Agregamos hoy un estudio de Clinical Infectious Diseases que revisa todos los estudios disponibles hasta el mes de setiembre de 2020 sobre la relación Ct-infecciosidad de las muestras, y reconfirma lo que se viene afirmando en eXtramuros


Por Aldo Mazzucchelli

En Uruguay, algunos distinguidos compatriotas, en twitter y en los medios, creen -y quieren hacer creer- que «respondieron» a nuestra nota de noviembre, en donde pusimos sobre la mesa el problema de los CT de PCR cuando hasta ese momento no se hablaba de ello. 

Sin embargo, un consenso científico amplio, compartido explícitamente por la OMS, sigue confirmando que a medida que aumenta el umbral de corte, el test arroja resultados crecientemente menos confiables, hasta llegar al paroxismo de pruebas con CT mayor a 35, en donde los resultados carecen de cualquier valor científico (y en Uruguay tres fuentes independientes nos han confirmado que se obtienen resultados a más de 35 por parte de laboratorios importantes, como publicamos, y no se desmintió). 

El inconveniente de correr los tests a CT tan exagerados lo ha reconocido el mismo Dr. Anthony Fauci hace ya bastante (julio de 2020).

Traducimos sus palabras (minuto 4:20): 

– «De nuevo, buena pregunta. Lo que ahora está en cierto modo convirtiéndose en una especie de estándar, es que si usted obtiene un CT de 35 o más, las chances de que haya confianza en que se pueda cultivar son minúsculas. Y es muy frustrante para médicos y pacientes, pero alguien llega, y se repite su PCR, y es como 37 el CT, pero usted prácticamente nunca puede cultivar virus a partir de un CT de 37. De modo que pienso que si alguien viene con un CT 37, 38, incluso 36, hay que decir -‘sabe, son solo nucleótidos muertos… Punto«.

Nuestros críticos han propuesto tres tipos de argumentos.

El primero, de apariencia estadística, es observar que el número de casos en el extremo derecho del gráfico tomado de La Scola, bajo el ciclo de corte de 35, consta solo de 74 muestras, y dos positivos. Ese argumento es equivocado de varias formas. La principal es que su falacia consiste en elegir ignorar lo que muestra el estudio, su verdad fundamental, que es la clara tendencia que exhibe: a un aumento de umbral de corte corresponde, luego de un pico que se obtiene alrededor del ciclo 20, una disminución constante de la posibilidad de cultivar las muestras. Esta disminución es consistente, y se va produciendo con cada aumento de los ciclos independientemente del número de casos muestrales disponibles para ese intervalo -que además, en la mayoría de los intervalos, son centenares. Y esta disminución es marcada y rápida, y compromete muy seriamente los resultados, no ya a 35 Ct, sino incluso a más de 26, donde se produce un marcado descenso en la probabilidad de cultivo.

El segundo argumento es el más intrincado, y consiste en usar los resultados de los propios tests PCR cuestionados, para validarlos. Una de las variantes más divertidas de este argumento lo escuché en un programa radial. En él, el periodista observaba que en una ocasión se habían realizado un conjunto de tests a un grupo de militares en Uruguay, y habían dado todos negativos. «¿Cómo puede ser -se preguntaba el periodista- que esto ocurra? Si los tests dieran tantos falsos positivos, siempre tiene que haber algún caso.» Este tipo de argumentos tiene tres defectos. El primero es que ignora que una probabilidad no es una certeza. En una cantidad determinada de tests, nada impide que todos den negativos, puesto que lo que se afirma no es que a un número alto de Ct siempre va a haber positivos, sino que un porcentaje muy alto de los que haya -en caso que haya alguno- serán falsos. El segundo problema, más general, es que ese tipo de pensamiento cree en la comparabilidad de tests de los que no sabemos prácticamente nada, porque la opacidad de los criterios con los que los laboratorios los administran es prácticamente perfecta. ¿A cuántos ciclos se obtuvo cada resultado, en cada serie, por cada laboratorio? No lo sabemos, y el MSP no fiscaliza ni garantiza más que formalmente la administración privada de los tests. En tercer lugar, este tipo de argumentos, en general, ignora la circularidad de la que adolece. Si mi único criterio para declarar públicamente que alguien está enfermo de Covid-19 es un test PCR, y el test no es confiable para saber quién está enfermo de Covid-19, no puedo usar luego los resultados de ninguna serie de tests, ni compararlos, ni observar que «los casos han subido y bajado» como prueba de que los tests son buenos, ni malos. Simplemente no puedo comparar «sanos y enfermos» si ambos conceptos son vagos y desconocidos.

El tercer argumento que se ha alegado es que, si bien las conclusiones parecían sólidas, nuestra nota se basaba en un solo estudio. Eso era (y sigue siendo) simplemente algo falso. Nuestro trabajo citaba (y cita) estudios y opiniones calificadas de Wolfgang Wodarg, Michael Yeadon, el estudio de Milgroom, el trabajo en la revista Science apoyado además por investigación original de Michael Mina, el estudio de Brassey et al., y el estudio de La Scola et al. Sin leer quizá nuestro artículo, algunos repetidores, en redes sociales o funcionando como periodistas, aun insisten en que «se basa en un solo estudio».

Pero para tranquilizar a quienes puedan haber creído eso, aquí presentamos una revisión sistemática, publicada ya el 20 de setiembre de 2020 por investigadores de la Universidad de Oxford, en la revista Clinical Infectious Diseases, de 29 estudios distintos que «informaban de intentos de cultivo o de observación de la infección tisular por el SRAS-CoV-2 en muestras de esputo, nasofaríngeas u orofaríngeas, de orina, de heces, de sangre y ambientales. […]«.

Es decir un estudio comparativo de todos los estudios existentes hasta ese momento sobre la correlación entre resultados del PCR para COVID-19 y la posibilidad de cultivar las muestras.

De ello surge, entre otras cosas, que doce estudios informaron de que los valores de Ct eran significativamente más bajos y las copias logarítmicas más altas en las muestras que producían cultivos de virus vivos, al tiempo que otros dos estudios informaron de que las probabilidades de cultivo de virus vivos se reducían en aproximadamente un 33% por cada unidad de aumento del Ct.

Las conclusiones de ese estudio, que revisó pues los 29 trabajos disponibles hasta setiembre 2020, se resume en lo siguiente:

1) «Virus vivos completos son necesarios para la transmisión, no los fragmentos identificados por la PCR.«

2) «Pruebas rutinarias prospectivas de las muestras de referencia y de cultivo y su relación con los síntomas, los signos y los cofactores del paciente deben utilizarse para definir la fiabilidad de la PCR para evaluar el potencial infeccioso.«

3) «Es poco probable que las muestras con un umbral de ciclo alto tengan potencial infeccioso

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Del universo de estudios revisados surgen claramente los puntos problemáticos ya tratados en esta revista, confirmados una vez más:

  • El test PCR podría tener sentido (independientemente de los problemas de identificación y especificidad de la secuencia, que no hemos tratado aquí; ver más secuelas del caso Drosten) cuando arroja resultados claros a un número bajo de ciclos de corte, en el entorno de 17 a 20 ciclos, disminuyendo su confiabilidad luego muy rápidamente.
  • Cuando, en cambio, es excesivamente amplificado, termina identificando fragmentos que no tienen significado desde el punto de vista de la infección efectiva. 
  • El test PCR de ninguna manera debe usarse como herramienta única de diagnóstico y declaración de «casos». Mucho menos como factor decisivo en la identificación de supuestos «internados» y «fallecidos por Covid-19», como se hace en algunos o muchos casos que constan ante la opinión pública -hisopados post mortem, personas muertas por ACV, cáncer, o enfermedades y condiciones gravísimas de larga data, informadas como «muertos por Covid-19» debido a que tuvieron un test PCR positivo, obtenido nunca se sabe a qué umbral de corte. 

Esta necesidad de no confiar exclusivamente en el resultado del PCR lo ha recomendado recientemente la OMS, recomendación que también publicamos.

Se confirma de nuevo la tesis fundamental: es del uso incorrecto, excesivo y unilateral del test PCR de donde sale todo el discurso sobre el estado de cosas actual, y esto debe corregirse.

Sería de interés para la población que las autoridades sanitarias del país electas por mecanismos democráticos (es decir, el Ministerio de Salud Pública, junto al Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial) tomasen cartas en este asunto y comenzasen a supervisar activa y severamente el umbral de corte y otras variables de control interno que se estén empleando en los tests PCR realizados por institutos y compañías privadas, a efectos de ofrecer a la población garantías de que lo que se informa como «casos», «internados», y «muertos» son efectivamente personas enfermas de Covid-19, siendo Covid-19 la causa real de su internación y eventual fallecimiento.