TERESA KORONDI / Antes de conocerla personalmente, la voz de María Gravina Telechea ya me inquietaba. Era una voz que desarmaba lo potencialmente comprensible, mostrándose musical, rítmica, desparpajada y sin ataduras, como un tintineo entre remolinos de viento. Su poesía, sin proponérselo, se convierte en una experiencia performática, envolviendo al+