JEFF THOMAS / En las últimas décadas, Estados Unidos se ha dormido en los laureles y ha asumido que era el matón de la cuadra y que debía ser obedecido, sin importar lo irrazonables que fueran sus demandas. Cuando los dirigentes federales y empresariales estadounidenses se dieron cuenta de su dilema, comprendieron que sólo tenían una última opción: la guerra.


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