MATT TAIBI / “Como muchos saben, existen ahora sanciones bastante extremas por no seguir las líneas oficialistas. Esto comienza con las presiones dentro de la empresa para conformarse, y continúa con la selección algorítmica de anunciantes. La mayoría de estas penalizaciones algorítmicas se basan en un complejo sistema de credenciales, un proceso que Google llama “aflorar contenido autorizado”. Esto significa básicamente que si no estás reconocido por determinadas organizaciones “autorizadas”, tu trabajo no aparecerá en elementos como Google News, el feed de noticias de Facebook, la barra “Para ti” de Twitter o en muchos motores de búsqueda institucionales. Esto tiene el efecto de desamplificar el contenido políticamente poco ortodoxo”
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ALDO MAZZUCCHELLI / Musk contrató a varios periodistas independientes como Matt Taibi, Bari Weiss, Michael Shellenberger, David Zweig o Lee Fang. La consigna era publicar todo lo que fuera de interés, mostrando las políticas de manejo de la información que había hecho la compañía hasta ese momento. El resultado es que, en un plazo de algunas semanas, cosas que se vienen denunciando en esta revista desde su número 1, y en otros medios, respecto de la ausencia de libertad de expresión en redes y los mecanismos que la causan, han quedado abundantemente confirmadas.+

DIEGO ANDRÉS DÍAZ / “Casi todas las teorías de conspiración que la gente tenía sobre Twitter resultaron ser ciertas”, sostuvo recientemente Elon Musk en una entrevista concedida a un podcast, donde reflexionaba sobre el nudo de intervenciones y censuras que el gobierno estadounidense realizó en los últimos tiempos a través de varias de sus agencias, lanzando una de las expresiones más polémicas de los últimos tiempos. O así debería ser.
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ALDO MAZZUCCHELLI / Cuando Elon Musk estaba en tratativas para comprarse Twitter, Vijaya Gadde, la abogada más importante del staff de entonces, lloró en una reunión de ejecutivos de alto nivel. Lo que le molestaba era la idea de que con Musk vendría la “libertad de expresión”, algo que parece francamente malo para gente como Gadde y otros, especialmente de generaciones más jóvenes que ella -que tiene 48.
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