CONTRARRELATO

A las múltiples discusiones médicas y estudios existentes, se han sumado a fines del año pasado impactantes datos filtrados del Te Whatu Ora, órgano oficial de salud neozelandés. Fuentes oficiales de ese país llevaron a juicio al empleado que los filtró. Las autoridades de salud neozelandesas trabajaron en conjunto con la policía en varios lugares del mundo para borrar todas las bases de datos existentes online del Ministerio sobre este tema, bajo pretexto de que era peligroso para la privacidad revelar los nombres de los vacunados. Una corte escuchó a Young declararse “no culpable” este mes de febrero. Pese a las afirmaciones sobre “datos personales” del Ministerio, la corte constató que la base de datos estaba anonimizada y no contenía información personal sobre los fallecidos.

Los datos son auténticos, pero hay un ejército de fact-checkers intentando que no digan lo que parecen decir. El lector juzgará

Por Salvador Gómez

El 30 de noviembre último, Steven Kirsch dio una charla para estudiantes en el MIT, y escribió una nota en Substack que causó un gran revuelo, e intentó inmediatamente ser cancelada y combatida por la Ortodoxia Covid en pleno.

Kirsch -usando datos sustraídos en secreto de la base de datos oficial del Ministerio de Salud de Nueva Zelanda ( nombre oficial: Te Whatu Ora, o “Salud Nueva Zelanda”), discute sobre los efectos negativos de la vacuna, concluyendo que uno de cada 1000 inoculados habría fallecido, de acuerdo a los datos, que comparó con la expectativa de muerte en NZ.

La citada nota incluye estadísticas construidas en base a los datos, y un análisis por parte de Kirsch.

Los datos fueron proporcionados a Kirsch por Barry Young, un ex empleado del Ministerio. La primera revelación de los datos fue hecha en un video por Rumble anunciado como “La Madre de Todas las Revelaciones” (MOAR por sus siglas en inglés). 

Entonces, la base de datos fue filtrada y publicada fuera de NZ, pero según las autoridades, esa publicación logró ser censurada en todo el mundo. Para imponer esa censura, alegaron que la base contenía información privada de salud de las personas, en particular sobre su estatus vacunal -algo sorprendente considerando que miles de millones de ciudadanos, incluyendo el de NZ, fueron obligados por sus gobiernos a exhibir certificados de vacunación para viajar o acceder a determinados lugares públicos. Una sensibilidad repentina parece haber afectado a las autoridades neozelandesas en este caso.

Pero además, la alegación era falsa, cosa que confirmó el Primer Ministro neozelandés: “El Primer Ministro, Christopher Luxon, confirmó a principios de mes que no se había difundido ninguna información personal“, dijo el sitio NewsHub. “Según tengo entendido, se trataba de datos anónimos, por lo que no eran específicos de ninguna persona en particular. Health New Zealand, francamente, hizo un trabajo muy bueno durante el fin de semana trabajando conjuntamente con el Ministro Shane Reti para asegurarse de que realmente podían determinar lo que se había tomado”, dijo Luxon.    

Pese a ello, la base de datos fue hecha desaparecer por la policía de distintos países, y hubo gente que perdió todo su disco duro o su sitio web por haberla publicado. Esto no confirma ni desmiente nada sobre el contenido o implicancia de los datos, pero sí confirma que la multinacional de la censura acerca de todo lo vinculado a discutir la narrativa Covid ortodoxa funciona bien.

Como consecuencia, Barry Young fue sometido a juicio. 

El Ministerio de Salud, en un comunicado oficial emitido enseguida de los hechos, ha dicho entre otras cosas: “Aseguramos que no hay ninguna prueba de que la vacunación sea responsable del exceso de mortalidad en Nueva Zelanda.

Ni el Ministerio, ni ninguno de los fact-checkers que se lanzaron inmediatamente a negar las afirmaciones de Kirsch o cualquier otra que que mostrase que los vacunados experimentaron un aumento espectacular de mortalidad luego de inocularse, negaron que los datos fuesen ciertos.

De hecho, si lo fuesen, no había ninguna necesidad de perseguir su difusión.

Los datos no son falsos, son verdaderos. Y de ahí viene todo el problema subsiguiente.

En cuanto a la interpretación, se ha argumentado que no se contrasta con los datos de los no vacunados, que podrían haber muerto en mayor número. Esto no es cierto, pues como se verá los no vacunados sí están en uno de los gráficos producidos, al menos. También se alega que los vacunados en el programa “pago por dosis” (pay-per-dose) cuyo gráfico adjuntaremos podrían no ser representativos del total poblacional.
En otro orden, se argumenta que dado que NZ tuvo déficit de muertos durante el comienzo de la pandemia -igual que Uruguay-, los muertos se podrían haber disparado en tiempos subsiguientes para compensar. Finalmente, se ha argumentado que Kirsch no es un estadístico -aunque sí es un especialista en tecnología egresado del MIT-. 

Al fin, los datos desaparecieron -pero Kirsch, al menos, los sigue teniendo- y Kirsch se ha involucrado en varias polémicas con sus contradictores, que el lector interesado podrá examinar en su Substack, aquí.

Una gran cuestión surge inmediatamente: si los datos no son ciertos, y la preocupación del Ministerio de Salud neozelandés es proteger la identidad de los damnificados, ¿cómo es que el Ministerio no hace inmediatamente su propia publicación oficial anonimizada de los datos que tiene, para demostrar la falsedad de la filtración, que ha causado alarma en la población neozelandesa, bien informada de estos hechos?


Un pedido de informes da un nuevo giro a la información.

Algo de lo que mencionamos en el párrafo anterior parece haber motivado a un ciudadano a exigir esa publicación.

El petitorio fue hecho por Chris McCashin el día 5 de diciembre de 2023, ante el citado Ministerio. En él pide que éste proporcione en su totalidad los datos del sistema de pago por dosis -“pay per dose“- que se publicaron de acuerdo a la filtración de Young (y que reproducimos abajo). McCashin dice también en su petitorio:

“Observo que el Ministerio de Sanidad

  • No ha confirmado que los datos sean falsos
  • En su lugar, ha dicho que se trata de “información errónea”; lamentablemente, los datos son los datos y es necesario que partes externas realicen más análisis.
  • Ha tomado medidas para sellar estos datos

Dado que los datos ya han salido a la luz, sospecho que se trata de una simple descarga que puede facilitarse. Si no se han facilitado los datos a las empresas de comunicación, incluya la respuesta que se les ha dado. Si no se facilitan los datos, esto alimentará a los teóricos de la conspiración como si estuvieran siendo reivindicados y en su lugar va más allá para encubrir las cosas.
Por favor, hágalo lo antes posible. Si es necesario, incluya en su respuesta la “advertencia” de que se trata de información errónea, pero que necesitamos los datos en bruto para analizarlos. La mayoría de la gente se da cuenta de lo que está pasando, y es probable que estos datos demuestren lo que algunos médicos venían advirtiendo desde el primer día.

Atentamente,
Chris

Hasta el momento en el propio sitio del petitorio no hay confirmación del que el mismo haya sido respondido. El pedido ha sido demorado alegando cuestiones prácticas y hay comentarios que expresan dudas jurisdiccionales del tribunal que tramitó el pedido.


La estadística que mostramos debajo toma los datos robada del Ministerio de Salud de NZ correspondientes precisamente al grupo de vacunados en el programa de pago por dosis (“Pay-per-dose”; se compensó con 36 dólares a cada vacunado), compara el exceso de muerte de los vacunados Covid respecto de una hipotética línea de base -las muertes esperables de acuerdo a la tendencia histórica en NZ-. La línea azul indica a quienes tomaron una sola dosis y fallecieron, la roja a quienes tomaron 2, la violeta a 3, la verde a 4, la naranja a 5 y la negra a los no vacunados (esto destruye el argumento “los no vacunados no están para comparar”.