Por no querer morir estamos aceptando no vivir

ENSAYO

Por Fernando De Lucca

Los ensayos que he venido escribiendo desde el pasado año intentan mostrar tres aspectos fundamentales. Lo primero es el propósito de aceptar el “no saber”. ¿Qué es lo que no sabemos? Lo que no sabemos es de dónde venimos y adónde vamos desde un punto de vista psico espiritual y social. El único origen que podemos entender es el concreto; haber nacido de madre y padre y también que vamos hacia la muerte de forma indefectible, indudable y evidente. Por supuesto que para una gran cantidad de individuos ese origen es penoso y conflictivo y en lo que respecta al final de la vida, siempre tenemos la negación como recurso. Por lo tanto vivimos abrumados por la “neurosis de creer” que decreta que todo debería de ser diferente -mejor- de lo que es y fue nuestra historia. Luchamos por una creencia absurda.

Aceptar lo que nos pasa y hasta poder agradecerlo es una especie de milagro logrado por algún extraño ser humano que seguramente se drogó con algo muy potente -y que ya se le va a pasar-.

Podríamos vivir considerando la propia muerte como una compañera fiel y sabia que nos hace sentir y pensar que cada acto es una manera de honrar la vida. ¿Extraña perspectiva? Esto haría que cada acto se pudiera convertir en generoso, honesto y claro, bondadoso, afectuoso y divertido. 

Claro que todo esto lo interpretamos “egoicamente” como una locura utópica y hasta morbosa. Tal vez merezca ser considerada aún peor: como psicótica. 

Las enseñanzas trascendentales de nuestras obras maestras de filosofía y de nuestros rituales para lograr mayor contacto con la verdad están basadas fundamentalmente en considerar que nuestra finitud –léase impermanencia- es el camino para el amor hacia nosotros mismos y el mundo pues nos hace valorar nuestro tiempo de vida como el más sublime regalo. Esto es la raíz de todo acto de benevolencia ya que al no saber cuándo va a finalizar nuestra vida todo acto, como dije, puede convertirse en el último. 

Si la vida puede interrumpirse en cualquier momento –cosa que sabemos con toda claridad- cualquier momento puede ser aquel en el cual sentimos el final. Si esto es así, ha de ser el mejor de los momentos pues podrá ser el último. ¿Es tan difícil de entender?, ¿es tan difícil entender que lo que importa es valorar la vida por ser finita?, ¿es tan difícil de entender que si es finita la vida, todo acto puede ser el último?, ¿es tan difícil de entender que pudiendo ser el último acto, habrá de ser el mejor?

Es entonces que toda la compilación de conocimientos ancestrales, milenarios en los cuales se ha apoyado atemporalmente toda la sabiduría humana se hace añicos ante la displicente y liviana consideración de que todo lo que existe surgió hoy, la semana pasada o a lo sumo en el 2019. Esto revela la falta de respeto que tenemos por el conocimiento, por nuestros antepasados y en consecuencia directa la falta de humildad ante nuestra vida y la de los otros. 

Le hemos ofrendado la vida a un grupo de obtusos inteligentes que no saben otra cosa que quedarse día tras día calculando fantasías neuróticas acerca de un futuro con tantas sombras como su propia alma las tiene. Son los lacayos del poder de los ineptos mayores, aquellos que lo único que ven es nada; la nada donde solo hay dinero, poder y nada que tenga sentido. 

Esta es la era de la revolución tecnológica que nos está conduciendo a la más absoluta carencia –sin dejar de pensar en la activación de los miedos perversos- que colectivamente estamos mostrando. La informática por ejemplo ha sido una invención magistral llevada al abuso extremo dada nuestra locura colectiva. Sustituimos el encuentro vivo por una pantalla de computadora. ¿Qué es lo que estamos haciendo? Profesionales de la salud en términos generales, de la comunicación, de la cibernética, de las finanzas estimulados en este momento por su insolencia y soberbia y los siempre presentes políticos –reyes- de turno haciendo que todo parezca aún más patético. Estamos en la era del abuso más escalofriante del ser humano por los invisibles interesados en el control masivo.

Bueno, aquí termino con el enfoque del no saber. ¿Cómo cambiamos esto? No lo sé. Se empieza por no saber para llegar a saber. Reconocer no saber es buscar. Debemos buscar dentro de nosotros mismos.

Lo segundo acerca de estos ensayos es la pérdida de lo importante en la vida humana y el tercero las ideología que a través de los “ismos” destruyen toda creencia y experiencia de vida convirtiéndola en una secta partidaria. Es así como seguiré en próximos ensayos trayendo algo que pueda unir a los seres humanos, por lo menos aquellos que desean seguir teniendo libertad para pensar y moverse en su hogar; este hermoso planeta. 

Compartir