ERIC KAUFMANN / Ser woke consiste en sacralizar a grupos históricamente marginados. Esta religión refuerza una ideología que yo denomino «socialismo cultural», que sostiene que el objetivo más elevado de la sociedad es igualar los resultados de los grupos identitarios desfavorecidos y protegerlos de cualquier daño, como oír describir a Estados Unidos como «una tierra de oportunidades». ¿Cómo ha llegado este ethos, que se esconde bajo etiquetas inocuas como «diversidad» o «inclusividad», a convertirse en el pináculo de nuestra cultura? ¿Qué podemos hacer al respecto?
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