Por no querer morir estamos aceptando no vivir

ENSAYO

Por Fernando De Lucca

El camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones, y los “ismos” son eso mismo; excelentes intenciones vistas desde una perspectiva salvadora, luminosa y repleta de incondicionalidad romántica. También existe siempre un lado oscuro donde esos “ismos” se transforman en estructuras de pensamiento radical y muchas veces alejado de la realidad más simple de ver. Cuando a Bhagwan Shree Rajneesh le preguntan en su libro “Psicología de lo Esotérico” ¿qué enseñas y cuál es su doctrina?, él responde así: “no estoy enseñando una doctrina. Enseñar una doctrina es insensato. No soy un filósofo; mi mente es antifilosófica. La filosofía no ha conducido a ninguna parte ni puede hacerlo. La mente que piensa, que cuestiona, no puede saber”. Continua Rajneesh diciendo: “existen tantas doctrinas. Sin embargo, una doctrina es una ficción, una ficción humana. No es un descubrimiento, es una invención. La mente humana puede crear infinidad de sistemas y doctrinas, pero es imposible conocer la verdad por medio de teorías. Una mente repleta de conocimientos es una mente destinada a permanecer ignorante”. Continua diciendo: “la revelación llega cuando se suspende el conocimiento. Existen dos posibilidades: o bien pensamos acerca de algo o nos acercamos a ello en forma existencial. Mientras más piensa una persona, más se aleja de lo que está aquí y ahora. Pensar acerca de algo equivale a perder contacto con ese algo”.

Vamos a la Gestalt-terapia. Este abordaje de lo humano, le presta una importancia muy grande al “campo”. El campo es para Lewin: “el conjunto de todas las fuerzas que actúan sobre un punto cualquiera del mismo (campo)” y agrega que “al considerar que un individuo o un grupo se halla situado en un campo, implícitamente su comportamiento depende del conjunto de todas las fuerzas que actúan sobre él en cada momento”. Estas consideraciones van mucho más allá de las teorías intra-psíquico-analíticas así como las que jerarquizan la conducta como forma de enfermar o sanar; van también a invalidar toda forma discriminadora entre lo psíquico y el medio y privilegia la idea de que el afuera y el adentro en un individuo son partes de un todo y nunca han de poder aislarse sin que ocurra un problema de salud mental.

Parafraseando nada menos que a Heidegger, el ser humano es (al igual que todo ser vivo) un “ser-en-el-mundo”. Por todo esto, solo se puede ver el accionar del campo, es decir la conexión, contacto, relación, consonancia entre ser y mundo en la medida en que estemos dispuestos a escuchar la realidad.

¿Qué realidad? La respuesta es: el campo. 

¿Y como se llega a esto? La respuesta es: por la creación del vacío interno de un individuo que vamos a llamar: “vacío fértil”. 

Fritz Perls, el padre de la psicoterapia y pedagogía que llamamos Gestalt-terapia, describe al vacío fértil como: “una experiencia “esquizofrénica” en miniatura, difícil de tolerar, que exige confianza y coraje y que resulta más familiar al artista que al intelectualizador: el artista se mueve en ese espacio, es la condición de su creatividad, y sabe que ha de abstenerse de intelectualizar para no abortar el proceso. En el vacío fértil, la confusión se transforma en claridad, la emergencia en continuidad, la interpretación en vivencia…la experiencia de vacío fértil no es subjetiva ni objetiva. Tampoco es introspección. Sencillamente es darse cuenta sin especular”.

Yo diría que poseer la experiencia del vacío fértil crea una profunda transformación. Es la forma de no caer en “ismos” y genera una intensa experiencia de esta vivo en un estado único, en el absoluto presente y donde no hay más que “eso que está allí y nada más que eso que está allí”. Es entonces cuando todo es claro y determinado por la estrecha y constante armonía entre organismo y ambiente. Claudio Naranjo intentaba que sus alumnos y pacientes tuvieran esta experiencia del vacío fértil pues es una experiencia no intelectual, tampoco afectiva ni activa, no es producto de la comprensión ni de cuanto sabemos acerca de nosotros mismos. Es todo eso a la vez. Es una experiencia en el presente que solo puede presentificarse si aceptamos desde lo más íntimo que podemos abandonarnos a un instante de contacto con “todo”. 

Quiero expresar en este momento que este estado tan difícil de describir al punto de que lo podemos hacer solo a través de metáforas, es absolutamente común a todos nosotros. Experimentamos esto a diario aunque no somos conscientes de ello. Es más; somos guiados en nuestras vidas por este vacío. El tema es darle un lugar en nuestra conciencia. Para darle este espacio dentro de nosotros tenemos que apelar a un método-camino que promueva una forma de experiencia colectiva que haga que el otro es testimonio de mi experiencia y yo de la suya. Tiene que haber condiciones para que la conciencia lo haga propio. El medio, léase: mis pares, y uno mismo: yo, son la materia prima para la conquistar la unidad necesaria para la experiencia. Alguno podrá preguntarse si no alcanza con tener esta vivencia de forma solitaria y mi respuesta es obviamente afirmativa. El tema es que el contacto con otros para compartir esta experiencia con interlocutores que estimulan mi recuerdo y mi esfuerzo por expresar lo que me ocurrió son la clave del desarrollo de mi conciencia. Con todo esto intento que quede claro mi parecer acerca de que los seres humanos estamos frente a una encrucijada vital. El cientificismo, el academicismo, las ideologías “ismo”, el filosofismo, el romanticismo, el racionalismo y cualquier activismo o radicalismo son la clave fundamental del fracaso de la salud y el amor de nuestra sociedad global.   

¿Qué nos está pasando?, ¿qué es lo que nos está pasando? La respuesta es que pocos, muy pocos están conscientes de su vacío. Estamos inundados de ideas que seguimos como autómatas. Es el siglo de los robots humanos que seguimos a los que tienen la voz más alta y creen que saben algo y lo colocan en su cajita de cristal y oro para mostrarlo y sentirse importantes. Luego sacan de su cajita -donde también se colocan a sí mismos para intentar vivir- y salen oportunamente con un megáfono a dictaminar sus verdades siendo muchas veces más autoritarios que aquellos a los cuales quieren detractar. Seres “importantes” que humillan la raza humana y que son seguidos por los débiles de espíritu. Aquellos que precisan a papás y mamás que les digan lo que tienen que hacer regalando su libertad en nombre de mayorías llenas de culpas por no tener la valentía de vivir. Precisamos tener disciplina para vivir y conocimientos, aunque sin la fertilidad que surge de nuestra esencia vacía, todo parece escaso.

Tenemos que vivir con el temor a morir. 

Esta es la respuesta de siempre y para siempre. La respuesta que nos hace responsables de nuestra propia vida y que no nos permite renunciar a nuestra libertad. Es estar presentes en el aquí y ahora como propósito de vida.

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