JACQUES FAUQUEX / El subsecretario de Salud Pública Leonel Briozzo habló antes de Navidad de la «corriente contra vacunas». Fue reportado en el facebook de «Causa Abierta» (https://www.facebook.com/causa.abierta.3/posts/leonel-briozzo-lament%C3%B3-la-corriente-en-contra-de-las-vacunas-a-la-que-responsabi/1363871702087444/). El contexto es el sarampión, pocos casos importados y las exorbitantes medidas en contra de los sospechados de ser contacto: certificación médica a prepo, interdicción de ir a cosechar su campo, policía frente a la puerta para garantizar el aislamiento.
CONTRARRELATO
Nos recuerda los funestos tiempos de COVID, cuando se aislaba a los pacientes de sus familiares en el hospital, se enterraba a los muertos sin familiares presentes y se segregaba a los no vacunados, que tenían menos derechos. Una falta de respeto democrático y humano que resultó peor que el COVID mismo. Apenas escapamos del confinamiento general gracias a una valentía notable de Luis Lacalle Pou, que se quedó firme defensor de su concepto de «libertad responsable». Si hubiese sucumbido a la presión del gran oncólogo frenteamplista, o inclusive de su propia familia, hubiésemos sufrido demás, muy por demás de lo tolerable por parte del poder ejercitado por un gobierno. Hoy tenemos otra vez gobierno frenteamplista y la duda al momento de confinar desaparece. Aparentemente, no le caería bien al Frente el concepto de «libertad responsable».
Peor, Briozzo aprovecha la ocasión para culpar a los «contra vacunas». Se entiende que esta estrategia está en el libreto de la OPS/OMS, que enseña a jerarcas cómo hacer para volver a generar la «confianza vacunal» (creo que es el término que usan, toda una poesía en sí). Hola, tierra llama a gente del Ministerio de la Salud. ¡Escuchen un poco menos la retórica de Ginebra, olvídense de ver a un uruguayo como un caso de contagio que debe ser objeto de una medida autoritaria! Somos ciudadanos como ustedes y la autoridad se debe ejercer contra los delitos, no para seguir consignas venidas de donde el dinero forja la razón.
El COVID sorprendió. La gente acató, se hizo pinchar, pero no dejó de ser gente, con buen sentido común y curiosidad. El miedo no discapacitó a todos. Al contrario, a mí me dio sed de conocer la ciencia detrás de todo eso. Estudié y estudié. Hice lo que Briozzo preconiza: «Este tema nos debe hacer reflexionar sobre la importancia del conocimiento científico aplicado a la salud». Me permito entonces responderle y explicar porqué me hice «contra vacunas».
Vengo de un país del primer mundo, como dicen acá. En Suiza, crecí y me vacunaron, viruela a los 8 meses, difteria y poliomielitis a los 16 meses, tétanos también. El carné era propiedad de los padres, que tenían el deber de completarlo con las «vacunaciones naturales», o sea, la producción de anticuerpos luego de haber atrapado la enfermedad por contagio natural. Así, me vacuné naturalmente también de la tosferina a un año, de la viruela a los dos, de la rubéola a los seis y de las paperas a los ocho. Bien cuidado y todos contentos, porque de atrapar estas enfermedades de niño, me hacía fuerte para cuando fuera adulto. De las enfermedades que se podía contagiar en la escuela no se vacunaba, justamente por eso. La confianza en la vacuna no era un problema. ¿Porqué habría que confiar en una vacuna cuando ya se confiaba en el Doctor?
Pero surgió esta tremenda mercadotecnia del COVID. Uruguay firmó que compraba producto del cual no conocía la eficacia ni los efectos secundarios, todo en secreto, y dijo a la población: «la vacuna es eficaz y segura.» Fue más lejos aún, afirmando que protegía de la transmisión. Ninguna de estas afirmaciones eran verdaderas, ninguna estaba apoyada sobre conocimiento científico sólido. Era un libreto que había que repetir, sin derecho a hacer análisis del producto o autopsia de los muertos. Ahí nació la desconfianza como problema, generada por la mentira del gobierno. La desconfianza no es la falta de confianza, es la imposibilidad de la confianza porque uno ha sido engañado, se le ha mentido. Por más campañas publicitarias o medidas coercitivas que apliquen, sólo profundizará la desconfianza. Salvo reconocer la mentira, pedir perdón e instaurar un diálogo científico abierto y atento a la lógica de todas las hipótesis enfrentadas, no hay otra forma de lograr que la desconfianza desaparezca. En Argentina y Paraguay, recientemente organizaron eventos para que la ciencia vuelva progresivamente al centro de los debates. En Uruguay todavía no. Se le dijo no a Extramuros para participar en un evento académico, se le dijo no a Alejandro Recarey que quería más ciencia antes de transformar a nuestros hijos en conejillos de las Indias, se le dijo no a Nicolle Salle para crear una comisión investigadora en el parlamento.
Soy algo obsesivo, entonces me dediqué al conocimiento científico aplicado a la salud. Mis artículos en Extramuros lo evidencian. Y como lo propio de la ciencia es reformarse continuamente, aprovecho de este espacio para corregir un concepto que había divulgado. Decía que cuando se encontraba dentro de un tejido ambas proteínas spike y nucleocapsid, indicaba presencia del COVID, y cuando se encontraba solo la proteína spike, indicaba presencia de la vacuna. De hecho, no hay demostración que spike y nucleocapsid tuviesen la misma vida útil. La segunda puede desaparecer antes de la primera, naturalmente.
Para imputar una enfermedad a la vacunación misma, y no a la infección primaria, se requiere una metodología más certera.
Creía que el método estadístico podría confirmar si la vacuna fue útil, inútil o nefasta. Una estadística diacrónica de mortalidad discriminada por causa y estatus vacunal como en el estudio de Ford publicado por Extramuros podría ser definitiva si las cifras fueran tan contundentes como en el estudio citado. Pero luego me enteré del estudio epi-phare francés sobre la mortalidad a 4 años comparando los vacunados y no vacunados https://www.epi-phare.fr/app/uploads/2025/12/EPIPHARE_rapport_mortalite_vaccination_covid_20251204.pdf
Los datos brutos deberían ser fáciles de recopilar porque cruzan datos de mortalidad ya formateados acorde a la clasificación CIE-10 de la OMS y datos de vacunación registrados de forma electrónica para el pasaporte vacunal que se inventó justamente para discriminar. En el extremo oriente, Japón, Corea, parece ser posible realizar tales estudios. Pero en el occidente y mundo anglosajón, este tipo de datos fueron reservados, inclusive con celo agresivo e inentendible por parte de los gobiernos. De memoria…
- Datos disponibles únicamente para parte de 2021 en Uruguay, y en formato muy difícil de procesar.
- Datos disponibles durante los primeros años de COVID en Gran Bretaña, antes de dejar de ser públicos.
- En Europa, hicieron juicio contra dos estadísticos que estudiaron los datos disponibles públicamente desde los propios servidores de la unión, bajo el pretexto que no era autorizado el uso discriminado por país.
- Datos nunca disponibles en Francia, que rechazó todos los pedidos de información pública, inclusive por decisión de la justicia, pretextando que era complicado de compilarlos. Algo parecido a la clásica respuesta uruguaya a pedidos de información pública que, citando la ley, no responden al pedido porque implicaría trabajo de compilación. Lo interesante en Francia, es que al final, el gobierno publica su propio informe analítico, que no podría haber sido realizado sin los datos brutos. Y lo hace sin publicar los mismos. Se observa un claro objetivo de imponer una narrativa, y para darle una apariencia de autoridad, escribirla en lenguaje matemático. No nos debe engañar. Si el teorema está mal formulado, las cifras dirán otra cosa. Y la verdad es que en el informe propagandístico epi-phare, por no estar sometido a la controversia científica, se les fue la mano. Concluyen que el riesgo de muerte de los 18-59 años vacunados reduce 25 % el riesgo de muerte, en comparación a los no vacunados. Es una cifra astronómica, increíble. Si fuese real, significaría que en ocasión del desarrollo de una vacuna contra el COVID, se hubiese encontrado un remedio universal, milagroso. Entramos en un detalle sabroso. La tabla 2, que discrimina por el CIE-10 de causa de muerte y por estatus vacunal, exhibe resultados que deben hacer dudar de la metodología usada sí o sí y exigir acceso a los datos primarios.
| causa principal de muerte | incidencia/millón, vacunados | incidencia/millón, no vacunados |
| causas externas | 493 | 597 |
| accidente de transporte | 65 | 86 |
| caída accidental | 21 | 26 |
| ahogamiento | 9 | 13 |
| otros accidentes | 105 | 134 |
La inyección de Pfizer sería la solución para el crimen, la circulación, la seguridad en obras, piscinas, ríos y mar, o sea, un verdadero seguro de vida. Todo lo contrario de lo que observan, muy preocupados, los vendedores de seguros de vida, en base a la cantidad de prestaciones que tienen que desembolsar. En el mundo de hoy, no se puede confiar en las cifras derivadas, las estadísticas, ya que el método fue transformado en instrumento de justificación del poder y de mercadotecnia.
Para imputar una enfermedad a la vacunación misma, y no a la infección primaria, se requiere una metodología más certera. Nos queda la química, irrefutable. Se debe afinar la aproximación basada en la presencia de proteína spike y ausencia de nucleocapsida. Conviene complementar el hallazgo con un análisis de más bajo nivel, estudiando la composición en aminoácidos de la spike encontrada.
Dr. Micolaj Raszek, presente en las redes bajo el label «Merogenomics» explica este punto muy claramente en un video de Youtube:
«Hasta donde yo sé, solo hay una forma de demostrar la presencia de la proteína spike en la vacuna, la vacuna de ARNm o cualquier vacuna [COVID], y es investigando su secuencia de aminoácidos.
– Las proteínas están compuestas de aminoácidos.
– El material genético es el plano que le indica a la célula cómo producir una proteína.Una maquinaria proteica especializada leerá el material genético para comenzar a unir los aminoácidos (los componentes básicos de las proteínas) en una cadena continua. Y debido a que los aminoácidos tienen interacciones electrostáticas, comienzan a crear formas tridimensionales y forman un pequeño robot que realizará alguna función dentro de la célula.
– En la gran mayoría de las proteínas spike de las vacunas, se introdujeron mutaciones que no están presentes en la proteína viral [espiga] natural. Esto se debe a que la proteína spike, una vez que se le arranca la cabeza, tiene estos tentáculos que pueden brotar y estos tentáculos pueden agarrar una célula y atraer un virus hacia ella para que este pueda fusionarse con ella.
– Se introdujeron mutaciones, aminoácidos de prolina, que son aminoácidos voluminosos y muy extraños. No son muy flexibles. Al colocar esas prolinas, dos prolinas en un punto específico de la proteína spike de la vacuna, se impidió la movilidad de esos tentáculos. Esto significa que si se vacuna con una construcción de proteína spike, la proteína spike que se habría producido en la superficie celular no podría extender esos tentáculos, atrapar otra célula y hacer que dos células se fusionen, como ocurre con el virus. Esto se llama sinsitia, y es una característica patológica que observamos con el COVID-19. No queríamos que esto sucediera con la proteína spike de la vacuna. Así que se introdujeron esas prolinas. Y la única manera de saber si la proteína spike proviene de la vacuna es inspeccionar la secuencia de aminoácidos.
– Hasta donde sé, solo un científico ha logrado esto. Fue liderado por el equipo del Dr. Carlo Brogna. Este (https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/prca.202300048) es el único estudio que ha investigado esto y ha demostrado que la proteína spike de la vacuna puede persistir en la sangre hasta seis meses. Eso es solo durante el tiempo que duró el estudio. Así que no sabemos si podría durar aún más. Es simplemente el periodo más largo que este equipo ha investigado.
– Hice un video sobre esto:
¿El Ministerio de la Salud podría ejercer su rol de controlador de las vacunas y aplicar el método descrito por ejemplo sobre muestras de cáncer de las cuales el origen podría estar vinculado a la vacunación ARNm (https://www.thefocalpoints.com/p/breaking-metastatic-breast-cancer)? Tal accionar definitivamente entraría en sintonía con el discurso de los «contra vacunas pro ciencia». ¡No gasten más en propaganda! ¡Gasten en ciencia! Y tal vez la desconfianza vacunal desaparecerá. Dependiendo de lo que revele la ciencia.
La ciencia no está nunca establecida definitivamente. Es, al contrario, una dinámica perpetua de hipótesis, antítesis y síntesis. Me permito entonces corregir al doctor Briozzo, que afirmaba:»… nos debe hacer reflexionar sobre la importancia del conocimiento científico aplicado a la salud». No se trata de reflexionar sobre la importancia. ¡Por favor, no use la ciencia como un objeto de dialéctica prepotente! Se trata de reflexionar la ciencia misma. ¡Actualice sus conocimientos, en lugar de repetir libretos de la OMS! Cinco años después del matracazo de las inyecciones ARNm, ya se acumuló suficiente ciencia independiente demostrando que el balance beneficio riesgo de esta tecnología es totalmente desfavorable y que cualquier producto en base a esta tecnología debe quedar experimental y no salir al mercado antes de lograr mejoras significativas y comprobadas por estudios independientes. Los contra vacunas, estamos bastante actualizados en conocimientos científicos, y dispuestos a lo que preconiza la ciencia: el debate. ¿Y ustedes en el Ministerio?


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