FEDERICO LEICHT / La batalla cultural ya no es aplicable solo a la lucha contra el relato de la izquierda uruguaya, la cubana, ve- nezolana o española, sino a una guerra total, civilizatoria, contra un enemigo global.+

ALMA BOLÓN / Claro que esto es romanticismo puro, sesentismo recalcitrante, bohemia obsolescente; claro que sí, pero ocurrió, pudo ocurrir y, comparado con lo posterior, fue mejor… fue movido por el desprecio a lo abyecto.+

DIEGO ANDRÉS DÍAZ / Un problema de este punto radica en que un profesor universitario, un escritor, un músico, o el actor cultural que sea, tiende a percibir que su suerte dependerá de su relación con el poder político.+

DIEGO ANDRÉS DÍAZ / La clave del modelo de “empresa ideológica” radica en que la “causa” política, cultural, económica o social que representa la razón de su existencia debe trabajar en el consenso social de su “importancia” y “necesidad”, y sobretodo, lograr que este consenso jamás permita un cuestionamiento del botín real: los dineros públicos. La empresa ideológica logra además, instalar temas en la agenda desde su perspectiva de identidad basada en la “superioridad moral” que predisponen a la sociedad a promover, aceptar, o en última instancia no cuestionar las inversiones o direccionamiento de fondos a estas empresas, en general realizada desde el Estado. Así, vemos a políticos de todo pelo y color, sonriendo frente a las cámaras junto al activista/artista de estas empresas ideológicas, recibiendo feliz el “baño purificador” que brinda la imagen de estas empresas, a cambio de dinero público.+