ENSAYO

Por Fernando De Lucca

La mente humana crea una innumerable cantidad de ideas –que en psicología solemos denominar como proyecciones y/o interpretaciones- acerca de las cosas del mundo exterior y del interior. De su propio interior, el ser humano ha explorado muy poco y de hecho ha ido “muy acá”, o sea ha pretendido deducir el funcionamiento psíquico a través de ideologías psicológicas y político-sociales que simplemente han sesgado su visión, por no decir que la han limitado.

De lo exterior aún más ha sido lo que no se ha dicho, y solo algunos osados como por ejemplo Karen Horney o el propio Fritz Perls han expresado la manera en que la sociedades modernas han enfermado al propio ser humano que las creó.

Indudablemente los seres humanos en su conjunto están en un momento peculiar, un cruce de caminos donde no se tiene demasiada claridad de cómo va a ser el próximo paso a seguir. Y seguramente va a ser un tema difícil ya que hay defensores y detractores de fórmulas variadas ante el futuro que por supuesto nadie prevé. Lo que sí está claro es que según la idea prevalente de cada uno o cada grupo de igual pensamiento, se espera “algo”.

Nadie es capaz de decir: ¡No sé!

Como es esperable es más fácil cambiar una montaña de lugar que un pensamiento humano. Y claro, como muchos somos adictos a la idea de saber, la cosa social y personal se complica aún más.

Es difícil estar solo, es tentador llenar los vacíos con ideas en vez de aceptar lo que surge espontáneamente. Todos jugamos a ser dios. 

La inteligencia humana ha ido muy lejos en la Revolución Tecnológica; ha ido a lugares que hasta hace unos pocos años nadie osaba siquiera considerar. Solo que, como digo, ha ido muy lejos y se han mezclado una serie de invenciones capaces de asombrar a Julio Verne con patologías que, por su frecuencia, casi consideramos normales. Falta muy poco para que estos trastornos emocionales y de personalidad pasen de normales a saludables. Y así es que estamos escribiendo la historia. 

Hace un tiempo en una reunión de amigos y claro, estando sobrio, se me ocurrió hacer una pregunta para todos los que estábamos allí. La pregunta era: ¿cómo veríamos los primeros 35 o 40 años del siglo 21, si lo hiciéramos desde el final de este mismo siglo? Obviamente un ejercicio de imaginación -que por supuesto yo había hecho antes- y que nos podría ayudar a hacernos jugar a crear fantasías para salir de lo horizontal y erguirse un poco, como intentando ver desde una perspectiva más abarcativa como uno puede ver lo que estamos transitando cotidianamente. 

Bueno, lo que ocurrió fue que cada uno de los que se animó a decir algo, fue describiendo su tipo de carácter, es decir, su propio ego.  Lo que estábamos viviendo en nuestro propio presente fue lo que cada uno colocó en el futuro. 

Entonces, ¿podemos inferir que lo que pensamos es lo que se va a producir? Sigmund Freud consideró que el inconsciente individual tenía conexión con otros inconscientes individuales; se comportaba como si hubiera vasos comunicantes entre todos nosotros. Un espacio-tiempo en nuestro interior de difícil acceso, que habría de comunicar muchos aspectos personales e íntimos entre los inconscientes foráneos. Carl Jung, discípulo de Freud y un importante investigador del alma humana, fue quien planteó que existe en el ser humano un inconsciente colectivo, donde toda la historia de la humanidad está presente en cada uno de nosotros. A su vez sería la sede de los arquetipos, que son como supra estructuras psíquicas que determinan nuestro proceso de individuación y mucho más. Fritz Perls hablo de figura-fondo, una manera de funcionamiento psíquico en la cual surgía una figura-foco desde un fondo, a través de necesidades que están en el aquí y el ahora para ser satisfechas, y así sucesivamente. Todos ellos consideraron los sueños nocturnos como muy importantes aunque por supuesto diferían en la teoría y la práctica clínica para tratarlos.

Pero déjenme contarles algo más; el fondo para Perls –fundador de la terapia Gestalt- era todo lo que no era figura; o sea todo.

Y esto es interesante pues todo es un concepto inabarcable como he expresado en ensayos anteriores. “Todo” es nuestra historia, la de nuestros ancestros, la historia que aún no fue contada, los arquetipos del sutil entramado de lo humano y a su vez todo el universo simbólico que podemos levemente sentir como “maestro” en nuestra vida. 

No considero bajo ningún aspecto que la historia está escrita y nuestro destino por lo tanto pre definido, pero sí puedo decir que lo “auto cumplido” es una interesante perspectiva “pseudo profética”. Lejos estamos de sentir que lo obvio es lo único que no se ve y lo único que importa.

¿Qué podía pasar con una humanidad que ha crecido sin escuchar los arquetipos internos de su natural sabiduría en un planeta limitado en recursos y espacio, especialmente si rige la falta de cuidado y la absoluta disparidad en la distribución de estos?

La respuesta es doble: caos y falta de alegría. Y por lo tanto: control y evasión psíquica. Es decir: políticas restrictivas y consumo adictivo. Es decir: explotación y locura.

Es entonces que cualquiera de las circunstancias o panoramas o narrativas, como nos gusta decir ahora, parecen naturales. El espejismo reluce. Hay algo que en estos tiempos de reclusión nadie ha expresado con firmeza, y es el asombro. No he visto ningún claro indicio de sorpresa ante cómo va el mundo humano hoy en día, es más, he visto hasta una cierta fascinación con el miedo que se ha hecho protagonista y adictivo, pues no alcanza con salvar o salvarse. Diariamente se agregan uno y otro aspecto al miedo por la muerte y el contagio de “nuevas” enfermedades.  Sistemas políticos controversiales en distintos lugares del mundo que tienen prensa constante, temas basados en la inseguridad y el hambre, temas vinculados con delitos sexuales y raciales que hoy se pueden decir y descubrir, pues hoy hay espacio para ello, ya que acrecienta la irracionalidad del miedo que todo lo cubre. Y así vamos sustituyendo y reciclando una cosa con la otra, y todas ellas con la forma en que usamos una tecnología de la informática, que sigue ganando terreno en la locura colectiva. 

Ah, disculpen, falta algo, los gurúes de turno. Los que son escuchados colectivamente con mensajes de altruismo y esperanza si hacemos tal o cual cosa.

Ah, discúlpenme otra vez, falta el antídoto contra todos estos supuestos males desconcertantes: evasión.

Los psicofármacos, las diversiones intrascendentes de adultos que seducen a los jovencitos, y las sustancias psicoactivas que van surgiendo una a una, dando diferentes estados de conciencia que nos recreamos en narrar en subgrupos de adictos, son una fantástica escapatoria de lo que en realidad nos importa poco.  

Entonces, ¿qué hacemos?

Lo que parece ser interesante es decir: no sé. Cuando uno dice “no sé” desde las tripas, algo interesante ocurre. Aparece una ruptura en la condición de “las cosas”.

Esa ruptura es un vacío fértil donde ocurre lo que “ocurre” en los niños. Simple y sencillamente lo que aparece porque es necesario y por tanto lícito desde todas las perspectivas. 

Podremos los adultos enseñar eso a nuestros niños, podremos tenerlo en cuenta en cada cosa de nuestra vida. Podremos abrir un vacío de conocimiento para escuchar nuestra alma que es la única postergada en estos tiempos. Simple y sencillamente “no sé” para romper las profecías de nuestras más oscuras y luminosas fantasías. 

Si es posible intentaré seguir con este ensayo en el próximo número de esta revista. 

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