La globalización se ha desarrollado e impuesto desde varios mecanismos acumulados a través de la historia humana.Uno de sus muchos efectos, que luego retroactuará como causa para su más veloz despliegue, es la aparición y evolución de la prensa, ya importante desde el siglo XVIII, pero esencial desde el XX. En el XXI surge su bastardización extrema: las redes sociales, que también retroactuarán malignamente sobre el proceso de globalización, sobre el civilizatorio y sobre las habilidades expresivas y comunicacionales en general.

Por Rafael Bayce

Nos proponemos mostrar, sucintamente: 1) Cómo, por qué y para qué surgió la prensa como institución específica, con profesionales específicos; y cómo fue adquiriendo la importancia social, política, económica y cultural que tiene hoy. 2) Cómo sus objetivos inaugurales fueron pervirtiéndose, desplazados y secundarizados por nuevos objetivos, al punto de traicionar y obstaculizar el logro de los iniciales, que están siendo progresivamente mal servidos por sus actores profesionales especializados.  3) Un ejemplo actual de buen y mal periodismo, de estos días, de los procesos analizados.

1.) La prensa: sus importantes fines y funciones iniciales de mediación.

La prensa y los periodistas profesionales aparecen, -con especificidad institucional y funcional, y con importancia social, económica, política y cultural-, cuando la densidad y extensión urbanas, y los progresos en las técnicas de transporte y comunicación, la hicieron necesaria e instrumental para algunos fines fundamentales en su época de aparición: a) la mediación entre una cada vez mayor cantidad de hechos atrapantes, novedosos, útiles e interesantes, y las masas cada vez más ávidas de ellos, cuando la presencialidad directa en el espacio y en el tiempo de esos hechos se volvía progresivamente imposible, ni se disponía del tiempo suficiente como para enterarse independientemente sobre su creciente profusión; b) la mediación entre nuevas ideas y opiniones, y la gente curiosa,  interesada o necesitada de ellas y, nuevamente, carente de tiempo y formación suficientes como para absorberlas por sí mismas en su creciente novedad, cantidad y calidad; c) porque el número e importancia de las mediaciones crece y porque se pasa desde una creencia ingenua sobre el proceso comunicacional como un simple ‘one-step flow’, un flujo de un solo paso; pasando por su concepción como un ‘two-step flow’, un flujo de dos pasos; hasta la visión actual sobre él como un ‘multiple-step flow’, un flujo con múltiples pasos intermedios (mediaciones, mediadores) entre lo fáctica e intencionalmente emisible y su recepción final por variados receptores.

Para ocuparse de esas crecientemente necesarias y abundantes mediaciones, ahora conscientes, nace la prensa, guiada por dos virtuosas y necesarias utopías inaugurales: la utopía de la información objetiva, neutral, ecuánime, plural, sobre la ocurrencia de hechos, la nueva realidad, sin presencialidad sensorial directa de los receptores; y la utopía de la pluralidad, neutralidad y ecuanimidad del acceso-a y difusión-de ideas, la nueva verdad, dialogal, fáctica y argumental.

Mejor empezar por el cambio en la teoría de la comunicación, que ayudará a fundamentar la construcción de esa ‘nueva realidad’ y de esa ‘nueva verdad’, que habilitarán más tarde la perversión exógena de las utopías inaugurales de la prensa, vía comercialización y politización, y su conversión en distopías avanzadas por su perversión endógena, alimentada por el proceso de bastardización de la prensa desde el narcisismo egocéntrico consecutivo y consecuente a su éxito profesional e institucional.

1.a.) Creciente importancia y variedad de las mediaciones

Las mediaciones son cada vez más influyentes; la teoría de la comunicación y otras ciencias sociales descubren algunas cosas cruciales, que cambian la apreciación sobre las mediaciones de la prensa, y sobre las nuevas realidades y verdades que crean, a saber: 1.a.1.) Del one-step flow al two-step flow (hasta mediados del siglo XX). Nuestras impresiones, representaciones senso-perceptivas, y nuestras creencias, opiniones y conocimientos no dependen solo ni principalmente de las características del objeto percibido ni de las intenciones del emisor del mensaje (realismo, empirismo y voluntarismo ingenuos) sino también de las variables peculiaridades del receptor. La creencia pre-teórica, acrítica, de que los emisores de mensajes les llegarían inmaculadamente a sus receptores, o de que éstos los registrarían sin pérdida ni distorsión, cede el paso a la teoría comunicacional del ‘two-step flow’: no habría un solo paso, flujo simple, sin pérdida ni distorsión, desde emisores hacia receptores, sino un flujo de dos pasos: la emisión de unos, con sus características, y su recepción por otros, a su vez con características más o menos diferentes. Ejemplo: en buena parte por eso, los anuncios de productos geriátricos los protagonizan ancianos y los de consumo juvenil adolescentes. Un primer intento de manipulación de los resultados de los procesos comunicacionales, entonces, derivará de la adaptación de los mensajes de los emisores a las características de los receptores, cosa de llegarles más y mejor con las emisiones (para comerte mejor, ja). Ya Aristóteles lo aconsejaba en su Retórica. La publicidad y la propaganda son hijas del descubrimiento de las variedades de recepciones y de receptores, y de la intencionalidad, progresivamente ilustrada, de los emisores sobre cómo convencer, persuadiendo intelectualmente y/o seduciendo emocionalmente, a la variedad de receptores de sus mensajes. La historia de la publicidad y de la propaganda muestra que la seducción emocional es más eficaz y eficiente que la persuasión racional, con la consecuencia de la paulatina preferencia por la seducción emocional, hecho preñado de consecuencias políticas, por ejemplo, en el liderazgo y en la difusión. Cuando la psicología profunda, el psicoanálisis y la psicología social se asocian a las ciencias de la comunicación, el poder manipulador del emisor crece por sobre la libertad y autonomía de los receptores. 1.a.2.) Del two step al multiple step flow (desde mediados de los 50). La teoría del two-step flow cede frente a la del multiple-step flow. Tanto como las características del emisor inicial y las de los receptores, el abigarrado mundo urbano contemporáneo muestra que los mediadores entre los emisores y los receptores son tanto o más responsables que ellos del resultado del proceso comunicacional y de las consecuencias comportamentales de esos resultados. Porque la gente, -en este nuevo mundo contemporáneo de predominancia progresiva de la facticidad no presencial sobre la presencial, y de las ideas y opiniones también no directamente absorbidas-, solo considera ‘real’ a lo personalmente presenciado o a lo que ha sido emitido por los mediadores que se sitúan entre la ocurrencia fáctica primigenia y el producto de la construcción y transformación periodística del insumo fáctico (hecho, opinión): la noticia. También considera como real a su micromundo, presencial, pero éste se vuelve cada día menor en comparación con el macro, no presencial.

La nueva realidades el conjunto de noticias (o sea de hechos puros transformados y construidos) que mediadores especializados en hacerlo han construido según reglas de conveniencia semántica, sintáctica y pragmática; ellos proclaman, con mayor o menor ignorancia, hipocresía o cinismo, que están emitiendo la realidad tal cual es a los receptores, sin alguna importancia distorsiva o recortada respecto de la ocurrencia fáctica no presenciada por los receptores pero sí por los mediadores. Enviados especiales in situ y corresponsales, aun cuando agreguen poco o nada a lo que las agencias noticiosas registran y divulgan, contribuyen con una presencialidad vicaria o sustituta con la que se acerca al receptor que no presenció la ocurrencia fáctica original a un simulacro de presencialidad indirecta que devendrá satisfactorio para esos pobres receptores contemporáneos cada vez más despojados de presencialidad respecto de lo más importante que sucede en sus vidas.

Lo mismo sucede con la nueva verdad. Las opiniones, teorías, conocimientos, creencias, que no aparecen a través de las mediaciones comunicacionales periodísticas, o bien no llegan a la vida pública, o bien son considerados poco importantes por el mero hecho de no haber sido parte de las ‘nuevas realidades’ que son las noticias como construcciones en base a hechos, neo-hechos. Por eso será tan importante obtener la hegemonía periodística para imponer una ocurrencia fáctica, idea, opinión o estado de ánimo colectivo. No puede ser verdad lo que no es parte de la realidad, esa nueva realidad que no es naturalmente tal, el neo-hecho, la noticia, pero que se vuelve más creíble que su insumo natural y fáctico; la ‘nueva realidad’ se cree más que la realidad menos elaborada porque a la ‘nueva’ se accede y a la ‘antigua’, presencial, crecientemente ya no; eso es ‘hiperrealidad para la ciencia social contemporánea, la más artifactual e indirecta pero creída como más real, accesible, que la primigeniamente real-natural y directa pero a la que no se puede acceder. Pues bien, las ideas, teorías y opiniones que sean ninguneadas, secundarizadas o criticadas por los mediadores del flujo múltiple no serán creídas por los receptores aunque los mediadores que las han ninguneado, secundarizado o criticado no sean especialistas en los temas sobre los que lo hacen; también hay una nueva verdad, que debe ser parte de esa nueva realidadpara ser admitida como opinión, creencia o teoría a considerar, siempre desde los mediadores que construyen esa nueva realidad y esas nuevas verdades.

Veámoslo con un poquito más de detención.

1.b.) La nueva realidad.

Las nuevas tecnologías comunicacionales y de transportes acercan las anteriores lejanías geográficas, y nos aproximan al conocimiento y usos del pasado, así como a la prospección útil del futuro. El mundo deja de ser ancho y ajeno. Viajes de aventuras, búsqueda de materias primas, localización ventajosa de industrias, cobertura espaciotemporalmente ampliada por servicios, comercio multiplicado; contactos inter-familiares, inter-empresariales, inter-nacionales, inter-profesionales. Se amplían los vínculos y se alimentan la curiosidad, utilidad y necesidad por al acceso a hechos e ideas para los cuales hay cada vez, sin embargo, menos tiempo y formación para absorberlos y comprenderlos espontánea y directamente.

La misma globalización, entonces, nos lleva a tener más curiosidad, interés y necesidad por mayor cantidad, calidad y novedad de hechos, ideas y tecnologías; aunque cada vez podemos acceder directamente a menor cantidad relativa de ellos, y tenemos también decreciente preparación para captarlos. A eso nos han llevado la progresividad geométrica de la posibilidad de percibir hechos, de concebir y acceder a ideas, y la de aplicar conocimientos científicos a la vida cotidiana y extracotidiana (tecnología). El homo sapiens es usado por el homo faber, y en muy buena medida se desarrolla a sus impulsos, hasta que el sapiens pudo disfrutar del nivel aproximado de ingresos, poder y estatus que solo el faber cosechó inicialmente.

Pero la utopía de la nueva realidad, proclamada como el mero registro por otros de aquello a lo que no podemos acceder directamente, no es un mero registro mecánico pasivo de ocurrencias fácticas sino una sofisticada construcción activa, que hasta escapa a la completa conciencia de la prensa y de los periodistas, construcción más compleja aún que la de nuestro conocimiento de la antigua realidad, que, ojo, también era construida. La amplia mayoría de la prensa, ignorante o hipócritamente, afirma que solo difunde una realidad que capta pasivamente con nuevos medios tecnológicos mejores que nuestros sentidos y que no modifica al registrarla. No es cierto, están construyendo activamente, más sofisticadamente, una nueva realidad, que no es la misma que la antigua que nosotros, los meros receptores pre-tecnológicos, construíamos. Es otra, nueva, que se nos impone como si, ahora sí, por fin, accediéramos a una ‘nueva realidad’ tal como accedíamos a la anterior, aunque de modo tecnológicamente superior.

La prensa no nos trasmite el mundo tal cual es sino a través de espaciotemporalmente variables y ampliados sentidos, y tal cual lo construyen nuestros conceptos; pero nos lo pasan como si fuera un mero registro pasivo y no como la construcción activa que es. La filosofía casi desde siempre lo pensó así, ya desde Aristóteles en el mundo antiguo, pasando por el Tomismo medieval y con muy clara expresión en Kant, ya en la modernidad. Esa idea sobre la prensa, o sobre el ser humano mismo, como un pasivo registrador, neutral, objetivo, ecuánime, independiente, autónomo, y difusor perfectamente plural de ideas, creencias y técnicas, tan propia del realismo positivista ingenuo como de la democracia liberal de comic-book, no existe en la filosofía; es de una irrealidad fenomenológica total.

Los verdaderos asuntos son: con qué aparato de registro y cómo nos representan y difunden hechos (nueva realidad, neo-hechos, noticias); y desde qué aparato conceptual de ideas, creencias, valores, intereses y actitudes se les dan sentido y significado a esos neo-hechos. La clave para evaluar a la prensa estará en el enjuiciamiento del aparato artifactual técnico con que se observa o difunde lo observado, y en la información acerca de la interpretación de lo dado sensorialmente por medio del aparato conceptual que inevitablemente, y más allá de lo intencional y volitivo, nos introyectan al hacernos el cuento de hadas de la objetividad, neutralidad, ecuanimidad y pluralidad del mensaje que nos envían, supuestamente carente de ideas, valores, actitudes, intereses, creencias, usos, costumbres y modas que puedan alterar la mera observación fáctica. Un problema peor lo constituirán las fuentes de las ideas, conceptos, valores, actitudes, intereses, que nos introyectará la prensa como si no fueran parte de la mediación y como si no moldearan, por medio de esas ideas, valores, actitudes e intereses, el significado y el sentido de nuestra recepción del mundo ya registrado de modo crecientemente artifactual por decreciente presencialidad. Como veremos luego, los utópicos objetivos de mediación para la obtención de una realidad imposible de lograr para el humano común, resultan en la construcción sofisticada y no confesa de una nueva realidad, cuyo peor atributo no es su artificialidad distinta de la natural pretecnológica previa, ya que ella también era artificial y construida, -aunque menos-, sino quiénes son los que pueden manipular esa construcción activa de la nueva realidad, orientando su construcción y productos, nueva verdad, mientras vociferan que no lo están construyendo ni interpretando, sino meramente registrando para bien de las audiencias que no los han podido presenciar directamente.

Es el momento de referirnos más específicamente a la ‘nueva verdad’, complementaria de la ‘nueva realidad’ en el mundo de las mediaciones de la prensa, y que ya hemos rozado.

1.c.) La nueva verdad.

Pero la otra mediación básica, el acceso a una constantemente renovada cantidad, calidad y novedad de ideas, opiniones, creencias, imágenes, la nueva verdad, también es construida, en la medida en que no todas son difundidas, ni difundidas con el mismo énfasis y apoyo por la prensa y por los periodistas; de modo que la mediación periodística hacia una ‘nueva verdad’ no solo es imperfectamente objetiva, neutral, independiente, autónoma y ecuánime porque todos y cada uno tenemos diversa propensión hacia la aceptación de todas y cada una como receptores, sino porque también los mecanismos de mediación son variables, y ni siquiera siempre conscientes ni conocidos por los mediadores.

La globalización se acelera, y las mediaciones descritas se institucionalizan en un sistema crecientemente importante e influyente; por ello, también, probablemente más rico, poderoso y prestigioso dado que satisface necesidades crecientemente importantes. Las ideas, creencias, valores, actitudes, intereses que serán crecientemente adoptados o compartidos por la gente serán los construidos como nueva verdad por la prensa, crecientemente monopólica en la satisfacción de la también creciente necesidad por acceder a nuevas realidades y nuevas verdades no tan directamente presenciales o accesibles como eran antes los hechos y los significados. Esa nueva heteronomía, además, sucede a la religiosa y se hace pasar por científica, pese a que los mediadores no tienen la mínima preparación específica en cada tema, ni tampoco la capacidad general de aprender con profundidad sobre ninguno de ellos.

La gente tomará esta incapacidad general y estas ignorancias específicas como parámetro del conocimiento y la información, aunque en realidad sea producto de la usurpación por los mediadores periodísticos del lugar que los especialistas debieran tener para la comunicación de las nuevas realidades y verdades a la gente. Deberían presentarlos, preguntarles y ayudarlos a expresarse y a hacerse entender por las audiencias; pero, en lugar de eso, su narcisismo ególatra, alimentado por su éxito como mediadores de la realidad y la verdad en un mundo progresivamente no presencial y tecnificado, los lleva a intentar jugar el papel de especialistas, confrontándolos sin capacidad para hacerlo, y cuestionándolos desde su ignorancia vocacional, traicionada por su narcisismo empoderado, convertidos en conocimiento non plus ultra por la pobre gente privada de los medios para absorber esa nuevas realidades y verdades no presenciales.

2) La prensa: perversión y bastardización de sus fines y funciones.

Pero quizás estamos andando demasiado rápido y nos estamos salteando una etapa en la evolución del periodismo en que sus funciones de mediación estaban bien servidas, en que la facticidad ocurrente pero inaccesible a la presencialidad sensorial directa se comunicaba por una ‘nueva realidad’ honesta, sustituta de la ya inaccesible, y en que las ideas, opiniones y creencias eran comprendidas y hechas accesibles de modo completo, con neutralidad, objetividad, ecuanimidad, independencia, autonomía y máxima pluralidad en los mediadores respecto de los autores y emisores primeros, ‘nueva verdad’, a los efectos de su mejor conocimiento y evaluación por la gente (receptores).

Vamos a suponer que, gruesamente, desde mediados del siglo XVIII en el occidente urbano, y hasta mediados del siglo XX, el periodismo cumple intencional y realmente con esas funciones de mediación que la globalidad hizo necesarias, y que referimos someramente antes (nueva realidad, nueva verdad).

De todos modos, Nietzsche, ya en sus conferencias de Basilea de 1872, vislumbra los vicios que desarrollará la prensa; Spencer, a principios del siglo XIX, no se dejaba entrevistar por periodistas; Ernest Burgess pelea con la prensa como sociólogo a principios del siglo XX en Chicago. Eran profetas muy criticados por las burocracias sacerdotales.

Desarrollemos de modo teórico más completo el acierto de las profundas intuiciones con las que Nietzsche, Spencer y Burgess profetizaron sobre los tan incipientes como atemorizantes inconvenientes de la prensa a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

¿Cómo se perdió el paraíso terrenal de las mediaciones que servían intereses colectivos en un mundo globalizado, translocalizado? ¿Qué pecados y serpientes tentadoras perturbaron esa idílica realidad, ese mundo pensable como arcadia?

Creencias, ideas, valores, intereses, actitudes, serán crecientemente parte de las mediaciones, una vez que se consensúa la importancia de los mediadores periodísticos para la construcción e introyección de la nueva realidad y de la nueva verdad, luego cotidianamente encarnadas en la opinión pública y el sentido común. Los mediadores son cada vez más relevantes para definir una realidad cada vez menos directamente presencial, ‘nueva realidad’; serán también constructores de los nuevos sentidos y significados del mundo como significante, de la ‘nueva verdad’. Quien consiga comprar, cooptar, convencer, coincidir o converger con los mediadores sobre la realidad y la verdad tendrá una enorme probabilidad de que esa nueva realidad, artifactual e indirecta pero creída como única, hiperrealidad, sea la adoptada por los receptores como única realidad y verdad, que sea naturalizada como tal como sentido común y la opinión pública. El nivel de formación general y específica de los mediadores no debe permitir que los emisores profundos sean cuestionados, ni en sus realidades, ni en sus valores, ni en sus intereses, ni en sus conceptos, por los mediadores, que deben ser solo eficaces correas de trasmisión para los emisores de hechos, ideas, creencias, valores, intereses y actitudes hacia los receptores.

Para que la oligo-oferta de los emisores de creencias, valores e intereses se conviertan en demo-demanda de los receptores, se necesita que los mediadores constructores de las nuevas realidades y las nuevas verdades coincidan, se convenzan, les interese o les convenga la realidad y la verdad que los emisores poderosos necesitan; porque así se convertirán, mediante ese nuevo poder simbólico de la mediación-prensa, en las realidades sobre las cuales se piensa, hace y siente (the talk of the town, the agenda setting, main streams) la opinión pública y el sentido común; nuevas realidades introyectadas como tales que son interpretadas y evaluadas desde la también introyectada nueva verdad.

En realidad, la prensa fue: 2.A) en parte, víctima de su propia importancia y de su éxito como institución humana nueva y funcional a la evolución civilizatoria y a la progresión cultural: de ahí sus principales fuentes exógenas de perversión 2.A.1.: su comercialización (2.A.1.a.) y su politización (A.1.b.); y 2.B) produjo su fuente endógena de bastardización: el narcisismo egocéntrico de periodistas empoderados por su éxito profesional e institucional. Estos procesos serán las principales piedras que están obstaculizando el desempeño y resultados de mediaciones que siguen siendo tanto o más necesarias como cuando su aparición institucional a fines del siglo XVIII.

Pero tan importantes como esa perversión y bastardización de la prensa, producto parcial de su éxito institucional y funcional, son (C) los progresos de las ciencias sociales y de las neurociencias, que posibilitaron una manipulación cada vez mayor y mejor de la recepción de los mensajes y de los mediadores, para que coincidan o acepten, idealmente por proyección e identificación introyectada, la intencionalidad de los emisores. Aunque en este rubro no podemos entrar dentro de los límites de este trabajo, digamos simplemente que esa manipulación psicosocial y comunicacional no es solo de las modalidades de recepción y de los receptores sino también de los mediadores del flujo múltiple de comunicación. Perversión, bastardización y manipulación científica del flujo comunicacional múltiple (emisores, mediadores, receptores) son los nuevos problemas. Objetivo final del operativo: la transformación de las mediaciones deseadas por los emisores en opinión pública y sentido común para los receptores, poder simbólico mutuamente potenciado de emisores y mediadores sobre receptores, a los que cínica o hipócritamente se los reverencia como soberanos, cuya sagrada demanda se serviría puntualmente mediante esa oferta en contenidos y formas.

2.A.1.) Fuentes exógenas de perversión de los contenidos y fines de los mediadores comunicacionales.

Cuando el mundo comercial y el mundo político adquieren conciencia de la importancia creciente y central que los mediadores periodísticos están adquiriendo para conformar la realidad creída como tal, y la verdad aceptada como tal, las utopías inaugurales de la prensa de fines del siglo XVIII decaen como vectores de idealidad, y se ven erosionadas por dos lógicas que interfieren fuertemente con su persecución: la comercialización y la politización de los contenidos y de sus formas de difusión. A.1.) Perversión exógena de las mediaciones, en especial las de esos mediadores: 2.A.1.a.) La comercialización de contenidos y formas: no se focaliza lo importante y demandado sino que se viste de importante y demandado a lo lucrativo; 2.A.1.b.) La politización de las mediaciones, las líneas editoriales variadamente impuestas. Se difunde lo que (contenidos) y cómo (formas) conviene a la línea editorial político-ideológica.

Las nuevas realidades y verdades resultarán de una síntesis variable entre los intereses comerciales y las convicciones político-ideológicas, muy frecuentemente mutuamente potenciados, aunque a veces conflictivos.

2.A.1.a.) Comercialización.

Cuando comienza a percibirse que los nuevos mediadores de la información no presencial tienen creciente número de receptores, inicialmente lectores, luego oyentes y lectores, más tarde aún audiovidentes, oyentes y lectores, -incluyendo la variedad más reciente de ‘redsocialitas’-, se empieza a pensar en la comercialización de los espacios y tiempos en los respectivos medios en los que se comunicaban a los receptores finales las ‘noticias’ resultantes de todo el proceso de búsqueda, obtención y elaboración de las mismas. Está claro que todo el proceso tenía costos fijos y variables que había que pagar, con el agregado de las corresponsalías y la actualización tecnológica que permitía sobrevivir en la actividad, desarrollarse en ella, y competir con eventuales colegas, y un plus mínimo para los operadores envueltos.

Se empieza entonces a descubrir, primero por intuición y empatía, luego por investigación científica, que hay temas que concitan más audiencia y demanda a futuro; quizá otros tan o más importantes no producen ni esos rátings ni esas demandas a futuro; no sorprende que quienes invierten y gastan en los costos de producción tiendan a privilegiar la información sobre los temas que concitan más audiencia puntual y más demanda probable. El desarrollo de la investigación de mercado se generaliza desde mediados de los 40, generalizándose al occidente urbano ya a principios de los 60, y perfeccionando los métodos.

Muchos textos de teoría de la comunicación informan cuáles son los temas más remuneradores de ‘selección semántica de contenidos’. Así también se va codificando conocimiento sobre qué formas comunican contenidos más atractivamente que otras, lo que puede consultarse en diversos textos como ‘formas de articulación sintáctica y pragmática de contenidos’, o similares. Los receptores están, al menos prospectivamente, en el horno; porque si en un principio se trataba de llegarles lo mejor posible para que entendieran y no se aburrieran, seleccionando mediadores y puesta en escena atractivos, en el futuro la selección semántica, sintáctica y pragmática de contenidos y formas podrá ser artifactualmente digitada, por medio de la manipulación de los receptores, una vez que las ciencias sociales y las neurociencias progresen en el descubrimiento de qué profundidades de la historia personal y social llevan a qué demandas y fidelidades comunicacionales. Hoy día, cualquier buena universidad norteamericana tiene cursos curriculares destinados a construir los deseos, sueños y ensueños de los pobres mortales; y a enriquecerse satisfaciendo con ofertas que en realidad responden a demandas construidas o construibles. La mediación de la prensa no se preocupa tanto de la captación de la nueva realidad no presencial que los receptores desean captar indirectamente por medio de actores específicos tecnológicamente equipados que se la proporcionarían, sino, más bien, de trasmitirles lo que es comercialmente más rentable, no necesariamente lo más importante o inmediato, pero sí lo que es más eficiente desde el ángulo del costo-beneficio.

La nueva realidad, entonces, tiende a ser más aquélla con la que mejor se lucre y no tanto la más deseada o la más importante; de cualquier modo, ya podrá ser convencida la demanda de que esa es la ‘nueva realidad’ que debe consumir si no lo fuera y si fuera la más comercializable. Aunque no hay que cargarle demasiado las tintas a la prensa por una supuesta selección hiper-comercial de los contenidos y de sus formas sintácticas y pragmáticas de comunicación, porque el gusto popular no es exquisito y sí melodramático. Y, como afirmó duramente Umberto Eco, ‘el público perjudica la televisión’.

Entonces, desde la comercialización progresiva de la mediación periodística, la realidad que recibimos no es necesariamente lo más cercano a su totalidad ni a su importancia, sino la más comercializable; comercializable porque justamente esta hambre por una realidad no presenciable lleva a que la demanda por esos sustitutos de realidad que la simulan sea un lugar cada vez mejor para ofrecer bienes y servicios; y será mejor o peor sitio en la medida que registren hechos que concitan audiencias, por sus hechos y por las formas en que se cubren.

Por eso los partidos de fútbol tienen propaganda estática y dinámica como fondo; los jugadores visten propaganda; los intervalos son espacios publicitarios; los relatores y comentaristas hacen locución comercial; cada vez se sobreponen más avisos en la pantalla, obstruyendo cada día más la visión de los partidos; cada vez anuncian los horarios de los partidos más alejados de la hora real de comienzo, para que te comas propaganda; y te ponen la propaganda a más volumen que relatos y comentarios. El ráting es una de las guías para la colocación de publicidad y propaganda. No se percibe ni persigue la realidad total ni la importante sino la que consiga rating y con él ingresos comerciales.

La utopía de la nueva realidad no presencial tecnológicamente mejorada se matiza fuertemente con la búsqueda de las noticias más comercializables, quizás las precedidas de un mejor rating. El mal gusto de la demanda, retroalimentado por la obsesión comercial de los medios, produce un círculo vicioso que erosiona a los dos tipos de actores: la demanda es llevada a creer que lo que está en los medios es lo que más vale la pena de la realidad ocurrida, sin cuestionar o saber de la motivación comercial como motivo de elección; de modo que, al final, la demanda es domesticada para hacer que se crea que la oferta es lo mejor de lo que se demandaría; es como la gente, cada vez más común, que cree que lo mejor en música es lo que tiene más visitas o likes, no lo que opinen los especialistas o lo que puede sugerir una apreciación culta y formada independiente. Como compensación, la oferta, que ha cooptado la demanda, puede argüir que lo suyo es oferta satisfactora de la demo-demanda soberana, que quiere eso. Es el principio del fin de las democracias políticas: la demo-demanda ha sido cooptada por la oligo-oferta, de tal modo que la oligo-oferta puede argumentar que no busca su interés sino lo que el demos quiere; la demo-cracia, como imposición de la demo-voluntad sobre la mono u oligo-voluntad, es un adorno del pasado. Ahora, ya las ciencias sociales y las neurociencias han conseguido que la demo-voluntad y la demo-demanda sean la oligo-voluntad y la oligo-demanda, con la ventaja de que la oligo-oferta puede argumentar que está satisfaciendo la demo-demanda, que manipuló y ahora explota con la ayuda de una democracia concebida para momentos históricos en que la soberanía popular luchaba por imponerse como demos, opuesto a un oligos; ya no se oponen, no tiene más sentido oponer demo-cracias a mono u oligo-cracias, ya no hay casi oposición ni entonces lucha. Lo que ya vimos: la mono u oligo-oferta se mimetiza por la demo-demanda; la oferta se convence de que su selección comercial en nada violenta la demanda. La degradación de la comunicación de la nueva realidad es cuasi y tendencialmente consensual; emisores, mediadores y receptores se indiferencian tendencialmente, para bien de emisores y mediadores, y sufrimiento pasivo de los receptores, que no lo sufren como actores; más bien están distópicamente felices; solo los observadores lúcidos lo ven así; por lo demás, rige lo de Eco y García Canclini. Porque ya vimos que nunca fue tanto el sufrimiento de los receptores, ni les importa tanto tampoco saber por qué les ha venido a gustar lo que les gusta; no difiere tanto el gusto espontáneo del manipulado, sí del distinguido, culto; el lirismo voluntarista del buen salvaje virtuoso mancillado por el monstruo civilizado y poderoso es un fuerte y resistente mito zurdo, equivocado por anacrónico. Un millenial que usa los championes de moda, el celular de moda, jeans de moda, remera top, brackets, peinado de colores al uso, que come los nuevos alfajores bajoneros y frecuenta las aplicaciones de contacto vigentes piensa que así está siendo auténticamente sí mismo, encarnando su más profunda individualidad irrepetible y neo-romántica; solo se siente auténtico cuando está totalmente alienado, su individualidad y singularidad únicas consisten en su máxima inmersión en la gregaria multitud, su personalidad es su máxima despersonalización. Los medios construyen esto, en buena parte con la comercialización perversa de su utopía de comunicación de una nueva realidad.

Los comerciantes se interesan comprensiblemente en convencer a los mediadores, de influirlos o financiarlos, ya que ellos sabrán cómo son los receptores, sus demandas, sea para adaptar a ellos su oferta, sea para modificarlas con técnicas nuevas de manipulación del imaginario y los deseos, ancladas en ciencias sociales, psicología social, psicología profunda, psicoanálisis y neurociencias. Empiezan por conocer a fondo el imaginario y deseos para evolucionar luego hacia su fabricación. Otra vez:  demanda y oferta pierden su radical distinción fundante de la vieja economía de mercado, la opinión pública y el sentido común no se oponen más como demo-demanda distinguible radicalmente de la oligo-oferta, ni como demanda soberana que exija su satisfacción por la oferta; la teoría de la soberanía popular y de una supuesta demo-cracia que impide que una mono u oligo-cracia satisfaga sus más estrechos y exclusivos deseos pierde utilidad y distintividad política si el imaginario y deseos profundos del demos han sido pre-fabricados por mono u oligo actores a través de mediadores que construyen la realidad y la verdad para bien de intereses comerciales y políticos, con los que lucran de modos diversos, claro, oferta-emisión, demanda-recepción y mediaciones, que tienden a indiferenciarse.

La demo-demanda es llevada a coincidir con la oligo-oferta, en feliz simbiosis cultural y civilizatoria, que, por un lado, anula la esencia de la demo-cracia como alternativa a mono u oligo-cracias, y, por otro, produce la inquietante realidad de que un millenial no considere que su individualidad profunda y generacional esté satisfecha hasta que no usa y consume todo lo que todos son llevados a desear para sentirse únicos y actuales. Perfecto oxímoron: cuanto menos únicos son tus deseos más ‘tú mismo’ te sentís, o afirmás. Es la alienación tendencial perfecta de la sociedad de consumo.

2.A.1.b.) La politización de contenidos y formas de la mediación periodística.

Pero no solo la utopía de la prensa como mediadora de una nueva realidad es erosionada por nuevos actores que ven las posibilidades comerciales que esas mediaciones les ofrecen; también la utopía de la comunicación de nuevas verdades se ve pervertida por otro mecanismo entrópico en la mediación periodística: la politización de los contenidos, la editorialización político-ideológica de los hechos, y de su interpretación desde creencias, valores, intereses, actitudes que se comunican como nuevas verdades junto a esas nuevas realidades, dándoles sentido y significados, ya no sola ni principalmente con interés comercial. La nueva realidad y la nueva verdad simulan facticidad y pluralidad pero la construyen y difunden profundamente comercializados y politizados, sectariamente, más que nunca y crecientemente.

Si los comerciantes vieron la oportunidad y conveniencia de publicitar y propagandear sus bienes y servicios por intermedio de la mediación periodística que conformaba la nueva realidad, y concitaba crecientes rátings, los políticos no tardarán mucho en intentar lo mismo a través de la construcción de la nueva verdad por la misma mediación periodística; hasta porque extrae de entre ellos a los suyos. La nueva realidad de los hechos se construía mediante progresos tecnológicos que forjaban una nueva realidad que era inaccesible a la experiencia directa de los receptores, aunque se distorsionaba crecientemente debido al aumento de los intereses comerciales en la selección de los contenidos y formas que exhibe el producto específico de la nueva realidad: la noticia periodística.

La nueva verdad, mediante la cual le damos significado, sentido y valor a esas nuevas realidades, también estará construida fundamentalmente por los medios de comunicación; nuestras creencias, valores, intereses, actitudes serán crecientemente las mostradas y enunciadas en los medios y por sus mediadores; si se quieren imponer ideas, valores, candidatos, planes y medidas políticas habrá que hacerlo cada vez más por la mediación de la prensa y de los periodistas, aunque no exclusivamente así, claro. Y que no se piense que ‘politización’ como inmersión en la línea editorial político-ideológica significa ‘compra’ de voluntades por medio de remuneraciones. Hay muchos otros motivos o causas por las cuales se alinean políticamente los mediadores: proximidades al poder, carrerismo bajo el ala de poderosos, mayor facilidad para obtener exclusividades como materia prima de noticias, lograr preferencias en coberturas, viajes a eventos, estatus diferenciales coyunturales o más permanentes, estar del lado de mayorías silenciosas, no sufrir discriminaciones por ser parte de minorías, tantas veces ninguneadas o secundarizadas, alcahuetear selectivamente, etc.

Los contenidos y formas de las noticias resultan de una mezcla variable del interés comercial por los hechos focales (nueva realidad) y la adecuación de su sentido y significado a las líneas editoriales político-ideológicas (nueva verdad).

Las utopías primigenias de objetividad, neutralidad, ecuanimidad, independencia, pluralismo y autonomía que instituciones, con especialistas para ello, alentaban para informar y mediar sobre nuevos hechos fuera del alcance de la sensorialidad directa, presencial, de la gente (nueva realidad), y sobre nuevas ideas, creencias, valores, invenciones, actitudes, (nueva verdad) se han ido pervirtiendo y bastardeando, alejándose de esas utopías e iniciando caminos distópicos. En parte como víctimas de su propio éxito social, en parte debido a los descubrimientos de nuevas ciencias del comportamiento, sufren un proceso exógeno de perversión de sus fines y funciones debido a la excesiva comercialización y politización de sus procesos y productos.

Pero a esas perversiones distopizantes se suma una bastardización de sus actores, los mediadores-periodistas.

2.B.) La bastardización de los mediadores: la narcisización egocéntrica de los periodistas.

Merecidamente exitosos por sus útiles mediaciones en la globalización, no aceptan más ser meros mediadores, sino que pretenden igualarse a los especialistas, a los cuales deberían mediar para el acceso de la gente como receptora a los nuevos emisores y a sus nuevas ideas, opiniones, teorías; y no sustituirlos, con enorme pérdida de profundidad en los contenidos comunicados.

Además de sufrir los procesos exógenos de perversión por comercialización y politización, sufren un proceso endógeno de bastardización porque el éxito de la institución de la prensa y de sus mediadores periodistas los lleva a olvidar sus específicas tareas de mediación entre los hechos y la gente (noticias sobre la nueva realidad), y entre las nuevas ideas, creencias, valores e invenciones y la gente (noticias sobre la nueva verdad), que le dan significado y sentido a la nueva realidad.

Esa dinámica de narcisización egocéntrica de periodistas y prensa los lleva a usurpar progresivamente el papel de los especialistas temáticos, diluyendo su importantísimo y exitoso papel de mediación que el mundo contemporáneo les había requerido. Olvidando que su vocación y especialidad es precisamente el no saber profundamente de nada, ni estudiar a fondo nada, exactamente para saber de todo el mínimo suficiente como para mediar entre noticias y especialistas diversos (emisores) a los efectos de ayudarlos a comunicar mejor sus conocimientos y a formularles mejor las dudas y preguntas de la gente, los receptores. Sin embargo, se inflan hasta sustituir a los especialistas, al punto de enfrentarlos y discutirlos, usurpando su lugar para mal de los receptores. Porque los especialistas, profesionales y académicos no dependen en nada de los que los periodistas digan y hagan con ellos y lo que afirman; la que pierde es la gente, que recibe solo vulgaridades y mediocridades de neófitos, que, en lugar de mediar a los que saben , los eliminan, critican o deforman, o porque no los entienden o porque quieren hacerles creer a los receptores que eso que ellos dicen es la realidad y la verdad, sea afirmada como dicha por los que saben, sea negada desde su atrevida ignorancia; sobre todo cuando han sido cooptados comercial y/o políticamente. No se puede criticar a un anunciante ni a un colega político, no importa lo que haya hecho o dicho; eso ya es una extraordinaria mordaza para las mediaciones y para el saber de los receptores. Porque los mediadores-periodistas no solo son especialistas en no saber profundamente de nada, sino que esa misma superficialidad los incapacita hasta para poder formarse con profundidad en nada, si quisieran acercarse al nivel de los especialistas que atrevidamente y para mal de las audiencias se saltean y cuyo lugar usurpan. Ni saben en profundidad de nada ni podrían saberlo porque no están preparados para saber mucho de nada, sino casi nada de todo; pero para cumplir mejor una importantísima función de mediadores de la que reniegan por resentimiento de estatus frente a los emisores que debieran mediar.

Tienen complejo de inferioridad y envidia, en su ‘lucha por el reconocimiento’, frente a los académicos, profesionales y especialistas, olvidando que su función de saber solo un poquito de todo para poder mediar entre los especialistas y la gente, es tan importante en el mundo contemporáneo como la función que tienen los especialistas en una o pocas cosas. Obtenido el reconocimiento como actores mediadores de nuevas realidades y nuevas verdades, no se resignan a ese estatus: quieren mirarse en espejos más prestigiosos de otros; el prestigio de los periodistas es el de nuevos ricos, parvenus, que aspiran a emular la distinción de otros prestigiosos más antiguos y elevados. No tienen formación para eso, ni para entender nada de profundidad especializada; pero en lugar de luchar para llegar a profundidades a las que no tienen por qué llegar y a las que no están preparados para llegar, prefieren engañar y desinformar a la gente pasando por especialistas que hasta cuestionan a algunos a quienes, en preparación general y específica, no les llegan a la suela de los zapatos.

Amparados engañosamente en su habilidad para desempeñarse en público y con micrófonos y cámaras, quizás hasta retóricamente dotados a veces, usurpan a los especialistas y se incluyen como tales -o al nivel de tales- en paneles y mesas redondas en las cuales solo deberían desempeñar papeles de coordinación, ordenamiento y estímulo formales, y no de información y formación sustantiva de opinión. O usan su impunidad desde micrófonos y cámaras, y la ley de prensa que ampara sus inmoralidades colectivas, para obstaculizar el acceso de la gente a las nuevas realidades y a las nuevas verdades, que deberían facilitar, cediendo a las distopías perversas de la comercialización y politización, y a la bastardización de realidades y verdades que alienta su narcisismo egocéntrico y voraz, si no rapaz.

En lugar de desempeñar sus funciones originales y de perseguir sus utopías primigenias, los mediadores obstaculizan el contacto de la gente, de los receptores, con las nuevas realidades y las nuevas verdades que el mundo moderno haría de crecientemente difícil acceso, y con sus especialistas, haciendo lo contrario de lo que el mundo necesita de ellos, y a cuya dedicación inicial exitosa deben el nivel de ingreso, poder y prestigio que merecidamente adquirieron. Son, paradojalmente, mediadores que alejan del movimiento de las nuevas realidades y de las nuevas verdades; pervierten su mediación comercializándose y politizándose; bastardeando sus funciones con narcisismos egocéntricos, envidiosos, que emulan distinciones inalcanzables. Los ‘mediadores’ se están volviendo ‘obstructores’ y/o ‘manipuladores’, cooptados comercial y/o políticamente, y envidiosos del estatus de aquellos emisores que deberían mediar hacia los receptores, buscando ‘reconocimiento’ como especialistas, que ni son ni podrán ser, y no como mediadores, que ya les ha dado buen prestigio, ingresos, poder y estatus. Pero quieren más y se están pasando de revoluciones, de rosca, se fueron de mambo, agarraron viento en la camiseta, se la creyeron, inflaron sus egos, se dan manija, se invitan mutuamente como especialistas y como personajes interesantes, fungiendo de ‘famosos’ aunque no sean más que ‘conocidos’, si es que eso fuera una virtud, mérito o blasón. Es tiempo de que recapaciten y no provoquen a los especialistas y académicos, que, no solo no dependen en nada de los periodistas para su carrera profesional y académica, sino que tienen los medios endógenos, y, más recientemente los medios públicos (i.e. redes sociales) como para escapar-a y descalificar a los periodistas que traicionen sus funciones de mediación, usurpen las funciones de profesionales, académicos y especialistas, y obstruyan así la información y formación de la gente, a lo que original y específicamente nacieron para contribuir como institución y profesionales.

3) Un ejemplo de estos días: de buen y de mal periodismo.

Muy recientemente hubo un episodio en 4 capítulos que ilustra bien todo lo dicho.

Capítulo 1, Montevideo, mediados de noviembre, 2020: algunos especialistas, académicos y profesionales universitarios se reunieron en una charla pública, en la Librería Babilonia, T.Narvaja entre Colonia y Mercedes, para manifestar sus discrepancias con la cientificidad del conocimiento aceptado, en cuanto tal y en cuanto respaldo científico a  medidas sanitarias y comunicacionales también criticables respecto del sars-Cov-2, covid-19. Evento de libre expresión pública de especialistas, académicos y universitarios, estudiosos del tema que abordaban, cuya buena cobertura periodística podría aportar al necesario debate público sobre temas de gran interés actual. Dichos profesionales, con este acto gratuito, devolvían a la comunidad parte de lo que habían recibido de ella en impuestos que habían permitido su formación universitaria gratuita. Su nivel debería ser destacado como incentivo para hacer la cobertura periodística del evento, que podría así llegar a más gente, con lo que los periodistas cumplirían la importante función específica que deberían desempeñar en tiempos de nuevas realidades y nuevas verdades, que necesitan mucho de ella, como vimos.

Capítulo 2, Montevideo, fines de noviembre, 2020: mal periodismo. Unos periodistas, Daniel Figares y Leonardo Haberkorn, desde una audición radial matutina, lejos de trasmitirle a la gente los contenidos vertidos en el evento, critican a los especialistas, académicos y profesionales universitarios, los citan oral y amputadamente, descalificando lo que dijeron; pero, además, manifestando que no debatirían con ellos. Los periodistas no actuaron como tales sino como pseudo-especialistas que usurpan el carácter de tales, pasándole gato por liebre a sus audiencias radiales. Nunca estudiaron nada en profundidad, se especializan en no saber profundamente de nada sino solo lo mínimo necesario como para relacionar a sus oyentes con hechos y especialistas de su interés; pero se atreven, increíblemente, a afirmar que lo dicho en el evento era contrario a la ciencia, sin saber nada sobre ella, sin siquiera percibir (bueno, sería pedirle peras al olmo) que el evento justamente apuntaba a criticar a lo creído como ciencia, y que no era indiscutiblemente tal, como se creía erróneamente. Menos mal que los que hemos estudiado en profundidad cosas, acá y por todo el mundo, no somos para nada afectados por los dichos de quienes no han estudiado nada en profundidad, ni acá ni en ningún lado. Nuestra carrera, ingresos, poder y prestigio son, afortunadamente, inmunes a delirios de estatus periodísticos. De modo que tomamos las cosas como de quienes venían y no hicimos nada que no fuera seguir estudiando y publicando sobre esos temas, como siempre; al revés de los periodistas, que siguen hablando porque el aire es gratis y porque el periodismo es una muy importante función y tarea en el mundo moderno, pero siempre que acerque a sus audiencias receptoras al conocimiento de los que saben y no los condene a oír ignorancias o deformaciones de eso. Y además hacen gala de una insolente cobardía al expresar, muy ufanos de ello, que no discutirían de lo que no sabían con los que sí sabían de ello. Los oyentes, eufóricamente agradecidos a quienes les ocultan el acceso a los que saben, y les reducen sus conocimientos a la ignorancia de los periodistas. Por las dudas, los privan de un debate con los que saben; y comprensiblemente, porque de hacerlo se llevarían una goleada, lo que les haría perder oyentes, por ende anunciantes, y arriesgar así su continuidad en el comando del programa. Muy mal periodismo, del afectado por las perversiones comerciales y politizadas, y por el narcisismo egocéntrico de los periodistas, bastardeando los contenidos a disposición de los oyentes. Un ejemplo perfecto, vivo y actual de la decadencia de la mediación periodística en el mundo que estamos viviendo; la defensa ignorante pero obsecuente de lo políticamente correcto, que defiende los ingresos comerciales y ‘coloca’ convenientemente en el ruedo político, con narcisismo egocéntrico del ignorante que no acepta su carácter de tal frente a los que saben tanto más que ellos. Un ejemplo de las 2 primeras partes del trabajo.

Capítulo 3, Montevideo, comienzos de diciembre, 2020: El Dr. Aldo Mazzucchelli, catedrático de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, desde las páginas de la página digital Uypress, defiende los dichos de los periodísticamente criticados, su derecho e idoneidad para expresarse sobre esos temas, y critica el atrevimiento de dos periodistas, neófitos en esos temas y sin formación alguna habilitante, para criticarlos y, peor, descalificarlos, peor aún si se proponen autoritaria y cobardemente no polemizar con los espiados, criticados y descalificados sumariamente. Como vimos, ejemplo de lo dicho sobre la perversión y bastardización de prensa y periodistas. El Dr. Mazzucchelli, con la mejor formación posible, catedrático universitario como otros de los especialistas difamados, prolífico escritor, quizás sintió que compartía la mayor parte de los dichos expresados en ese evento, un elemento más en un fluido intercambio de especialistas en la pandemia, y probablemente se sintió agraviado por ignorantes que se comedían a calificar a especialistas sin saber nada comparable a los que ellos saben, de eso y del mundo en general, ya que no eran especialistas en no saber de nada en profundidad como los periodistas, sino justamente lo contrario. Al no haber podido comunicar sus coincidencias básicas con sus colegas en el evento, los expresó en Uypress. Explicable reacción, tan entendible como el evento referido; lamentablemente el anti-periodismo con el que se ‘cubrió’ dicho evento es también explicable; todo este trabajo trabaja la comprensión de la decadencia del periodismo como mediación social importante; y esa conducta nos da un ejemplo actual y vivo de mal y decadente periodismo.

Capítulo 4, Montevideo, mediados de diciembre, 2020: buen periodismo. Pero, como en las telenovelas nocturnas de final feliz, no está todo perdido con la prensa; se puede escapar a esa decadencia, tendencial pero no ineluctable. Los mismos periodistas decadentes arrean banderas y hacen una audición citando a especialistas, que elogian otro artículo de Mazzucchelli sobre la fragilidad y endeblez del modo como se estaban haciendo los tests para inferir de ellos con cierta seguridad enfermedad o contagiosidad, cuestionando la adopción de medidas sanitarias contra los imperfectamente diagnosticados y victimizados con medidas de bajo sustento científico; clama porque los testados sepan a cuántos ciclos fue hecho el corte para el test, porque de ello depende el diagnóstico válido de enfermedad y de contagiosidad desde el mote de ‘positivo’ que arroja el resultado del test. Los especialistas concuerdan con lo dicho por Mazzucchelli y explican lo que piensan del umbral de corte usual, y de los recaudos que se estaban tomando clínicamente sobre los positivos en la actual coyuntura de la pandemia. Aquí tenemos un buen ejemplo de acertada actuación periodística: tomaron el artículo, leyeron algunos trozos (sin embargo, no parecía que entendieran bien, dado su balbuceo), los sometieron a especialistas que opinaron en vivo oralmente, y esos peritos aprobaron el artículo de base, agregando matices al ciclaje de los tests y al manejo práctico de los tests como parte de la atención clínica intensiva. Muy buena información para los oyentes sobre lo que está pasando hoy con la pandemia y las cosas dudosas o discutibles en ella. Les faltó subrayar el acuerdo de los especialistas con el artículo, que los mismos expresaron, e invitar al elogiado autor a explayarse, sobre todo que él apoyó a los defenestrados iniciales. Y que también criticó la negativa a priori a debatir con los ofendidos. Pero como antes habían criticado sin base, y orinando fuera del tarro, al mismo elogiado autor, quien había defendido a los especialistas criticados por neófitos periodistas, y hasta anunciando que no debatiría con quienes opinaban distinto (esencia del anti-periodismo mediador), no se animaron a dar el mejor paso que podrían haber dado para bien de sus oyentes: convocar y debatir con aquellos a quienes atrevidamente criticaron, probablemente porque sufrirían una goleada en público, y sus audiencias se desencantarían de ellos; como vimos, es muy peligroso para ellos hacerlo; en cambio, los especialistas, académicos y profesores universitarios no correrían ningún peligro, al contrario que los periodistas, debatiendo, porque saben de sus temas, y no dependen de la prensa ni de las audiencias para su supervivencia. De todos modos, en esa nueva audición actuaron bastante correctamente, como periodistas, mediando y buscando emisores calificados para enriquecer a su audiencia, y respetando a los especialistas sin inflar sus egos para elevarse a su nivel, sabiendo que los olmos no dan peras, cosa que no siempre recuerdan. Aceptable periodismo, luego de desempeñar un mal periodismo antes y más o menos sobre los mismos asuntos. Que persistan en la línea de la segunda audición, del periodismo más común antes, y que eviten el mal periodismo de la primera, que se va imponiendo, para mal de las audiencias, desafortunadamente.

Quedará para una próxima nota el papel de las redes sociales en esta evolución de las mediaciones desde hechos y conceptos nuevos, desde emisores calificados hacia receptores ávidos. Solo anotemos que en parte compensan algunas perversiones de la prensa, pero siempre con el grave problema de su fatal influencia expresiva y la degradación cultural y civilizacional a la que mayormente contribuyen. Aunque producen nichos de fuga de la decadencia de la prensa, valga decirlo. Pero queda para otra, para usted que ya ha leído tanto.


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