JUAN GABRIEL CARO RIVERA / En el último año y medio se ha popularizado a nivel mundial el fenómeno de los therian (animales) o también conocidos como otherkin (de other, otro, y kin, linaje, especie, clan, etc.) en inglés. Aunque esta subcultura de internet ha comenzado a expandirse por todo el mundo, especialmente en países de Europa del Este y Rusia o, actualmente, en América Latina, no podemos decir que se trata de un fenómeno nuevo. 


ENSAYO

La subcultura de los otherkin rastrea sus orígenes, según sus propios autores, al menos a un momento entre 1960 y 1972. Promotores del movimiento como Lupa (1) o académicos como Devin Proctor (2) consideran que esta subcultura tiene sus origines en la espiritualidad New Age y las publicaciones hechas por Elf Queen’s Daughters en 1972 en la revista Green Egg, una revista neopagana fundada por Timothy Zell, más conocido como Oberon Zell-Ravenheart, fundador de la Iglesia de todas las religiones, que combinaba ideas sacadas de novelas como Stranger in a Strange Land y programas de televisión como Star Trek.

Aunque los medios de comunicación oficiales han intentado presentar al movimiento therian bajo una luz positiva y alejados de las polémicas trans (3), lo cierto es que la mayoría de los otherkins, incluyendo los furries y los therian, se identifican con este movimiento: “El furry fandom es un espacio predominantemente queer, con la mayoría de sus miembros siendo LGBTQ+” (4). Por otra parte, no resulta extraño que la mayoría de los otherkins, comunidad de la que los therian forman una parte, hayan adoptado en los últimos años expresiones sacadas del argot de la teoría de género como el pansexualismo, el no binarismo, los géneros fluidos, entre otras cosas, ya que “estas identificaciones también han ganado aceptación dentro de la comunidad otherkin, donde los miembros tratan temas particulares como expresar la identidad de género cuando uno es simultáneamente un hombre homosexual y una elfa asexual” (5). De hecho, los otherkins han sido catalogados como una de las “subculturas más extrañas del mundo”, junto con los góticos, las lolitas, los bosozoku y el Black Metal noruego (6).

Sin embargo, dejando de lado la identidad de género, existe otro aspecto de la comunidad therian que normalmente no se resalta, pero que hace parte integral del movimiento: los orígenes ocultistas del movimiento. La mayoría de los investigadores que han abordado el tema de los therian y los otherkin en general llegan a la conclusión de que se trata de un fenómeno relacionado con las nuevas formas de religiosidad secundaria nacidas en el mundo postmoderno: “los otherkin encajan ampliamente dentro de las ideas promovidas por el movimiento neopagano y religiones de reencantamiento” (7). Es más, “a lo largo de la década de 1980, The Silver Elves (una de las primeras comunidades de otherkins fundada en Estados Unidos) y otros colectivos de seres no humanos autoidentificados vieron crecer su membresía (y sus públicos) junto con las florecientes comunidades neopaganas y New Age” (8).

La relación de los therian y los otherkins con las ideas de la New Age (Nueva Era) y la práctica de la magick –la magia del caos, en referencia a las ideas de la Wicca y Aleister Crowley– es bastante obvia y sus comunidades en línea difunden está clase de mensajes por todas sus redes. De hecho, una de sus representantes más destacadas, Lupa, escribe abiertamente que “el neopaganismo moderno y las creencias de la Nueva Era han provocado un resurgimiento de la creencia en hadas y elfos” (9). A esto se suma el uso de la producción simbólica difundida por los medios de comunicación en la forma de novelas, programas de televisión o películas de cine que constituyen las “mitologías racionales” de un mundo secularizado que ha expulsado la religión del centro de la vida pública. Es así como “Lupa, en su capítulo sobre elfos y hadas, ofrece una lista de ‘mitología moderna’ a la que los otherkin recurre en busca de inspiración para la mitología personal y ‘elementos familiares’. Este canon incluye a Tolkien así como los escritos de CS. Lewis y Neil Gaiman, y el cómic Elf Quest. Se incluyen películas de fantasía como Labyrinth (1986) y The Dark Crystal (1982), al igual que juegos de rol como Dungeons and Dragons y Changeling: The Dreaming” (10). En definitiva, se trata del uso de elementos heterogéneos, de un collage, para construir una mitología personal y de ese modo organizar el mundo tal y como el antropólogo Claude Levi-Strauss observa en su famoso libro del El pensamiento salvaje.

Este collage no solo toma elementos prestados del mundo actual, en la forma de las mitologías racionales difundidas por las industrias culturales, sino que también dirige su mirada hacia el pasado, recurriendo a simbologías y mitos mucho más antiguos. Por ejemplo, Lupa escribe que “probablemente el símbolo más reconocible en la comunidad otherkin es la estrella de siete puntas o septagrama. El septagrama obtuso surge de la magia enoquiana de John Dee y Edward Kelly, dos ocultistas del siglo XVI. Es parte del Sigillum Det Aemeth, un símbolo de un conjunto de correspondencias mágicas. El septagrama en sí simboliza dos conjuntos de nombres de Dios, dos grupos de siete ángeles y los siete planetas antiguos. Los otherkin, por su parte, han reinterpretado la estrella para sí mismos. La mayoría usa el septagrama obtuso como se muestra arriba, con o sin el círculo… Los Silver Elves creen que es un símbolo… de expresión y un recordatorio de la naturaleza múltiple de nuestro cambiante Dharma. Me han dicho que la estrella de siete puntas… está compuesta de ángulos irracionales… subdividida matemáticamente al infinito. Representando así un puente hacia mundos más allá de los reinos ordinarios de comprensión. Por lo tanto, es un símbolo tanto místico y mágico… Una estrella con siete puntas, cada una de las cuales indica una dirección diferente. Seguramente es indicativo de nuestra preciosa FAERIE. Y muy parecido a nosotros. Sin embargo, ellos (los puntos estelares) están todos unidos en su esencia… Tal como estamos nosotros… individuos… juntos” (11). Este símbolo, por cierto, era usado ya en 1972 en las cartas publicadas por la revista Green Egg por parte de Elf Queen’s Daughters, posteriormente adoptado por la comunidad otherkin.

En cierta forma, como explica Laycock, “los otherkin han creado un orden alternativo del mundo o nomos” que altera la estructura normativa cotidiana y, “en este sentido, las caracterizaciones de los otherkin como ‘una religión de Internet’ son ciertas en la medida en que el discurso de Internet ha facilitado y acelerado esta construcción del nomos” (12). Esto último recuerda mucho a la forma en que el investigador francés Stephane François ha caracterizado a la magia del caos y a los diferentes grupos que operan bajo esta etiqueta en la subcultura ocultista occidental. Haciéndose eco de un texto de Hakim Bey, TAZ, François sostiene que este último “intenta aplicar a la Red las tácticas de la piratería del siglo XVIII, es decir, posibilitar la aparición de comunidades alternativas, proscritas, ocultas y efímeras en Internet. Su «anarquismo ontológico» puede considerarse, por lo tanto, un anarquismo posmoderno. Se trata de un discurso de lo más interesante. A diferencia de la contracultura, que pretendía combatir frontalmente los valores dominantes de la sociedad occidental, los magos del caos prefieren socavar estos valores subvirtiendo su significado. Lo hacen a través de sus producciones artísticas o culturales (obras de arte, música, cómics, películas, ensayos, videojuegos, etc.). Sin embargo, muchos de estos magos radicalizan su discurso hasta tal punto que consideran ilusorio cualquier compromiso o incluso lo ven como una nueva forma de programación normativa” (13). Y no resulta para nada extraño que los therians, al igual que los furries o el vampirismo, hayan comenzado a popularizarse en la cultura de internet como promoción de estilos de vida alternativos que buscan subvertir el orden cotidiano de las estructuras modernas por medio de juego de roles u otras actividades dirigidas a la transformación radical de las normas sociales.

En cierta forma, todas estas ideas recuerdan a lo expresado por el metafísico francés René Guénon como “la acción antitradicional, que trata por todos los medios de arrastrar a los hombres hacia lo «infrahumano»” (14), es decir, aquello que se denomina como contrainiciación y que busca alejar a los seres humanos de los verdaderos elementos de realización espiritual. En cierta forma, el regreso de los therians a formas de animalismo y comportamiento disociado de la personalidad, por medio de la práctica de la magick, las mitologías modernas de los medios de masas, mezclado con el uso de la psicología analítica jungiana e ideas entresacadas de la historia de las religiones y el ocultismo occidental, termina por mezclarse en un coctel impotable de ideas inconexas y creencias personales que finalmente llevan a los individuos a alejarse “gradualmente de la «realización» espiritual del ser hasta que éste se pierde definitivamente en esas «prolongaciones» inferiores de su individualidad a las que antes hacíamos alusión y mediante las cuales sólo se puede entrar en contacto con lo «infrahumano»; su situación entonces pierde toda posible salida o, al menos, sólo conserva una que es la total desintegración del ser consciente” (15). René Guénon, que escribió todo un libro sobre la teosofía y el espiritismo como fenómenos pseudoreligiosos que buscaban arrastrar a los seres humanos fuera de la tradición, sin duda vería en las actuales formas de ocultismo y espiritualidad de los therians una continuación de estas mismas tendencias, conectadas por cierto por un mismo contexto. Tampoco resulta extraño que Guénon viera al espiritualismo y la teosofía, nacidos en Estados Unidos, como movimientos anti-tradicionales que carecían por completo de cualquier sostén en una Sagrada Tradición antigua. Algo que no sorprende, ya que la difusión de la subcultura therian también procede de suelo estadounidense.

Ahora bien, muchos investigadores como Stephanie Shea, Laycock o Kirbey, intentan relacionar por medio de analogías a este movimiento con el chamanismo, buscando relacionar antropológicamente este movimiento con formas de espiritualidad más antiguas. No obstante, el uso que hacen estos diferentes grupos de las creencias, símbolos y mitologías racionales modernas para construir sus propias síntesis distan mucho de las antiguas iniciaciones chamánicas y en gran parte recuerda a las religiones sincréticas como la Wicca, con la cual están estrechamente relacionados. Se trata más bien de formas de simulación postmoderna y de fenómenos infrahumanos que arrastran al ser humano a su disolución. Si los antiguos ritos chamánicos o las religiones mistéricas paganas buscaban que el individuo volviera a alcanzar una unidad superior, representada por los dioses romanos de la Victoria (los ángeles) donde el animal, el hombre y el dios se fusionan en una entidad superior, los therians, por el contrario buscan deshacerse del hombre y el dios para volver al animalismo más bajo e inferior.

Por otra parte, no podemos sino darle la razón al profesor Jay Johnston cuando sostiene que el movimiento de los otherkin “no es tanto patológico como político” (16), entendiendo esto último como una demolición concertada del nomos y el katechon. Es decir, como la destrucción de las últimas barreras psicológicas y espirituales que quedan para entrar en contacto con esas entidades oscuras que vuelan más allá del cosmos y que se esconden debajo de la materia en la forma de antiguos seres lovecraftianos que se arrastran en todas direcciones. Se trataría, en definitiva, de una nueva rebelión de los Titanes para espantar una vez más a las entidades divinas que alguna vez habitaron el mundo.


Notas:

1. Lupa, A Field Guide to Otherkin. Immanion Press, 2007, pág 49.

2. Devin Proctor, On Being Non-Human: Otherkin Identification and Virtual Space, 2019, pág 144-150.

3. Véase https://www.infobae.com/mexico/2026/02/18/el-fenomeno-therian-es-parte-de-la-diversidad-lgbt-esto-es-lo-que-debes-saber/

4. Plante, Courtney N.; Reysen, Stephen; Roberts, Sharon E.; Gerbasi, Kathleen C., FurScience! A Summary of Five Years of Research from the International Anthropomorphic Research Project, Waterloo, Ontario: FurScience., 2016, p. 107.

5. Devin Proctor, On Being Non-Human: Otherkin Identification and Virtual Space, 2019, pág. 144-150.

6. Geoffrey Lancaster; Lester Massingham, Essentials of Marketing Management, Taylor & Francis, 2006, pág. 48.

7. Kirby, Danielle, “Alternative Worlds: Metaphysical questing and virtual community amongst the Otherkin” en Frances Di Lauro (ed.). Through a Glass Darkly: Collected Research. Sydney University Press, 2006, pág. 277.

8. Devin Proctor, On Being Non-Human: Otherkin Identification and Virtual Space, 2019, pág. 149.

9. Lupa, A Field Guide to Otherkin. Immanion Press, 2007, pág. 157.

10. Laycock, Joseph P., “We Are Spirits of Another Sort”, Nova Religio. 15, 2012, (3): 76.

11. Lupa, A Field Guide to Otherkin. Immanion Press, 2007, pág. 52-53.

12. Laycock, Joseph P., “We Are Spirits of Another Sort”, Nova Religio. 15, 2012, (3): 79-80.

13. Véase https://juangabrielcarorivera.substack.com/p/un-ocultismo-posmoderno-la-magia

14. René Guénon, El reino de la cantidad y el signo de los tiempos, pág. 172.

15. René Guénon, El reino de la cantidad y el signo de los tiempos, pág. 211.

16. Johnston, Jay (2013). “On having a furry soul: transpecies identity and ontological indeterminacy in Otherkin subcultures” en Johnston, Jay; Probyn-Rapsey, Fiona (eds.). Animal Death. Sydney University Press, 2013 pág. 293–306.

Publicado originalmente aquí