TERESA KORONDI /  Leer a Silvia Goldman es adentrarse en la insistencia del lenguaje, donde la poesía se convierte en hábito y habitación. La reiteración actúa como un martilleo constante, un recurso que expone las dudas inherentes a la existencia y evidencia las provocaciones y retorcimientos de los vínculos, incluso los más próximos: los afectos; la experiencia de la expatriación y la transición de idioma, que desafían la forma de pensar y el modo de estar en el mundo.


POIESIS 92

“Esa repetición de lo mismo que ilumina/ cierta herida” se presenta como “otro criterio para abordar la escena de lo que se dice acá”. En esa insistencia reside una nueva posibilidad. La mímesis, por su parte, se manifiesta en su escritura como un intento de emular la realidad cotidiana, devolviendo a menudo una imagen deformada, un reflejo alterado que también se vive en su distorsión.

Mientras que en la poesía de Marosa—quien es homenajeada por Silvia— es la naturaleza la que se erige como recurso fantástico, en Goldman lo cotidiano se transforma en un doméstico monstruoso. Su obra se conecta con la oscuridad marosiana, creando un ambiente donde la vida diaria convive con lo inquietante. A veces asoma un destello de luz y nitidez que, en su contraste, intensifica lo negro o lo rojo, haciéndolos aún más potentes en su perturbación. Lo sensorial y lo visual nos sumergen en una suerte de trance.

Asimismo, se hace presente una obsesión vallejiana, una ansiedad frente a lo ausente que revela orfandad: ese sentimiento infantil de desamparo e indefensión. La realidad se amplifica mediante la mirada poética, enfrentando el horror al vacío y a la desesperación. La voz duele, porque duele el lenguaje que punza y hostiga en su obstinada voluntad de ir más allá, de develar el pensamiento más íntimo, la herencia y la raíz.

Silvia Goldman nos arraiga así en su poesía, plantándose ante nosotros como un árbol cuyas hojas se trenzan, construyendo en su interior una casa densa de significados y emociones. Evoca aquellas casitas de árbol de la niñez, refugios que, al igual que en el cuento de Hansel y Gretel—que la poeta utiliza para titular uno de sus textos—, bajo su apariencia inocente esconden un trasfondo ominoso.

Entonces, “¿cómo se sale de acá si una casa es siempre/ una lengua haciéndose?”


Seleccion-poemas-Silvia_Goldman



Silvia Goldman es poeta, docente e investigadora. Sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, portugués, árabe, bengalí, hebreo, bosnio y finés. Publicó los libros “Cinco movimientos del llanto” (Hermes Criollo, Uruguay), “De los peces la sed” (Pandora Lobo Estepario, USA), “miedo” (Axiara ediciones, Perú/USA), “árbol y otras ansiedades” (Isla Negra, Puerto Rico), “Ese eco que une los ojos”, (Almud ediciones, España), en colaboración con Esperanza Vives y Juan Alcota, “lo que se hereda es la orfandad” (Karima editora, España) y, próximamente, la antología de su poesía, “Voz hasta el principio” (editorial Nautilus, España). Es doctora en Estudios Hispánicos por la Universidad de Brown y enseña en la Universidad de DePaul en Chicago.

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