PORTADA

“[Hay] diferencias fundamentales en el manejo del conocimiento y la expresión verbal entre culturas orales primarias (sin conocimiento de la escritura) y culturas con escritura. 
Muchas de las características que hemos dado por sentadas en el pensamiento y la expresión dentro de la literatura, la filosofía y las ciencias, y aun en el discurso oral entre personas que saben leer, no son estrictamente inherentes a la existencia humana como tal, sino que se originaron debido a los recursos que la tecnología de la escritura pone a disposición de la conciencia humana.
Hemos tenido que corregir nuestra concepción de la identidad humana.”
Walter Ong, 1982 

Advertencias previas:
[1] La interpretación del mundo que es más corriente, opera dividiendo en opuestos. De acuerdo con ello, habrá lectores que leerán lo que sigue como una forma de denigrar la oralidad y exaltar la escritura. Me gustaría observar que quien lea así lo que sigue, no lo ha entendido ni siquiera en sus aspectos más simples.
[2] Ocuparse de reflexionar sobre el lugar de la escritura no implica creer que el mundo debe entregarse a tareas intelectuales. Quien escribe está convencido de que la vida genuina jamás es editada por el pensamiento. El pensamiento sirve para experimentar y sintetizar la experiencia, y para pasarla a los demás, así como uno recibe e integra la de otros. Raramente sirve para dirigirse a uno mismo, pues esto lo hace mucho mejor nuestro ser interior que se expresa de múltiples maneras, y solo ocasionalmente por lenguaje o escritura. Por tanto, la habitual división entre “pensar”, “sentir” e “intuir” representa una categorización no válida para lo que sigue. Y si alguien aun dividiese el mundo en “intelectual” y “práctico”; o “intelectual” e “intuitivo”; o “intelectual” y “emocional”, estaría, por ese supuesto, mal dispuesto para comprender lo que debajo se intenta enfocar.

Por Aldo Mazzucchelli

Empecemos por un sitio vulgar cualquiera. El teléfono es una tecnología, y una prótesis del habla y el oído. Permite que ambos alcancen niveles superiores a los de la naturaleza. La tv lo mismo, con oído y visión. 

El cine, antes de la tv, lo mismo -y distinto. Al introducirse la ficción en el cine -y no meramente registrar un espacio tiempo “natural”, como en aquel primer filme de un tren que viene de frente-, el cine permite que la función social del mito, antes en el cuento oral, el teatro y la novela, llegue a cualquier espacio/tiempo.

2

Decimos que la escritura es también una “tecnología”. Sin embargo, ¿es una prótesis? ¿De qué? 

Al pasar la voz a visualidad, es una variante de la notación musical, ¿verdad? Pero tiene un efecto sobre el pensar.

Es decir, la escritura es una tecnología del pensamiento. Una forma fundamental de “inteligencia artificial” diríamos hoy, al poner en contacto las inteligencias y los pensamientos individuales en un medio visible común. Hace visible lo totalmente invisible que es la telaraña conceptual, que se manifiesta a la vez individual y social. Personal y común, y se libera de las restricciones espaciotemporales que le impone el cuerpo.

3

¿Cómo ocurre esto? Al representar la voz, el sonido, la escritura permite que quien domine la lectoescritura convierta su voz en pensamiento silencioso. 

El pensamiento silencioso, interno, es una conquista que se da gracias a la escritura. En los primeros tiempos las personas sólo podían leer en voz alta, y sólo entendían la escritura como voz a ser reactualizada. Quien veía un fragmento de escritura solo podía leerlo en voz alta, usarlo para hacer sonar de nuevo una voz. La escritura inicial fue una especie de grabadora de sonidos. Tan es esto así que la voluntad de quien leía estaba dominada por la escritura, y aparecieron enseguida chistes vinculados a que quien había escrito sodomizaba a quien leía, al obligarle a hacer lo que quien había escrito quería. 

La escritura permite verse pensar.  Su verse pensar no es posible con ningún otro medio. Al poner el pensamiento en imagen silenciosa (sin voz), el hombre que escribe se conoce en su pensar a través de la mano que escribe. Su mano lo conecta con su pensamiento y su conciencia. La mano que escribe, parte del cuerpo, se convierte en intermediaria entre la conciencia abstracta y la sensorialidad visual y táctil concreta. 

Y al leer a otros, lo escrito por otros, la conciencia individual se conecta con el pensar de los otros, es capaz de ver ese pensar de otro por encima del espacio y el tiempo. 

A partir de allí, la humanidad como colectivo abstracto empieza a existir. 

4

Lo característico de este tiempo de comienzos del siglo XXI es estar olvidando todo lo anterior, al darlo por sentado al tiempo que se pasa a una experiencia del mundo de espaciotemporalidad sintonizada a un presente continuo, con un simultáneo olvido del pensamiento abstracto o conceptual. 

5

La virtualidad audiovisual se parece sospechosamente al cine, siendo una especie de ampliación o continuación del cine. El cine es una prótesis de la experiencia espacial, visual y auditiva, re-presentando tiempo/espacio. El cine permite trasladar, recrear, o crear un tiempo/espacio. La esencia del cine es la prótesis de la experiencia humana de tiempo/espacio. 

Al incorporar voz y cuerpo y mundo representado, permite que se perciba todo, incluyendo también la representación de la lectura. Pero salvo que se represente una página escrita en silencio y se haga leer al auditorio el texto -cosa profundamente limítrofe al cine y, si muy larga o repetida, escasamente cinematográfica- el cine representa la experiencia del mundo más cerca de la oralidad. 

6

La escritura, mientras tanto, podría ser entendida como una prótesis especializada, y su objeto especial de representación sería el pensamiento.

Pero, ¿es una prótesis? La esencia de la prótesis es ampliar una capacidad motriz o sensorial determinada. Pero ¿existe una capacidad sensorial de percibir nuestro mundo conceptual antes de que exista la escritura, siendo la escritura una ampliación de ello?

La pregunta es clave. Porque si existe esa capacidad con o sin escritura, la escritura es meramente algo de lo que humanamente podemos prescindir, como el peatón puede prescindir del coche. Si no existe, no tener escritura es, para el peatón humano, como no tener piernas.

Pues bien, la afirmación fundamental de este texto es: la escritura no es una prótesis. Si es una tecnología, no funciona como las demás tecnologías/prótesis. No amplifica una capacidad previamente existente, sino que la crea. Usando la capacidad potencial motriz y adaptativa del cerebro-mano, consigue dar a luz la conceptualidad, lo humano interior, individual social. Sin ella, el ser humano es incapaz de pensar, y podría volver incluso a un nivel de animal social dotado de lenguaje, pero no de pensamiento ni de conciencia individual. El estado de oralidad previo a la escritura nos lo enseña. La conceptualidad no se pone de manifiesto del mismo modo en el habla. Hablarle al telefonito no es lo mismo que escribir un ensayo, ni la intimidad fluyente de la voz en el tiempo es lo mismo que el concepto estabilizado en visualidad. 

7

Sin escribir, no es posible el pensar individual, y sin pensar individual no hay escritura -aunque siga habiendo letra. El pensamiento propiamente dicho solo aparece con la escritura empleada para pensar. Y cuando la escritura deja de ser usada para pensar, con ello el pensamiento se ausenta. 

8

La escritura es la posibilidad del pensamiento individual, pero la escritura no equivale al pensamiento individual. Ya hay escritura cuando se hacen listas, cuando se anotan nombres o fechas, cuando se registran datos y se usa la escritura como instrumento de la memoria. Pero salvo que lo que se memoriza sea el pensar, la escritura no contiene como tal pensamiento. Puede contener solo data, y es en ese caso escritura dentro de marcos prefijados, de ‘pensamiento’ lisiado, ‘pensamiento’ solo instrumental. Instrumentalizado ya por los marcos de pensamiento ajenos, que no se ponen de manifiesto en la vía instrumental.

9

Digamos pues que el pensamiento individual propiamente dicho es lo que aparece con la escritura, y con ella se ausenta. 

Se cree que el pensamiento es un elemento dado, inherente al ser humano, pero no es así. El ser humano sin escritura puede interactuar, reaccionar, ser objeto del pensamiento ajeno, pero si no escribe no es ni será nunca capaz de pensar más allá del pensamiento colectivo en que consiste la acción inmediata de su grupo de hablantes.

Puede representar su interior en pinturas, en acciones, en expresiones múltiples, y puede encantarse y encantar a otros con ello. Pero al carecer de la tecnología precisa de representación y apropiación de su pensamiento, es incapaz de pensar como individuo, pues pensar como individuo es tener el contacto, conocimiento y dominio de los factores conceptuales únicos que permiten ser en el mundo de modo libre, y no de modo meramente reactivo, controlado por los marcos y horizontes de los otros. 

10

Hay evidentemente un cambio en el mundo en los últimos 25 o 30 años. Muchos lo ven, y muchos lo celebran como un nuevo escalón, pensando que el futuro es acumulativo, que nada se pierde y todo se suma. 

Sin embargo, lo característico de la época es la más inmensa pérdida para la humanidad, que es la pérdida del pensamiento individual debido a la pérdida de la escritura.

Es posible que esta pérdida, sin embargo, sea compensada por algún tipo de “despertar” a formas de conocimiento que la escritura no favorece. Veremos qué surge de esta completa transmutación de la forma humana de entenderse, de una etapa donde creció el pensar individual, a otra donde este se eclipsa en el funcionamiento colectivo.

11

La pérdida de la escritura viene de la mano de un sinfín de celebraciones. Se celebra al buen salvaje como hace doscientos años, se celebra al analfabeto y al analfabeto funcional, y se celebra la vuelta a la condición de animal. Se cree en la superioridad de la oralidad, y de la escritura solo se ve que puede usarse para controlar, y que la tecnología que con ella vino puede usarse para matar. Se olvida todo lo demás.

Estas celebraciones forman parte de los diversos modos en que las tecnologías de la percepción exterior, las tecnologías de los sentidos y las prótesis de los sentidos, se autocelebran. 

12

Los cascos y visores de realidad aumentada son apoteosis de la audiovisualidad con fines de consumo y entretenimiento. Secundariamente pueden contribuir a ser desveladores del “conocimiento audiovisual”, voz que elimina el pensamiento del conocimiento, para alojarlo en los sentidos. 

En el mundo de gadgets y aparatos, y de concepción digital y operacional / materialista del ser, el pensamiento -algo interior a la experiencia sensorial del cuerpo, esencialmente inmaterial, y compuesto por la telaraña invisible de conceptos, no encuentra traducción exterior. 

Todo lo que vemos en el mundo humano es fruto de la telaraña de conceptos, pero estamos masivamente perdiendo nuestra interactividad con ella. 

No habría sido posible construir ni uno solo de los elementos técnicos hoy a disposición sin tener escritura, es decir, modo de apropiación y corrección del propio pensamiento y del mundo conceptual fino (incluyendo en él las ciencias, la matemáticas, la estadística, la programación y sus múltiples lenguajes). Sin embargo, el pensamiento queda herméticamente invisible, oculto y empaquetado en la tecnología. 

13

En la medida en que un nuevo nivel de operacionalidad se incorpora al mundo humano con la inteligencia artificial, ésta será programada por humanos con acceso aun al pensamiento individual, y la inteligencia artificial se encargará de las tareas operativas. ¿Será esto liberación de tiempo/espacio para que cada individuo humano pueda pensar más allá, o será un modo de ocultar a la mayoría su capacidad de pensar por sí mismos, sumiéndolos en un mundo meramente operacional controlado en doble nivel, por pensamiento e inteligencia artificial, -o sea, inteligencia artificial de nivel 0 y nivel 1-?

14

W. Ong observa que “una persona que ha aprendido a leer no puede recuperar plenamente el sentido de lo que la palabra significa para la gente que solo se comunica de manera oral […] considerar la tradición oral o una herencia de representación, géneros y estilos orales como “literatura oral” es algo parecido a pensar en los caballos como ‘automóviles sin ruedas’ […] Imgínese escribiendo un tratado sobre caballos -para gente que nunca ha visto ninguno- que comience con el concepto, no del caballo, sino de ‘automóvil’“…

Hoy estamos girando rápidamente a la situación inversa. Imagínese empezar a hablar sobre el pensamiento comenzando por ‘interacción en una red social’. Esta última forma de lenguaje tiene con el pensamiento una relación que no es para nada evidente. Se los podría aproximar introduciendo de antemano nociones como ‘pensamiento colectivo reflejo’, o ‘pensamiento dentro de marcos prefijados’ (esto es, incapaz de percibir el marco y someterlo a observación o cambio).

15

Por supuesto, hay excepciones. Estamos aun en una era anfibia del pensamiento en la cual aun hay tuiteros o instagramistas o tiktokeros que también saben leer bien y escribir y pensar individualmente. Pero esa no es ya la norma, ni se vislumbra que lo será en el futuro, puesto que la mayoría de la gente hoy no lee, no sabe leer, no practica la lectura. Esta mayoría no es aun estrictamente analfabeta, ni siquiera analfabetos funcionales, porque la mayoría sabe letrear. 

16

Letrear es saber usar el alfabeto escrito, sin saber pensar. Sin usarlo para pensar, sino de modo limitado, para representar por escrito el sonido del lenguaje oral, en sus usos instrumentales: data, emocionalidad, o repetición, reformulación de fragmentos de pensamiento ajeno -que normalmente se considera “propio”. Igual que las representaciones icónicas de la era oral pre-escritura, estos usos son emocionalmente efectivos, a menudo incluso retóricamente efectistas. Pero no son lo mismo que poder pensar. Coordinar tiempos, horarios, expresar juicios, disgusto, orgullo, pasajero y liviano odio o amor, hacer listas, dar datos. Nada de eso se acerca siquiera a la complejísima paleta del pensar humano.

17

En el pensar, el sonido se acalla y sigue ahí, y como en una meditación acompaña el discurrir de los conceptos. El sonido es el alma del pensar que está ahí siempre para biensonar, o para malsonar denunciando el pensamiento descaminado. De los nuevos medios digitales, en su uso masivo, lo que no se ausenta nunca es el ruido, pero sí, casi siempre, el sonido del pensar, la música de pensar bien. En cambio una cacofonía de repeticiones y espasmos es lo propio del ‘intercambio’ de la red social. 

18

La palabra ‘intercambio’ tampoco es adecuada. Tuitear o postear son palabras mejores porque al menos hacen alusión al medio mismo, que es lo predominante. 

Puesto que en un intercambio, en general se presuponen sujetos que den algo a otros sujetos. En las redes se intercambian mensajes, pero no es preciso ni necesario que haya sujetos -definidos por su capacidad de pensar. En la red, la función automática del intercambio, la economía el mensaje puede ocurrir, y muchas veces ocurre, sin que nadie esté allí. Uno puede estar hablando con un bot. El ‘otro’ puede no ser tal sino una emisión de inteligencia artificial. Pero todo esto es trivial y menor. Lo importante es que en la red social quien ‘habla’ no es uno, porque sin escritura y pensamiento propio, uno no es un sujeto. Uno es a lo sumo un nodo, un dispositivo cuyo horizonte de voluntad y ‘contenidos’ está limitado por el medio, la naturaleza del mensaje, pero, sobre todo, porque uno, sin escritura ni pensamiento, no está en condiciones de compartir otra cosa que fragmentos de comunicación preformateada, pre-acordada de modo colectivo, ajena a la voluntad individual. 

19

Mucha gente se preocupa ahora por los empleos que derribará la inteligencia artificial. De cuál será el porcentaje de tareas y salarios que desaparecerá por ella. Eso no es tan importante, pues otros nuevos se crearán. Eso sí, no veo cómo no se preocupan por la desaparición de la individualidad que acarreará, de un alto porcentaje de los cuerpos que hasta hace poco en un 100% la individualidad habitaba. Habrá una cantidad de cuerpos sin individuo pensante en ellos.

20

La comunicación sin escritura no es a menudo comunicación del propio pensamiento. Cuando uno quiere corregir y precisar su punto de vista, uno debe escribir. Y cuando uno vuelve a escribir, o uno empieza a escribir, uno está fuera del régimen de la red social, y de la virtualidad como exteriorización del ser. 

21

Pensar es una palabra bastardeada. Se confunden las operaciones automáticas en que consiste el funcionamiento del sistema nervioso de cualquier vertebrado con el pensamiento con consciencia de sí que hemos visto en algunos individuos solitarios, y a un nivel medio alcanzado en las sociedades con escritura. 

22

También, en otro extremo, se confunde escritura con sabiduría individual, cosas no necesariamente conectadas. Jesús Buda o Sócrates -entre muchísimos más- no escribían, sino que sabían cómo indicar con palabras caminos de salida a los automatismos sociales introyectados en fanatismos individuales. Esto no le quita ni le pone nada particular a la escritura. Salir de los condicionamientos sociales es posible, sin escritura, para un grupo de individuos -una secta- que cultive una lengua especializada propia. Pero saber de Buda, Sócrates y Cristo como modelos para individuos que deben enfrentarse a las chicanas de la sociedad miles de años después, no es posible sin escritura. Los primeros individuos con conciencia social de sí como cristianos son los primeros redactores de los evangelios, por así decirlo.

23

Como dice Julian Jaynes en su gran y único libro, la palabra “conciencia” se usa de modo confuso, y confunde. La conciencia no es un estado vigil de control, pues los sonámbulos y las personas en estados alterados de conciencia son capaces de hacer muchas cosas atribuidas a la conciencia. La conciencia no es necesaria para desempeñar la inmensa mayoría de las tareas cotidianas, pues las realizamos de modo automatizado y sin darnos cuenta. La conciencia no es necesaria para aprender, pues aprendemos de modo inconsciente lo que refuerza nuestra conducta exitosa, y ya podemos repetirlo. La conciencia no es necesaria para hacer juicios, pues “el pensamiento no es consciente. Se trata más bien de un proceso automático que sigue a una estructura (instrucción + construcción) y a los materiales sobre los que va a actuar la estructura. Pero no tenemos por qué quedarnos en las asociaciones verbales; sirve cualquier tipo de problema, incluso los más cercanos a las acciones voluntarias”. Y muy especialmente, para la mayoría de los “razonamientos” necesarios para sobrevivir en sociedad la conciencia no es necesaria. “Uno piensa antes de saber lo que tiene que pensar. Lo importante del asunto es la instrucción, que permite que todo el asunto se desencadene automáticamente.” Tampoco podemos tomar decisiones importantes o menores “pensando” con la cabeza, sino que debemos saber -de otro modo, no accesible a la conciencia- la decisión que corresponde tomar. Pero a menudo no escuchamos la decisión que sabemos deberíamos tomar, y tomamos en cambio decisiones equivocadas, informadas precisamente por nuestra mente intelectual, esto es, por toda clase de ideas previas no comprobadas, forzadas en nosotros por todos los hábitos de pensamiento que no hemos sido capaces de integrar o controlar, y que nos llevan una y otra vez al mismo tipo de error. Para moverse así en el mundo humano, de ninguna forma es necesario tener conciencia de sí en el sentido que aquí se discute. Pues la conciencia individual de sí -de la que solo tenemos noticia en las fases escritas de las sociedades- sería una capacidad de observarse tal como uno es/actúa, y obrar sobre ello. Para eso es preciso formular las creencias automáticas de la sociedad para poder romperlas, criticarlas y contradecirlas. Una sociedad escrita tiene la tecnología para hacer esto. Una sociedad oral solo responde en el éxtasis de un presente continuo, y un presente continuo de ninguna manera es un buen entorno para poner en cuestión ningúna reacción, ningún hábito, incluyendo las creencias automáticas sobre el “sí mismo” y lo que uno hace y ‘decide’.

24

La conciencia no está hecha de conceptos, sino que un concepto es meramente el modo en que le llamamos a una clase de cosas que generan comportamientos equivalentes, y ni por asomo son exclusivos del ser humano (“Todo caminante cansado tras recorrer kilómetros bajo el sol abrasador ha visto un árbol. También lo han visto los gatos, las ardillas y los mapaches perseguidos por un perro. La abeja tiene un concepto de una flor, el águila un concepto de un saliente rocoso de cara escarpada, como un tordo que anida en nido ajeno tiene un concepto de una horqueta de rama superior donde se vislumbra un conjunto de ramitas entrelazadas…“). Los conceptos son una conexión de múltiples objetos que permiten un comportamiento exitoso similar, unidos en el ser humano a otro comportamiento: pronunciar un ruido complejo -una palabra, o un conjunto de ellas-, que quede asociado a ese comportamiento y objeto. Nada de eso es pensar en el sentido en que pensar va siendo asociado al lenguaje escrito en este ensayo.

25

Finalmente, tampoco para “razonar” es necesaria la conciencia, dice Jaynes. Los modos más comunes de razonamiento pueden ocurrir sin conciencia. Por ejemplo, alguien ve que una madera flota en el agua. Luego, puede inferir que otra madera flotará en otra agua. No hace falta otra cosa que haber visto la primera instancia. Se llama “razonamiento en base a particulares: expectativa basada en una generalización“. Todos los vertebrados tienen esto (un caballo alimentado desde un balde negro, ve a una persona con un balde rojo vacío y se arrima, por las dudas). “Tal razonamiento es la estructura del sistema nervioso, no la estructura de la conciencia“. Esto es simple. Cosas mucho más complejas también pasan sin entrar en la conciencia. Hacemos inferencias mucho más sutiles y complicadas “sin pensarlo”. De hecho, los razonamientos y problemas más complejos se resuelven “solos”, o automáticamente, a menudo cuando uno les quita la mente consciente de encima.

26
La escritura dio a las sociedades que la desarrollaron la posibilidad de que individuos determinados alcanzasen un nivel de conciencia superior a todo lo descrito antes, una “conciencia de sí”. Esto implica pasar de un estado de comportamiento tradicional, donde la responsabilidad por las acciones individuales es ajena -el “los dioses me hicieron reaccionar” de los personajes de la Ilíada- a un estado de responsabilidad individual que se aleja de las defensas infantiles. Cuando la alfabetización general finalmente se entendió como una tarea esencial de toda sociedad, Kant pudo decir con simpleza que la humanidad así ilustrada abandonaba el estadio infantil, y pasaba a la madurez, que implica dejar de tener padres, tutores y curas, y hacerse cargo.

27

Todo en esta sociedad neo-oral de reacciones en cardumen y redes sociales llama a dejar de hacerse cargo.

28

Algunos pueden alcanzar de todos modos esa conciencia a golpes de intuición y por una especie de sabiduría traída de la cuna, sin necesidad de leer y escribir -como siempre ha ocurrido. Pero la escritura no servía para crear genios, sino para que la sociedad como tal fuese capaz de salir de los hábitos comportamentales de la escasez, que la llevan a la violencia automática. La escritura sirvió como herramienta para un proceso educativo masivo de la humanidad, especialmente de aquellos individuos que precisan esta tecnología para obtener rudimentos de una verdadera sabiduría con conciencia de sí que luego puedan desarrollar de acuerdo a su capacidad. 

29

Perder la escritura, por ello, es enviar de nuevo al individuo al olvido, a un pasado que rápidamente se reducirá a mitologías de grandes rasgos y a ignorancia práctica de en qué consiste serlo. Un individuo no es de ninguna manera un fenómeno intelectual: es un fenómeno ético. Ser capaz de pararse firme al lado de su conocimiento de lo que es verdad, en lugar de funcionar automáticamente según los hábitos de control propagandístico inducidos por otros en las creencias colectivas. 

30

Esos otros que son capaces de controlar, lo son precisamente porque pueden tener un nivel de cálculo de los hábitos ajenos. Y arrojan a los demás a un cálculo paranoico que se profundiza en círculos de tontería cada vez más hondos. En un mundo donde solo los que controlan la tecnología y los ascetas extrasistémicos piensan, es inevitable el crecimiento de teorías conspirativas: todo el mundo ve que alguien está pensando, pero no ve quién, y empieza a atribuir.

31

La escritura y la conciencia de sí sobre las que han girado estos párrafos son también un fenómeno histórico, y podrían ser sustituidos -de hecho, están siendo ya sustituidos- por otro tipo de funcionamiento social que tendrá sus propias oportunidades para los nuevos individuos que lo vivan. Quizá la evidente infantilización y habitualización reactiva que cualquiera puede observar a su alrededor sea una liberación de una forma ortopédica de conciencia de sí -que necesitó la escritura-, propia de una fase de crecimiento. Si esto se da así, tendremos pronto generaciones humanas nacidas con sabiduría heredada, capacidad de síntesis acrecentada que, sin necesidad de información contextual o histórica, les permita ir tomando decisiones adecuadas a sí y su grupo o sociedad. La tradición oral -luego recogida en hermosa escritura- recuerda que a Prometeo se le condenó enviándole una mujer hermosa que llevaba una caja, que en su interior tenía todas las pestes que acosan a la humanidad hasta hoy, y también, como regalo último, la esperanza.

32

Un efecto final que puede compensar todas las pérdidas colectivas que trae la pérdida de la escritura, sería una desintelectualización de la sociedad. Dicho de otro modo, quienes se han pasado los últimos 2500 años haciendo el argumento contra el pensar y la conciencia de sí por “intelectual” -supuestamente sin intuición, y sin emoción-, tendrán por fin su día y terminarán de demostrar algo evidente: que lo que se ha construido como “intelectual” no es más que una variante de la especialización histórica de tareas y trabajos, y como tal, disfrutó de una supremacía artificial. En otras palabras, el pensamiento está repartido de modo azaroso en todas las profesiones. Dentro de todas algunos piensan y la mayoría no, y eso no es atributo de ninguna. Pero sí que es posible trabajar en cosas que la sociedad cree -en su ignorancia habitual- que se hacen con “lógica” o “erudición”. No se piensa más ni menos en la universidad que en un taller de carpintería. Aunque el taller tiene la ventaja de que los muebles no pueden desencolarse a la semana.

33

Toda persona que ha pensado con suficiente profundidad ha correctamente observado que ni la lógica ni la gramática tienen nada que ver con el pensamiento real, sino que son formas a posteriori de formalizar un reducido porcentaje de lo que, en el pensar vivo, puede reducirse a mecanismo. Ahora veremos que por fin la humanidad se ha dispensado del pensamiento formal, pasando esa labor a la inteligencia artificial, que aprenderá sola como crecer por ese camino. El individuo antes pensante desde ahora se limitará -como ya lo vemos- a solucionar simplemente sus problemas prácticos, sin preguntarse jamás por qué tiene precisamente esos problemas, y no quizá otros. 

34

Puede que la conciencia de sí que la escritura ayudó a elaborar fuese una preparación para un nivel de conciencia superior. En este nuevo nivel, incluso la idea de que la muerte es un final de sentidos abismales y dudosos, que empuja a la obra y la realización “en vida”, a la lucha y el mejoramiento, caería también. No tanto porque los cyborg que nos prometen vayan a alcanzar la aburridísima inmortalidad, sino porque se nos revele que después de la muerte no hay más que risas y plenitud, y que todas las transgresiones y errores simplemente se olvidan y disuelven en la universal unión redentora en el Uno.

35

Un mundo así redimido por la información del más allá sería problemático de una forma distinta, que consistiría más en haber alcanzado el sinsentido final de que todo da realmente igual. Espero que no perdamos la noción de que hay que hacer el bien pese a que no haya recompensa ni castigo por ello.

36

También puede que la pérdida de la conciencia de sí sea el retroceso a un estado neofeudal de no individualidad para la inmensa mayoría, con un pequeño grupo que haya conquistado un nivel de control inconcebible antes, un control que llegue no solo a la vigilancia de cada pequeño acto cotidiano, sino a la conversión de cada uno de esos pequeños actos en una ocasión de lucro, y a la prohibición eficaz de todo el resto. Un mundo que solo sería habitable por una neoraza humana de seres mucho menos individuales y mucho más dotados para el trabajo colectivo colaborativo, una especie de soldados desinteresados de la instrumentalización y el rendimiento.

Es posible que lo último ya se haya producido, y uno de sus rasgos sea que escapa a esta vestigial conciencia de sí de hoy, que ya casi ha perdido del todo el espejo de la escritura colectiva.