FERNANDO ANDACHT / No se dejen engañar por la banalidad de los signos que ahora presento como evidencia: su inocultable trivialidad es precisamente lo que los convierte en un arma de destrucción masiva. ¿De qué? Del  pensamiento crítico, de la capacidad de tomar distancia de la masiva inoculación cotidiana de vacunas contra la razonabilidad que nos llega desde la amable pantalla televisiva. Nada paraliza más el pensamiento que el miedo, que el sentimiento de inseguridad que segregan sin pausa los medios más poderosos

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