y a través de quién intervenir a esto se le llama la neurogobernanza.
A los medios de comunicación, radio y TV tradicionales les ha caído una revolución. Han pasado de un mundo donde la posesión de frecuencias del espectro radioeléctrico, otrora el non plus ultra del poder comunicativo y con una propiedad casi monopólica, a una dispersión digital amplia, diversa y potencialmente infinita que les compite con total éxito en todos sus rubros. Han pasado del círculo exclusivo de los emisores analógicos, con audiencias cautivas, al de un nuevo y vasto universo de medios digitales con públicos libres, costos extremadamente bajos y estilos de comunicación modernos, ágiles y tan heterogéneos como especializados.
Esa batalla por el control de la palabra, que en Uruguay se libró con armas en 1969, hoy se libra con algoritmos. Y el campo de batalla ya no es una frecuencia de radio, sino la mente de cada uno de nosotros.
La gran comunicación por medio de la radio empezó, en Uruguay, en abril de 1922, en forma experimental. La filial uruguaya de General Electric instaló un transmisor de 10 vatios de potencia sobre la azotea del desaparecido diario Del Plata. Ya desde allí se realizó la primera transmisión de un partido de fútbol en Uruguay, y posiblemente en el mundo, el 1° de octubre de 1922.
La emisoras fundacionales fueron Radio Monte Carlo (CX20, 1924), Radio Nacional (CX30, 1925), Radio Carve (CX16, 1928), Radio Oriental (1928), Radio Fénix (1929) y El Espectador (que adoptó ese nombre en 1931) y el SODRE (1929).
Las transmisiones de televisión abierta en Uruguay comenzaron oficialmente el 7 de diciembre de 1956, con la inauguración de Canal 10 (SAETA TV), desde el Cilindro Municipal – que luego se incendiara en octubre de 2010 durante la administración de Ana Olivera-. En los años siguientes salieron al aire los principales canales privados y públicos: Canal 4: 23 de abril de 1961. Teledoce (Canal 12): 2 de mayo de 1962. Canal 5 (SODRE, actual TNU): 19 de junio de 1963.
Por muchas décadas existir fue sinónimo de haber sido nombrado en una emisora. Una frase popular decía “…quién sos vos que la radio no te nombra?” Más adelante,con el comienzo de la TV abierta, la referencia ineludible fueron los cinco minutos de fama. Esa fama no era un privilegio, era suerte de certificado de existencia.
Estar en los medios, ser escuchado en ellos, no fue solo aspiración individual y narcisista sino una verdadera batalla por el poder, un poder del nivel tal de pugna que evolucionó al punto de ejercer la lucha armada, (“…en el fondo éramos políticos con armas” al decir de Mujijca) para poder hacer sentir la voz en ellos.
El acceso más disruptivo, para tener una voz en el espectro radioeléctrico, lo protagonizó el MLN Tupamaros el 15 de mayo de 1969. Radio Sarandí (CX8), era la emisora que más audiencia tenía a la hora de las transmisiones deportivas. Ese día y a esa hora se jugaba la final de la Copa Libertadores entre el Club Nacional de Fútbol y Estudiantes de La Plata. El relator del encuentro, Carlos Solé, era el más escuchado y popular de las radios.
Ese relato fue interrumpido durante 45 minutos y durante ese tiempo se leyó, seis veces, una proclama, con la voz de Servando “Pocho” Arbelo. Según testimonios de su compañeros “…el Pocho fue seleccionado como locutor por la voz hermosa de barítono que tenía…”
Un trabajo de Johan Eddebo, “La tiranía digital descentralizada”, publicado el pasado 20 de agosto de este año sostiene que detrás de la llamada “burbuja de la IA” no hay simplemente una especulación financiera, sino la construcción de una nueva forma de totalitarismo descentralizado y orgánico.
Sostiene que no se trata de un Estado totalitario clásico, sino de una red difusa de empresas tecnológicas, agencias de inteligencia y ONG que, mediante IA, vigilancia y gestión de la información, están creando una “capa epistémica” entre el ciudadano y la realidad. El resultado es la erosión de la privacidad, de la evidencia y de la agencia individual.
Para entender la magnitud de lo que está en juego, vale la pena detenerse en algunos nombres. Brandwatch, por ejemplo, almacena 1,4 billones de conversaciones históricas. Pulsar ofrece segmentación psicográfica. AllEars extrae emociones de grabaciones de audio. Redpine accede a datos privados y no publicos. Estas no son empresas del futuro; son empresas del presente. Y están operando, en gran medida, al margen de cualquier control y de hecho han convertida en obsoletas buena parte de las normativas legales vigentes.
La atención es el recurso más valioso del siglo XXI. Y quienes la controlan —ya sean gobiernos, corporaciones o algoritmos— controlan también lo que vemos, lo que creemos y lo que recordamos. La pregunta no es si estamos siendo vigilados, sino qué hacemos con esa conciencia.
Qué hacer o la flecha está en el aire
Pero este diagnóstico, por más preciso que sea, no es el único. En una edición anterior de esta misma revista, Aldo Mazzucchelli ofrecía una mirada complementaria: la de un final civilizatorio que no es solo tecnológico, sino institucional y existencial.»
En “La flecha está en el aire” se analiza en forma más general, desde un punto de vista civilizatorio, el contexto de estos cambios, su rumbo, sus consecuencia y una necesaria ruta de salida.
“Yo percibo un final. No estoy seguro de qué final sea. A menudo pienso que es el final de determinadas instituciones de la sociedad en Occidente. Puede ser el final de la institución política y jurídica, el final de la moneda, el final de la escuela, el final de los medios de comunicación tradicionales, de la medicina oficial, y otras. Estos y muchos otros finales están largamente merecidos, por la incapacidad que vienen mostrando estas prácticas institucionalizadas para cumplir las funciones para las que fueron concebidas”
Mazzucchelli propone que “Trabajemos cada uno en sí mismo y en nuestro entorno real… Hagámonos lo más independientes que podamos del sistema tal como es”. El viejo mundo (la modernidad sólida) está muerto: Sus instituciones son cáscaras. La única defensa posible es la retirada y la autoconstrucción: recuperar la capacidad de prestar atención, de leer textos largos, de hablar cara a cara, de sostener una idea sin que un algoritmo la apruebe.
Tanto Eddebo como Mazzucchelli están diciendo que el campo de batalla final no es la economía ni las elecciones. El campo de batalla es tu atención y tu percepción de la realidad. Y el viajero que leía noticias en 1870, aquel que recorría Texas con sus periódicos, hoy no tiene rostro ni nombre: es un algoritmo que te conoce mejor que tú mismo.
NOTAS
1 http://historico.espectador.com/cultura/280388/radio-el-espectador-cumple-90-anos-de-historia#1
2 Idem
3 https://www.infouruguay.com.uy/
5 https://youtu.be/aS82iF4kDrU?si=HJiSR3dGJAFrtSgs
6 https://lagalenadelsur.com/2013/09/12/1968-uruguay-cuando-los-tupamaros-coparon-radio-sarandi/
7 https://www.mateamargo.org.uy/2026/03/22/david-campora-schweirzer/
9 https://extramurosrevista.com/la-flecha-ya-esta-en-el-aire/

