CONTRARRELATO

Bill Gates ha sido el objeto de una infinidad de teorías e informaciones,  seguramente muchas falsas, que han sido calificadas casi unánimemente por parte de la prensa mainstream como “teorías conspirativas”. Algunas de esas teorías involucran reconocibles delirios, como la participación de extraterrestres en empresas de Gates, planes de Gates para apropiarse del ingreso de la humanidad entera, o planes genocidas del empresario. Es por eso que resulta bienvenida (y muy esperada) una investigación periodística seria y rigurosamente fundada sobre los negocios del magnate en relación a la industria de la salud y a otras industrias corporativas globales. Está aquí.

Publicada originalmente en la revista independiente The Grayzone, aquí la traducción exclusiva de eXtramuros.

Por Jeremy Loffredo y Michele Greenstein

Detrás de un velo de relaciones públicas de los medios corporativos, la Gates Foundation ha sido un vehículo del capital occidental en su explotación del sur global (Global South) como laboratorio humano. La pandemia del coronavirus probablemente intensifique esta preocupante agenda.

El anuncio que hizo este mes de julio el presidente Donald Trump acerca del retiro de EEUU de la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso en movimiento un proceso que tendrá un impacto dramático sobre las políticas globales de salud pública -y sobre las fortunas de algunas de las personas más ricas de la tierra.

El abandono de la OMS por parte de Estados Unidos significa que el segundo mayor contribuyente a la organización, la Bill & Melinda Gates Foundation, pronto se convertirá en el donante principal, dando a este imperio no gubernamental internacional una influencia sin parangón sobre una de las organizaciones multilaterales más importantes del mundo.

Bill Gates ha alcanzado una estatura heroica durante la pandemia. El Washington Post le ha llamado “el campeón de las soluciones respaldadas científicamente”, mientras que el New York Times lo ha alabado recientemente como “el hombre más interesante del mundo”. Gates es también la estrella de una serie documental en Netflix, “Pandemic, how to Prevent an Outbreak”, lanzada solo algunas semanas antes de que el coronavirus llegase a Estados Unidos, y que fue producida por una corresponsal del New York Times, Sheri Fink, quien había trabajado antes en tres organizaciones financiadas por Gates (Pro Publica, la New America Foundation, y la International Medical Corps).

La ola de elogios a Gates de los medios mainstream durante la era Covid-19 ha significado que el escrutinio sobre el billonario y sus maquinaciones ha crecido en la ultraderecha del espectro político, mientras que puede ser descartado por los progresistas como los delirios conspirativos de dementes Q-Anon o trumpistas.

Pero debajo de esta bonanza de que disfruta Gates en materia de relaciones públicas, yace una perturbadora historia que debería despertar preocupación. Sus planes para resolver la pandemia ¿beneficiarán al público global tanto como van a expandir y arraigar más aun su poder sobre las instituciones internacionales? 

La Gates Foundation ya ha privatizado de hecho el cuerpo internacional que tiene a cargo la definición de las políticas de salud, transformándolo en un vehículo del poder de las corporaciones. Ha facilitado la descarga de productos tóxicos sobre las poblaciones del sur global, e incluso usado a los pobres del mundo como conejillos de indias para sus experimentos con drogas farmacéuticas.

La influencia de la Gates Foundation sobre la salud pública es algo que asegura prácticamente que las regulaciones sobre seguridad de la industria, y otras funciones gubernamentales, sean lo suficientemente débiles como para que puedan ser evitadas. Opera, pues, en contra de la independencia de los estados nación, y como vehículo del capital occidental. 

“Yo he visto caer la soberanía de un gobierno tras otro debido a la Gates Foundation”, declaró a The Grayzone la Dra. Vandana Shiva, académica, y fundadora de la Research Foundation for Science, Technology and Ecology, con sede en India. 

¿Salvar el mundo?

La Bill & Melinda Gates Foundation es la fundación privada más grande del mundo, habiendo reportado 51 mil millones de dólares de activos a fines de 2019. Bill Gates dice que su fundación gasta la mayor parte de sus recursos “reduciendo las muertes causadas por enfermedades infecciosas”, y a través de su filantropía parece haberse hecho un nombre como experto en la materia.

Las redes corporativas de noticias le extendieron a Gates la alfombra roja para que aconsejara al mundo cómo manejar el brote de Covid-19. Sólo durante el mes de abril, cuando el virus impactaba severamente a los EEUU, fue invitado por CNN, CNBC, Fox, PBS, BBC, CBS, MSNBC, The Daily Show y The Ellen Show. En la BBC, Gates se pintó a sí mismo como “experto en salud”, pese a que no tiene ningún estudio ni grado en medicina, ni en ninguna otra cosa.

Las apariciones mediáticas del billonario se promueven sobre una única, innegable idea: si los líderes globales escuchasen a Gates, el mundo estaría mejor preparado para combatir la pandemia. Como preguntó la revista de modas Vogue, “¿Cómo es que Bill Gates no está dirigiendo la Fuerza de Tareas de combate al coronavirus?”

Entonces, ¿a qué se parece una respuesta al COVID dirigida por Gates? 

La solución final

De acuerdo a Bill Gates, crear y distribuir una vacuna contra el COVID-19 para todos los habitantes de la tierra es la solución “final” al brote. El CEO de la Gates Foundation, Mark Suzman se hizo eco de tales sentimientos, proclamando que “una vacuna exitosa debe estar a disposición de 7 mil millones de personas”. 

En abril, en CNN, la esposa de Bill Gates y co directora de su fundación, Melinda Gates, lamentó que no se escucharon sus preocupaciones sobre las poblaciones vulnerables de África, y sobre cuán poco preparadas estaban para este virus. En junio, le dijo a Time Magazine que, en los Estados Unidos, los negros deberían recibir la vacuna antes que nadie. 

Conseguir una vacuna que salve vidas de las poblaciones vulnerables en África y los Estados Unidos, y luego en todo el mundo, parece algo noble, y Bill Gates está por cierto invirtiendo su dinero donde declaró que lo haría. En marzo se bajó de su cargo en el comité de directores de Microsoft, y aparentemente ahora está “invirtiendo la mayor parte de su tiempo en la pandemia”. 

La Gates Foundation, el “mayor financiador de vacunas del mundo”, ha donado ya directamente más de 300 millones de dólares para la respuesta global al coronavirus. Esto incluye respaldar pruebas para vacunas de compañías como Inovio Pharmaceuticals, AstraZeneca, y Moderna Inc., todas las cuales son descritas como liderando la carrera para lograr una vacuna contra Covid-19. 

La fundación ha co-financiado y financia la Coalition for Epidemic Preparedness (CEPI) que está invirtiendo 480 millones en “un amplio espectro de candidatas a vacuna y tecnologías de plataforma”.

Aun así, cuando se examina la realidad de un esfuerzo de vacunación global liderado por Gates, puede haber cosas que despierten escepticismo. 

Conflicto de intereses

Siendo la segunda persona más rica de la tierra, Bill Gates no tiene motivos para ansiar más dinero. Esta es la respuesta habitual que se da cuando alguien observa que la filantropía de Gates no sólo está motivada por la ternura de su corazón. Pero, pese a estas frecuentes caracterizaciones de Gates “regalando” su fortuna, su haber, de hecho, se ha duplicado en las últimas dos décadas.

Al mismo tiempo, hay fuerte evidencia que sugiere que la Gates Foundation funciona como un caballo de Troya que sirve a las corporaciones occidentales, las cuales, por supuesto, no tienen ninguna meta más importante que hacer crecer sus haberes. 

Considérese la puerta giratoria existente entre la Gates Foundation y las grandes corporaciones farmacéuticas, conocidas comúnmente como “Big Pharma”. 

El ex director de desarrollo de vacunas de la fundación, y actualmente CEO de la Bill & Melinda Gates Medical Research Institute, Penny Heaton, desarrolló su carrera en los gigantes farmacéuticos Merck y Novartis. 

El presidente para la salud global de la Fundación, Trevor Mundel, tuvo posiciones de liderazgo tanto en Novartis como en Pfizer. Su predecesor, Tachi Yamada, fue antes un ejecutivo top de GlaxoSmithKline (GSK). 

Kate James, trabajó en GSK casi diez años, y luego se convirtió en la oficial jefe de comunicaciones de la fundación. Los ejemplos son casi interminables.

Más aun, la Gates Foundation invierte en esas corporaciones directamente.

Desde poco después de ser fundada, la fundación ha tenido intereses en varias compañías farmacéuticas. Una investigación reciente de The Nation reveló que la Gates Foundation tiene actualmente acciones y bonos en compañías farmacéuticas como Merck, GSK, Eli Lilly, Pfizer, Novartis, y Sanofi.

El sitio web de la fundación declara incluso, abiertamente, su misión de buscar “oportunidades mutuamente beneficiosas” junto a los fabricantes de vacunas.

Gates se compra la OMS

La OMS depende de dos fuentes distintas de ingresos. Una viene bajo la forma de contribuciones fijas, o sea fondos obligatoriamente volcados a la OMS por los estados miembros pertenecientes a las Naciones Unidas, los cuales son determinados en función de tamaños de población e ingreso per capita de cada miembro.  La segunda fuente de ingresos son las contribuciones voluntarias, las cuales pueden estar destinadas específicamente a financiar objetivos determinados. 

Las contribuciones voluntarias con destino fijo de antemano representan más del 80 por ciento del presupuesto actual de la OMS. En otras palabras, gran parte del dinero que recibe la OMS se conecta a intereses creados.

Como declaró a The Grayzone el Dr. David Legge, investigador emérito en Salud Pública de La Trobe University en Melbourne, “las contribuciones obligatorias de las naciones estado en realidad cubren solamente el costo de administración. No cubren ninguno de los costos de los proyectos, lo cual significa que toda la financiación de los proyectos depende de los donantes. Y, virtualmente, todo el dinero de donantes está totalmente predirigido a proyectos muy específicos que el donante de que se trate quiere financiar”. 

A través de estas contribuciones voluntarias, la OMS recibió más de 70 millones de dólares de la industria farmacéutica durante 2018 (último año para el que existen datos completos disponibles). Mientras tanto, la Gates Foundation ha dado a Big Pharma el vehículo perfecto para influir sobre la OMS.

Sólo en 2018, la fundación dio 237,8 millones de dólares a la OMS, siendo con ello el segundo mayor contribuyente luego de los Estados Unidos. 

La fundación financia a la OMS también indirectamente, a través de la Global Alliance for Vaccines and Immunizations (GAVI), una “sociedad público-privada” que facilita la venta a granel de vacunas a países pobres. GAVI es el segundo mayor donante no público de la OMS (luego de la Gates Foundation), y entregó 158,5 millones de dólares a la OMS en 2018.

A fines de los años ’90, Bill Gates fue el promotor de los encuentros que llevaron a la fundación de GAVI, estableciéndola con un fondo inicial de 750 millones de dólares. A la fecha, la Gates Foundation ha dado a GAVI más de 4.1 mil millones, lo que significa cerca del 20 por ciento de los fondos totales de GAVI. Ocupa también un lugar permanente en el directorio de GAVI.

GAVI mismo revela que la Gates Foundation “juega un rol tanto técnico como financiero en [su] esfuerzo por dar forma a los mercados para vacunas”.

Citando a GAVI como ejemplo, el grupo activista Global Health Watch explicó que “otros actores globales de la salud son acreedores de la Gates Foundation, pero no al revés”. 

Si se suman las contribuciones de la fundación y de GAVI, el resultado supera a las contribuciones del propio gobierno norteamericano, lo que hace que la Gates Foundation sea el auspiciante no oficial más grande de la OMS, incluso antes de la reciente movida de la administración Trump de retirarse de la organización.

Para la socióloga Allison Katz, quien trabajó durante 18 años en el cuartel general de la OMS, la OMS “se ha vuelto una víctima de la globalización neoliberal”. Katz escribió en 2007 una carta abierta a la Directora General de entonces, Margaret Chan, criticando a los entes públicos que “van a mendigar al sector privado y a las fundaciones de “filántropos” célebres que tienen diversas agendas, las que vienen de la industria”. 

Por cierto, la estrecha relación financiera de la OMS con una organización privada sólo sería problema en la medida en que descansase en donaciones quid pro quo. Pero eso parece ser exactamente lo que está ocurriendo. 

Puesto que la mayoría de las donaciones de la Gates Foundation a la OMS tienen un destino predeterminado, la OMS no decide cómo va a gastar tales fondos -la fundación es quien lo hace. Por ejemplo, el programa de la OMS que recibe más dinero es su programa de erradicación de la polio, debido a que la Gates Foundation dirige la mayoría de sus contribuciones a la polio. 

Además, la mera magnitud de las contribuciones financieras de la fundación han hecho de Bill Gates el líder extraoficial -si bien no electo- de la organización. Es así que la Asamblea de la OMS que fija la agenda de la organización adoptó, en 2012, un “Plan Global de Vacunación” que es de coautoría de, precisamente, la Gates Foundation. 

De acuerdo al Dr. David Legge, académico emérito de la School of Public Health en La Trobe University, en Melbourne, las “donaciones” financieras de Gates son de hecho un mecanismo para determinar la agenda. Legge declaró a The Grayzone que “sus contribuciones masivas distorsionan completamente las prioridades presupuestales que a la Asamblea de la OMS le gustaría tener”. 

Según Foreign Affairs, “pocas iniciativas de política o estándares normativos que fije la OMS se anuncian antes de que hayan sido, como por casualidad, extraoficialmente aceptadas por el personal de la Gates Foundation”. O, como otras fuentes declararon a Político en 2017, “Las prioridades de Gates son ahora las de la OMS”. 

En entrevista con Global Health Watch, un importante oficial de salud pública de una gran ONG lo expresó así: “La gente de la OMS parece haberse vuelto loca. Es todo ‘sí señor’, ‘sí, señor’ a Gates acerca de todo”. 

En 2007 el jefe del programa de malaria de la OMS, Dr. Arata Kochi, advirtió sobre el carácter financiero dominante de la Gates Foundation, argumentando que su dinero podría tener “consecuencias en general no deseadas, y de largo alcance”.

Siete años más tarde, la entonces Directora General de la OMS, Margaret Chan, observó que, debido a que el presupuesto de la OMS está en gran medida predeterminado por los contribuyentes, termina estando “motivado por lo que [ella llama] intereses de los donantes”.

Cuando Tedros Adhanom Ghebreyesus se convirtió en Director General de la OMS en 2017, la influencia de Gates quedó bajo ataque de nuevo.

Tedros estaba, antes, en el directorio de dos organizaciones que Gates creó, financió inicialmente, y sigue financiando hoy: GAVI, y el Global Fund, donde Tedros presidía el consejo. Hoy, Tedros es el primer director general de la OMS que no es médico, y puede vérselo twitteando alabanzas a los editoriales de Gates. 

Otro mecanismo que la Gates Foundation emplea para influir en la OMS es el Grupo de Expertos para Consejo Estratégico (Strategic Advisory Group of Experts – SAGE), el principal grupo asesor de la OMS en materia de vacunas. SAGE es un grupo de 15 personas, que tiene obligación legal de revelar cualquier posible conflicto de interés. 

Durante una reunión virtual reciente, la mitad de los miembros del grupo que se reunieron alistaron conexiones con la Gates Foundation como posibles conflictos de interés.

La influencia de la fundación en la arena de la salud a nivel internacional va mucho más allá de la OMS. Un análisis hecho en 2017 acerca de 23 asociaciones vinculadas a la salud global reveló que siete de ellas dependían totalmente de fondos de la Gates Foundation, y otras nueve listaban a la Fundación como su donante principal.

Como lo hizo notar la ONG británica Global Justice Now, “la influencia de la Fundación es tan generalizada que muchas figuras del desarrollo internacional, que serían de otro modo críticas de la política y las prácticas de la Fundación, son incapaces de decir lo que piensan de modo independiente, como resultado de la financiación y patronazgo que ésta ejerce”. 

“El Banco Mundial y el FMI parecen enanos frente a la Gates Foundation, en términos de poder e influencia”, insistió la Dra. Vandana Shiva a The Grayzone.

Moldear los medios

La Gates Foundation ha donado millones a los mayores medios de comunicación, incluyendo NPR, PBS, ABC, BBC, Al Jazeera, el Daily Telegraph, el Financial Times, Univision, y The Guardian. De hecho, toda la sección de The Guardian llamada “Global Development” (Desarrollo Global) fue creada en una sociedad con la Gates Foundation.

La fundación también ha invertido millones en el entrenamiento de periodistas, e investigando formas efectivas de armar la narrativa de los medios. De acuerdo al Seattle Times, “expertos entrenados en programas financiados por Gates escriben columnas que aparecen en medios que van desde el New York Times al Huffington Post, mientras que los portales digitales borronean la línea que divide el periodismo de la propaganda”. 

En 2008, el jefe de comunicaciones de NewsHour, en PBS (sistema de medios públicos de EEUU), Rob Flynn, explicó que “no hay mucha cosa en la salud global de hoy que uno pueda tratar, que no esté tocada por alguno de los tentáculos de Gates”. Esto fue por los tiempos en que la fundación le dio a NewsHour 3,5 millones de dólares para que estableciese una unidad de producción dedicada únicamente a reportar asuntos globales de salud. 

Mickey Huff, el presidente de la Media Freedom Foundation, le dijo a The Grayzone que la Gates Foundation ejerce influencia de un modo que es típico para fundaciones que trabajan a través de firmas de relaciones públicas, donaciones, y financiación del sueldo de profesores. “En breve”, dijo Huff, “Edward Bernays [considerado el creador de las “relaciones públicas” contemporáneas] estaría feliz del triunfo de esta clase de propaganda”. 

No es sorpresa que la cobertura aduladora que se da a la Fundación en los medios mainstream sea tan común, o que sus actividades más problemáticas en el “Sur Global” reciban tan poca atención. 

Mortal dualidad de criterios

La Gates Foundation ha ayudado a diseñar las políticas de salud pública en países pobres durante más de 20 años, trabajando sobre todo en Sud África y en el sur de Asia. Su estrecha relación con la industria farmacéutica parece haber influido en tal trabajo.

Mientras que la declaración de objetivos de la fundación dice “vemos el mismo valor en todas las vidas”, una exploración de su historia reciente demuestra otra cosa. La fundación parece ver al sur global tanto como un basurero donde descargarse de fármacos que han sido declarados demasiado peligrosos para el mundo desarrollado, como un campo de pruebas para fármacos que aun no se sabe si son suficientemente seguros para el mundo desarrollado. 

El así llamado ‘buque insignia de Bill Gates y la OMS, el “Programa de Vacunación Africano”, es la vacuna de difteria, tos ferina y tétanos (DPT). Se trata de un conjunto de tres dosis de inmunización dados virtualmente a todos los niños del continente africano, pero que actualmente no se administra en los Estados Unidos ni en otras naciones desarrolladas. 

Hace tanto tiempo como en 1977, un estudio publicado por profesionales médicos en The Lancet estableció que los riesgos de la vacuna de célula entera (empleada en la vacunación DPTw) son mayores que los riesgos asociados a la enfermedad misma de la tos ferina. Luego de que se acumulase evidencia que conecta la vacuna con daño cerebral, epilepsia, e incluso la muerte, los Estados Unidos y otras naciones occidentales discontinuaron su uso en los años ’90, y la reemplazaron por una versión más segura, llamada DTPa, que no contenía la célula entera de la bacteria causante de la tos ferina, Bordetella pertussius

Sin embargo, las naciones africanas aun están incentivadas financieramente para seguir usando la profundamente peligrosa y obsoleta vacuna DPTw, con GAVI haciendo la DPTw una prioridad para los niños africanos.

En algo que llama la atención, un estudio de 2017 financiado por el gobierno de Dinamarca concluyó que más niños africanos estaban muriendo a manos de la mortal vacuna DPTw que por las enfermedades que ésta prevenía. Los investigadores examinaron datos de Guinea Bissau y concluyeron que los niños morían aproximadamente cuatro veces más (3.93) que aquellos que no habían recibido la vacuna, mientras que las niñas lo hacían 10 veces (9.98) veces más. 

Estos números tremendos no han, sin embargo, hecho que la Gates Foundation deje de gastar millones anualmente para meter la vacuna DPT en los sistemas de salud africanos. 

Acaso no exista ningún elemento más famoso dentro del trabajo de la Gates Foundation que su esfuerzo de erradicación de la polio. Sin embargo, también en este caso los medicamentos que usa el mundo occidental, y los que se dan al Sur Global, son dramáticamente distintos. 

La Fundación ha gastado más de mil millones de dólares en la distribución a países de Asia y África de una vacuna oral contra la polio (VPO) que contiene un virus vivo de la polio. Este virus vivo puede reproducirse en el intestino de un niño y propagarse en lugares con mal saneamiento. Eso significa que la gente puede contagiarse el virus a partir de la vacuna. 

De acuerdo a un estudio de 2017 hecho por la Universidad de California en San Francisco y la Universidad de Tel Aviv, el virus de la polio empleado en la VPO ha hecho justo eso en al menos dos docenas de casos que los investigadores examinaron: recuperó su fuerza rápidamente, y comenzó a propagarse por sí mismo. 

En años recientes, más niños han resultado paralizados debido a la cepa del virus de la vacuna, que por la polio salvaje. En una entrevista con NPR, el profesor de microbiología Raúl Andino dijo “De hecho, es un enigma interesante. La herramienta misma que uno está usando para erradicar la polio es la que está causando la enfermedad”. 

En el año 2000, los Estados Unidos dejaron de emplear la VPO. Pero en el mundo en desarrollo, la Gates Foundation usa su influencia para asegurarse de que los gobiernos la sigan administrando. 

Los brotes de polio tanto en las Filipinas como en el Congo son resultado de la VPO. En 2005, el Clinical Infectious Disease Periodical, de Oxford, denunció que los brotes de polio en China, Egipto, Haití y Madagascar también habían sido causados por la VPO, declarando que “está llegando el tiempo en el que la única causante de la polio va a ser la vacuna que se usa para prevenirla”. 

Pocos años más tarde, el mismo periódico, mientras argumentaba que los países en desarrollo deben cambiar y emplear la Vacuna Inactivada de Polio (VIP) que es usada en los Estados Unidos, escribió que la VPO no solo estaba causando polio a los niños, sino que, además, “parece ser inefectiva para detener el contagio de la polio”. 

Como reportó en 2012 el British Medical Journal, “los más recientes programas de vacunación masiva contra la polio [en India], alimentados por la Bill and Melinda Gates Foundation, dieron como resultado un aumento de los casos [de polio]”.

De acuerdo a doctores en India, la VPO también está causando brotes de otra enfermedad, llamada Parálisis Flácida en la infancia no causada por polio [non-polio acute flaccid paralysis, NPAFP en inglés]. Luego de que una epidemia de NPAFP paralizase 490.000 niños entre 2000 y 2017, los médicos publicaron un informe que sugería que “el aumento de casos de NPAFP y su sucesivo decrecimiento fue, por cierto, un efecto adverso del programa de inmunización contra la polio de la OMS”.

La NPAFP es “clínicamente indistinguible de la polio, pero el doble de letal”. Keith Van Haren, pediatra neurólogo de la Stanford School of Medicine, explica que “en realidad es exactamente igual que la polio, pero el término [polio] aterroriza a la gente de la salud pública”. 

En 2012 el British Medical Journal irónicamente observó que la erradicación de la polio en India “se ha logrado cambiándole el nombre a la enfermedad”. 

El mismo año, el Indian Journal of Medical Ethics observó tanto un incremento en los brotes de polio derivados de la vacuna, como un incremento masivo de casos de NPAFP. Dijo que los esfuerzos de erradicar la polio en India eran como la ocupación de Irak, comentando

“Cuando los Estados Unidos quedaron malamente empantanados en Irak, Joe Galloway sugirió que simplemente deberían declarar victoria, y luego irse. Acaso sea buen momento para que esa venerable estrategia sea empleada respecto de la erradicación de la polio”. 

Sin embargo, la Gates Foundation y la OMS han mantenido su curso, distribuyendo la VPO en países que incluyen Nigeria, Pakistán y Afganistán, en donde la fundación dice que la OMS está hoy dando “niveles sin precedentes de asistencia técnica” para las campañas de vacunación contra la polio. 

En Siria, la GAVI, financiada por Gates, dio 25 millones para inmunización contra la polio en 2016. Un año más tarde, la OMS reportó que 58 niños sirios habían quedado paralizados por la vacuna derivada del virus. 

Pese al consenso científico contra la VPO, y la oposición a tales programas por parte de los países que son objeto de ellos, la VPO sigue siendo administrada en África, Medio Oriente, y el sur de Asia, como parte de programas de “ayuda”, creando enormes beneficios para los gigantes farmacéuticos que no habrían podido vender a nadie sus productos de otra manera.

Una ilusión de elección para las mujeres africanas, con drogas descartadas por Occidente

La práctica de la Gates Foundation de promover la adopción de drogas peligrosas en los sistemas de salud del sur no se limita a las vacunas. También ayuda a distribuir anticonceptivos de acción prolongada, reversibles (Long Action Reversible Contraceptives, LARC). 

Melinda Gates se refiere a menudo a los LARC como una forma de empoderar a las mujeres de los países pobres, y darles más control sobre sus vidas.  Sin embargo, algunos de estos LARC tienen efectos adversos, y la distribución de los productos sin consentimiento informado le deja escasa capacidad de autodeterminación a las mujeres.

Un ejemplo es Norplant, un implante anticonceptivo, manufacturado por Schering (ahora Bayer) que puede prevenir el embarazo por hasta cinco años. Fue expulsado del mercado norteamericano en 2002 luego de que más de 50.000 mujeres hicieran demandas contra la compañía y los médicos que lo recetaban. 70 de estas demandas se vinculaban a efectos secundarios tales como depresión, náuseas fuertes, pérdida de pelo, quistes en los ovarios, migrañas, y sangrado excesivo. 

Un sitio de desarrollo humano llamado Degrees, que fue financiado por la Gates Foundation, alega que Norplant “nunca ganó muchos adeptos globalmente” porque insertarlo y retirarlo “se demostró que era algo complicado”. 

Ligeramente modificada, y renombrada como Jadelle, la peligrosa droga fue promovida en África por la Gates Foundation en conjunción con USAID y EngenderHealth. Llamada previamente Sterilization League for Human Betterment [Liga de Esterilización para el Mejoramiento Humano], la misión original de EngenderHealth, inspirada por la pseudociencia racista de la eugenesia, era “mejorar el stock biológico de la raza humana”. Jadelle no está aprobada por la FDA para uso en los Estados Unidos.

Después está la Depo-Provera, de Pfizer, un anticonceptivo inyectable empleado en muchos países de Asia y África. La Gates Foundation y la USAID han colaborado una vez más para financiar la distribución de esta droga, y para introducirla en los sistemas de salud de países como Uganda, Burkina Faso, Nigeria, Níger, Senegal, Bangladesh, e India.

En 2012, Melinda Gates prometió proveer de anticonceptivos como Depo-Provera, que cuestan entre 120 y 300 dólares al año, a por lo menos 120 millones de mujeres para el año 2020. En 2017, Melinda Gates firmó un artículo en Medium, reportando que ella y sus socios estaban avanzados en el cumplimiento de esa promesa, y comprometiendo 375 millones de dólares de fondos para lograrlo. Eso significa que Pfizer hizo entre 14 y 36 mil millones de dólares gracias a este programa. 

Es perturbador que el principio activo de Depo Provera -17 acetato de medroxiprogesterona (DMPA)- ha sido asociado a efectos secundarios tales como coágulos pulmonares potencialmente letales, ceguera, y cáncer de mama

La versión de uso por una sola vez de Pfizer, llamada Sayana Press, está pensada para ser administrada por “trabajadores comunitarios de la salud”. En Senegal, sin embargo, casi la mitad de estos trabajadores no tienen más que sexto año de educación.

El ministro de Salud de Senegal fue forzado a cambiar la ley, de modo que los trabajadores de la salud pudiesen distribuir legalmente la droga. De acuerdo al Population Research Institute, ONGs financiadas por USAID “forzaron al gobierno” a tomar esa decisión. 

Además, los materiales de entrenamiento para el uso de Sayana Press no dan información sobre todos los efectos secundarios de la DMPA, violando los principios del consentimiento informado. De acuerdo a los lineamientos aprobados por la OMS, la DMPA no debiera ser empleada por mujeres que tengan trastornos reumáticos. Pero las listas de procedimiento para el examen de pacientes financiadas por USAID para Uganda no instruyen a los trabajadores de la salud para que interroguen a las mujeres acerca de su historial respecto de tales trastornos.

Las guías para entrenamiento de los proveedores de Sayana Press tampoco mencionan que la droga ha estado fuertemente asociada a la pérdida de densidad ósea y a un aumento del riesgo de fracturas. Como lo expresa el Population Research Institute: “La FDA exige que las mujeres norteamericanas estén informadas sobre este hecho, pero a las mujeres africanas se les oculta”. 

En 2015, 70 grupos feministas y académicos de India firmaron una declaración denunciando la aprobación legal de Depo-Provera, citando efectos secundarios tales como pérdida excesiva de densidad ósea, aumento de peso, sangrado excesivo, y depresión. Su declaración argumentaba que las organizaciones de mujeres se han opuesto consistentemente a la introducción de anticonceptivos peligrosos como estos, y que “hay riesgos sobre los cuales las mujeres no tienen suficiente información como para hacer una elección informada entre métodos anticonceptivos”. 

Pese a la generalizada oposición doméstica y la creciente evidencia de efectos secundarios negativos, la Gates Foundation sigue trabajando con USAID para distribuir drogas como Depo-Provera.

Conejillos de Indias del sur

Los canales de influencia de Bill Gates también han servido para organizar pruebas de medicamentos en los países pobres. 

Antes que una droga pueda ser vendida al público, la FDA y agencias similares en Europa exigen que la compañía haga pruebas de la droga en sujetos humanos. La tercera y final fase de estas pruebas, antes de que la droga pueda ir al mercado, son las pruebas clínicas de fase III, durante la cual se requiere que las compañías administren la droga a grupos grandes de personas, en estudios controlados.

Se estima que alrededor del 90 por ciento de los costos de desarrollo de los medicamentos son gastados en las pruebas de la fase III. Pero esas compañías pueden eludir los costos si llevan adelante las pruebas en las así llamadas naciones en desarrollo. 

Esta estrategia de reducción de costos ha sido delineada por la firma consultora norteamericana McKinsey, la cual sugiere incluir “mercados emergentes” en las pruebas de medicamentos, de modo de reducir “la pérdida de ganancias significativas”.

No es sorpresa pues que la Gates Foundation, cliente de McKinsey, haya dicho abiertamente que su “meta” era ayudar a las compañías farmacéuticas a “esquivar” [side-step] las pruebas de seguridad, y acelerar la aprobación del proceso de aprobación de las drogas para las compañías farmacéuticas. O, como lo expresan, “refinar las intervenciones potenciales tales como las de los candidatos a vacunas, antes de que entren en las costosas y largas pruebas clínicas finales”. 

Si bien llevar a cabo pruebas clínicas en los pobres puede ser financieramente ventajoso, también puede ser peligroso. Citando numerosos ejemplos de tales peligros, un periódico sudafricano declaró: “Somos los conejillos de indias de los fabricantes de medicamentos”. 

Desde 2009 a 2011, pruebas clínicas de la primer vacuna contra la malaria –financiada por la Gates Foundation y fabricada por GSK- se llevaron adelante en siete países africanos (Ghana, Kenia, Malawi, Mozambique, Burkina Faso, Gabón y Tanzania).

En 2011, los datos propios de GSK mostraron que había niñas que estaban muriendo (por cualquier causa) a una tasa más de dos veces mayor que aquellas en el grupo de control. Las niñas que recibieron la vacuna tenían también un riesgo de contraer meningitis diez veces más alto que el de las que no la recibieron. 

Aun así, la OMS aun coordina la administración de la droga a más de 700.000 niñas en Ghana, Kenia, y Malawi, como parte de una prueba clínica extraoficial a la que llama “implementación piloto”. (Fue la SAGE, alineada con la Gates Foundation, la que recomendó la implementación piloto).

Puesto que este producto es administrado a niños como parte de la agenda de vacunación de los países, la OMS dice que el consentimiento está implícito. Pero los padres no siempre reciben información acerca de los riesgos, de nuevo quedando sin posibilidad de dar un consentimiento informado respecto de sus hijas. Como lo expresó el editor asociado del British Medical Journal, “un proceso de consentimiento implícito significa que los que reciben la vacuna antimalaria no son informados de que son parte de un estudio”.

La Gates Foundation también ha financiado pruebas clínicas de vacunas contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) fabricadas por GSK y por Merck. Estas drogas fueron administradas a 23.000 adolescentes en provincias remotas de la India, como parte de una iniciativa del Program for Appropriate Heatlh and Technology (PATH) –respaldado por Gates. 

Una vez más, a los participantes del estudio les fue escamoteada la capacidad de dar su consentimiento informado, en la medida en que “los pros y contras de la vacunación [no fueron] propiamente comunicados a los padres o tutores”. 

De acuerdo con la profesora Linsey McGoey, de la Universidad de Essex, la mayoría de las vacunas fueron administradas a niñas en ashram pathshalas (escuelas primarias para comunidades tribales), esquivando así la necesidad del consenso de los padres para dar las inyecciones”. 

PATH tampoco implementó ningún sistema de registro de las reacciones adversas importantes a las vacunas, que es exigencia legal para estudios clínicos de gran escala. El Comité Indio para el Bienestar de la Salud y la Familia llevó a PATH a la justicia por estas transgresiones alegadas, acusándolo de violar los derechos humanos y de abuso infantil. En 2013, el panel de dos jueces en la corte observó que si bien las compañías extranjeras “están tratando a la India como un paraíso para sus pruebas clínicas, esto está demostrando ser un infierno para la India”. 

El comité parlamentario hindú hizo la acusación de que “el único objetivo” del proyecto financiado por Gates era el de promover “los intereses comerciales de los fabricantes de la vacuna VPH, quienes habrían recaudado ganancias fenomenales si PATH hubiese tenido éxito en que la vacuna del VPH se incluyese en el programa universal de inmunizaciones de este país”. 

El editor emérito del National Medical Journal coincidió con el informe del panel, escribiendo que este era “un caso obvio en el que los indios estaban siendo usados de conejillos de indias”. 

Debilitar los sistemas de salud de los Estados nacionales

Además de promover productos peligrosos en los países más pobres, la Gates Foundation obstaculiza de hecho las mejoras a los sistemas públicos de salud, y el acceso a los cuidados de salud. Con ello, cambios en los determinantes económicos y sociales de la salud son postergados en beneficio de soluciones tecnológico-céntricas más lucrativas, como lo son las vacunas. 

Este fenómeno se refleja en el presupuesto de la OMS. La fundación es el contribuyente más grande al programa de erradicación de la polio de la OMS, pero el mayor financiador de los “sistemas de salud” de la OMS es el gobierno de Japón.

De acuerdo con Global Justice Now, la “fuerte concentración de la fundación en desarrollar nuevas vacunas… le resta a otras prioridades de salud más vitales, tales como construir sistemas de salud más resistentes”.

Como lo explica el Dr. David Legge, Gates “tiene una visión mecanicista de la salud global, en el sentido que busca la bala de plata. Todo lo que apoya está en general presentado como una bala de plata… Eso significa que los problemas mayores que han sido identificados en la Asamblea de la Salud Mundial (World Health Assembly) no son atendidos, incluyendo en particular los determinantes sociales de la salud, y el desarrollo de los sistemas de salud”.

En 2011, Gates habló en la OMS, diciendo que “todos ustedes, los 193 estados miembros, deben hacer de las vacunas un punto central de dedicación de vuestros sistemas de salud”. 

La profesora de salud pública de la Universidad de Toronto, Anne Emanuelle Birn, escribió en 2005 que la fundación tenía una “comprensión de la salud estrechamente concebida, como el producto de intervenciones técnicas divorciadas de los contextos económicos, sociales y políticos”. 

“La Gates Foundation ha promovido desde siempre el involucramiento del sector privado en la salud, y el lucro del sector privado a partir de la salud”, dijo Birn a The Grayzone. 

Uno de los representantes principales de GAVI, incluso, reportó que Bill Gates a menudo le ha dicho en conversaciones privadas “que él está vehementemente ‘contra’ los sistemas de salud”, porque son “una pérdida completa de dinero”. 

Este fenómeno también se ve reflejado en el modo en que es fijada la agenda política de GAVI. GAVI se concentra también en intervenciones sanitarias verticales, como las vacunas, en lugar de en aproximaciones horizontales, como la construcción y fortalecimiento de los sistemas de salud en los países pobres.

Un reporte de Global Public Health describe la “filosofía Gates” para los sistemas de salud, analizando cómo los proyectos específicos relativos a una enfermedad, como las vacunas, han eclipsado los esfuerzos de trabajar en sistemas de salud financiados públicamente. La autora del artículo, Katerini Storeng, apuntó a GAVI como ejemplo de cómo “las iniciativas de salud global han venido a secuestrar el debate global sanitario sobre sistemas de salud, fortaleciendo las posiciones en favor de la aproximación y ethos que apunta específicamente a las enfermedades”.

De acuerdo a un ex empleado de GAVI que habló con Storeng, incluso el antiguo CEO de GAVI, Julian Lob-Levitt, era consciente de lo “absurdo de las campañas de vacunación que consumen cuatro semanas de planeamiento, implementación y limpieza, y que cuando son repetidas ocho veces al año, paralizan totalmente al sistema de salud”.

En un momento, Lob-Levitt encargó una serie de evaluaciones de GAVI, las cuales identificaron debilidades en los sistemas de salud, y la necesidad de fortalecerlos. El impulso para hacerlo, sin embargo, fue “resistido fuertemente por muchos actores poderosos [en la dirección de GAVI]” incluyendo a la USAID y la Gates Foundation, de acuerdo a entrevistas hechas por Storeng. 

Storeng escribe que un empleado de GAVI le declaró que la Fundación era “una voz muy fuerte y explícita, que dice que no creemos en el fortalecimiento de los sistemas de salud”.

El informe también destaca

“La reputación de Gates de que ‘no es muy bueno escuchando’ ha favorecido una aproximación no-confrontativa dentro del escenario de la salud global… un ex empleado de GAVI y proponente del fortalecimiento de los sistemas de salud narró cómo él y sus colegas acostumbraban a “enrollar los posters” que hablaban de fortalecimiento de los sistemas de salud cuando Bill Gates llegaba a visitar el cuartel general de GAVI en Ginebra, porque era sabido que él ‘odiaba esa parte’ del trabajo de GAVI”.

La preferencia que tiene la Fundación por sistemas de salud pública débiles, y por soluciones tecnocéntricas a los problemas de salud pública, no se limita a su trabajo con la industria farmacéutica. También formatea la política en el sector crucial de los alimentos.

Más temprano este año, Gates lanzó un nuevo instituto sin fines de lucro basado en St. Louis, Missouri, sede de Monsanto. La fundación dijo que la nueva organización, que se llama Gates Ag One, “favorecerá el avance de semillas resistentes, que favorezcan la cosecha” y las introducirá en “cultivos esenciales a los pequeños granjeros, particularmente en África Sub Sahariana y sur de Asia”.

Sin embargo, si bien ayudar a pequeños granjeros suena como algo noble, la fundación ha trabajado para asegurarse de que el sur dependa de la industria occidental, sea a través de medicamentos, o a través de semillas de alta tecnología, o agroquímicos.

Mucho de esto comenzó en 2006, cuando la Gates Foundation se asoció con la Rockefeller Foundation para dar nacimiento a la Alliance for a Green Revolution in Africa (AGRA). Gates comprometió 100 millones de dólares, mientras que la Rockefeller Foundation puso 50 millones. 

La aproximación de AGRA, que abrió los mercados africanos a los agronegocios norteamericanos, está basada en la creencia de que el hambre tiene como causa la falta de tecnología occidental, en lugar de ser el resultado de la desigualdad y la explotación.

De acuerdo con un informe del African Center for Biosafety, “llama la atención que ninguno de los que lideran esta revolución sea africano. Esta nueva revolución, que no es distinta del proyecto colonial en África, está creada y es defendida con el mayor ardor por hombres blancos que declaran pelear por la emancipación de los africanos de las garras del hambre y la pobreza”. 

A través de AGRA, la Fundación impulsa la introducción de semillas y fertilizantes patentados, genéticamente modificados (GM). Mientras que tales tecnologías ayudan a los gigantes de las semillas y los químicos, como Monsanto, a menudo debilitan la seguridad alimentaria.

La Dra. Vandana Shiva afirma que la idea de que los cultivos genéticamente modificados aumentan las cosechas es “una falsedad científica”. Además, la fundación se asegura de ese modo, de nuevo, que recursos valiosos sean desviados de la búsqueda de soluciones sistemáticas al hambre y la pobreza.

Como afirmó The Ecologist, Gates y Monsanto se alían en el “inapropiado y fraudulento proyecto GMO, que promueve una solución rápida tecnológica antes que encarar los problemas estructurales que crean hambre, pobreza e inseguridad alimentaria”.

Lo que es más, la Gates Foundation influye de hecho en los gobiernos africanos para que cambien leyes de modo de servir a la industria agrícola. De acuerdo a grain.org:

“En Ghana… AGRA ayudó al gobierno a que reviese sus políticas de semillas, con el objetivo de identificar barreras que frenasen un involucramiento mayor del sector privado. Con apoyo técnico y financiero de AGRA, la legislación de semillas del país fue revisada y una nueva ley de semillas pro-industria fue aprobada a mediados de 2010. Entre otras cosas, estableció un registro de las variedades que pueden ser comercializadas. En Tanzania, las discusiones entre representantes del gobierno y AGRA facilitó un cambio mayor de política para que se privatizase la producción de semillas. En Malawi, AGRA apoyó al gobierno para que revisase los precios del maíz y las políticas comerciales”. 

Comentando sobre el rol de Gates en la reformulación de los mercados agrícolas, Shiva le dijo a The Grayzone: “Usted crea un sector nuevo, usted invierte en él. Usted fuerza a los gobiernos a invertir en él, usted destruye las regulaciones. Usted destruye las alternativas, usted ataca a los científicos. Y usted crea toda una maquinaria para su monopolio”.

Como en el caso de Gates y de Big Pharma, estas movidas pueden explicarse por los aparentes conflictos de intereses de Bill Gates. Y, como antes, los ejemplos siguen y siguen. 

El ex subdirector del programa agrícola de la Fundación, Robert Horsch, era antes un alto ejecutivo de Monsanto, donde trabajó 25 años. Horsch lideró el equipo que gerenció las becas agrícolas, y de acuerdo al Global Policy Forum, “se le pidió que se sumase a la Gates Foundation, en particular, para que continuase con la investigación que hacía en Monsanto”. 

Sam Dryden, el ex director del programa agrícola de la Gates Foundation, lideró previamente dos de las mayores compañías de semillas genéticamente modificadas, Emergent Genetics y Agragentics Corporation. En 2005, Emergent fue adquirida por Monsanto, donde Dryden permaneció por seis meses. Mientras estaba en la Gates Foundation, The Guardian le llamó “la figura más importante en la agricultura del sur global”.

El anterior oficial de programa del programa agrícola de la Gates, Don Doering, había sido antes un miembro fundador del Comité Asesor sobre Biotecnología de Monsanto. Doering lideró un equipo de desarrollo agrícola que orientó dinero a “ayudar a granjeros pobres en África sub-Sahariana y Asia”. 

Luego tenemos a Florence Wambugu, que escribió el libro Modifying Africa,   y a quien se ha llamado “una apóstol de Monsanto en África”. Luego de recibir una beca de USAID, Wambugu se convirtió en investigadora para Monsanto. Luego la contrató el directorio de Global Development de la Gates Foundation.

Al igual que en varios de sus emprendimientos farmacéuticos, la Gates Foundation trabaja con USAID en el sector agrícola. Pamela K. Anderson, la actual directora de desarrollo agrícola de la Gates Foundation, está actualmente en el directorio de USAID.

22.000 niños mueren cada día debido a la pobreza. Pese a ello, las causas socio-económicas de los problemas de salud pueden ser ignorados cuando los intereses alineados a la industria son los que mandan. Tal es el caso con la primacía de la Gates Foundation en la arena global. 

En breve, el liderazgo de la fundación en anteriores esfuerzos globales de salud muestra una fidelidad, no a la salud, sino a los imperativos del capital de Occidente. Prefiere no fortalecer los sistemas de salud, sino asegurarse de que las naciones sigan siendo dependientes de Big Pharma y/o Big Agriculture por el mayor tiempo posible. 

Es a esta luz que puede entenderse el rol de liderazgo de Gates en la lucha global contra el Covid-19.

La Operación Warp Speed inmuniza a Big Pharma ante posibles juicios

A mediados de mayo la administración Trump reveló su nuevo proyecto de vacuna contra el coronavirus: Operation Warp Speed. Cuando anunciaba su nuevo proyecto, el presidente destacó que su administración “pasó de largo todas las cintas rojas, para lograr el lanzamiento más rápido, por lejos, de una vacuna en toda la historia”. 

Igual que la administración Trump, Bill Gates está abogando por la aceleración de los tiempos de aprobación de una droga contra el Covid-19. Escribe que “el gobierno deberá apurar sus procesos habituales de aprobación de drogas, a efectos de poner la vacuna rápido a disposición de 7 mil millones de personas”. Afirma que “simplemente, no hay alternativa a esta agenda”.

En marzo, los Estados Unidos aprobaron regulaciones federales que dan inmunidad jurídica a las corporaciones que producen fármacos contra el coronavirus, incluyendo vacunas. Dieron inmunidad jurídica también a cualquier entidad que distribuya los fármacos. 

Con más de 100 vacunas Covid-19 actualmente en desarrollo, esto significa que los productos son indemnes a juicios y demandas, incluso si causan resultados dañinos. 

Si los fabricantes de vacunas quedan eximidos por los gobiernos del mundo de ser responsables penalmente, estas compañías tendrán pocos incentivos para proteger a la gente de efectos secundarios dañinos. Como ocurrió en el pasado, tal parece que los ciudadanos de los países más pobres están listos para ser usados como “conejillos de indias de los fabricantes de medicamentos”. 

La defensa que hace Bill Gates de la inmunidad legal para los fabricantes de medicamentos se remonta al menos a 2015, cuando se lamentó, durante el brote de ébola, de que no hubiese un proceso claro “que le de inmunidad contra la responsabilidad legal”. Sugirió que durante “una epidemia global”, las compañías farmacéuticas deberían quedar indemnes para “evitar largas demoras”. Ahora, su propuesta ha dado frutos.

Gates justificó su posición sobre la base de que las compañías tienen que producir las drogas tan rápido como sea posible, a fin de salvar vidas, y que estas nuevas drogas puede que no siempre sean seguras para la salud. “Entender qué es seguro… es algo muy, muy difícil”, le dijo a CBS. “Habrá algunos riesgos y será necesaria inmunidad legal antes de que se pueda decidir [sacar una vacuna]”. 

Normalmente, una droga pasa por una fase de pruebas en animales, antes de ser probada en grupos pequeños (fase I), medianos (fase II) y grandes (fase III) de gente. Pero con el Covid, Gates quiere “ganar tiempo” haciendo tests en animales y en humanos a la vez.

Hoy los Estados Unidos están “comprimiendo lo que normalmente lleva 10 años en el desarrollo de una vacuna”, de acuerdo al jefe del National Institute of Health (NIH).

Esto puede producir algunos efectos problemáticos. Por ejemplo, una vacuna exitosa contra los coronavirus está aun por producirse, y una nueva podría causar reacciones letales. El especialista en enfermedades trópicas, Dr. Peter Hotez, que trabajó en una vacuna fallida para otro coronavirus (SARS), dijo que durante las pruebas experimentales de la droga, los animales cayeron víctima de lo que se llama “potenciación anticuerpo-dependiente” (immune enhancement). Los animales que recibieron las inyecciones desarrollaron versiones más severas (y a menudo fatales) del virus cuando se los comparó con animales no vacunados. 

Hotez le dijo a Reuters “El modo en que uno reduce ese riesgo [en seres humanos] es mostrando primero que no ocurre en los animales de laboratorio”. El experto médico declaró que él entiende la “importancia de acelerar los tiempos para las vacunas en general, pero… esta no es la vacuna para hacer eso”.

Sin llevar a cabo la fase inicial de pruebas en animales que normalmente se requiere para poner una vacuna en el mercado, una compañía biotecnológica llamada Moderna está llevando a cabo ahora pruebas en seres humanos para su vacuna Covid-19. La vacuna de Moderna es del tipo mRNA, la que nunca se ha aprobado por la FDA para uso en humanos.

Esta tecnología, que contiene células modificadas con ingeniería genética que pueden alterar permanentemente el ADN humano, fue desarrollada en base a becas de la Gates Foundation y de la Pentagon Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA). Moderna dice que se trata de una “alianza estratégica” con DARPA, la que le dio a la compañía 25 millones de dólares en total. 

La tecnología mRNA de Moderna ha sido destacada por Bill Gates como “una de las opciones más promisorias para el Covid”. Gates, incluso, tiene un “acuerdo marco de proyecto global de salud” con Moderna para darle 100 mullones para que desarrolle su tecnología mRNA, a cambio de recibir “ciertas licencias no-exclusivas”.  

El cofundador de Moderna Robert Langer se ha asociado con Gates en el pasado en proyectos tales como un implante anticonceptivo de microchip que puede ser activado por vía inalámbrica.

Cuando Moderna anunció que había completado sus pruebas de seguridad de fase 1 el 18 de mayo, los medios corporativos repitieron como loros las “buenas noticias” de Moderna. Pero la letra chica de la noticia reveló que tres de 15 participantes que recibieron la inyección con la dosis mayor de la vacuna desarrollaron síntomas de grado tres, que la FDA define como “severos”, “incapacitantes” y que requieren “hospitalización”, aunque no representen amenaza inmediata de muerte”. 

El 15 de mayo el presidente Trump nombró a Moncef Slaoui, miembro del directorio de Moderna y que hasta el 19 de mayo tenía más de 10.3 millones de dólares en acciones de esa compañía, como científico jefe en el esfuerzo nacional por lograr una vacuna contra el Covid-19. 

Slaoui, que se define como un “capitalista de riesgo”, está también en el consejo de dirección de la International AIDS Vaccine Initiative (IAVI), una “sociedad público-privada” que ha recibido más de 359 millones de la Gates Foundation. 

Slaoui también tuvo posiciones de liderazgo en GSK. Cuando dirigía la sección de Investigación y Desarrollo de la compañía, GSK se declaró culpable y pagó 3 mil millones de dólares en lo que el Departamento de Justicia norteamericano llamó el “acuerdo fraudulento de una compañía de salud más grande de la historia de los Estados Unidos”. El fraude incluía el ocultamiento de la conexión entre la droga Paxil y efectos secundarios suicidas y depresivos (predominantemente en niños), el ocultamiento de la conexión entre la droga Avandia y ataques cardíacos, lo que la FDA estimó que habían causado 83.000 ataques cardíacos extra, así como múltiples sobornos y arreglos de remuneraciones ilegales. 

Mientras era jefe de vacunas en GSK, Slaoui tuvo a su cargo el desarrollo de la vacuna contra la gripe porcina, llamada Pandemirx, que fue puesta de apuro en el mercado sin pruebas apropiadas durante el brote de gripe porcina. El resultado fue una inyección no seguras que dejó al menos a 800 personas con daño cerebral, 80 por ciento de ellos niños. Puesto que GSK sólo aceptó dar la vacuna a los gobiernos bajo la condición de que a la compañía le fuese dada inmunidad jurídica, hubo que usar dinero de impuestos, en el Reino Unido, para compensar con millones de libras a las víctimas. 

Slaoui fue contratado para que sea el “zar de las vacunas” de la administración, como contratista privado, no como empleado gubernamental. Esto significa, como lo explicó Public Citizen, que Slaoui puede “mantener una amplia red de conflictos de interés financiero sin necesidad de recusarse de ellas o desinvertir, o revelar esos conflictos de interés”. 

A los medios corporativos les gusta describir la respuesta a Covid-19 como una guerra entre guarangos anti-ciencia como Donald Trump y “campeones de la ciencia” como Bill Gates. Sin embargo, el nombramiento de Slaoui para co dirigir la Operation Warp Speed indica que, en esto, la administración Trump y la Gates Foundation juegan en el mismo equipo. 

Luego de asumir su nuevo rol en la administración Trump, Slaoui declaró que las pruebas clínicas de Moderna le hacían sentirse confiado de que “seremos capaces de entregar unos pocos millones de dosis de la vacuna para fines de 2020”. 

Pese a que el gobierno ha elegido a Moderna como uno de sus cinco “finalistas” hacia una vacuna contra el coronavirus, las movidas financieras de algunos ejecutivos de la compañía sugieren que los mejores días de Moderna podrían estar ya en su pasado. 

De acuerdo a declaraciones hechas a la SEC, el Oficial Financiero en Jefe  Lorence Kim vendió 214.000 acciones de Monderna el día de la conferencia de prensa, ganando inmediatamente más de 16 millones de dólares. 

Thomas Lys, un profesor de contabilidad en Northwestern University, fue citado por Stat News diciendo que esta podría simplemente ser una decisión financiera de Moderna para obtener cierta liquidez, pero que siempre hay otra posibilidad -que estos tipos realmente sepan que todo el asunto es una farsa, y que estén vendiendo cuando conviene vender”.

El Oficial Médico en Jefe Tal Zaks, que tuvo cerca de 100.000 acciones de Moderna al comienzo del año, comenzó a sacárselas de encima pocos días antes de que Moderna anunciase que su vacuna estaba pronta para pruebas en humanos, ha ganado más de 18 millones de dólares en 2020, y hoy es propietario de cero acciones. 

Un stock centralizado para “hacer que la OMS dependa de la buena voluntad de Big Pharma”

En octubre de 2019, el Johns Hopkins Center for Health Security organizó el “Evento 201” en sociedad con el Foro Económico Mundial y la Gates Foundation.

Un ex-miembro del comité de dirección del Johns Hopkins Center for Health Security es ahora el jefe de stock de la administración Trump, y el CEO del John Hopkins Medicine está también en el consejo de directores de la corporación farmacéutica Merck.

El Evento 201 fue un ejercicio de simulación de un brote de un nuevo coronavirus. Incluyó representantes del Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, así como líderes corporativos de compañías farmacéuticas como Johnson & Johnson.

Si bien las semejanzas entre el brote simulado y el brote real han invitado a especulaciones sin fundamento acerca de que Bill Gates “predijo” el Covid 19, es innegable que las propuestas de políticas que emergieron del ejercicio son las que se están implementando hoy. 

Siguiendo la simulación, con todo y falsas conferencias de prensa e informativos, escalofriantemente realistas, por una cadena de imitación llamada GNN, las tres organizaciones emitieron recomendaciones para enfrentar una “pandemia severa”. Una de las recomendaciones fue tener “un robusto stock” de contramedidas médicas, como vacunas. 

Durante la simulación, el presidente de salud global de la Gates Foundation, Chris Elias, urgió a adquirir tal stock. Explicó que “un stock global ayudaría de seguro a lograr una distribución rápida y estratégica”, pero una colaboración entre la OMS y el sector privado era necesaria para hacerlo efectivo. 

Desde un punto de vista objetivo, un stock centralizado de contramedidas médicas puede ser valioso durante una crisis. Pero la pregunta de quién lo controla y distribuye hace aparecer aspectos problemáticas. 

El Dr. David Legge le dijo a The Grayzone que la sugerencia de Elias haría aumentar aun más la influencia de las corporaciones farmacéuticas con fines de lucro, puesto que “sin duda alguna, una asociación público-privado con el objetivo de conseguir y distribuir tendrá que involucrar a Big Pharma, y hacer a la OMS dependiente de la buena voluntad de Big Pharma.”

Gates podría argumentar que el control y la distribución de tales stocks también debería estar influido por instituciones occidentales como la OTAN. En 2015, escribió que durante una “severa epidemia”, “algunas instituciones globales podrían ganar poder y fondos para coordinar el sistema [de respuesta a la epidemia]”, que debería discutirse partir la autoridad entre la OMS y “otros (incluido el Banco Mundial y los países del G7)”, y que “la conversación debería incluir a alianzas militares tales como la OTAN”. 

Gates argumentó también que “los países de bajos ingresos promedio deberían estar entre los primeros en recibir” la vacuna Covid-19. Si la OTAN está jugando un rol de control y distribución de las vacunas, tal ayuda podría ser usada para impulsar la agenda militar de Occidente, así como tales “ayudas” han sido utilizadas en pasadas intervenciones humanitarias.

Gates prácticamente ha monopolizado el reino de la opinión pública sobre salud, tanto a nivel nacional como internacional. “Fauci y yo estamos en contacto constante”, declaró, refiriéndose al rostro de la respuesta nacional al Covid en Estados Unidos, el director del National Institute of Allergy and Infectious Diseases, Anthony Fauci.

Al mismo tiempo, el mega billonario aparentemente está hablando tanto con CEO de compañías farmacéuticas como con jefes de gobierno “todos los días”. 

Al mantener sus vínculos con las organizaciones gubernamentales y el sector privado que se mueve por ganancias, la Gates Foundation se ha vuelto el jugador más influyente en la respuesta global al Covid-19. De modo que si el trabajo de la fundación ha favorecido a las multinacionales de Occidente a expensas de la salud pública en el pasado, ¿por qué va alguien a esperar un resultado distinto esta vez?

La historia se repite

Este mes de julio, la Associated Press reportó que los sudafricanos se habían reunido en Johannesburgo para protestar por la presencia de las pruebas de fase III de AstraZeneca en África. La Gates Foundation ha llovido 750 millones de dólares en esta vacuna el último mes, y los manifestantes fueron fotografiados con carteles que decían “no somos conejillos de indias”, y “no al veneno de Gates”. 

El organizador de la manifestación, Phapano Phasha, le dijo a AP que los grupos vulnerables estaban siendo manipulados para que participasen en las pruebas sin haber sido capaces de hacer una elección informada. “Yo creo en la ciencia”, dijo Pasha. “No estoy contra las vacunas, estoy contra esta clase de lucro”. 

Hay informes que dicen que las vacunas de Moderna y de AstraZeneca podrían estar disponibles al público para fines de 2020. 

The Grayzone contactó la Bill & Melinda Gates Foundation, la Global Alliance for Vaccines and Immunization (GAVI), y al Program for Appropriate Technologies in Health (PATH) solicitándoles comentarios sobre este artículo, y aun no hemos recibido respuesta.


Jeremy Loffredo es un periodista basado en Washington, D.C. Ha trabajado en varios documentales independientes en New York y ayudado a producir varios programas internacionales de noticias. Actualmente trabaja en el armado de un documental sobre el Green New Deal que usted puede apoyar en  https://www.gofundme.com/f/the-green-new-deal-explained-for-real
Michele Greenstein es una periodista basada en Washington D.C. Ex corresponsal de RT America, produjo una serie sobre la guerra de tecnología entre China y Estados Unidos, y un documental en 2019, en el terreno, sobre el movimiento anti-gobierno en Hong Kong. 
Traducción: Aldo Mazzucchelli
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