POLÍTICA

Por Jacques Fauquex

Tal es la soberbia del narco uruguayo Marset publicitada por Canal 4 que lo mejor que podemos esperar es que sea capturado, termine en prisión, también su mujer por apoyarle en todos sus emprendimientos mafiosos, que su fortuna sea confiscada, y sus hijos sean recibidos por el INAU para disfrutar de una educación verdadera, que no sea dispensada por padres amorales.

A nivel periodístico, la apología de la distopía absoluta narco/padre de familia por parte de Santo y Seña no debe quedar sin respuesta.

No podemos aceptar pasivamente tal decadencia sin reaccionar y afirmar que el Uruguay como país no tiene estos valores. ¡Que quede claro! La mejor educación que puede brindar un padre es tener él mismo una vida ejemplar. Tal no es el caso de Marset, que facilita la destrucción de la gente y de las familias mediante la distribución ilegal de sustancias narcóticas. Además de ser un ejemplo de delincuente a raíz de esta actividad criminal, Marset es también ejemplo de todos los vicios de la prepotencia mafiosa, para obtener un pasaporte, corromper funcionarios, comprarse una imagen televisiva de ángel. Demuestra amoralismo. El Cristo de oro sobre su mesita no es más que una máscara para esconder un vacío moral. Por estas razones, afirmo que lo mejor para sus hijos es que otros los eduquen y psicólogos les ayuden a adoptar otra figura ejemplar para guiarse en la vida.

Eso puntualizado, mejor no hablar más de este programa vergonzoso en su diagramación para un Uruguay que pretende no ser narco Estado, dejar a la policía y la justicia actuar hasta que el individuo termine preso y olvidarnos de él para siempre.

Mejor hablar de Suarez, futbolista verdadero, padre verdadero, quien, a la misma hora que el programa Santo y Seña, daba conferencia de prensa en el club Gremio de Porto Alegre para confirmar que terminaba su carrera con ellos. Se le sentía la emoción y el cariño. Siempre habló de él mismo como uno más del club, de él mismo como miembro de una familia que le importaba en todas sus decisiones. Cada gol lo festejaba con la v de la victoria a la cual agregaba el pulgar levantado para simbolizar sus tres hijos. En el festejo en el estadio estaba acompañado de su mujer y de ellos. En un fútbol donde las estrellas son extravagantes por sus amigas, autos y fiestas locas, Suarez imprimió internacionalmente la marca uruguaya de un fútbol jugado por personas con garra y talento, pero sin dejar de ser a la vez humildes y padres ejemplares.

Definitivamente, Suarez y Marset no juegan en las mismas ligas. La conferencia de prensa de Suarez, sencilla, interactiva con risas de verdad, fue emocionalmente mucho más satisfactoria para mirar que el programa rebuscado Santo y Seña, producto de egos desbordados con afán de proyectar una imagen de ellos que creen más linda de lo que realmente son.