CARLOS SUÁREZ / El arte es atemporalidad trascendente, pero, paradójicamente, expone y controla la realidad del tiempo en el que transcurre. La música parece alimentarse de un principio sagrado que está más allá de lo material, se hace profunda en ese devenir espiritual, y a esto, se le suman las técnicas del oficio y las herramientas tecnológicas que le dan forma a la conciencia del oído
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