ANÓNIMOS LIBRES

Texto Anónimo

Supimos ser blancos. De blancura radiante, que competía en brillo con las luces con que nos alumbraban. Siendo comúnmente asociados a la mugre, sin embargo, nuestro blanco pelaje hacía más limpio, a la vista, a cualquier laboratorio. 

Eramos curiosos. Nuestros rojos y asustadizos ojos eran bellos, aunque inútiles. Supimos ser envenenados, sobrealimentados, destripados, observados fríamente. Como también supimos despertar emociones y brindis cuando nuestros cuerpos enfermos mostraban señales visibles de dolor, o de alivio, o de algo nuevo.

Supo haber un tiempo en que fuimos como ahora, antropomorfos. Aquella vez nos sometieron a pruebas iguales o peores que cuando éramos roedores. No por ser mas crueles. Eran peores porque entonces, como ahora, éramos alguien. 

Teníamos miedo y lo sabíamos. Era injusto y lo sabíamos. Teníamos alma, y nuestras almas clamaban por justicia y venganza, aunque fueran infinitamente insuficientes. A su tiempo, algunos de nuestros atormentadores también supieron clamar, cuando fueron acusados y ejecutados en Alemania, Japón y Europa del este. 

Se conocieron y amplificaron nuestros sufrimientos y sevicias. Se erigieron monumentos con rentables solemnidades. Se hicieron escuálidos juicios, pretensiosas declaraciones, pomposas actas de nacimiento de una nueva era, de principios y no sólo propósitos. La humanidad dijo sentirse avergonzada, y que nunca, nunca más.

Y volvimos a ser animales los sujetos a experimentación en nombre de la ciencia.

Volvimos a expiar los miedos de los humanos. Asfixiaron nuestros pulmones. Probaron shampoos en nuestros ojos. Nos dieron cáncer para intentar curarnos. Nos enfermaron de azúcar y cocaína. Nos vieron enloquecer. Y la ciencia florecía.

Hace no mucho tiempo, aunque parezca, alguien no supo echar para atrás a tiempo. Se supo tener demasiada vergüenza como para admitir un error, un gravísimo espejismo. Alguien tuvo miedo de arruinarla otra vez, mientras alguien tuvo miedo de ser culpado para encubrir a alguien más.

Como siempre, hubo también alguien mucho más despierto, que supo ver una inmensa oportunidad.

Respecto de casi todos los demás, bueno, es sabido que no se nos puede pedir tanta poesía. Pero no puedo apagar ésta ira.

Ahora otra vez los sujetos somos humanos. Ahora nosotros, los prescindibles, los no tan esenciales como creías, los sujetos de prueba, ex-ratones, otra vez estamos directo con las agujas. Nos avergonzamos y nos odiamos. Nos buscamos para recriminarnos. Nos buscamos sin mirarnos y nos encontramos sin saberlo. Nos regodeamos en el odio y nos espetamos cómo pudiste.

Víctima contra víctima, otra vez. Y sí, ya sé, que los victimarios son otros. Los criminales de las pantallas. Los que empuñan a los que empuñan las agujas. Los perpetradores no somos nosotros, como tampoco aquella vez, pero no puedo desabrazar el rencor. Como aquella vez.

Porque aquella vez, por lo menos, estábamos presos.

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