ENSAYO

El 11 de Julio del año de 2021 el tenista serbio Novak Djokovic ganó su sexto torneo de Wimbledon y su torneo de Grand Slam número veinte. La gran prensa suele repetir al unísono números y lugares comunes, intentando reducir todos los fenómeno deportivos y humanos a cifras y algoritmos, a estadísticas que parecen descifrar todo; números que pasan de largo por la esencia, la belleza y el sentido final de un deporte como el tenis. Cifras, estadísticas, gráficos, números…Periodistas que, en su afán de ser meros repetidores de las máquinas, no percibieron que Djokovic es el mejor jugador de tenis del mundo desde el año de 2011, cuando ganó 3 torneos de Grand Slam (Australia, Wimbledon y Estados Unidos).

Por Mauro Baptista Vedia 

Voy a argumentar aquí en estas líneas porque Djokovic es para mí el más grande jugador de su generación. No de la historia, pues considero, igual que el mismo Novak, que comparar deportistas de épocas muy diferentes es algo bastante inútil, complejo y hasta deshonesto. El lector estará de acuerdo que nunca como en estas últimas dos décadas la prensa realizado elogios en varios deportes afirmando que tal o cual atleta es el más grande de la historia o el goleador más grande. Cristiano Ronaldo, Messi, Schumacher, Lewis Hamilton: todos dinamitan los números de sus antecesores. Faltan casi siempre en estos análisis sin el menor contexto histórico, económico y social; falta llevar en consideración que estos atletas son máquinas de ganar dinero y tienen un conjunto de asesores, médicos, preparadores físicos y sicólogos que sus antecesores no tenían. 

Es en ese contexto que quiero analizar la trayectoria impar de Novak Djokovic y sus 20 torneos de Grand Slam, 36 torneos de Master Series, 5 Masters y todos aquellos que seguramente el serbio ha de conquistar. Djokovic es un gran jugador que surge en la segunda mitad de los años dos mil, cuando el tenis es dominado por dos monstruos como Nadal y Federer en su auge físico y técnico.  Uno, el suizo, el jugador más técnico y refinado que tal vez haya existido jamás; por o menos desde inicio de los años 70; un Maradona del tenis, sin sus adicciones y su autosabotaje. Otro, el español, posiblemente el jugador con más fuerza mental y física que jamás haya existido (un verdadero pac man cuando era joven, capaz de correr y correr sin cansarse jamás) zurdo y dueño de un estilo poco vistoso, pero extremamente difícil, con sus bolas altas, profundas y con enorme top spin.

Cuando Djokovic logra ganar su primer Grand Slam en 2008, el Abierto de Australia, Nadal tenía 22 años y Federer 27. El suizo tenía doce Grand Slam, el español seis.  En seguida que llegó al circuito el serbio, que siempre impresionó por su autoconfianza, declaró que había llegado para ganarle a Federer y Nadal, no sólo para competir.

Para practicar cualquier deporte tenemos que contemplar lo físico, lo técnico, lo táctico y lo mental. Esta dimensión mental, siempre subestimada, ha cobrado en las últimas décadas muchísima importancia en todos los deportes. En el fútbol uruguayo, nadie discute que Fabian O´ Neil era un fenómeno técnicamente, limitado en lo mental y emocional. Ya Diego Forlán tenía limitaciones técnicas, (comparadas con fenómenos naturales como O Neil, Recoba y otros), compensadas por lo físico (dotes naturales que heredó del padre), y sobre todo por lo mental y emocional. Su desempeño en el mundial de Sudáfrica fue el fruto de una determinación, inteligencia y profesionalismo totalmente fuera de lo común en el fútbol uruguayo, amparado claro, en el proyecto de Oscar Tábarez. Cuando el cuadro es una “murga”, no hay jugador que se salve. Diego Lugano es otro ejemplo de carisma, inteligencia fuera de lo común, determinación, sabiduría, que catapultaron su talento futbolístico a dimensiones tal vez por el mismo no esperadas.

Si hay un deporte que ejemplifica mejor que otros la dimensión mental y emocional, es el tenis. A partir de cierto nivel técnico y físico de alta competencia, el tenis es, sobre todo, un deporte mental. El tenis es un apenas en apariencia un deporte fundamentalmente físico y técnico, donde lo fundamental es correr bien la cancha y poseer una variedad de buenos golpes: saque, drive o derecha, un revés ofensivo y otro defensivo (el slice), saber jugar en la red, etc. En el tenis, la fortaleza mental es determinante. Fortaleza mental y, arriesgaría decir, espiritual, entendiendo esta como la unión entre el físico, la mente y el alma. La carrera de Djokovic es privilegiada para probar tal hipótesis

Novak Djokovic es un extraordinario atleta mental. Dueño de una inteligencia superior, habla que en los primeros tiempos puede haberle jugado malas pasadas, el serbio se fue tornando cada vez más, en un atleta extraordinariamente fuerte mental y físicamente. Por eso lo interesante de su caso. Djokovic tomó decisiones y las ejecutó para fortalecerse física, mental y técnicamente y perfeccionar su facilidad innata para lo táctico. Al tener como rivales dos monstruos sagrados que parecían invencibles, el serbio asumió un largo proceso de tornarse un enorme tenista entre dos leyendas vivas, llenos de torneos de y de autoconfianza. Para eso el serbio optó por aumentar su capacidad de estar en el tiempo presente y de no pensar en el futuro; para enfrentar estadios llenos con el público en su contra, algo que ha derribado a grandes tenistas como Ivan Lendl o Martina Hingis, se fortaleció al punto de usar a su favor la energía de la tribuna en su contra. Claro la historia muestra otros tenistas muy fuertes mentalmente. Borg era conocido como el hombre de hielo; imperturbable y frío, su mejor golpe eran sus piernas, sin embargo, perdió las cuatro finales que jugó en el abierto de EEUU, unas contra Jimmy Connors, otras con Mc Enroe.  Una cosa es aparentar no alterarse, otra es crecer y ganar en la adversidad. Connors tenía una garra y una persistencia fuera de lo común, pero su figura se agigantaba cuando tenía las tribunas del Abierto de Estados Unidos a su favor. El grande y enorme Guillermo Vilas pagó todos los precios posibles para llegar a la cima del tenis, su dedicación a la preparación física era descomunal, pero la forma que encontró de estar en el tope fue anular conscientemente su ego y personalidad. Vean la serie sobre Vilas en Netflix, donde hay una jugosa anécdota con el padre del tenista, cuando este lo acompaña al abierto de Australia y, sorprendido por el nivel de sacrificio del jugador de Mar del Plata, le hace una advertencia sobre su vida posterior al tenis.

Lo fascinante de Djokovic es como bromea en público, como habla y domina varios idiomas, como conoce en detalle la historia del tenis, o sea, como llegó a ser un gran atleta sin anular su inteligencia y sensibilidad. Para eso el tenista serbio utilizó varios conocimientos propios de su época, en un abordaje holística, conocimientos estos que no estaban disponibles en las décadas de Borg, Vilas, Connors, o aún en los años 90, era de Pete Sampras.

¿Por qué el jugador serbio perdía la mayoría de sus partidos contra Federer y Nadal entre los anos de 2005 y 2010?  El primer factor determinante para que Novak diese un gran salto fue lo físico. No era fuera de lo común ver al jugador serbio tener problemas físicos o sentirse mal durante un partido importante, pedir ayuda a los fisioterapeutas, hacer pequeñas interrupciones de sus partidas, al punto de ser acusado por varios colegas de simular estos problemas y ser ironizado por otros tenistas, como el mismo Roger Federer. Hasta que un día, un médico serbio, instigado por su esposa, vio por la televisión, a Novak Djokovic, en el tercer set un partido de Grand Slam, tirarse al piso y quejarse de fuertes dolores y falta de aire. El tenista también sentía falta de foco mental y ansiedad; no veía la manera de volver a concentrarse en el partido. Poco tiempo después, Djokovic recibió una llamada del médico y combinaron un encuentro. El médico serbio le dijo que básicamente lo que él tenia era una gran intolerancia al gluten. Le explicó que los síntomas pueden demorar varias horas en hacer efecto, siete o más, y que mucha gente no es celíaca, pero tiene esa intolerancia y convive con ella y sus efectos durante décadas. Djokovic le dijo que comía pizza, queso y tomates muy seguido ya que sus padres tenían una pizzería en su país natal.

La anécdota es relatada con detalles en el libro de Djokovic llamado “Saque para vencer”, en inglés, “Serve to win”, publicado por primera vez en 2013. El gluten, caro lector, provoca dolores en el cuerpo, músculos y articulaciones, falta de foco mental, ansiedad y una cierta depresión física y mental durante las horas de la mañana, sin mencionar los obvios efectos en el intestino, la hinchazón en el estómago y la acumulación de peso. Estos tres últimos factores son los que la mayoría de la gente asocia a la harina blanca y sus derivados. La cantidad de gluten en el trigo ha aumentado más de 400 por ciento a través de cultivos transgénicos y el gluten está hoy muchísimo más presente en la alimentación que hace unas décadas. Básicamente todo alimento procesado puede tener gluten, además de los obvios, como panes y galletas, las salsas, helados, condimentos, chocolates baratos, bombones, la lista es interminable.

Djokovic eliminó completamente el gluten de su dieta. Enseguida le siguieron los productos lácteos y el azúcar. El cuerpo y la expresión facial del serbio cambiaron. Dejó de ser un jugador que se cansaba para transformarse en un atleta incansable. Dejó de tener ráfagas de juego espectacular, seguido de apagones en el medio de un partido, para exhibir un juego constante, variado y muy eficiente, donde se destacan la devolución de saque y su capacidad de correr y deslizarse por la canchas de tenis. Y mentalmente llegó a ser tan fuerte como Nadal, algo impensable antes de 2011. Nadal siempre mostró esa característica, desde que irrumpió en el mundo del tenis. Foco, garra, capacidad física y determinación fuera de lo común, hicieron del español un tenista que casi no pierde finales, que crece cuanto más difícil es el desafío, al cual es mucho más difícil derrotar en los partidos de cinco sets, típicos de Grand Slam, que de tres sets. Ya Novak Djokovic llegó a esa fortaleza mental durante su trayectoria en el circuito, basado en la alimentación, en la práctica del yoga, en la meditación.

Semifinal de Roland Garros. Djokovic enfrenta a Nadal, vencedor de trece torneos de RG en Paris. El serbio pierde el primer set, gana el segundo. La lógica del  juego en tierra batida favorece siempre a Nadal, maestro en esta superficie. Djokovic golpea la pelota siempre en subida, para acortar los puntos. En el tercer set, Nadal sube su nivel, nada dispuesto a ceder el partido. Djoko también lo sube. Nadal resiste y juega cada vez mejor. Djoko arriesga cada vez más y erra muy poco. Ambos juegan mejor que nunca, física, técnica y mentalmente. El partido se transforma en una verdadera ópera de Wagner, de tal intensidad y perfección. El tenista argentino Diego Schwartzman escribe en twitter:  ¿Los tenistas jugamos al mismo deporte que ellos dos?. Djokovic, fuera de su mejor superficie, arriesga todo el tiempo mas que Nadal y solo así logra derrotar al español.

Final del torneo. El rival del serbio es el jugador griego Stéfanos Tsitsipás. En los dos primeros sets, Tsitsipás es una máquina de jugar al tenis. Agresivo, hace todo bien. Pega más fuerte, corre más, tiene más de un golpe mas efectivo que Djoko. Saca mejor, tiene un drive más potente, llega muy fácil a la red. Es más alto y tiene 22 años, doce años menos que Novak. ¿Se habría recuperado Novak del tremendo desgaste físico y mental de haber logrado el milagro de ganarle a Nadal en semis? Fin del segundo set: perdiendo dos sets a cero, Djokovic va al vestuario, para una breve pausa. Cuando vuelve, su semblante y su actitud son otras. Empieza a devolver pelota tras pelota. Está mas firme, más concentrado. El primer y fundamental cambio es el mental. El tercer set es muy parejo. Una verdadera lucha mental por la supremacía. Djokovic gana el tercer set. El semblante de Tsisipas cambia totalmente. Ya, en el cuarto y en el quinto set, los mejores golpes son en general del serbio. Djokovic gana su segundo Roland Garros. La celebración después del punto final es bastante contenida. No hay una explosión de alegría inesperada. El griego, derrotado, declara que cuando su rival volvió del vestuario era otro jugador.

¿Qué hizo exactamente el tenista serbio en los pocos minutos que tuvo a su disposición para cambiar así de forma tan radical su juego? En la conferencia de prensa, Djokovic cuenta que cuando llegó al vestuario entre el segundo y el tercer set, logró cambiar las voces que escuchaba en su cabeza. Primero, oía una voz que le señalaba apenas los problemas; después otra que le decía era posible ganar. El manejo de esas voces fue determinante para cambiar su actitud y el partido. Hasta el momento en que escribo este artículo, el griego Stefanos Tsisipás no parece haberse recuperado de perder la final de RG después de ir ganando con dos sets de ventaja. Cayó en el primer partido de Wimbledon y después en la segunda ronda del torneo de Hamburgo. Con 22 años y dueño de una excelente técnica, el jugador griego, que ya fue admirador de la técnica de Pablo Cuevas, tiene todo para ser el futuro número 1 del mundo, si logra fortalecer su mente.

Semifinal del torneo de Wimbledon. Novak Djokovic enfrenta al canadiense de origen ruso Denis Shapalov. A Djokovic se lo ve algo tenso, enfrentando una semifinal y también consciente de la cita con la historia. Durante los primeros dos sets, Shapalov arriesga y es muy agresivo. Los mejores puntos son de Shapalov. Djokovic se mantiene en el partido enfocado, concentrado, se concentra en devolver la pelota y en no perder ningún punto fácil. Cuando llega la hora de cerrar el primer set, Shapalov tiembla y baja su nivel. El serbio, en cambio, sube su concentración y juega mejor. Así, el primer set es del serbio, a base de fuerza mental. El segundo set es una repetición del primero. Shapalov juega mejor, menos en los puntos importantes. Djokovic gana y se lleva el set. En el tercer set, hay un sólo jugador con confianza, el serbio, que gana el partido en tres sets, un marcador que no refleja lo que fue el partido técnicamente.

Final de Wimbledon. Djokovic enfrenta a Tomás Berretini, gigante italiano de 1,96 cm y 25 años, dueño de un saque impresionante y una derecha potente. En el primer set, ambos están muy nerviosos. Djokovic de nuevo no muestra ni cerca el tenis que mostró contra Rafael Nadan en Roland Garros. Esta muy nervioso, tenso, demostrando ser consciente de que si gana el torneo igualará a Federer y Nadal. Berretini juega mal. Aún así, Novak parece querer jugar peor todavía y el italiano gana el primer set. El estar de nuevo atrás de marcador parece relajar al serbio, que parece soltarse más y entra de lleno en el partido. Comienza a devolver uno por uno los primeros saques de Berretini. Está muy enfocado y concentrado. Aún así, le falta inspiración. Le sobra actitud y fuerza mental. Gana los próximos tres sets, conquista su sexto torneo de Wimbledon y su Grand Slam número 20. Y apunta al US Open y a conquistar los 4 grandes torneos en el mismo año, algo que solamente logró Ken Rosewall en los años sesenta. ¿Hasta donde llegará Novak Djokovic? Ni el mismo lo sabe, pero ha declarado que, a los 34 años, no siente para nada los efectos de la edad.

“Soy el mejor y me considero el mejor, sino no estaría aquí disputando torneos como lo hago. Lo de mejor de la historia, lo dejo para otros, porque considero muy complejo comparar épocas completamente diferentes”, declara, al final del torneo inglés, Novak Djokovic, el atleta mental. John Mc Enroe dice que el serbio va a ganar cuatro o cinco Grand Slam más. ¿Quien puede parar en el próximo US Open a Djokovic? Su principal adversario será Nadal, el otro gran atleta mental del circuito.

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