MÚSICA

Por Mauro Baptista Vedia 

Ha muerto uno de los músicos más importantes del mundo: Franco Battiato. El 18 de mayo de 2021. Mientras escribo, imagino que él, Battiato, me susurra al oído otra versión, más acorde a sus creencias y estudios. Él  me cuenta que ha retornado al universo para posteriormente reencarnar.

“No tengo ningún miedo de la muerte, en absoluto. Creo en la reencarnación”, dijo, sonriendo, más de una vez.

“Era un alma delicada, muy delicada, por eso mismo, no me animo a decir nada de su partida”, comentó un gran amigo de Battiato, en entrevista en la televisión italiana, que descubro una madrugada.

Battiato, nacido en Sicilia el 23 de marzo de 1945, llegó con 19 años a Milán y allí comenzó su carrera en la música popular italiana. 

Meditaba dos veces al día; era adepto de la soledad. Vivió en sus últimos años en Milo, en la falda del volcán Etna. Era extremamente culto y a su vez muy humano, como quizás solo un italiano puede serlo. Era un gran conocedor de varias religiones. Battiato estudió el sufismo y el budismo tibetano, profundizó en las enseñanzas del místico George Gurdieff, leyó los místicos cristianos. Sus silencios eran famosos.

Autor del disco de música pop italiana más importante de la historia, La voce del padrone (1981), Battiato era famosísimo en Italia y en España, prácticamente un desconocido del gran público en América del Sur y un músico admirado por otros grandes músicos del mundo entero. En Uruguay, por ejemplo, Eduardo Darnauchans era uno de sus admiradores.

¿Como es posible que un artista de tal magnitud no sea conocido en todo el mundo como debería serlo? Un músico y poeta, caro lector, aclaro, de la estatura de un David Bowie, de un Bob Dylan. ¿No será, parafraseando al mismo Battiato, por la espiral de vulgaridad en la que el mundo contemporáneo ha ido descendiendo desde los años ochenta? Vulgaridad tan ejemplificada por la televisión, diría Battiato.

Battiato hizo rock progresivo y música electrónica de vanguardia en los años setenta; pintó bajo un seudónimo; compuso varias operas; dirigió largometrajes; ganó el festival de San Remo en 1981 con una composición suya (con Giusto Pio), Per Elisa, interpretada por la cantante Alice; siempre mostró una capacidad asombrosa para hacer varios tipos de música.  En 1984, con la misma cantante, Alice, Battiato compitió en el festival de la Eurocanción con la canción melódica romántica Il treni del tozeur, una verdadera maravilla. A comienzos de los años setenta, un día, Franco apareció en la casa del compositor alemán Karlheinz Stockhausen y emprendió una larga jornada de estudios e investigaciones musicales.

Yo descubrí Battiato hace algunos años, cuando investigaba música italiana para la banda sonora de una obra teatral, otro de tantos proyectos que no se concretizaron. Empecé a escuchar una y otra canción y no pude parar.  Mal recuerdo el título de aquel texto teatral y las circunstancias; Battiato, su música, sus letras, sus videoclips, fueron mucho más importantes. A partir de ese momento, siempre volví, de forma periódica, a escuchar Battiato. Sin compartir esa afición con nadie, en la soledad de la gran ciudad, en el anonimato contemporáneo. En sus canciones, me maravillaron la atención la mezcla de pop, rock, música electrónica y musicalidad italiana; me deleitaron las letras místicas y el sentido del humor. Escuché una y otra vez canciones de tal fuerza espiritual que me condujeron a estados cercanos a la meditación.

Vean, por ejemplo, L´ombre della luce (La sombra de la luz), canción de los años 90.  

Pruebe, querido lector, a cerrar los ojos y a repetir mentalmente los primeros versos.

Difendimi dalle forze contrarieLa notte, nel sonno, quando non sono coscienteQuando il mio percorso si fa incertoE non abbandonarmi maiNon mi abbandonare mai”

Llegué a pensar en poner los versos traducidos al castellano. En tiempos de diccionarios robóticos y buscadores, me pareció desnecesario. Dejemos los versos en su idioma original.

Ahora bajemos algunos peldaños de la ascensión al más allá que provocan algunas de sus canciones, y veamos las alusiones al zen budismo y la irreverencia de un clásico suyo, el hit de inicio de los años 80, Centro de Gravitá Permanente… Con esta canción descubrí su talento para sus videoclips. Observen como Battiato baila sin bailar; vean lo bien que baila alguien a quien no le gustaba bailar, su coreografía muy difícil de repetir. Intenté hacer algunos de sus movimientos frente al espejo, sin ningún éxito.

Un viejo bretón
Una vecchia bretone
Con sombrero y paraguas de papel de arroz y caña de bambú.
Con un cappello e un ombrello di carta di riso e canna di bambù
Capitanes valientes
Capitani coraggiosi
Astutos contrabandistas macedonios
Furbi contrabbandieri macedoni
Jesuitas euclidianos
Gesuiti euclidei
Vístete como monjes para entrar en la corte de los emperadores.
Vestiti come dei bonzi per entrare a corte degli imperatori
De la dinastía Ming
Della dinastia dei Ming

Buscando un centro de gravedad permanente
Cerco un centro di gravità permanente
Nunca me hagas cambiar de opinión sobre las cosas de la gente
Che non mi faccia mai cambiare idea sulle cose sulla gente
Necesito
Avrei bisogno di
Buscando un centro de gravedad permanente
Cerco un centro di gravità permanente
Nunca me hagas cambiar de opinión sobre las cosas de la gente
Che non mi faccia mai cambiare idea sulle cose sulla gente
Una y otra vez
Over and over again

Alto, humano, discreto, educado y gentil: así era descrito Battiato. Este concierto, ya en su última etapa, donde canta un tema clásico suyo de los ochenta, describe bien su estilo y forma de estar en el escenario y la adoración que despertaba en el público.

Feroz crítico de los políticos, de su vulgaridad y falta de moral, Battiato realizó un concierto en Bagdad en 1992, como protesta frente a la invasión estadounidense. En aquel entonces criticó ferozmente tanto a los invasores aliados como a Sadam Hussein. 

Una de sus obras maestras, E te vengo a cercare, lo llevó a cantar en Roma en el Vaticano, frente al papa Juan Pablo II. Una frase de su canción, lo hizo emocionarse y dejar de cantar, sorprendiendo al público y a los integrantes de la orquesta. Es una canción de amor, pero de un amor que busca salir de lo cotidiano y común para buscar la elevación, algo superior. Sigue una entrevista donde habla de aquel momento y la canción citada.

Me veo obligado, caro lector, a colocar aquí toda la letra de esta poesía de infinita belleza. Es un texto que suspende la agitación de mis pensamientos y me conduce a un estado de contemplación.

E ti vengo a cercare
Anche solo per vederti o parlare
Perché ho bisogno della tua presenza
Per capire meglio la mia essenza.
Questo sentimento popolare
Nasce da meccaniche divine
Un rapimento mistico e sensuale
Mi imprigiona a te.
Dovrei cambiare l’oggetto dei miei desideri
Non accontentarmi di piccole gioie quotidiane
Fare come un eremita
Che rinuncia a sé.

E ti vengo a cercare
Con la scusa di doverti parlare
Perché mi piace ciò che pensi e che dici
Perché in te vedo le mie radici.
Questo secolo oramai alla fine
Saturo di parassiti senza dignità
Mi spinge solo ad essere migliore
Con più volontà.
Emanciparmi dall’incubo delle passioni
Cercare l’Uno al di sopra del Bene e del Male
Essere un’immagine divina
Di questa realtà.

E ti vengo a cercare
Perché sto bene con te
Perché ho bisogno della tua presenza.

Battiato nunca se definió como católico ni cristiano. Le gustaba afirmar que todas las religiones tenían un mismo objetivo. Fue muy duro con Ratzinger, cuando ya como papa Benedicto XVI había prohibido el libro del monje benedictino Wiligis Jaeger. “No le da vergüenza al Ratzinger?, interrogó, al subrayar que la obra trataba esencialmente de mística occidental. Con Francisco fue más generoso, sin dejar de afirmar que al papa Francisco “le faltaba espiritualidad”.

Talvez la canción más importante de Battiato, la mejor entre tantas obras maestras, sea La cura; una canción de amor, pero no de amor terrenal. No es dedicada a una persona, tampoco a su madre adorada, sino a un sentimiento divino y de trascendencia, de encuentro con algo superior. Canción fruto de su conocida colaboración con el filósofo Manlio Scalambro. El gran “insight” de esta letra es el punto de vista. La letra es escrita desde el punto de vista de la instancia superior.  Aquí, ¿“quien habla?”, típica pregunta de la teoría literaria, es Dios. Canción de amor eterno, tiene arreglos con violines, batería, teclados y guitarras eléctricas.

Te protegeré de los miedos de la hipocondría
Ti proteggerò dalle paure delle ipocondrie
De las perturbaciones que encontrará en su camino a partir de hoy.
Dai turbamenti che da oggi incontrerai per la tua via
De las injusticias y engaños de tu tiempo
Dalle ingiustizie e dagli inganni del tuo tempo
De los fracasos que por tu naturaleza normalmente atraerás
Dai fallimenti che per tua natura normalmente attirerai

Te aliviaré de dolores y cambios de humor
Ti solleverò dai dolori e dai tuoi sbalzi d’umore
De las obsesiones de tus manías
Dalle ossessioni delle tue manie
Superaré las corrientes gravitacionales
Supererò le correnti gravitazionali
Espacio y luz para que no envejezcas
Lo spazio e la luce per non farti invecchiare

Y te curaras de todas las enfermedades
E guarirai da tutte le malattie

Termino estas líneas con una canción de 1981, un clásico con otra letra genial, provocativa e irreverente: 

“Mr. Tamburino non ho voglia di scherzare
Rimettiamoci la maglia i tempi stanno per cambiare
Siamo figli delle stelle e pronipoti di sua maestà il denaro
Per fortuna il mio razzismo non mi fa guardare
Quei programmi demenziali con tribune elettorali”

Antes de finalizar este artículo y despedirme, caro lector, le pido a Battiato, a Franco Battiato, a aquel que nació en Sicilia y que hoy está en otro plano… 

que me defienda de las fuerzas contrarias, 

por la noche, en el sueño, 

cuando no estoy consciente, 

cuando mi camino se vuelve incierto. 

Y que no me abandone más. 

Que no me abandone más.

Ci vediamo Franco!!

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