HISTORIA

En nuestra última nota, planteamos nuestra visión de la importancia de la vida y de la muerte de Tabaré Vazquez, en el contexto más amplio de su destacada importancia en la ruta ascendente de la coalición y en la evolución del Frente Amplio y su histórico triunfo. En esa ocasión, señalamos también la importancia de analizar, de qué forma fue que la economía constituyó factor preponderante y decisivo en su creación y en el desembarco del Frente en el poder. Ratificando la importancia decisiva de lo económico en el devenir histórico y en las opciones políticas de las multitudes.

Por Luis Muxí

Más allá de la lentitud del desarrollo y la evolución de los hechos, hubo vicisitudes que marcaron fuertemente el periodo 1960/2005, así como sus cambios ideológicos imprevistos, la influencia inesperada de un novedoso y enigmático terrorismo y el factor negativo y excluyente de la dictadura. una visión diferente a la tradicional y mayoritaria , pretendía un cambio sustancial de la misma, en todos sus órdenes. Sin perjuicio de la existencia de  elementos políticos, sociales y culturales provocadores de la propuesta, existieron razones económicas de verdad relevantes, que explican muchas cosas que historiadores y textos omiten para beneficio de personajes, ideas e ilusiones. 

Todo en un amable ir y venir de muchos hacia destinos inciertos de ideas y políticas, en la existencia de consensos y disensos increíbles de concebir, al conocer hoy la evolución de la inclinación ideológica de los personajes relevantes  y digamos también en visiones uniformes incomprensibles. Trataremos de ubicarlos e interpretarlos. O volver a buscar la ruta perdida. Porque la ruta se perdió, de manera manifiesta, en aquellos años. O resultaba más fácil vivir de ilusiones perdidas, que aceptar la cruda realidad. Así intentaremos describirlo. 

Hubo sesgos ideológicos en los matices que se registraron en la matriz principal de las ideas rectoras de la acción del Partido Nacional, que encontraron relato formal y expreso en el plan de la CIDE y en el programa de gobierno de Wilson Ferreira, que digamos por otra parte devaluó y depreció el espinoso y polémico programa del Frente,  en especial cuando 5 o 12 ideas madres discutidas con el calor y el cariño de los nuevos compañeros, debían derivar a múltiples partos de formas concretas de definir y concretar lineas especificas. El partido Nacional tenía dos orientaciones lideradas por el herrerismo y los blancos independientes, y había sabido en su día de la opción de Carnelli. La experiencia de convivencias difíciles internas habían hecho eclosión fuerte durante el terrismo. Y los pactos anteriores del ’32 traían ya los ánimos y las expectativas caldeadas. Las cercanías y lejanías, como siempre acercaban o alejaban a sectores de cada partido. 

El Frente por su parte, había asumido y preparado una guerra sin cuartel al Partido Colorado y a la oligarquía que entendía éste representaba, en especial insistiendo en la intervención de destacados empresarios. No esperaban el alud nacionalista en plan de reformas más radicales y avanzadas, y con un liderazgo de la magnitud que Wilson imponía. Por eso blancos y frentistas, motivados al extremo y agitados por su movilización, no valorizaron en debida dimensión, la importancia del electorado pachequista. Ni suponían encontrar los contingentes que seguían al mismo con idéntica pasión,  y que iban a marcar una opción fuerte interna del partido frente al batllismo. 

Esto explica en cierta medida, la diferencia entre el clima general notoriamente incendiario por todos los actores, la acción política concreta de todas las fuerzas, y el resultado final. Situación como la creada en 1968 era un privilegio de oportunidad para encarar un replanteo nacionalista firme y el surgir de un frente popular, todo lo que generó expectativas fuertes en la izquierda, en especial por todas las circunstancias económicas que la precedieron en un proceso de desquiciamieto de la economía toda. Que no era un hecho nuevo ni impredecible, sino un nuevo capítulo de un proceso de deterioro y degradación. A su vez, es fácil apreciar y entender que, al final, no había existido la debida armonía (querida, esperada y temida) entre el acto final del Frente y la votación final. Se podría afirmar que Wilson fue su dique de contención. Como fue también contención en apoyo del presidente Julio M. Sanguinetti. 

Hubo a su vez, variaciones en las posiciones del Ejército Nacional, que en rigor fueron provisorias y parciales, pero que revelaron la existencia de tendencias populistas al estilo peruanista. Las mismas resucitaron en muchas ocasiones posteriores, saliendo de la ruta más conservadora para acercarla al movimiento tupamaro, a dialogar o negociar con él mismo, o a buscar apoyos logísticos en tiempos de guerra y de paz. Tendencia que aun vive, de manera expresa o tácita, en posiciones vinculadas con la patria grande, con la soberanía mirada como una percepción diferente, y con la sobrevivencia de difusas actitudes sociales. Alguna influencia habrá tenido la ostentosa forma en que la izquierda había iniciado el camino para convertir a Artigas en un líder socialista revolucionario, exaltando pensamiento y acción en el Reglamento de la Campaña. El Frente y Manini expresan en ocasiones singulares parecidos.

Hubo cercanías y distancias ideológicas que se dieron vueltas de carnero,  al acercarse y apoyar, los sectores de la izquierda radical y de la CNT, los comunicados 4 y 7. Ese vaivén  ideológico, cesaría obviamente con la persecución y la tortura. Pero tuvieron una mágica  esperanza de acercar el ejército a los postulados del pueblo que decían representar.  De allí consensos insólitos y unanimidades inciertas, como apuestas a acuerdos políticos posibles. Dicho sea de paso, con olímpica falta de coherencia con las actitudes de clase y la visión de la revolución. La vanguardia había pasado de los obreros a los intelectuales. Pero los intereses reales superan a la mera teoría. Incluso a la de Marx. 

En esa ruta, que tuvo muchos zigzag, mucha ida y vuelta, siguen exhibiendo aún pases políticos de partidos, renovadas y marcadas reubicaciones de personas que adherían en los 60 a tendencias que la vida y la razón los llevaron a abandonar, como comprobará quien repase la lista de los 300 técnicos nacionales y 80 extranjeros que utilizaron 4 años de su tiempo y vida en diagnosticar en 12 tomos la situación del país, y ello de paso despierte la curiosidad de analizar quienes formaban parte del staff del Instituto de Economía, que tenía una clara formación marxista que surge con naturalidad de todos sus estudios. Y como parada final, retener donde ejercieron funciones políticas y empresariales antes y después muchos de esos personajes. Hubo virazón de Cide e IDE a la Dictadura, a importantes cargos profesionales, a gobiernos blancos y colorados, a posiciones de destaque en la formación del Frente y en la cátedra y a institutos internacionales. La vida cambiaba y las expectativas también. En ese contexto muchas cosas quedaron sin explicación útil, incluida las vacaciones de Arismendi en Rusia, o el robo de la bandera de los 33.

En cualquier caso, y pese a las explicaciones y los semi perdones vergonzantes posteriores, no es posible discutir que la base de toda aquella literatura que explicó, contó, y pretendió imponerse en los sesenta, de forma más libre y abierta o simulada y escondida, participaba del más rancio abolengo marxista. Todos los que escribieron en aquella larga y profusa cantidad de fojas para cambiar el país, estaban a gusto o disgusto influidos por la plusvalía, la teoría  del valor, la superestructura y la ambición villana de la oligarquía.  

Leer sin mayores pasiones permite entender, y en este caso permite con facilidad percibir por qué nació el proceso de hegemonía de la izquierda, que avanzó en forma directa a través de sus aparatos institucionales, pero que no desdeñaba la oportunidad e importancia de manejarse como técnicos, entreverados con partidos y tendencias que no compartían. Con la incomparable virtud de adaptar versiones y mitigar excesos. 

De lo cual pueden inferirse algunas conclusiones, que exigen mayor dedicación y profundidad en el análisis (pero que haremos) para encontrar como fue que el marxismo se instaló con comodidad en todos los ámbitos de la  academia, el periodismo y la educación, hasta que logró su plena ocupación y dominio. Y explicar de alguna forma la falta de controversia, de discusión y de una tolerancia que juzgamos absurda, a la luz del más elemental derecho a opinar. 

Quizá haya influido sobremanera la desgraciada marcha de la economía entre los años cincuenta sesenta, por decir alguna fecha. Y la letanía de la superioridad socialista nacional e internacional.  

Desde nuestra perspectiva, hay dos aspectos de peculiar destaque a señalar; por un lado el Frente fue en origen una sumatoria de multitud de voluntades aisladas, todas ellas de personalidades convencidas por una soberbia intelectual manifiesta (pero de nula influencia popular) que carecía de la conciencia lúcida para percibir el valor intrínseco que brinda el apoyo para poder sobrevivir y crecer, a partir de un liderazgo de fortaleza probada. Era un grupo de malabaristas del voluntarismo (con énfasis en una academia de mantenida cercanía marxista) dueños del sueño inefable de que todo es posible por el solo hecho de existir el deseo, y profetas de la triste certeza de saber que en cualquier caso, sus errores terminaban desaguando en pozos de fracasos.  

Acaso solo Michelini como ya señalamos, fue una pequeña estela de alegría y exhibición de caudillismo, capaz de crear alguna esperanza. Todos los demás, eran el resultado de fracasos electorales, de exclusiones dogmáticas, de desencuentros cristianos, de expulsiones leninistas y muy especialmente de lejanía con la gente y de manifiesta falta de atracción personal para la guía de esta. No en balde habían pasado años de secas políticas que se hicieron decenios inoperantes, huérfanos de votos y de representación despreciable de pueblo. Ni Juan Pablo Terra desde una visión religiosa, inquieta en lo social pero triste y poco convincente en su expresión política, ni Rodríguez Camusso en su expansión verbal sin control, ni la robusta Alba Roballo de piel dura y palabra ágil, vieja figura de tantas batallas batllistas, ni el también poeta en sus años juveniles Rodney Arismendi, y menos aún por su falta total de interés personal, sea Erro o el Dr Crottogini (este ultimo destacado médico), eran los personajes adecuados para lubricar el amor político pretendido.  

Faltaba la sal y la luz evangélica para convocar, enamorar y sumar. Y sobraban las convicciones de varios iluminados. Viejos y vigentes aún, pretendidamente convencidos de ser insoslayables referencias actuales de las ideas. Y grandes difusores de una verdad falsa: la izquierda tenia la  propiedad de la inteligencia y la cultura nacional. Recientes gobiernos nos han convencido de la  falsedad del aserto. 

Había muchos que entendían que eran la vanguardia iluminada de la reflexión y los dueños de la razón, pero pocos eran los que podían emocionar con su magia personal. Eso brinda, pese a quien no lo comparta, una explicación sensata, coincidente con otros sucesos resaltados antes, del porqué pese al arranque fuerte del 71, tuvo magros resultados para el despliegue fenomenal que se hizo en circunstancias tan propicias. Fue preciso que llegara la crisis del 2002, tantos años más tarde, para provocar la movida del 2005. La crisis del 2002 tenía toda la historia acumulado desde el lejano cincuenta.

La dictadura y sus excesos  no movieron la intención del voto de forma definitiva en 1985. Ni los desaparecidos, ni los tupamaros, ni  la persecución política, fueron suficiente para cambiar expectativas. El Frente quiso colocarse en la primera fila de los perjudicados, sin éxito. La sociedad confió más en Sanguinetti para conducir la salida. El Frente tuvo un resultado importante en tanto las fuerzas de izquierda agrupadas llegaron al 1971 al 18%, y poco cambió, y en rigor nada significativo, en 1985, bien alejado de pretensiones y esperanzas.  

Durante el proceso histórico del ascenso frentista, y mientras iban pasando los años e iba lentamente doblando el codo final, avizorando posibilidades reales, el liderazgo se había ido nutriendo de figuras carismáticas y a la vez muy diferentes en lo personal. Eso fue parte grande del cambio.

Durante todo el proceso anterior sólo había destacado Seregni. Sereno y con austera actitud, pero bien lejos de los ideólogos de la lucha y la revolución, y en especial de los intelectuales inclinados y aficionados a todas las bases del marxismo que los había nutrido de espíritu peculiar. Al final Seregni tenia el empaque, el gesto, la energía, y la medida de un general. Que era su verdadero espíritu en definitiva. Sin perjuicio, es justo reconocer cómo la militancia del 2020 parece más un grupo amistoso de adultos mayores que una juventud vibrante de pasión gloriosa. La militancia aunque sea como ramas tristes del otoño en regresión, sigue vigente, en especial en aquellos que gastaban los veinte en 1960.

No es necesario señalar  que las mismas que mas destacaron fueron, en la totalidad del periodo, el Dr Tabaré Vazquez y Jose Mujica. Estaba y siempre estuvo claro que para el triunfo  la coalición necesitaba un personaje creíble, tranquilo, que no despertara ni miedo ni espanto. Un uruguayo confiable. Que  ademas era médico. Siempre resultaba claro que Vazquez superaba ampliamente al directivo tupamaro. Y siempre estuvo en lo institucional y reputacional como la figura central de la unión y el respeto.

De este ultimo, o sea de Mujica, del cual no nos habíamos ocupado (porque no lo consideramos, en el análisis, un límite al desmadre ideológico del Frente) no es ni un estadista, ni habiendo tenido a mano la posibilidad, en épocas legendarias de grandes fortalezas económicas, tampoco fue un buen gobernante. O sea ni tenía ni exhibe hoy la mirada larga del intelectual, ni ejercía el trabajo cotidiano a que obliga la gestión. Para lo primero no tenía preparación, para lo segundo carecía de rigor. Poca  lectura, riña permanente con la reflexión, lejanía con el análisis y más allá del discurso atractivo, un hombre duro de sector. Propensión al  facilismo en palabras y en las relaciones con los otros partidos.  Con la misma actitud dogmática que negaron siempre cualquier forma de reconocimiento de error y pedido de perdón, apuntando siempre a discriminar y excluir. 

Podría aún analizarse si Mujica es un político. Aún al menos, en el sentido más próximo a su concepto vulgar,  alejado obviamente del criterio genuino de lo que esto significa. Dignidad y responsabilidad. Ausencia de debilidad y frivolidad. Es un político pero en un sentido peculiar.

Esa particularidad fue optar Mujica por un camino menos tradicional y ortodoxo y a la vez mas moderno en algún sentido, y a tono con percepciones colectivas que dominan el mercado de la nueva visión de la reputación política.  Sensiblería con el hombre de campo, marcando una actitud superadora de falencias de la izquierda, filósofo de accesibilidad popular encomiable, hombre de silencios pausados y risas y gestos suavemente estudiados y de marcada inclinación histrionica. Cada palabra suya parece quedar suspendida en un aire aleve, como si fuera a seguir a continuación, de golpe y con estilo, una profecía evangélica. Avisa y promete pero la contundencia se diluye. El contenido se pierde, los fundamentos se debilitan. Por esa razones, se fue inclinando hacia otro tipo de fascinación popular. 

Un hombre diferente, que vive en un barrio fuera del centro, alejado verbal y machaconamente del materialismo, en su entendido de propensión desmedida al consumo, de mirada esfumada y neutra y palabra retenida que promete y anticipa verdades grandes como monumentos. Asumió el rol de ser el rey del desprendimiento universal, el heraldo de una nueva etapa de generosa entrega, en resumen un nuevo actor con cercanías fuertes en ranchos de festejos y rondas de ideas comprensivas de grandes verdades. Allí alternaba con una cúpula de empresarios considerados buenos, de gente de los medios, y con políticos de su selección y de su amistad incondicional. Hay ejemplos claros a los que defendió a pesar de desarreglos, ilicitudes y ausencia de respeto por lo publico. Esto no se entendía en su sentido natural. Público es aquello funcional al interés partidario.   

Sigue siendo igualmente pese a cualquier presunción o pronóstico, el hombre de mayor prestigio político partidario del país. Eso no admite discusión razonable aun cuando afecta y  provoca molestias fuertes en la interna (miserias humanas) y fuera de ella (falta de aceptación de la realidad aunque sea a disgusto). Asumo que muchas cosas del conventillo andan de cuento en cuento, pero sin autores. Se le desmerece en su propia casa pero en recatado silencio. 

Enojarse y marcar sus errores y desmadres, como ha sido costumbre, no lleva a nada. Es un tema real, más allá de si fue un terrorista valeroso, un gobernante inepto o un político de mayor o menor cuantía.  Incluso con mejor peinada y campera más fina. Tiene una coraza   medieval para resistir la critica, tolerancia y comprensión de la prensa, respeto ritual de sus socios y un techo amplio y generoso para la recepción del perdón colectivo, del nivel y tenor  del mismo Maradona. Puede dinamitar un puerto, fundir Ancap o intentar regasificar. Da igual. 

En alguna forma todos o gran cantidad  de ciudadanos frentistas o no, sienten como seres humanos corrientes, que son o quieren ser como él, porque lo admiran aun cuando la causal no ofrezca certezas claras. Allí su gran virtud y el anticipo seguro de su gloria futura: parece ser uno mas, como cualquier otro, entreverado con todos en el tejido social. Cuando es en rigor el numero uno de esa larga aspiración colectiva. Es quien mejor interpreta un sentimiento colectivo, difuso y obviamente mezclado con expectativas frustradas, que vienen del centro del corazón social. Con manifiesto sentimiento, que luce visible,  preñado de melancolías y añoranzas antiguas. Un viejo joven, un desinteresado (¿) de las pequeñeces materiales. 

Seguramente algún día podrá ser inteligible y dar renovada luz sobre los porque. Quizá, y mas bien seguramente, nos quede un vasto desierto de interrogantes insatisfechas. Pero los hechos, cochinos o no, hoy nos dicen palabra más o menos, que todo lo señalado es verdad o se aproxima a ella. 

La economía desde una mirada mas larga y comprensiva.  

No es momento de incursionar (lo haremos en la serie sobre el Latifundio) en el análisis de la historia del siglo veinte, ni en especial respecto del periodo comprendido entre 1960 y la actualidad. Su comprensión global, arroja a nuestro juicio luz cautivante para entender mas acabadamente la historia de nuestro país, que ha vivido en muchos aspectos en la oscuridad, sea por rigideces políticas, por revisionismos interesados y por falta de visión en la lectura e interpretación de hechos, documentos y acuerdos. En especial el periodo batllista ((1900/1930) la época Terrista en la cual pasaron hechos y circunstancias de gran relevancia no debidamente advertidos, (1932/1938) pero que explican mucho el futuro de esa etapa, así como todo el proceso de sustitución de importaciones, la aparición de un nuevo batllismo, el triunfo del Partido nacional (1958/1966) el gobierno de Pacheco Areco, y todas las circunstancias que rodearon al mismo,  que a estos efectos fue factor significativo para consolidar el definitivo acuerdo de las fuerzas de oposición, formando el conglomerado del Frente Amplio. La unión nacida al amparo del impulso del PDC, más los independientes, Michelini, el movimiento blanco popular, y la izquierda tradicional hicieron el resto. Al final,  surgen el documento formal de las lineas programáticas del 8 de enero de 1971 y  las bases finales del 17/2/1971. (Ver Bruschera, “Las décadas infames” 1967-1985, pag 72 y siguientes Montevideo 1986). 

Breve referencia a la situacion previa a la década del 60. 

Sobre el particular, en la medida en que no es ocasión de profundizar el análisis, se puede consultar la obra Uruguay en busca del Desarrollo 1930/2010, bajo la dirección de Gerardo Caetano, Mapfre 2015, Tomo III pág. 157 y siguientes. O buscar en los antecedentes de época, poblada de una literatura profusa, marcada por el signo de la izquierda, en la cual destaca: 

 a) EL PROCESO Económico del Uruguay, Instituto de Economía, 1971;b) La Historia Económica del Uruguay contemporáneo de H Finch, Montevideo 1980; c) El Uruguay en la conciencia de la Crisis, 1971; d) Políticas para una economía desequilibrada uruguay 1958/1981. Luis Faroppa 1982; e) Cuatro tesis sobre la situación económica nacional, Faroppa, Couriel, Bension y Bucchelli, 1974; f) Inversión extranjera y desarrollo, Astori, Zerbino, Rodriguez y Tisnes, 1975. 

Además de ello seria preciso ocurrir al informe de Cide (1960/1964) cuya versión original se explaya en 12 tomos. O acudir a su resumen: Uruguay una propuesta de cambio de E. Iglesias, de 1966. 

Toda la documentación citada tiene, pese a las diferencias de formación, ideología de la que se presume y opinión profesional de los exponentes, una considerable y rara unidad en el análisis económico (o al menos en señalar rasgos comunes), en la identificación de las causas que determinan el devenir económico, y  extrañamente en la similitud de soluciones. Hay claramente muchos tópicos, que se repiten  en forma intensa, pero sin mayor énfasis académico en la búsqueda de causas eficientes y suficientes que den una explicación. Por ejemplo no hay distingo alguno de interés, en relación con lo que se denomina “el largo estancamiento de la producción exportable del sector ganadero”, “o la socorrida atribución de todos los males a la dependencia”, o tantos otros conceptos que se reiteran hasta la saciedad. En rigor hay poca profundidad en hurgar en los hechos externos, su gestación y sentido, y muy en especial en ir más a fondo para entender la actitud de los agentes económicos. En general se pasa por alto que la nota de irracionalidad no es normalmente la conducta esperada del capitalismo.  Y sobre todo el análisis de las grandes variables macro, no tienen la debida coherencia. Una ruptura académica, de aparición más tardía, fue la versión del Dr Ramón Díaz. A la cual recurriremos, pues explica el derrotero económico desde otra visión más vinculada al tipo de cambios y en especial a la libertad de los mismos. Todo lo señalado amerita profundizar de forma incisiva en un periodo en el cual se advierten las situaciones antes referidas.    

Cifras que explican su relación favorable al nacimiento de la coalición.  

En general nada sucede por azar. Los individuos que perciben beneficios claros en determinada situación, tienden a ser precavidos respecto del cambio. El riesgo de lo nuevo se desarrolla en general en situaciones donde el cambio promete o sugiere mejoras en la calidad de vida, permitiendo que una nueva escena provoque mejoras para cada quien. 

El país había vivido, pese a todos los opositores, un periodo de auge durante el batllismo. Pero veamos las grandes cifras que explican la situación de deterioro progresivo que sufre el país. 

Seguiremos por facilidad las series de datos de H Finch en la obra citada, pag 235 en adelante.

A) Entre 1945 y 1970, el PBI (a costos constantes de factores) pasa de 9.392 millones de pesos, a 17.393 millones es decir aumenta el 53%. En tanto el PBI por cabeza, pasa de 4.566 pesos a 6.026. Es decir 75%. Son 25 años. O sea que por año el PBI creció por año alrededor del 2%.  

Pero si cortamos períodos de 5 años, entre el 55/60 el crecimiento es 0, y negativo -1,5 por cabeza.  Y entre 60/65 el PBI general crece 0,8 año, y -0,6 por cabeza. En resumen entre 55/70 el PBI crecía 0,9% y por cabeza bajaba -0,3.  

Esos 15 años acumulados ilustran sobre la percepción de un deterioro de marca mayor en un plazo importante previo al nacimiento del Frente Amplio. La cuestión era más trágica y los números se vuelven peores por el crecimiento de población y además porque el país se perdió un largo y fructífero periodo de crecimiento del comercio exterior.  

B) En el mismo periodo bajo la participación del sector primario, subió el industrial y registra una pequeña caída los servicios.  

C) El sector primario en el plazo 45/70 pasa de 68 a 103, la industria sube de 46 a 119, los terciarios pasan de 64 a 115. El PBI general y por cabeza había tenido una suba muy moderada. 53% y 76% respectivamente.  Pero son 25 años. O sea estancamiento general.  

D) Si miramos las cuentas públicas sus ingresos rondaban en 55/65 sobre el 25% del PBI, que se daba con una alta proporción de transferencias, subsidios, y pago de servicio de la deuda. 

E) En otras variables, la inflación exhibía datos preocupantes que estaban erosionando y destruyendo los ingresos de las clases populares. Entre 56/60 el aumento de precios anual era promedio del 23,4%. Entre 61/65 había aumentado a 30,7%, entre 66/70 el incremento llegó al 66,1% y entre 71/74 a 68,7% . Estos datos son suficientes para poder determinar la situación que vivió el país. 

F) Las exportaciones que eran de 145 millones de dólares en 1946, llegaron en 1970 a 206. O sea un crecimiento menor del orden del 2% anual. Un país en retroceso. 

G) Las reservas netas en dólares pasaron de 293 millones de dólares del 1946 a 32 millones en 1970. Las cifras bastan. 

H) Bajaron las proporciones de lo exportado en relación a lo consumido. Reflejan bajas del orden del 50%.  

Así podríamos seguir con cada rubro, con cada actividad. Las cifras del trigo, maíz, avena o lino o se mantenían igual desde 1900 o subían o bajaban muy ligeramente. 

En otro orden, se establecieron subsidios que se pagaban con impuestos con objeto de abaratar el pan la carne y la leche.  El trigo y las industrias textiles, frigoríficos y cuero. 

Se podría abundar y detallar todos los índices que explican en números como fue que se fue desmejorando la situación de la sociedad  y de sus ciudadanos. 

Qué hay detrás de los números. 

La lectura sin pasión ni condicionamientos ideológicos tienen una gran elocuencia. El Uruguay se venía en caída libre. Y la sociedad era reacia a tomar medidas fuertes para atenuar la caída y promover el cambio. Detrás de cámaras, es fácil advertir que la calidad de vida de los uruguayos había caído dramáticamente.  Ello explica, sin mayor esfuerzo, que acompañando el menor consumo y el efecto nocivo de la inflación, venia la falta de ilusiones u horizontes en tan largo periodo. Todo lo cual iba condicionando a una población que había nacido en el marco de una historia de crecimiento, de diferenciación, de exclusiva calidad comparativa, de orgullo ciudadano; a percibir que los salarios se erosionaban, que la seguridad social flaqueaba y que en especial la inflación y el desempleo campeaban.  

Ese conjunto de circunstancias tienen especial importancia para explicar en alguna medida que la izquierda podía ser una alternativa. Que el país era el que describía Benedetti en Gracias por el fuego, la que se desarrolla, según recuerdo, en aquellas lejanas inundaciones del 59. 

Por eso se puede reflexionar en que el estado de cosas era planta fértil para que la siembra ideológica pudiera progresar, conquistar y repartir. Para que se escribiera una nueva historia que identificara a los malvados que habían destruido todos los sueños. En ese contexto fue que nació el Frente. Y empezó a despegar alas de renovación. Así desde otras perspectivas llegaron los tupamaros. 

De la misma forma en que el Frente nació en el marco de una larga crisis sin horizonte de solución, también llegó al poder en 2005. Después de otra gran crisis, mucho más aguda y rápida en términos de tiempos y consecuencias.  Pero esa es otra historia.

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