ÁLVARO SÁNCHEZ / Roberto Musso llega a la hora pactada, con un combo tranquilo pero encendido de buena disposición de ánimo, simpatía y ganas de compartir. La conversación va ganando profundidad y personalidad a medida que fluye tranquilamente. Nada perturba a este hombre que ofrece desde sus pensamientos hasta sus emociones en un ida y vuelta simpático y honesto para hablar del último disco del Cuarteto de Nos y de todo lo demás también.
ENTREVISTA
Álvaro Sánchez: Me gustó mucho del disco como se deja escuchar de un tirón.
Roberto Musso: Mirá que bien. Es corto, ¿viste? Hemos decidido últimamente hacer discos más cortos, pero tratar de sacarlos más rápido entre disco y disco; porque nos pasaba que, al estar tocando tanto, que la banda se va difundiendo por el show en vivo, nos quedaban muchas veces canciones sin estrenar: hacíamos discos de diez o doce canciones y no nos daba el tiempo de estrenarlas todas. Entonces estrenamos seis el año pasado cuando recién salió “Puertas”, y nos quedan dos que no hemos tocado.
-A: ¿Cuáles?
-R: La de “El Astrónomo que no podía ver el cielo” y la del “Camello Patagónico”. Vamos a tratar de estrenarlas en vivo este año, antes de empezar a pensar en el próximo disco. Por ahora está muy parejo: no hay como mucho de relleno en el disco.
A: No, no. Y tiene mucha coherencia el disco. No es un rejunte.
R: Viste que “Lámina once”, el disco anterior, tenía mucho en común. Fue un disco hecho en pandemia. A mí me pasó por primera vez en ese disco (que son canciones hechas en el 2020 – 2021), que fue la primera vez que me sentí yo mismo imaginándome el canal de comunicación emocional con el receptor de las canciones. En otro momento de la vida normal, vos decís no sé quién va a ser que reciba o qué va a estar haciendo en su vida diaria: ahí sabía que la gente estaba encerrada, viendo lo mismo…
A: Capaz que tiene algo que ver con esto “El astrónomo” o “El cuarto de Nico”, que tienen en común que en el segundo dice “escúchenlo, aunque no grite”, y que el astrónomo se echa a perder. ¿De qué lugar tuyo salen esos personajes? ¿Te imaginabas a los receptores de esos temas?
R: Justo mencionaste dos que me interesó hacer un ejercicio, un experimento del tiempo verbal de la canción, por un lado, y por otro lado quién es que relata la canción. Ahí soy super obsesivo, digo, cuando tengo el concepto de que hablar: ¿quién es la primera persona?, ¿es un personaje que va a tener nombre?, ¿es un juglar que canta y relata la canción? Siempre me interesa como experimentar en ese aspecto. Y “En el cuarto de Nico”, la idea esa de que se forma como una especie de escena policíaca, criminalística, y dije: ¿por qué no son los objetos los que cuentan?
A: El blíster…
R: Claro, el blíster, el antifaz para dormir, el mandala incompleto… como dar una pista de que hay alguien con problemas de insomnio, con algún tema. Pero que no se termine de describir la historia y que tal Nico no aparece nunca en la canción. Ese halo de misterio, ese interrogante, me pareció interesante. Y “La del astrónomo”, me pareció interesante que hay tres relatores de la canción, viste que está: el que cuenta, el tipo que cuenta la historia, y después el astrónomo, que es el tercero que aparece. Eso me gustó como experimento.
A: A la mente me vino Jano, una deidad romana, dios de los comienzos, los finales, las transiciones, las puertas y los umbrales. Famoso por su representación bifronte (con dos caras), mira simultáneamente al pasado y al futuro, simbolizando el cambio y la dualidad. ¿Es Jano el dios de este disco?
R: Ahora que me lo decís sí. Debe tener una contraparte griega, ¿no?
A: Y los romanos siempre les afanaron todos los dioses a los griegos…
R: Exactamente: el mismo dios con distinto nombre. Pero es verdad, sí, sí. Puede ser el dios romano que bendiga al disco. Igual te digo que, cuando empezamos el formato (eso capaz que lo leíste en alguna entrevista), cuando preguntaban un poco el concepto del disco, como bien decís, las canciones nacieron con un hilo conductor, pero cuando tenés que armar un poco el discurso de por qué “puertas” y todo eso, yo siempre decía que me imaginé mucho de estos personajes como “las puertas”, un sustantivo que tenemos en todos lados, y como sin embargo (ahora que me decís lo de Jano) como que tiene un simbolismo muy fuerte. Yo lo vi mucho por el tema de la toma de decisiones. Nosotros como seres humanos somos, nos guste o no, indefectiblemente, un resumen de las decisiones que hemos tomado hasta un segundo anterior. Muchas con cuestiones exógenas, pero otras con cuestiones de nosotros mismos. Y cuando estás frente a una puerta siempre es una decisión: la abro, la cierro, la toco, espero que me conteste alguien cuando estoy necesitado de algo, o no. Entré a la puerta esa en tal lugar, vi cuestiones que no la pasé bien y me fui, jurando no volver, y como todo ser humano tropezamos dos veces con la misma puerta (risas), en lugar de una piedra, y volvimos. Las puertas que como dice la canción “el derecho de admisión injustamente no te dejó entrar”. En definitiva, son puertas manejadas quizá por seres humanos. La puerta giratoria, uno se divirtió y ya está, sigo por el camino. Y que, en definitiva, a mí, en la canción (capaz que me voy un poco de la pregunta) dudé muchísimo en la palabra “salvación”.
A: ¿Por qué?
R: Porque para mí tiene mucho link directo con algo religioso, capaz que soy yo, y me gustaba como alejarlo de eso, pero dije: es la palabra. “¿En qué puerta está la salvación?”, si lo alejás de la parte religiosa y lo traés a la parte más humana, me pareció interesante. En definitiva, la salvación que buscamos o no inconscientemente, capaz no está atrás de una puerta. El no perder el temor de seguir buscando qué hay detrás de un determinado portal o determinada puerta. Un poco por ahí me parece lo que encierra el concepto ese.
A: En las letras de las canciones se encuentran muchos temas borgeanos, por ejemplo, en la primera canción, “Puertas”, dice: “buscando saber quién soy”; Borges en su poema El Mar, termina preguntando: “¿Quién es el mar, ¿quién soy yo? Lo sabré el día ulterior que sucede a la agonía”. ¿Crees que podemos llegar a conocernos, a saber, quiénes somos en esta vida? ¿Tiene algo de balance esta canción (“fueron tantas cosas las que tuve que enfrentar”)?
R: Claro, es como una especie de Borges pero más relativo (risas); circunscripto al tiempo físico que estamos acá, en la vida, un poco eso me parece a mí. Es buenísima la pregunta, no va más allá de lo metafísico, más allá de la existencia en ese segmento, la recta en la cual vivimos, está como más circunscripto a eso, me da la impresión. Hay muchas canciones en la discografía del cuarteto y siempre ese cuestionamiento de la identidad y del soy tal cosa y somos tal cosa, está muy presente y siempre me ha sido un input interesantísimo para escribir. Pero Borges lo dice mucho mejor que yo (risas). ¿Sabés cuál es mi libro favorito?
A: ¿Cuál?
R: “La Biblioteca de Babel”. Lo tenía mi viejo (ah, lo tenés ahí). Justo ayer le estaba diciendo a mi hija que estaba con literatura, que algún día se lo voy a explicar. Mi viejo era muy fanático de ciencia ficción. La biblioteca de mi padre eran todos libros de Arthur C. Clarke, Asimov, Lovecraft, todo eso. Coleccionaba ediciones de revistas; estaba suscrito a una que se llamaba “Nueva Dimensión”, una revista española que le llegaba en ese momento por correo, mil nueve setenta y pico… y en la biblioteca de él tenía éste. Él no tenía tanto a Borges me parece, pero tenía este libro que cuando lo leí me voló la cabeza. Cuando yo lo leí tenía trece, catorce años. No puedo creer que el tipo, todo lo que está escrito es simplemente elegirlo, y me quedó flotando siempre el libro este, por eso leí de Borges más adelante. Pero fue el primero que leí, el que tenía mi viejo ahí por algo ese cruce entre las letras, los números, la ficción y como hoy, con todo lo que son transformado a gigabytes y todo eso, sigue teniendo vigencia, es una locura.
A: Otra sensación que me dio el disco es cuando decís: “A veces sanar es aprender a convivir con lo que nunca vamos a curar”. ¿Es un disco de madurez este? Porque esa frase lo es (frase del segundo tema, “Esplìn”) o “que parezca fuerte no quiere decir que nada me lastima”.
R: Es verdad lo que decís. Yo intento escribir siempre hablando de lo que soy, desde el “yo”, Roberto actual, con todo el bagaje de mi vida vivida, pero tratando de escribir del Roberto de ahora. Y capaz que esas frases son para gente de más años que vivió… Aunque te soy sincero, que muchas veces me he equivocado, del a veces pensar quién va a ser el receptor que más disfrute o entienda tal letra. Cuando yo hice “ya no sé qué voy a hacer conmigo”, que ahí yo tenía treinta y largos años, me imaginé que iba a ser gente de mi edad, de mi generación, y me equivoqué: todos pibes de quince, dieciseises… por eso me gusta escribir desde ahí. Viste que “esplín”, (una vuelta me preguntaron), poca gente conoce la palabra. Y yo siempre les cuento que la primera vez que escuché la palabra fue en una canción que cantaba El Darno, que era “Cápsulas”. La canción es de un poeta venezolano creo, no es de él. Y que en un momento decía “en un rato de esplín”, y yo decía ¿qué es “esplín?”. No estaban las letras, no había internet… Y con el Darno nos encontrábamos muchas veces en El Lobizón, teníamos tertulias divinas con él, y con más gente de la música, y un día le pregunto “¿qué dice ahí?” “Esplín Roberto, el esplín de París, de Baudelaire”, bueno, me dio una clase divina ahí donde aprendí. Y siempre me quedó flotando esa palabra, porque yo me imaginaba que “el esplín” era el parisino, pero para mí era el esplín montevideano, del domingo seis de la tarde, con mi viejo escuchando Radio Clarín, el comentario del partido. Que no era depresión, pero al otro día tenés colegio… Entonces para mí, esa canción me identifica mucho con esa conexión con lo que vivía en aquel momento en mi casa.
A: En “Esplín” cantás sobre “hurgar tus profundidades”.
R: Claro. De las grietas, viste que habla mucho de las grietas. Que en el video está buenísimo, Julieta Conde lo metió con esa técnica japonesa que es de zurcir con hilos de oro, las telas, las partes rotas de una loza, que tiene toda una simbología; simbólicamente me encantó. Pero lo que te digo, la canción tiene un poco de eso: del zurcir grietas, o de las cosas que se te van metiendo, el “crac, crac, crac” ese que dice la canción se te va rompiendo algo ahí.
A: Me dio esa sensación de madurez.
R: Puede ser sí.
A: No quiero hinchar con eso.
R: A mí me pasaba con la palabra “maduro”, “madurez”, (cosa mía te digo), me lo relacionaba con aburrido (risas). Pero en este caso no estoy de acuerdo, me parece que está buenísima. Yo creo que son letras con más de un observador siempre, más que nada. Esta canción por ejemplo en vivo me emociona un montón. Y lo ves… vos sabés tenemos ese público juvenil que yo te digo, pira con esa letra en vivo, con la canción, los ves llorando, mueve unos hilos sensibles muy fuertes.
A: “Ganaron los malos”: es una de las mejores radiografías sociales que escuché en años.
R: (Entre risas) Estoy de acuerdo.
A: ¿Te inspiró algo puntual ese tema?
R: Y mirá, el tema de la polarización, partidización, blanco y negro, capaz nosotros que venimos de otra época con más grises, más matices, más opciones. Sí me obsesiona eso, el tema de hoy tener que elegir entre dos cosas, que realmente no te gusta ninguna de las dos (risas). Me pareció un tema interesante para abordar. Y lo mismo “los malos” y “los buenos”, y sobre todo en esta canción que también habla si querés de política, guerra, o lo que sea, como los buenos son los malos de unos y los malos son los buenos del otro, y es totalmente intercambiable, entonces, tuve mucho cuidado en que fuera totalmente intercambiable eso, en definitiva, los únicos que ganan son los mercenarios, que están de los dos lados, porque después van a venir los buenos a instalarse cómo quienes: ¿cómo los buenos o los nuevos malos? Sabés que ya me pasó con la del “Dr. Hermes”, que habla de esto mismo, de la fiesta dónde están los aliados del Dr. Hermes y supuestamente la cúpula que maneja todo, y afuera están los excluidos, tirando piedras, puteándolos, queriendo entrar. Decís, (como dice el final de la canción), ¿qué quieren los que están ahí afuera?, lo que quieren es el lugar nuestro para echarnos a nosotros, intercambiar los roles y estar acá, cortando la torta y chupando champagne. Y vos sabés que cuando salió la del “Dr. Hermes”, en cada país que íbamos, me decían, “¡ah, claro!, el Dr. Hermes es el fulano de acá”. Eran siempre políticos o referentes, uno de un movimiento, otro de otro totalmente opuesto. Y después me siguió quedando picándo la idea de “Ganaron los malos”. También cuando hice la canción esa, ahora me acuerdo,(a veces me retrotraigo a cuando empecé a hacerla), tenía también la idea de los cowboys y los indios. O la conquista acá en Sudamérica. Como los malos que a veces vos leías en los libros, los buenos eran los cowboys, pero ahora los buenos son los indios.
A: En “Cara de nada” hablás de máscaras, de una especie de coraza para que no vean tu interior. En el Macbeth de Shakespeare, Duncan (el rey de Escocia) afirma: “No hay arte en el mundo que enseñe a leer en el rostro las inclinaciones del alma”. ¿Vos suscribís eso?
R: Me parece que sí, suscribo. No la había leído. Había otra canción, “El balcón de Paul”, ¿te acordás?, una del disco “Porfiado”, que hablaba también de una fiesta donde todos tenían que ir sin la identidad, nadie sabe qué pasa ahí adentro, también decía la frase (era más trillada esa) “dale una careta a un hombre y sabrás realmente quién es”. En el de “Cara de nada”, hablando de cómo nacieron las canciones, la veía como una contracara de “El Perro de Alcibíades”. Viste que la sacamos simultáneamente las dos, fue otro experimento que hicimos, en vez de tener un corte solo, sacamos un lado A y un lado B, como era antes. Y en la de “El perro de Alcibíades”, esa cuestión que habla de la cortina de humo, de la corrupción, de todo eso, y para mí el cara de nada era el espectador de todos los perros de Alcibíades o personajes que habían pasado durante la historia, digamos. Entonces, curado de espanto el cara de nada dice “no puedo con esto, yo me meto esa máscara del no ser”, pero la procesión va por dentro, digamos, el incendio va por dentro. A mí una frase que me encanta de la canción, es el “ni leyéndome la mente sabrán lo que estoy pensando”. Y como que él mismo dice “nunca van a llegar hasta mi último refugio, mi más preciado tesoro”, que es el yo ser dueño de lo que pienso. Me da la impresión de que sigue siendo el último vestigio de libertad, el poder estar, con o sin máscara delante, pero decir, yo sigo siendo dueño de lo que pienso. Yo puedo decir todo lo que ustedes quieran, me van a ver con la cara que quieran, con la cara de nada, me van a pedir que de una opinión, pero capaz que no saben que estoy detrás de esta opinión que estoy dando, riéndome y pensando otra cosa distinta. Ese fue un poco para mí el cara de nada, que ya va siendo un poco más creepy, pero me encanta ese momento. Y también es una canción que yo creo que la gente joven lo decodifica de una manera más natural que nosotros, me da la impresión.
A: Sí, más fresca.
R: Más fresca y hasta más revolucionaria te diría: “háganme decir lo que quieran escuchar, pero yo sigo siendo dueño de mis pensamientos”, algo así.
A: En El perro suena el Eclesiastés: “no hay nada nuevo bajo el sol”. Es una frase algo nihilista; también cantás “nos han acorralado”. Me gusta eso de decir con onda las oscuridades.
R: A mí más que nada era, te digo, la frase es como bastante trillada en ese aspecto, como que no hay ninguna novedad, pasó y van a seguir pasando, los Alcibíades y los perros de Alcibíades y las cortinas de humo en cuanto a lo que habla la canción. A mí me gustó mucho hacer una canción que dentro de un formato super pop, una letra que parece que es una bobada, (hasta con una coreografía que puede tener), esconda eso que vos decís: una cosa super oscura atrás; de hecho, cuando yo cuento la historia de Alcibíades en los shows, a mí me llama hasta la atención que a nadie se le ocurrió buscar, mirá que tocamos frente a miles de personas y cada vez que cuento la historia es como que todos me están escuchando atentamente.
A: Como a un profesor.
R: Yo te digo, tenemos la clase de historia, y cuando hablo de Alcibíades todos dicen “ah, por eso era”.
A: No es por rascarte el lomo, pero te escucho cantando más cómodo que nunca. Se nota “tu voz”. Para algunos desentendidos eso se traduce en repetición, pero para un artista es un logro, ¿verdad?
R: Para mí no es repetición; uno intenta como buscar siempre un tema del cual hablar que no se repita, de hecho, yo a veces me descubro a mí mismo tanto a nivel lírico como musical, diciendo “qué bueno está esto”, pero digo, “yo lo sentí en algún lado, ah claro, en mi canción de aquel disco” (risas), entonces trato o de tirarlo a la basura o de cambiarlo. Pero a mí me da la impresión como que, en realidad, obviamente por más que los temas son infinitos los que tocan las canciones nuestras, me da la impresión de que cambia bastante, son bastante temáticos en sí mismos me parece.
A: Se nota cierta comodidad en el buen sentido de la palabra.
R: Sí, te entiendo: yo me siento súper cómodo cantándolas.
A: Eso.
R: Totalmente. Es más, yo siempre digo, yo soy compositor, pero para mí, no sé si otra persona lo puede cantar con tanto sentimiento o sabiendo lo que está cantando; es difícil encontrar alguien que haga una versión de canciones del cuarteto cantando así. Lo mismo que a mí me cuesta muchísimo ser intérprete de otros autores. Entonces ahí yo busco, (lo que decís está buenísimo), la comodidad y el saber que estoy cantando cosas las cuales realmente suscribo cien por ciento. Me siento súper cómodo, tanto a nivel lírico como a nivel vocal: no irme a un rango que no tengo…
A: A eso apuntaba yo. Se siente esa comodidad y ayuda a escuchar el disco muchísimo.
R: Sí, sí. Yo lo siento también. Mirá que también es como buscado eso.
A: Quizá por eso lo asocio a cierta madurez. No en el sentido de aburrimiento, sino al contrario, de llegar a un punto en el que te conocés y sabés dónde podés estar cómodo o no.
R: Sí, sí. Obvio
A: Para mí es un logro.
R: Para mí también. De un tiempo a esta parte también, como que no se extingue en el momento que grabaste la canción. Como sabemos que estamos tocando todo el tiempo, esa canción también tiene una amplificación gigante y la voy a tocar muchas veces, yo me hago el ejercicio yo mismo de proyectarme a mí cantando esa canción, ni siquiera te digo cuando estoy haciendo el demo, por ejemplo, che, ¿y esto cómo sería?, porque a veces decís esto va a quedar en lenguaje discográfico, está bien, puede ser, y quedó ahí, y de pronto tenés que volver a reinterpretar lo que vos grabaste ahí digamos. Pero lo veo siempre así. Mismo en cuanto a veces a la temática también, a veces pienso, para el tipo de show que estamos haciendo ahora, qué tipo de canción nos falta para darle una multidimensionalidad distinta que estaría bueno, ¿una balada?, ¿una canción rara?, ¿una experimental?, ¿una pop? Y a veces por ahí encaro el arreglo sobre todo musical de la canción.
A: En “Camello patagónico” hablas de “un Golem reflejado en el Aleph”, y de “el laberinto de la soledad”. El Aleph “es el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”; vos ahí ves a un Golem, un ser que es una masa informe, embrión o algo inacabado, una fuerza sin alma que puede volverse peligrosa si no se la controla. Y afirmás que algo anda mal. Y sobre laberintos Borges tiene dos poemas no muy luminosos…
R: Te voy a mostrar y decir ahora la historia de la canción, que no la conté mucho tampoco, pero mirá en qué andamos. Cuando empecé a hacer “El camello patagónico”, todavía no tenía ni título, tenía ganas de hacer una (hablando de eso de “En el Cuarto de Nico”, de cambiar de persona, lo mismo que en “Ganaron los malos” que te decía) canción que fuera alguien describiendo un cuadro. O sea, me imaginé que el Camello patagónico fuera un cuadro que no existe, pero el que va relatando diga lo que está viendo en ese cuadro. Me fui por el lado surrealista porque nada, capaz que vos no lo sabés, con Tavella, con Riky siempre fuimos como público digamos, cuando empezamos a hacer canciones, fines de los ochenta, de ese auge del teatro del absurdo. De hecho, creo que en la esencia y el ADN del Cuarteto el surrealismo estuvo siempre, capaz que mucho más marcado allá a fines de los ochenta, pero siguió, capaz que cambiando un poco el lenguaje. Y por más que hay muchas veces menciones que yo tengo a artistas surrealistas, dije esta es la oportunidad: es un cuadro del que estoy hablando, que se llama Camello patagónico, vamos con los maestros del surrealismo. Por eso es por lo que está toda la parte salpicada, y justo el otro día estábamos viendo cómo sería el cuadro (risas).
A: ¿Lo hicieron con inteligencia artificial?
R: Sí. Hicimos como toda esa parte lúdica que tenemos, vamos a tirar la historia, la dejamos medio como frutillita de la torta, todavía no la estrenamos, y de repente largar ese rumor de que cada fan haga su propio cuadro. Está interesante. Fue así como nació la cosa, no como haciendo hincapié en cada elemento. Y el “algo anda mal”, me parece que era lo que terminaba de zurcir todo de “el mundo es hoy un mejor lugar” dice la canción, claro, que por qué esa gente que siempre tildada de loca, de contracorriente, de todo eso, dice, “no, pero acá está algo mal, no puede haber un reloj arriba de un camello, un camello en la Patagonia no existe todo eso”, ese es el “algo anda mal” de la persona que ve eso como algo anormal, y capaz, que es un mundo mucho más lindo, o “es un mejor lugar” como dice la canción. Es un poco ahí para mí la contracara de la canción.
A: Bueno, no tengo mucho más para preguntarte…
R: Mirá que son cosas que no había contado mucho.
A: Muchas gracias. Y quería agradecerte también porque “El cuarto de nico”, en un momento lo interpreté como: ¿se habrá suicidado? Y personalmente no estoy pasando un buen momento…
R: ¿Y te golpeó en algún lado?
A: Sí, sí…
R: ¿Pero para bien o para mal?
A: Para bien. Lo sentí como “alguien en el mundo piensa en mí”.
R: Claro, claro. Vos sabés que, con todo ese tema, ya te imaginás soy super, mega cuidadoso. Vos no sabés Álvaro, la cantidad de gente que… nosotros hacemos un “meet and greet” y nosotros no queremos que sea vení la foto y chau, lo hemos humanizado y por lo menos charlamos cinco minutitos, vienen con la familia, mucho pibe adolescente, con tema de depresión. Pibes de catorce, quince, que me dicen tuve tres intentos de suicidio, que la depresión, que la pastilla, que soy autista… Te juro que se me pone la piel de gallina.
A: Por eso, como dice la letra de la canción “hay que escuchar esos gritos”. Me imagino el eco que habrá tenido eso.
R: Claro. Por eso te digo, en la canción de Nico fui cuidadoso y lo que más me costó, te soy sincero, fue lo del blíster. Dije, ¿lo pongo, lo saco? Mirá que soy super obsesivo con eso.
A: Y en el video, el gato que busca a Nico…
R: Para el video también, además tuvimos varias charlas para ver si aparecía o no Nico. Los videos es toda una historia con nosotros, porque mucho director con nosotros dice “un video del Cuarteto es una papa, cuenta tanto la canción, está buenísimo para hacerlo”, pero en realidad nosotros después le cortamos un poco las alas porque a mí no me gusta que el video clausure alguna interpretación. Vienen después y te dicen “ah, era esto”, “ah, Nico está vivo”, “ah, Nico está ahí en el cuarto”. O en otras canciones me pasa lo mismo, en la de Benito, por ejemplo. Entonces ahí tenemos todo un tema. Pero en las letras más, que yo soy enteramente responsable, lo del blíster dije ¿va, no va? … y le sacaba lo del blíster y le faltaba algo.
A: Es como un anclaje.
R: Total. Justo en el momento que para la música, que baja. ¿De qué era el blíster? Capaz que era de Aspirina. Pero me gustaba como elemento, eso lo pienso mucho. Y te digo, hablando de la madurez, que es verdad lo que vos decís, yo capaz que antes (empecé esa canción cuando tenía dieciséis, diecisiete años), el tener muchos filtros encendidos ahora, yo sabía que esos filtros no los tenía cuando tenía aquella edad, te da esa frescura y esas canciones del Cuarteto más desfachatadas, que me encanta que hayan sido así, pero hoy, no las podría hacer. Sobre todo, por cómo me siento yo, por lo que me inspiro o me inspira, y también sabiendo o conociendo todo ese arco de público que tenemos en toda habla hispana, y con temas jodidos, jodidos jodidos te digo.
A: ¿Eso vos cómo lo llevás?
R: Es como te digo. Otra palabra que no me gusta es responsabilidad, pero la tengo. Entonces decís también, hacer una canción sí que les movilice, que se sientan identificados… Yo me doy cuenta porque ellos me dicen: “nadie me canta eso”. Lo de “salvación”, me olvidé de decirte, lo que me dicen es “vos me salvaste”, “tal canción me salvó la vida”, “tal canción salvó a un amigo”. Y hay gente más grande, pero a mí me moviliza más que sean chicos, me moviliza mucho más. Una anécdota, una chica que fue a un show, no me acuerdo si fue en Colombia o en Mexico, y me dice “yo los conocí a ustedes estando en coma”, un accidente de autos, no sé qué, por palmar, todo mal, estuvo en coma como un mes, y los amigos le llevaban y le ponían música, porque viste que te activa la parte neuronal, y le metían el Cuarteto entre otras cosas, y “yo te juro” me dice, “decime tal canción que yo me las aprendí estando dormida”. Chau: creer o reventar.

