-Los emails de Anthony Fauci muestran que se trata de una figura muy política y muy mediática, pero secundaria. Le presentamos hoy a alguien mucho más importante: Sir Jeremy Farrar

-La liberación de los mensajes y su tratamiento obsesivo del tema del ‘origen’ contribuyen a seguir desviando la atención respecto de temas y personajes centrales

-Cómo los emails de Anthony Fauci dados al público revelan el modo en que un grupo de fundaciones privadas, Big Pharma y la OMS manejaron desde el comienzo la respuesta a la pandemia

-Cómo y quiénes coordinaron la negación del origen artificial del virus en febrero de 2020

INFORME ESPECIAL

Por Aldo Mazzucchelli

Hasta el momento conocemos el contenido parcial de un conjunto que totaliza más de 3000 páginas de mensajes de email del Dr. Anthony Fauci, principal referencia pública técnica de la respuesta a la crisis del Covid-19 en Estados Unidos. Estos mensajes fueron obtenidos en dos tandas, bajo sendos pedidos amparados en la Ley de Libertad de la Información,  FOIA (Freedom of Information Act). El primer grupo lo obtuvo el martes 1 de junio el portal BuzzFeed.News, y el Washington Post, y el segundo dos días más tarde la organización no gubernamental ICAN (Informed Consent Action Network). 

Lo importante sigue oculto

Antes de considerar los contenidos disponibles, lo primero es presentar al lector con un par de observaciones fundamentales. La primera es que cierta parte del contenido de los emails abiertos al público está tachado. ¿Por qué? La respuesta inicial sería que la ley a través de la cual los emails fueron obtenidos determina que parte del material pueda censurarse u oscurecerse antes de entregarlo, por razones legales o de seguridad. Pero ¿está Fauci bajo investigación judicial? No que se sepa públicamente. ¿Cuáles son entonces las razones de seguridad nacional o personal que siguen impidiendo que el contenido más revelador de estos documentos sea liberado al público?

La atención del público sigue entretenida en asuntos secundarios

La segunda observación es lo extraño de los mecanismos según los cuales la narrativa en los medios mainstream ha cambiado respecto del origen del virus, y de Anthony Fauci. Hasta hace aproximadamente un mes, Facebook censuraba cualquier insinuación de que el virus podría haber sido hecho en laboratorio y escapado del mismo. Desde entonces Newsweek y el Wall Street Journal publicaron artículos que comenzaron a dar un giro en la cuestión, y el giro es ahora de 180 grados. No solo Facebook ha dejado de censurar este asunto, sino que incluso el New York Times, que hasta hace un tiempo se reía o sometía a cancelación a cualquier científico que dijese lo contrario a su ortodoxia, hoy dice ya que es posible que el virus sea el resultado de estudios de ganancia de función. Si hubiese aparecido información sustancialmente nueva entre abril y mayo esto podría explicarse, pero los estudios científicos y los datos de inteligencia que supuestamente apuntan al laboratorio de Wuhan existen desde el verano boreal de 2020 o antes aun, y todo el trabajo del grupo DRASTIC, por ejemplo, había develado mucha información también a lo largo de ese año. ¿Por qué este cambio? 

Luego, tenemos que la liberación de estos emails ha sido solicitada por dos medios de tendencia demócrata –BuzzFed y el Washington Post-, y sin embargo su liberación tiene implicancias directamente negativas sobre la figura de Anthony Fauci -una figura pública que ha sido en el último año defendida por demócratas y atacada por republicanos-. En efecto, una de las «revelaciones» más obvias que dejan los email es cómo Fauci trabajó para «tapar» cualquier posible filtración del virus desde el laboratorio de Wuhan. 

¿Cómo entender esto en el contexto político del país del norte? Ahora, mientras los emails son leídos en todo el mundo, la posición de Fauci queda debilitada ante la opinión pública, los republicanos, liderados por el senador Ron Paul y el gobernador de Florida, Ron De Santis, exigen su destitución, y el mundo entero discute apasionadamente sobre si el virus salió de un laboratorio, si China lo lanzó a drede al mundo, o si fue un error. Pero aun si fue dejado escapar, de acuerdo a esta narrativa los únicos responsables parecerían ser los chinos y «Fauci», y no los personajes mucho más poderosos que están por encima de Fauci y que, como la lectura de los emails deja en claro, operan normalmente más allá -y por encima- de lo que Fauci sabía. 

Sir Jeremy

El episodio sobre si Fauci es responsable o no de financiar y promover los peligrosos estudios de ganancia de función a los que, por ejemplo el Departamento de Defensa, destina millones de dólares hace décadas, es un hecho relevante respecto del origen. Pero de los emails queda perfectamente claro que, sean cuales hayan sido las preocupaciones de Fauci, quien dirige y coordina la respuesta a este asunto es una figura principal en todo el episodio de la pandemia 2020: Sir Jeremy Farrar, presidente del Wellcome Trust -organización sobre cuyo endémico conflicto de intereses con la investigación que financia tradujimos una investigación del British Medical Journal en este número. Es él quien organiza el equipo que da respuesta pública a la idea del origen artificial. Queda luego de ello en segundo plano el rol del deep state norteamericano en la creación del virus y, sobre todo, el rol de los agentes corporativos globales y la OMS en la dañina e inexplicable respuesta al mismo.  

Además, el hecho de que se hable de «ganancia de función» y de peligrosísimas y letales armas biológicas fortalece las exageraciones sobre la verdadera letalidad del SARS2, que según los estudios más autorizados sigue siendo baja, y desvía la atención de los problemas -aparentemente mucho más graves- asociados a la vacunación, que aun en estos email aparece ya como un gran objetivo desde enero y febrero de 2020, mucho antes de que el virus existiese en la mente de la mayoría de la gente. 

¿Vale la pena la reputación -y quizá la cabeza- de Fauci a cambio de todo este desvío de la atención respecto de los temas principales? Quizá sí. En todo caso, su posición está aun asegurada, en la medida en que el poder lo tiene el partido Demócrata. En una conferencia de prensa reciente, un periodista preguntó a la vocera de la Casa Blanca si había «alguna circunstancia en la cual Biden pudiese echar a Fauci», y la respuesta fue lacónica: «No». Se verá si este blindaje aguanta, pero en todo caso los emails de Fauci podrían ser parte de la misma tendencia de los grandes medios mainstream a inventar agendas atractivas que desvían constantemente la atención de los temas primordiales.

Hecha esta salvedad, veamos los email, que tienen algunos ángulos reveladores de cómo se manejó esta crisis desde el comienzo, y sobre todo, quiénes la manejaron.

¿Qué muestran los emails?

Hasta donde hemos podido estudiarlo, el conjunto revela sobre todo dos cosas interesantes. La primera es el quién de la respuesta a la crisis -espontánea o manufacturada- del SARS2. No fueron los gobiernos, desde luego, ni tampoco la ciencia si por ello se entiende alguna clase de discusión abierta. Fue un grupo de organizaciones globales vinculadas a la financiación de investigación en vacunación y epidemias, fundadas hace algunos años y en coordinación con la OMS y la industria farmacéutica, más un conjunto de jerarcas del más alto nivel del establishment científico de los países centrales, más un conjunto pequeño de investigadores de primer nivel, casi todos ellos ligados a los estudios de ganancia de función. Contaron para ello con la participación de algunas instituciones académicas, especialmente las Universidades Johns Hopkins, Universidad de Washington, Harvard, el Imperial College británico, y otros. Tal grupo de instituciones y personas a nivel global, organizados en niveles en cierto modo jerárquicos, o al menos con diferentes niveles de acceso mutuo, operó intensa y coordinadamente desde el inicio. Sus objetivos principales y por ahora visibles: crear la «ciencia» fraudulenta (es decir, dirigida de antemano en sus resultados) para guiar la respuesta masiva, imponer la vacunación como «única salida posible», y controlar el mercado de esa vacunación. 

Si había o hay otros objetivos más amplios a los que la vacunación sirva no es algo que pueda afirmarse a partir de estos emails, pero la vacunación masiva aparece desde el comienzo como meta, de manera nítida.

La segunda es la intensa preocupación de algunos de ellos por negar que el virus pudiese tener origen artificial, y en cambio coordinar diversas respuestas públicas que instalasen la versión del origen natural (murciélago – pangolín o civeta, seres humanos). Las eventuales responsabilidades del gobierno chino -y ni qué hablar, del norteamericano- en el origen quedarían así en segundo plano.

Los medios republicanos en Estados Unidos están intentando hacer caudal de detalles que los emails revelan y por los cuales quieren responsabilizar a Fauci, pero una mirada imparcial podría tener razonables dudas en la mayoría de esos aspectos. Es verdad que Fauci dijo en privado que las mascarillas no funcionan en febrero, o que no recomendó los tratamientos con hidroxicloroquina u otros alternativos. Pero, más allá de que evidentemente la industria farmacéutica y las investigaciones médicas financiadas por diversos agentes se inclinaron por el remdesivir (una droga cara, poco eficaz, y que da grandes ganancias a la industria) y no se inclinó por las drogas baratas y eficaces (ivermectina o hidroxicloroquina), es poco lo que los emails revelan de responsabilidad de Fauci en ello. Algún mensaje que le proponía a Fauci investigar la hcq fue derivado por Fauci a la Dra. Cristina Casetti, quien dirige lo que Fauci llama el «programa extramuros (sic) de investigación sobre coronavirus» del NIAID, para que los contestase «como sea adecuado», igual que muchos otros. Pero esto no implica más que, a lo sumo, un olfato de Fauci respecto de lo que la industria quería. 

La tanda de mensajes muestra, por otro lado, ciertos aspectos humanos de la crisis. Aparecen por ejemplo las toneladas de emails aduladores de Fauci a partir de sus apariciones en los medios, y también los emails desesperados de personas que le preguntan a Fauci qué deben tomar ellos o sus familiares enfermos, o muestran su desorientación ante los mensajes contradictorios que se recibían por múltiples fuentes en esos meses iniciales de febrero, marzo y abril. También se ve toda clase de intentos de promover ante Fauci mecanismos de cura, productos de limpieza basados en titanio, o invitaciones constantes a participar en programas de televisión. Incapaz, naturalmente, de contestarlos todos, Fauci, en un mensaje nocturno, le dice con ironía a su secretaria «No tengo idea de qué está hablando este hombre. Por favor miralo y encargate. ¡Solo me faltan 498 emails para terminar hoy!«

Repasemos pues los dos o tres episodios importantes, hasta donde logramos distinguirlos, en el conjunto.

Control de daños respecto del origen

Una de las «crisis fundacionales» de la narrativa Covid, tal como la revelan estos emails, tiene que ver con algo ocurrido a fines de enero y comienzos de febrero de 2020. Esta mini-crisis mostrará aspectos de política de investigación biológica de largo aliento que quedan implicados, y sobre todo pinta un panorama de cuáles son y como funcionan determinadas jerarquías en la producción y administración de las narrativas. La supuesta «ciencia» presentada por los grandes medios como última palabra comprobada e indiscutible, no fue en este caso más que el fruto de un obvio complot organizado por gente que, por su posición de poder financiero y simbólico, puede incidir para que revistas científicas del máximo nivel publiquen lo que sea que ellos respalden.

El antecedente inmediato es un informe publicado por Jon Cohen en la revista Science el 31 de enero de 2020. El título: «Excavando en los genomas del coronavirus para averiguar el origen del brote». Ese mismo día, Gregory K. Folkers, el Jefe de Gabinete de Fauci, con un perfil que lo dirige a encargarse de la comunicación, reenvía ese artículo a Fauci. 

En ese informe ya Trevor Bedford (iremos destacando los nombres de los actores de esta saga la primera vez que los nombremos), un virólogo bioinformático del Fred Hutchinson Cancer Institute de Seattle -cruzando la calle de la Bill & Melinda Gates Foundation, y financiado por esta- interviene para asegurar la idea fundamental desde el principio: «Uno de los mensajes más importantes [de las secuencias víricas] es que hubo una única introducción en los seres humanos y luego una propagación de humano a humano» dice ya en ese informe. 

Trevor Bedford

Trevor Bedford aparece repetidamente por ese tiempo en conexión con esa misma Bill & Melinda Gates Foundation. Primero, en un estudio de gripe hacia fines de febrero 2020 financiado por la citada Fundación; luego, anunciando la necesidad de obtener rápidos kits de diagnóstico Covid financiados por la misma Fundación. En fin, este Trevor Bedford parece haber sido uno de los «hombres de Gates» al comienzo mismo de la pandemia en Estados Unidos. Es él quien dio la alerta por primera vez, afirmando que el virus se había «esparcido silenciosamente» por los Estados Unidos durante seis semanas, ya a comienzos de marzo; fue él también uno de los más entusiastas defensores del mecanismo de respuesta preconizado por el Imperial College (aislar, testear masivamente, etc.), al que Bedford quiso glorificar como el «Programa Apolo de nuestros tiempos» (el nombre no prendió), mecanismo que incluyó tempranas conversaciones (antes de que la pandemia fuese realidad en USA) entre Amazon y Gates, para implementar y vender un mecanismo de testeo en los hogares.  

Todo el argumento de ese informe está cuidadosamente construido para descartar la hipótesis de origen en laboratorio, y los consultados operan en ese sentido también. Además de Bedford, trabajan en el mismo sentido en la nota de Science Medicine la «dama murciélago» Zhengli Shi del Instituto de Virología de Wuhan, Kristian G. Andersen, virólogo evolucionista del Scripps Research en el campus de LaJolla, California, y Edward «Eddie» Holmes, otro investigador del mismo campo, inglés, trabajando en la Universidad de Sydney, pero profundamente vinculado con China: Profesor Visitante de la Universidad Fudan, Shanghai, desde el 2019 al presente, y Profesor Invitado del CDC Chino desde el 2014 al presente.

Fauci inmediatamente reenvía el artículo a Andersen y a Farrar -probablemente antes aun de leerlo, pues no se percata de que el primero está citado en el mismo- diciendo «Esto salió hoy. Quizá ya lo hayan visto. Si no lo hicieron, es interesante para la discusión actual«. 

Andersen contesta esa misma noche del viernes 31. «Gracias, sí, lo había visto más temprano, y tanto Eddie (Holmes) como yo estamos citados ahí. Es un gran artículo, pero el problema es que nuestros análisis filogenéticos no son capaces de responder si las secuencias son inusuales sobre residuos individuales, salvo que estén completamente fuera de lo esperado. En un árbol filogenético el virus luce totalmente normal, y la cercanía de grupo con los murciélagos sugiere que éstos sirvieron como reservorio. Los rasgos inusuales del virus son una parte realmente pequeña del genoma (<0.1%) de modo que uno tiene que mirar con mucho cuidado a todas las secuencias para ver algunas de esos rasgos que parecen (potencialmente) manipulados.

Tenemos un buen equipo para examinar muy críticamente este asunto, así que sabremos mucho más al terminar este fin de semana. Debo mencionar que luego de discusiones que tuvimos más temprano, Eddie, Bob, Mike, y yo mismo, todos encontramos que el genoma es inconsistente con las expectativas de la teoría de la evolución. Pero tenemos que mirar con mucho más cuidado y todavía hay análisis que hacer, de modo que estas opinones aun pueden cambiar«.

Email del 31 de enero 2020 en el que Kristian G. Andersen le dice a Fauci que él y su equipo piensan, provisoriamente, que el virus es artificial. Esto es antes de las reuniones con Farrar.

El mensaje de Andersen es bastante importante, y no sé si se ha reparado lo suficiente en su análisis. Al comienzo de una secuencia de intercambios entre él, Farrar y otros que ya veremos, Andersen y sus colegas están prácticamente convencidos de que el virus es artificial («es inconsistente con las expectativas de la teoría de la evolución»), pese a que ya han dicho a Cohen y a Nature Medicine lo contrario… Luego seguirán trabajando intensamente en sentido contrario a su propia conclusión inicial durante todo el año 2020. ¿Cambió esta, o ya habían decidido el camino de la mentira por causas políticas o de conveniencia?  

Kristian G. Andersen

***

Del lado de Fauci, este intercambio inicial con Andersen ha disparado un gran problema. Pues Fauci había enviado a Andersen un mensaje donde parece sentirse tranquilizado por lo que publicó Science Medicine. Pero al saber -por la respuesta que recién vimos de Andersen- que el virus parece de veras un producto de ingeniería, se disparan todas las alarmas. Pues en ese caso, son fondos del NIAID, los que financiaron estudios de ganancia de función en colaboración de investigadores chinos (Wuhan) y norteamericanos, los que podrían estar detrás de la pandemia misma. 

Fauci sigue pues trabajando, rebuscando estudios y financiaciones otorgadas. Apenas pasada esa medianoche envía un email a Hugh Auchincloss, su segundo de a bordo, lleno de urgencias. Es ya el sábado 1de febrero de 2020 a las 0:21 de la madrugada. En él, casi grita Fauci: «Es esencial que hablemos luego, de mañana. Que tu teléfono esté encendido. Tengo una conferencia a las 7:45 AM con Azar. Debería terminar a las 8:45 AM. Lee este paper así como el email que te voy a reenviar ahora mismo. Tendrás tareas para hoy que deben ser hechas

Quien se haya familiarizado con el estilo de Fauci sabe que estas son exigencias muy perentorias. Pero lo más importante es que, lo que Fauci envía como adjunto, bajo el título «Baric, Shi et al – Nature medicine – SARS Gain of Function.pdf)es el hoy ya famoso paper de Nature Medicine de 2015, en donde un equipo en que participan Ralph Baric (Carolina del Norte) y Zhengli Shi (Wuhan), entre otros,comunican que han creado un virus quimérico y admiten además que lo hicieron pese a la moratoria impuesta por el gobierno de Obama en 2014, dando, como justificación para ello, que esos estudios fueron, luego revisados y aprobados para ser continuados por el NIH .  Esto elimina de plano cualquier posibilidad de que Fauci ignorase, el 1 de febrero de 2020, que Baric y Zhengli Shi, en Wuhan, estaban llevando adelante estudios de ganancia de función. Para reconfirmar esto, el título del adjunto enviado a Auchincloss no es el del paper original, sino que es un pdf titulado así por Fauci mismo o un colaborador. Es, en todo caso, un título que Fauci no puede no haber leído, puesto que se lo envía con toda premura a su colaborador Auchincloss.  ¿Para qué? No lo podemos afirmar a ciencia cierta. Lo más probable es que le haya encargado que busque formas de verificar la conexión entre la financiación del NIAID-NIH y ese aspecto de esa investigación. Decimos esto, pues es imposible que Fauci intentase ignorar que el NIAID-NIH había financiado esa investigación, y que se trata de ganancia de función, puesto que esto está reconocido directamente en el mismo paper publicado, hacía entonces ya cinco años. Véase: 


«La investigación para este manuscrito fue apoyada por fondos del Instituto Nacional de Alergias & Enfermedades Infecciosas (NIAID) y el Instituto Nacional del Envejecimiento de los Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos (NIH), bajo concesiones U19AI109761 (R.S.B.), U19AI107810 (R.S.B.), AI085524 (W.A.M.), F32AI102561 (V.D.M.) y K99AG049092 (V.D.M.), y por concesiones de fondos de la Fundación Nacional de Ciencia Natural de China 81290341 (Z.-L.S.) y 31470260 (X.-Y.G.), así como por fondos USAID-EPT-PREDICT de la EcoHealth Alliance (Z.-L.S.).»
«Los experimentos con los virus recombinantes de largo completo y quiméricos SHCO14 fueron iniciados y desarrollados bajo la pausa de la investigación de Ganancia de Función (GOF) y han sido, desde que ésta se inició, revisados y aprobados para ser continuados por el NIH«

 

Luego de recibir el adjunto y la nota de Cohen, Auchincloss contesta «El paper que me enviaste dice que los experimentos fueron hechos antes de la pausa impuesta a los estudios de ganancia de función, pero que fueron luego revisados y aprobados por el NIH para ser continuados. No sé bien qué significa esto, pues Emily [Erbelding] está segura de que no se hizo ningún trabajo sobre Cornavirus bajo el marco P3. Ella intentará determinar si tenemos algún lazo distante con este trabajo hecho en el extranjero

La respuesta puede ser interpretada como un intento de tranquilizar al jefe, y también parecería atenuar la responsabilidad directa de Fauci, que (se infiere de lo que escribe Auchincloss) no sabría nada de esa conexión o «lazo distante» en la financiación que tanto le preocupa. Al mismo tiempo, Auchincloss admite algo evidente -pero también negado por Fauci luego ante del senador Paul- que es que el estudio fue hecho «abroad«, es decir, en el extranjero. Es decir, en Wuhan. 

De la suma de todos estos elementos, es inexplicable que el Dr. Anthony Fauci haya negado repetidamente que el NIAID-NIH y la EcoHealth Alliance (con fondos, como consta, del Departamento de Defensa a través del programa PREDICT) hayan financiado estudios de ganancia de función con participación del Laboratorio de Wuhan, durante la moratoria. Esas investigaciones continuaron luego, además, como también se explica en nuestro informe anterior. Fauci podría no tenerlo presente directamente el 31 de enero de 2020, pero no podía no saberlo el 11 de mayo de 2021 cuando el senador Paul lo interrogó. 

Mientras ocurre esto y Fauci tiene un sábado completamente agitado por su lado, en Londres Jeremy Farrar monta un grupo (habrá dos más, en paralelo) para manejar la respuesta a la idea de que el virus es artificial. 

¿Por qué la premura de Farrar?  

Porque el día sábado 1 de febrero, a las 10_49 AM (hora del Este), el sitio de noticias independiente ZeroHedge publica una bomba: «El Coronavirus contiene «inserciones de HIV», alimentando miedos sobre que se trate de un arma biológica creada artificialmente«

La nota de ZeroHedge era importante -pese a eventuales errores de detalle en ella-, pues anunciaba algo que otros trabajos científicos desarrollarían luego: el nuevo SARS2 tiene insertos que parecen artificiales. Es decir, es con toda probabilidad el producto quimérico de un trabajo de ganancia de función, como se explicaba hace más de un mes en esta nota. Debido a que hizo esta publicación, ZeroHedge fue baneada de las redes sociales definitivamente, en ejercicio de la «política de cancelación», es decir, la censura totalitaria ejercida hace más de un año por Google, Facebook, Twitter y demás redes sociales vinculadas. 

Un conjunto de emails con contenido aun secreto

Los emails fundamentales que involucran este aspecto de la saga son seguramente de alto voltaje, pues fueron entregados con su contenido tachado, de modo que es imposible leer la mayor parte. No obstante eso, los nombres y tiempos de los actores involucrados, además de pequeñas pistas que quedaron sin tachar, permiten hacerse una idea general de la escena, y sobre todo, de los actores involucrados y sus intenciones fundamentales. 

El sábado 1 a las tres y media de la tarde Sir Jeremy Farrar compone el grupo de respuesta. En él están: Anthony Fauci; Sir Patrick Vallance (el Asesor Científico Jefe del Gobierno Británico desde 2018; hasta entonces fue el Presidente de Investigación y Desarrollo del gigante farmacéutico Glaxo SmithKline); Christian Drosten (Jefe del Instituto de Virología del Charité Berlín; antes revistando en el Ministerio de Salud, donde fue discípulo de la burócrata internacional Ilona Kickbusch); Marion Koopmans (consejera de la OMS); Paul Schreier (Oficial Jefe de Operaciones del Wellcome Trust); Eddie Holmes y Kristian Andersen

Sir Patrick Vallance
Eddie Holmes
Christian Drosten

La agenda que para ellos diseña Farrar es muy clara: 

«Agenda: 

Introduccion, objetivo y resultados deseados: Jeremy Farrar

Resumen: Kristian Andersen

Comentarios: Eddie Holmes

Q&A: Todos

Resumen y próximos pasos: Jeremy Farrar»

Se agrega que se debe intentar encontrar y convocar también a la reunión a Bob Garry, un investigador de Tulane que Farrar conoció en conexión con el ébola; a Ron Fouchier, un pionero de la ganancia de función cuyo exitoso estudio para empeorar mucho la transmisibilidad del H5N1 fue el puntapié inicial de la polémica que terminó con la prohibición del gobierno de Obama sobre los estudios de ganancia de función; a Andrew Rambaut (miembro de SAGE, el grupo asesor científico sobre Covid del gobierno británico), un virólogo de Edimburgo que fue el primero en el mundo en publicar la secuencia completa del SARS2 (que le fue enviada a su vez por Eddie Holmes) en su propio foro de discusión especializada, Virological; a Stefan Pohlmann (virólogo alemán, quien trabajando para Farrar, publicó un cuestionado estudio contra la hidroxicloroquina en Nature). 

Ese grupo inicial, con pequeñas alteraciones incluyendo a Francis Collins (jefe del NIH) y a Josie Golding (divulgadora, del Wellcome Trust), se reúne por primera vez a las 7 de la tarde del sábado 1 de febrero (sin Fauci), para organizar la respuesta adecuada al problema del origen artificial en general, y al artículo de ZeroHedge en particular.

Luego de la reunión, Farrar agradece a todos y agrega «Claramente, hay mucho que aprender en esto. Esta llamada fue de mucha ayuda para escuchar lo que sabemos hoy, y los muchos huecos en nuestro conocimiento. (Luego vienen las sugerencias concretas de Farrar sobre cómo seguir, que están todas tachadas en los mails liberados). Espero que esta sea una aproximación razonable, por favor manden sus ideas o sugestiones…»

Este «grupo de trabajo sobre la evolución del coronavirus» como le llama Fauci en un email posterior a Farrar (donde pide que se incluya a Pardis Sabeti, del Broad Institute, MIT y Harvard), intercambiará varios mensajes durante el fin de semana. Ron Fouchier comparte un par de páginas de consideraciones, todas ocultas por el momento, lo mismo que Andrew Rambaut. 

Evidentemente, las conversaciones incluyeron como uno de sus focos intentar manejar la respuesta de parte de Tedros Adhanom Gebreyesus, el jefe de la OMS. De su actitud política podía depender el modo en el que se manejase una eventual inspección in situ al laboratorio de Wuhan, que podría dejar de manifiesto el origen mismo del virus. La mañana del domingo, a las 7:30 AM, Collins y Fauci reciben un email de Farrar que dice «De veras me gustaría que consideremos qué opciones tenemos…» y luego vienen consideraciones de Farrar, todas tachadas. 

Francis Collins responde el primero ese mismo domingo, ofreciéndose a interceder: «Estoy disponible a cualquier hora hoy, excepto de 3:15 a 5:45 pm EST (en un avión), para hacerle una llamada a Tedros. Hazme saber si puedo ayudar a atravesar su barrera de protectores

Recién ese domingo 2 por la tarde Fauci llega a responder directamente a Farrar, pidiendo las disculpas del caso. Pero seguramente el mensaje más interesante entre los que se pueden leer se intercambia enseguida entre los miembros más senior y políticos del grupo. Lo envía Farrar a Fauci, Francis Collins, y Lawrence Tabak (el segundo de a bordo dentro del NIH), y parece expresar de nuevo preocupación sobre el rol de la OMS. El email dice «Al parecer, Tedros y Bernhard han entrado en cónclave….. En mi opinión, tienen que decidir hoy. Si entran con evasivas, agradecería una llamada con ustedes esta noche o mañana para pensar cómo seguimos. Mientras tanto …. https://www.zerohedge.com/geopolitical/coronavirus-contains-hiv-insertions-stoking-fears-overartificiallycreated-bioweapon «

Bernhard es el Dr Bernhard Schwartländer, Asesor Estratégico Especial del Director de la OMS. Fauci le pide enseguida una llamada telefónica breve a Collins. 

La estrategia de negación se despliega en los medios, y se forma un segundo grupo «negacionista» del origen artificial

El grupo de Farrar, pues, parece haber definido luego de ese domingo su línea de acción. Esta consistiría en negar cualquier origen artificial -algo sobre lo que el viernes último el mismo Andersen pensaba lo opuesto- y trabajar hacia las jerarquías de la OMS para coordinar aspectos de ese manejo. 

Un indicio de que esto es así es el modo como Andersen cambia completamente su accionar, y comienza, agresivamente, a descartar cualquier posibilidad de que el virus sea artificial. 

Para ver lo más interesante quizá de ese accionar -aparte de ocasionales intervenciones en Twitter (hoy ya no disponibles, porque Andersen, luego de estar borrando muchas de ellas durante los últimos meses, finalmente  borró su cuenta)- hay que informar que Andersen opera también dentro de un nuevo grupo, que tiene el fin de responder a una consulta directa hecha por la Casa Blanca a la Academia de Ciencias, relativa al origen.

En efecto, a esta altura, hay ya dos grupos distintos que trabajan hacia el mismo objetivo de frenar la idea del origen de laboratorio. Es que el 3 de febrero, la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP) de la Casa Blanca pidió a las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM) que «convocaran una reunión de expertos… para evaluar qué datos, información y muestras son necesarios para abordar las incógnitas, con el fin de comprender los orígenes evolutivos del 2019-nCoV, y responder más eficazmente tanto al brote como a cualquier desinformación resultante«. 

Es entonces que se convoca a este segundo grupo de expertos. 

Debido a una solicitud hecha por el grupo norteamericano U.S. Right To Know, tenemos liberados una serie de correos electrónicos pertenecientes a Ralph Baric, según muchos el máximo experto norteamericano en estudios de ganancia de función, y convocado a participar en este segundo grupo. Estos correos electrónicos muestran las discusiones internas de los expertos, y un primer borrador de respuesta, fechado ya el 4 de febrero.

Ese borrador de respuesta, en el que se decía «la visión inicial de los expertos consultados es que los datos son consistentes con una evolución natural, y que no hay evidencia actual de que el virus haya sido creado artificialmente para propagarse más rápidamente entre humanos» es sometido al grupo para que lo discuta y mejore. 

El grupo que recibe de la Academia de Ciencias este borrador, con la advertencia de «CONFIDENCIAL», para editarlo y firmarlo incluye a Baric, Trevor Bedford (hombre de la Fundación Gates), Peter Daszak (principal canalizador de financiación para los estudios de ganancia de función en Wuhan y en dependencias del ejército norteamericano a través de la EcoHealth Alliance); Tom Inglesby (de la Johns Hopkins University, financiada por Gates, y quien dirigió la discusión en las sesiones del Evento 201); Mark Perlman (profesor de microbiología e inmunología de la Universidad de Iowa), y la Dra. Gigi Kwik Gronvall. Esta Profesora Asociada del Center For Health Security de la Johns Hopkins University, asesora científica de la Comisión para la Prevención de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva y el Terrorismo (2009-10), testificó ante el Congreso sobre la seguridad de los laboratorios biológicos de alta contención en Estados Unidos. Es miembro vitalicio del Council of Foreign Relations, y en el pasado trabajó en el Centro de Estrategias de Biodefensa Civil de la Universidad Johns Hopkins. Fue asociada postdoctoral del Consejo Nacional de Investigación en el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de Estados Unidos en Fort Detrick, Maryland.

Este grupo discute lo que claramente parece una respuesta, una vez más, no «científica», sino totalmente política, y coordinada como operación discursiva. «Muchas gracias de nuevo por vuestra participación ayer. Han cambiado los planes respecto de nuestro producto. En lugar de un posteo en la web «Based on Science», estamos preparando ahora una carta que será firmada por los 3 Presidentes de nuestras 3 Academias (NAS, Marcia McNutt; NAM, Victor Dzau; NAE, John Anderson), en respuesta a la carta de la OSTP. Pensamos que esto será más adecuado y rápido. 

De modo que, dada la urgencia del pedido de la OSTP y la HHS, les pedimos por favor que revean el BORRADOR CONFIDENCIAL adjunto, y nos digan si tienen alguna preocupación o quieren sugerir alguna modificación…» Etc.

Allí, nuestro conocido Kristian G. Andersen interviene de modo decisivo, una vez más hablando 180 grados al revés de su convicción científica anterior. Es posible que Farrar lo haya convencido de la conveniencia de lo contrario luego de los encuentros del fin de semana. «Me parece que la carta está muy bien, pero me pregunto si no deberíamos ser más firmes respecto de la cuestión de la artificialidad. Las grandes teorías lunáticas (crackpot theories) que circulan estos días se vinculan a que este virus fue modificado de alguna manera intencional, y ese, demostrablemente, no es el caso. Modificarlo puede querer decir muchas cosas y podría ser algo hecho para investigación básica, o por razones siniestras, pero los datos muestran conclusivamente que ninguna de esas cosas ocurrió (en el escenario siniestro, se habría usado la espina dorsal de un SARS/MERS y un enlace óptimo a ACE2 como se describió antes, y en el escenario de investigación básica se habría usado uno de los muchos sistemas genéticos reversos disponibles). Si uno de los propósitos principales de este documento es desacreditar esas teorías marginales, pienso que es muy importante que lo hagamos claramente y en lenguaje llano («consistente con» [la evolución natural] es mi favorita cuando hablo con científicos, pero no cuando le hablo al público -especialmente a los teóricos de la conspiración).«

Mensaje de Kristian G. Andersen que modifica la respuesta que las Academias de Ciencias dieron a la Casa Blanca. La respuesta final afirma rotundamente el carácter natural del virus

Como resultado, la carta que se emite finalmente por las Academias de Ciencias no menciona para nada ni los sitios de enlace (el corazón de los problemas en la hipótesis de un virus modificado artificialmente), y tampoco roza siquiera la mención a una posibilidad de un origen de laboratorio. Las ediciones de Andersen surtieron efecto e hicieron más absoluta y «blindada» la postura oficial de un origen natural.

Un paper en Nature Medicine como respuesta principal

Andersen y demás expertos del grupo original de Farrar (incluyendo a Holmes, Rambaut, Garry, a los que se suma Ian Lipkin) seguirán trabajando en la línea discutida a comienzos de febrero, y el 17 de marzo logran la publicación en Nature Medicine de un trabajo que se convertirá en la referencia oficial sobre el origen: «The proximal origin of SARS-CoV-2«, que postula y argumenta el origen estrictamente natural del virus. 

El 6 de marzo 2020, Andersen reconocía en email privado a Farrar, Fauci y Collins, que el paper era el resultado del «grupo de trabajo» montado por Farrar en Febrero: «Queridos Jeremy, Tony y Francis, Gracias de nuevo por su consejo y liderazgo mientras trabajábamos en el paper sobre los ‘orígenes’ del SARS-CoV-2. Nos alegra decir que el paper recién fue aceptado por Nature Medicine y será publicado pronto (aun no estoy seguro cuándo).

 Para mantenerlos al día, quería compartir con ustedes la versión aceptada, así como un borrador de prensa. Todavía estamos esperando las pruebas, de modo que déjenme comentarios, sugerencias o preguntas sobre el paper o sobre el material de prensa.»

Varios de estos científicos siguieron insistiendo luego en la prensa y en twitter en negar cualquier posibilidad de un origen artificial, hasta tan tarde como setiembre de 2020.

Kristian G. Andersen agradece a Farrar, Fauci y Collins su «consejo y liderazgo» para el paper «oficial» en defensa del origen estrictamente natural del virus.

 El montaje de Daszak

Un último esfuerzo importante para negar cualquier posible origen artificial, originado en la misma época, es el realizado por un tercer grupo, montado por Peter Daszak (ver nuestro informe de hace un mes para entender quién es y por qué es tan importante) y que culminó en una declaración de 27 científicos en The Lancet, de lo que también nos ocupamos ampliamente en nuestro informe anterior, por lo que no repetiremos ahora. Simplemente agregamos a aquello que, Daszak redactó la declaración y la distribuyó a otros científicos para que la firmaran. Pero los correos electrónicos de Baric revelan que el mismo Baric y Linfa Wang, los dos afiliados a EcoHealth, concluyeron que no debían firmar la declaración para ocultar su participación en ella. Dejar sus nombres fuera de la declaración le daría a ésta «cierta distancia de nosotros y, por tanto, no funcionaría de forma contraproducente«, les sugiere en privado Daszak, el cual agrega que podría «enviarla» a otros científicos para que la firmaran. «Así lo publicaremos de una manera que no lo vincule a nuestra colaboración, para maximizar una voz independiente«, escribió. En los correos electrónicos, Baric se muestra de acuerdo con la sugerencia de Daszak de no firmar la declaración de The Lancet: «De lo contrario, parece autocomplaciente y perdemos impacto«.

Finalmente, Baric no firmó, pero Daszak sí. Junto a él, al menos otros seis firmantes habían trabajado o habían sido financiados por EcoHealth Alliance. Es decir, tenían un conflicto de intereses absolutamente directo. Lo extraordinario es que la declaración de The Lancet, haciendo gala de una impunidad casi incomprensible, terminaba con lo siguiente: «Declaramos no tener conflictos de intereses«.

***

Sin que este asunto esté laudado de ninguna forma, la postura contraria al origen artificial no ha ganado ninguna fuerza durante el año transcurrido, y al contrario, sí ha crecido de un modo que podría decirse importante la sospecha en sentido contrario -como hemos detallado también en nuestra investigación anterior. 

El origen del virus no parece ser algo totalmente irrelevante por múltiples razones -tanto políticas como biológicas y de prevención, además de filosóficas respecto de la ética involucrada en las investigaciones de ganancia de función. En todo caso, sin una inspección directa en el laboratorio en China, es prácticamente imposible tener una prueba final en un sentido u otro.

Conflictos del deep state con las administraciones electas respecto al ‘origen’

Hace unos días, la revista Vanity Fair, que normalmente no se ocupa de estas cosas serias, publicó sin embargo un estudio extraordinario que repasa los vericuetos del ocultamiento, y las luchas internas entre los burócratas del deep state y las administraciones Trump y Biden respecto de los intentos de éstas por averiguar el origen del virus. 

Por esa investigación nos enteramos, por ejemplo, de que «un pequeño grupo dentro de la oficina de Control de Armas, Verificación y Cumplimiento del Departamento de Estado había estado estudiando el Instituto de Virología de Wuhan durante meses. El grupo había adquirido recientemente información clasificada que sugería que tres investigadores del IVW que realizaban experimentos de ganancia de función con muestras de coronavirus habían caído enfermos en el otoño de 2019, antes de que se supiera que había comenzado el brote de COVID-19. Mientras los funcionarios en la reunión discutían lo que podían compartir con el público, fueron aconsejados por Christopher Park, el director del Personal de Política Biológica del Departamento de Estado en la Oficina de Seguridad Internacional y No Proliferación, para que no dijeran nada que pudiera señalar el propio papel del gobierno de Estados Unidos en la investigación de ganancia de función».

Revelaciones como esta se acumulan. Finalmente, el argumento es que es el propio deep state el que interfirió con los intentos de investigación de la administración Trump, puesto que sabían que investigar el laboratorio de Wuhan llevaría a descubrir que estaba financiado por el propio gobierno norteamericano, a través de Fauci (NIH-NIAID), y el Pentágono (EcoHealth).

Lo que no sabemos es por qué ahora el deep state sí permite que se provea al mundo de información contra China. Una hipótesis es que, eliminado Trump de la escena, se reorganizan las fuerzas internas, incluido el ejército, y un conflicto más agudo con China (después de todo, un enemigo en términos de globalización) vuelve a estar sobre la mesa. Debilitar a China políticamente ya no es visto -como lo hacían los medios papagayos del deep state hasta hace un mes- como algo «xenofóbico», sino que ahora conviene, y por tanto se hace. Repentinamente, ya no es xenofóbico.

Lo que el asunto del origen no deja de ser, aun hoy, es algo molesto y financieramente muy peligroso para la industria científica de la ganancia de función. De comprobarse finalmente la hipótesis del origen artificial, no sólo varios investigadores debería quizá enfrentar la justicia por cargos severos, sino que la industria misma se vendría al suelo, y financiarla se convertiría -al menos por un tiempo- en algo muy difícil de defender por parte del contribuyente. 

Estos riesgos para la industria de la ganancia de función parecen haber incluso despertado instintos muy violentos en gente habitualmente tranquila. «A finales de marzo, el ex director de los Centros de Control de Enfermedades, Robert Redfield, recibió amenazas de muerte por parte de sus colegas científicos después de decir a la CNN que creía que el COVID-19 se había originado en un laboratorio», cuenta Vanity Fair. «Me amenazaron y me condenaron al ostracismo porque propuse otra hipótesis«, contó Redfield. «Lo esperaba de los políticos. No lo esperaba de la ciencia«.

Preparando la vacunación masiva

Otro aspecto de los emails de Fauci es que permite vislumbrar algunos detalles sobre el modo en que se manejó el negocio de las vacunas. Quién controlaría ese aspecto fundamental es algo que aparece desde muy al comienzo. 

Ya el día 27 de febrero 2020 Mark Zuckerberg, principal de Facebook, estaba respondiendo y ofreciendo apoyo (o solicitando participación) ante una declaración de Fauci sobre la posibilidad de que en seis semanas se estuviesen comenzando las pruebas de Fase 1 de las vacunas contra COVID (algo literalmente imposible, dígase de paso, si no hubiese existido investigación previa sobre ellas). Fauci recibe, agradece y descarta de modo elegante. «Creo que vamos a tener presupuesto. Cualquier cosa lo llamo»

Mark Zuckerberg se ofrece a Fauci para ingresar al negocio de las vacunas. En este caso, estaba golpeando en la puerta equivocada

 Pero entre estos esfuerzos iniciales, uno de los momentos más interesantes de la historia de 2020 ocurre el 21 de abril por la tarde, cuando se pone de manifiesto que hay un conflicto abierto entre dos programas que pretendían jugar un rol en el multibillonario espacio «público-privado» de la creación y administración de la vacunación.

La vacunación masiva parece haber sido un tema central desde mucho antes de que la crisis de covid estallase. El concepto está profundamente inserto en la ideología de los epidemiólogos y virólogos a cargo de este campo, y especialmente lo está a partir de los intereses entrelazados de grandes farmacéuticas y grandes fundaciones (Wellcome Trust y Bill & Melinda Gates) que financian gran parte de este campo en el mundo entero (CITAR). 

El problema es que a la iniciativa del estado norteamericano se le antepone -tomándola por sorpresa- otra competitiva, que será la que predomine, impulsada por las grandes entidades financiadoras. 

La sorpresa COVACS

Esto es patente cuando el Director de la principal agencia norteamericana de salud pública, el NIH, se da cuenta de que los están dejando fuera de la «iniciativa público-privada» de vacunas más grande de la historia: COVACS, dependiente de CEPI -más abajo aclaramos esta y otras siglas. Collins se entera de ello por un email que le envía el Presidente de la Academia Nacional de Medicina de los Estados Unidos, el ciudadano de origen chino Victor J. Dzau -quien en general parece estar más conectado con el «otro» grupo, más influyente e importante de Farrar, Gates y demás:

«Estimado Francis,

Lo felicito por el lanzamiento de la asociación público-privada para acelerar la vacuna y el tratamiento de COVID 19. [Dzau se refiere a ACTIV, la asociación público privada lanzada el 17 de abril por el NIH, en la que Gates también está involucrado de forma lateral. Esa iniciativa es la que está siendo esquivada por otra, de la que Dzau informa a Collins]. 

Esto es muy oportuno y muy necesario. Enhorabuena por su liderazgo.

Estoy seguro de que conoce el esfuerzo de coordinación mundial para acelerar las vacunas, los diagnósticos y los tratamientos terapéuticos. He participado en la conversación y la planificación junto con Jeremy Farrar, Richard Hatchett, Seth Berkley, Chris Elias, Paul Stoffels, etc. 

Recientemente, la OMS, la Fundación Gates y la Comisión Europea han liderado la planificación. Esto ha avanzado rápidamente y está en las etapas finales de

desarrollo, y pronto se anunciará. 

En él han participado la Comisión Europea, Alemania, Japón, Reino Unido, Noruega, Francia y Arabia Saudí, así como la Fundación Gates, la OMS, el Banco Mundial, Wellcome Trust, GAVI, Global Fund, CEPI, GPMB y la industria del sector privado. 

La iniciativa comenzará con una conferencia de compromiso de 8.000 millones de dólares como punto de partida, dirigida por la Presidente van der Leyen y copresidida por los líderes de los países mencionados.

Se celebrará el 4 de mayo. Además, a finales de esta semana o principios de la próxima, se anunciará la estructura de coordinación mundial, en la que participarán Gates, la OMS, etc.

Le escribo para asegurarme de que usted y la Casa Blanca están al tanto de estos próximos acontecimientos. ¿Puede compartir esta información con la Casa Blanca? Además de usted, ¿con quién más debería compartir esta información? Estaré encantado de enviarle documentos de referencia si lo desea.

Por favor, llámeme cuando quiera.

Saludos,

Victor 

A las 7:28 de la tarde del 21 de abril 2020 Francis Collins, Director del NIH, le envía a varios de sus colegas en el Instituto, entre ellos a Fauci, un breve mensaje llamando la atención sobre esta iniciativa para un «esfuerzo global» para vacunas y diagnósticos contra la COVID-19. Pero lo que llama la atención es que esto toma por sorpresa a Collins y a los demás. Collins agrega «No sabría decir si esto es algo más que una juntada de plata. Sé que tenemos gente de Gates en nuestros grupos de trabajo en ACTIV. ¿Algo de esto saltó ahí, David?«, le pregunta Collins directamente a David Wholley -un gerente de la llamada Fundación para los Institutos Nacionales de la Salud (FNIH) y figura clave en la bisagra entre la burocracia estatal y Big Pharma, obviamente miembro de ACTIV

Fauci lee el mensaje y solo dos minutos más tarde, y con un énfasis desacostumbrado en sus comunicaciones, lo reenvía a Hilary Marston. Hilary Marston es actualmente una oficial médica del NIAID («consejera sobre salud global», aunque ese no es un título formal), que llegó allí luego de haber trabajado en la McKinsey & Company y en la Bill & Melinda Gates Foundation. Fauci, que parece estar alarmado, teniendo en cuenta los dos signos de interrogación que agrega con énfasis a su mensaje, le pregunta «¿Escuchaste algo sobre esto en alguna las llamadas en las que me representaste??«

Evidentemente, hasta el 21 de abril Fauci estaba en las sombras respecto nada menos que de COVACS. El mecanismo COVACS, liderado por CEPI y GAVI (dos organismos directamente controlados por la Bill&Melinda Gates Foundation, el Wellcome Trust y algunas grandes farmacéuticas) se presenta en general como un acto de filantropía. 

Es interesante reparar en quiénes son los coordinadores de la iniciativa, mencionados por Dzau en su mensaje original. Además de Jeremy Farrar, sonRichard Hatchett -Oficial Ejecutivo Jefe de CEPI, la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias, y creador, en su tiempo como asesor de la Casa Blanca bajo Bush, de la idea de que la mejor respuesta a una pandemia eran los encierros generalizados de sanos con enfermos (CITA)-, Seth Berkley (el CEO de GAVI); Chris Elias (hombre de Gates, Presidente de la Global Development Division de la Bill&Melinda Gates Foundation, y participante estelar del Evento 201); Paul Stoffels (VicePresidente de Johnson&Johnson). Etc.

Marston contesta a Fauci con un adjunto -que permanece oculto en la serie de emails liberada- que tiene fecha 16 de abril. El título del mismo revela que al menos algunos 

detalles habían sido compartidos con ella, pues se trata de un borrador titulado «COVAX 2020 – A GLOBAL EFFORT for the ACCELERATED DEVELOPMENT, PRODUCTION and EQUITABLE ACCESS to COVID-19 VACCINES_16Apr2020_DRAFT.docx». 

El  borrador no llegó a Fauci a tiempo.

El email de Victor Dzau (y repercusiones: leer de atrás hacia adelante) por el cual Collins y Fauci se enteran que están fuera de la iniciativa principal de las vacunas

Un grupo de personas coordinadas dirigió la respuesta global a la aparición del SARS2, y esta estaba preparada en lo fundamental desde antes de la aparición del virus

De los emails de Anthony Fauci puede, finalmente -y quizá sea lo más interesante- derivarse algunas de las personas que participaron, a través de un puñado de mecanismos, en la organización de la respuesta global al SARS2. 

Cuando decimos «respuesta global», nos referimos a que, mucho antes de la aparición de la crisis Covid, existía en todo el mundo una red de organizaciones ya coordinadas y con los conceptos claros sobre la existencia futura de una pandemia de SARS, y sobre las medidas y oportunidades que ello representaría. Al vislumbrarse la ocasión de la pandemia, simplemente comenzaron a desenvolver su influencia y a actuar, aprovechando las estructuras ya creadas. No mucho de lo importante en el manejo de la pandemia -a nivel conceptual y de organización- parece no haber estado creado y en su sitio de antemano. 

Estas estructuras, a su vez, están en coordinación con la OMS, y, a su vez, responden de modo decisivo a la industria farmacéutica y a las dos grandes fundaciones que han demostrado ser la fuerza fundamental detrás de la respuesta a la pandemia: el Wellcome Trust y la Bill & Melinda Gates Foundation. Estas son, por muy lejos, las dos más importantes.

Las estructuras de coordinación más relevantes serían el GPMB, dependiente de la OMS, el GLOPID-R, el CEPI, y la ya citada GAVI

Para ilustrar el modo de operación que siguieron estos organismos, los emails de Fauci ofrecen una visión desde dentro. 

Varias siglas de fachada en el manejo de la pandemia

Pongamos solo dos ejemplos de un panorama que sería interminable. Primero, la reunión de la OMS y el GLOPID R.

Ya a comienzos de febrero se organiza una cumbre global, con la coordinación general de Soumya Swaminathan,  Científica Jefe de la OMS desde marzo de 2019. Esa primera reunión se titula «Foro Global de Investigación e Innovación sobre el nuevo Coronavirus: hacia un mapa de ruta de investigación». La reunión pretende establecer «prioridades de investigación» y «establecer un marco de gobernanza para llevar adelante cada área». Todos los temas previsibles están incluidos en la convocatoria, incluyendo desde luego las vacunas, que están en el centro. ¿Quiénes participan en este alto nivel de decisión?

De acuerdo al email de convocatoria enviado a Fauci, la Bill & Melinda Gates Foundation, el Wellcome Trust, «y muchos otros socios». Y la reunión está organizada en conjunto con el GLOPID R. Esta organización es la «Global Research Collaboration for Infectious Disease Preparedness» cuyo objetivo es coordinar a los distintos  financiadores a nivel mundial de investigación sobre «enfermedades infecciosas con potencial pandémico». Fundada en 2013, constituye una amplia red de organismos con capacidad financiera (por tanto, decisoria), que de hecho es además una amplia red mundial con poder de influencia en las políticas que se adopten a nivel local. 

Entre sus miembros están los consabidos Bill & Melinda Gates Foundation y Wellcome Trust, más el Institut Pasteur International Network, la Dirección General de Investigación e Innovación de la Comisión Europea, la Merieux Foundation, el Indian Council of Medical Research, más una serie de Ministerios de Salud alrededor del mundo. 

En esta región, son miembros, en Brasil, elFAPESP, y elInstituto Butantan; en Argentina, elMinisterio de Ciencia, Tecnología e Innovación

China no participa de esta alianza.

Invitación a Fauci para participar del «Foro Global de Investigación e Innovación sobre el nuevo Coronavirus: hacia un mapa de ruta de investigación» de GLOPID-R / OMS

 Al tiempo que la burocracia se movía con la pesadez que le es característica, a niveles más ejecutivos ocurrían cosas mucho más concretas. El 23 de enero Christian Drosten publicaba en Ecosurveillance su famoso paper con una propuesta de test PCR que es adoptado por la OMS y propuesto al mundo como el «patrón oro» de la pandemia, hasta hoy, con los resultados conocidos.

Al mismo tiempo, Jeremy Farrar organiza reuniones mucho más ejecutivas. Como parte de otro de esos organismos globales a los que nos referíamos antes, la llamada «Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación» (GPMB por sus siglas en inglés) es un «órgano independiente de seguimiento y rendición de cuentas para garantizar la preparación ante las crisis sanitarias mundiales». Está compuesta por líderes políticos, directores de organismos y expertos de talla mundial. 

El objetivo de esta nueva organización es «evaluar de modo independiente» los «progresos realizados para aumentar la preparación y la capacidad de respuesta ante brotes de enfermedades y otras emergencias con consecuencias sanitarias». Supuestamente esa evaluación se pondría a disposición de los líderes políticos para que estos tomen las decisiones correspondientes. 

El organismo fue creado «en respuesta a las recomendaciones del Grupo de Trabajo sobre Crisis Sanitarias Mundiales del Secretario General de las Naciones Unidas en 2017″, «fue convocado conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud y el Grupo del Banco Mundial y se puso en marcha oficialmente en mayo de 2018. El CGPM está dirigido por sus copresidentes, la Dra. Gro Harlem Brundtland, exprimera ministra de Noruega y exdirectora general de la OMS, y Elhadj As Sy, presidente del Consejo de la Fundación Kofi Annan y exsecretario general de la FICR»

Pero estas figuras tienen un rol de representación general, mientras que los asuntos concretos se manejan por parte de las mismas figuras que hemos visto aparecer una y otra vez: George Fu Gao -principal del CDC chino, participante del «Evento 201», y quien tuvo a su cargo la puesta a punto de una reunión plenaria el 4 de marzo; y el conspicuo Jeremy Farrar, quien tuvo a su cargo la propuesta principal sobre ciencia y financiación. Luego de esa reunión, Farrar fue nombrado como «representante y asesor» del Consejo en materia de ciencia y financiación. 

El CEPI (Coalición para las Innovaciones en Preparación de las Epidemias), por su lado, tiene como objetivo fundamental desarrollar y promover las vacunas a nivel global. Fue fundado en Davos por los gobiernos de Noruega e India, la Fundación Bill y Melinda Gates, Wellcome Trust, y el Foro Económico Mundial. De él depende el mecanismo COVACS

En todas partes vemos, en la respuesta al Covid a nivel global, los mismos responsables a nivel jerárquico. Ellos son Jeremy Farrar, Presidente del Wellcome Trust, miembro del Directorio de la CEPI que controló el asunto global de las vacunas, coordinador principal del CPMB; VicePresidente del GLOPID-R participante de la  como fuerza intelectual detrás del grupo que coordinó la respuesta para contrarrestar todas las versiones sobre el origen de laboratorio del virus, etc. Bill Gates, por supuesto, que desde la Bill & Melinda, sus inversiones en Moderna, en Pfizer, y su rol fundamental en GAVI y en CEPI, se convirtió en el actor fundamental en la cuestión vacunas, además de haber asumido personalmente la representación pública de la cuestión general de la «necesaria preparación para la próxima pandemia», que viene empujando, junto a sus negocios con la industria y su creación de organismos de coordinación sobre el tema, desde comienzos del siglo.

En fin, la OMS fue, obviamente, la encargada de emitir recomendaciones durante los primeros meses, que marcaron y delinearon el modo en que se debía responder. Entre ellas está, el 18 de marzo, la conferencia donde se definió para el mundo la «espina dorsal» de la respuesta, consistente en «testear, rastrear, aislar», que de hecho impuso la política principal: el uso masivo de los tests PCR tal como los preparó primero Christian Drosten. También, la declaración de «pandemia» tomada antes, y luego la definición de «qué debe considerarse un fallecido por Covid-19«, el 16 de abril. Antes de ello, la estimación inicial de la mortalidad (que llevará a determinadas recomendaciones basadas en lo que parece ser una gruesa sobrestimación inicial de la letalidad), la recomendación de unas terapias y la supresión de otras -recurriendo incluso a la censura abierta y a la maniobra de publicar investigaciones falsificadas en las principales revistas médicas del mundo-. Finalmente, la operación vacunas, según la cual la vacuna quedó tempranamente definida como «la única salida» eficaz de la situación.

En todas estas definiciones aparece un grupo determinado de personas, que realmente parecen funcionar como «stakeholders«, es decir, personas con determinados intereses en la marcha de la crisis, y que en uso de su posición de poder van moldeando esas respuestas de acuerdo a esas posiciones. Por supuesto, todo ellos tienen conflictos potenciales entre sí, que van surgiendo a medida que las cosas van ocurriendo; y por supuesto, entre ellos hay jerarquías, que son bastante naturales, pues parecen depender bastante exactamente del poder financiero. Así, en el lugar más elevado de cualquier imaginaria «pirámide conspirativa» -y aun asumiendo que el tope mismo sea invisible- siempre aparecen Farrar y Gates. Ellos participan de todas las instancias principales, son quienes tienen más capacidad financiera vinculada a las iniciativas de vacunación o tratamiento, coordinan narrativas y tienen los contactos y la financiación de revistas, medios, periódicos, y demás. 

Anthony Fauci participa directamente en algunas de estas cosas -a nivel sanitario dando su opinión y consejos, y a nivel político operando junto a parte de lo que parece ser el grupo principal, esparcido en tres continentes. Pero Fauci es, en relación a los anteriores, claramente un peón. No es raro que su cabeza sea la que está en juego estos días.

Finalmente, están los jerarcas visibles de la OMS como Tedros Ghebreyesus, o Paul Ryan, que asumen el rol de representación de las decisiones, pero no son generalmente quienes las toman, ni parecen ocupar ningún rol estratégico definitorio. Son aplicadores del rumbo definido por los otros. Su rol es representativo, pero el rol estratégico y el rol «técnico» parece haber quedado en manos de los anteriores. Ocasionalmente se intuyen señales de desdén -no tanto de Fauci pero sí de alguno de sus corresponsales, cuando intercambian en confianza- respecto de los personeros de la OMS, a quienes claramente ven como a gente de menor rango.

Dr Anthony Fauci
Sir Jeremy Farrar
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