ENSAYO

Conferencia pronunciada el 8 de septiembre de 2012 en Curitiba, con motivo del III Encuentro Nacional Evoliano

¡Señoras y señores!

Quiero agradecer al grupo de Curitiba que organizó esta conferencia tan interesante con presentaciones tan ricas. Muchas gracias por la invitación a hablar aquí sobre la Tradición. Pido disculpas por mi portugués terrible y tan imperfecto.

El Tradicionalismo y la sociología: lo moderno y lo eterno

La primera parte está dedicada al tradicionalismo y la sociología, y también a la importancia de Platón.

El tradicionalismo insiste sobre el dualismo que existe entre dos mundos: el mundo de la Tradición y el mundo moderno. Este dualismo corresponde a dos categorías sociológicas: premodernidad y modernidad. Este paralelismo entre el tradicionalismo y la sociología es muy importante y es necesario desenvolver esta afinidad en el futuro.

En París, en el año 2011 realicé una conferencia bajo el título: “René Guénon como sociólogo”. René Guénon en su obra “Le Règne de la Quantité et les Signes des Temps” utilizó el símbolo tradicional y sagrado del Huevo del Mundo. En opinión de Guénon, el mundo premoderno corresponde al Huevo del Mundo abierto desde arriba y cerrado desde abajo. Los rayos espirituales entran en el mundo y así las cosas cósmicas y materiales reciben cualidades sagradas.

A la sociedad moderna le corresponde el Huevo del Mundo cerrado arriba y abajo. Es la civilización materialista, atea, consumista. Es decir, la cosmovisión científica, mecánica y atomística. La sociedad posmoderna corresponde al Huevo del Mundo abierto desde abajo y cerrado desde arriba. Es la civilización demoníaca post-humana y post-social. La realidad en la que vivimos. Pero ahora abandonemos momentáneamente la posmodernidad, a pesar del gran interés con el que pudimos desarrollar esta correspondencia.

La diferencia entre tradicionalismo y sociología radica en el hecho de que la sociología parte de la modernidad y juzga la Tradición desde el punto de vista de la modernidad. Los tradicionalistas hacen lo contrario: ellos ven la modernidad desde el punto de vista de la Tradición. La modernidad pone toda la realidad en el tiempo, en la historia. La Tradición considera las cosas a la luz de la eternidad. Por eso los sociólogos piensan diacrónicamente en la premodernidad como algo pasado. Los tradicionalistas consideran la modernidad como un aspecto de la eternidad, es decir, como algo eterno.

Esto, por tanto, no es tan fácil de comprender. Siendo totalmente efímera la ilusión, el mundo moderno como el mundo de la perversión radical también de una manera paradójica pertenece a la eternidad.

Los tradicionalistas son vecinos de los estructuralistas. La Tradición y la modernidad pueden verse como estructuras.

Caso importante: el sociólogo Louis Dumont habló sobre dos tipos de sociedad –la sociedad holística y la sociedad individualista-. La modernidad es esencialmente individualista. Según él, Marx también era en parte individualista, compartiendo con los liberales el valor del hombre individual.

Es claro y evidente que la Tradición puede subsistir en el mundo moderno – por inercia. ¿Cómo la modernidad puede existir en el mundo tradicional?

Guénon hablaba sobre la Atlántida, el continente desaparecido, y aludía al hecho de que el mundo moderno, como gran parodia, es la continuación de una Tradición muy antigua, decadente y pervertida. La serpiente aparece ya en el paraíso en la primera era de la historia humana.

El neoplatónico Proclo, en su comentario al diálogo “Critias” de Platón , donde se encontraba la cuestión de la Atlántida, describía la guerra entre los griegos prehistóricos y el pueblo de Atlántida como la guerra paradigmática entre dos órdenes de ser: uno perfecto y el otro degradado.

Es muy interesante que Proclo dijera que los griegos estaban conectados con la tierra y los atlantes con el mar. Los griegos estaban del lado de los Dioses olímpicos y el pueblo de la Atlántida del lado de los Titanes. La geopolítica marítima de los Titanes contra la geopolítica terrestre de los Dioses.

Proclo es un geopolítico de la antigüedad. Es importante que ambos mundos –el griego y el atlante– sean pensados por Proclo como algo sincrónico.

La segunda forma de ver este sincronismo es con dos tradiciones filosóficas.

La primera es la filosofía de Platón, el platonismo. El platonismo es una filosofía esencialmente vertical. El platonismo se construye alrededor del eje vertical. Por encima están las Ideas. Por debajo están las cosas, los fenómenos. El mundo platónico es el mundo jerárquico, verticalmente organizado.

Otra filosofía es el atomismo de Demócrito, Epicuro, Lucrecio. Esta filosofía es democrática, comienza por abajo, por las partículas materiales. Es el mundo atomista. No conoce las Ideas, las luces platónicas. No conoce la jerarquía. Va contra la verticalidad.

Demócrito era presocrático. Puede ser comprendido como representante de la contrainiciación en el mundo de la Tradición. Demócrito es el representante de la modernidad en el mundo premoderno.

Hay una leyenda que dice que Platón en su Academia prendió fuego a los escritos de Demócrito. Los platónicos consideraban al atomismo como “el mundo al revés”, el mundo imposible, el mundo contrario al orden natural de las cosas.

En el Islam, el atomismo es la doctrina de los asharíes y del teólogo agresivamente anti-sufí y anti-esotérico Ibn Taymiyyah, padre del wahabismo y el salafismo en la actualidad.

Además: la tradición islámica es premoderna. Una vez más: vemos en la sociedad tradicional algo “moderno”. Después de alcanzar la modernidad, el atomismo comenzó a ser la única ortodoxia científica. La modernidad se basa en el atomismo de Demócrito. Es el paradigma científico de la modernidad. Después de Galileo, Newton, Gassendi, el atomismo es el dogma.

La filosofía platónica queda entonces marginada. Es muy significativo que Karl Popper criticara agresivamente a Platón, llamando al platonismo “el mayor enemigo de la sociedad abierta liberal”.

Entonces, nosotros podemos identificar el tradicionalismo y el platonismo.

La Modernidad y la Tradición pueden entenderse

como dos paradigmas. Los progresistas insisten sobre el hecho de que la Tradición pertenece al pasado. Entendido como paradigmas, todo cambia: es posible desde este momento representar la modernidad y la Tradición como una opción a elegir.

¿Por qué eso es tan importante?

La modernidad, estructuralmente comprendida, no es más el destino, algo objetivo e inevitable, sino la cuestión de elegir libremente. Entonces podemos esoger ser modernos – atomistas, materialistas, liberales democráticos. Pero podemos escoger no ser modernos. Y podemos ser platónicos, y estar del lado de la eternidad. La eternidad, platónicamente comprendida, no es el pasado. La eternidad es eterna. Y por tanto, ella es presente.

Lo única cosa que queda es volverse hacia la eternidad. Como en los versos de Arthur Rimbaud:

Elle est retrouvée. Quoi? Eternité. C’est la mer allée avec le soleil.

La hemos vuelto a hallar! ¿Qué?, la Eternidad. Es la mar mezclada con el sol.

La figura del Sujeto Radical y del Tradicionalista sin Tradición

Existe el concepto de Gottesnacht, «la noche de Dios». Es la Edad del Hierro, el mundo moderno.

La Tradición salió. La modernidad llegó. El mundo organizado está sustituido por el mundo caótico. Lo sagrado desapareció. La iniciación también. El hombre está en el vacío.

Este es un punto de partida para los tradicionalistas. Ellos niegan el mundo moderno. Ellos buscan la Tradición. El tradicionalista despierta en la noche de Dios (Gottesnacht).

Hölderlin preguntó – “¿Por qué los poetas en tiempos oscuros?”

Es importante este  “por qué”.

Los platónicos pensaban que en los tiempos de oro nacen las almas de oro – aristocráticas, de ahí ven el ideal de kalakogathia. En tiempos de hierro nacen las almas pésimas, ínfimas, sin valor. Esto es importante: las almas pésimas no perciben que están en Gottesnacht, en la noche de Dios. Para ellos la noche no es la noche. Ellos no saben más lo que es la luz.

Los poetas poseen el dolor. Los otros no lo poseen. Así, los tradicionalistas, por poseer el dolor, ellos niegan el mundo moderno.

La cuestión se presenta: ¿para qué los tradicionalistas en tiempos oscuros?

Podemos construir una hipótesis: el alma de oro nació en el tiempo de hierro. Esto explica el dolor, lo trágico, el sufrimiento. Esto explica por qué hay dolor y sufrimiento.

¿Pero por qué ella nació? ¿Fue por error cósmico u otra cosa? ¿Y aún más importante, para qué?

Yo creo que es otra cosa. No es un error. Es el destino escatológico, la misión. Es importante: el caso puro no es el tradicionalista por inercia, sino el tradicionalista por incapacidad de aceptar el mundo moderno, vivir sin Dios, sin lo sagrado. Y esta imposibilidad debe ser sin una razón directa o inmanente. Solamente en este caso el experimento es puro.

El caso extremo: el tradicionalista sin Tradición. El hombre diferenciado. ¿Por qué el hombre diferenciado? Aquí entra la figura del Sujeto Radical.

El Sujeto Radical es el alma de oro en la Edad del Hierro. Para el alma de oro es fácil estar en el mundo de oro. Pero es imposible juzgar a priori: ¿el hombre es bueno porque vive en una sociedad tradicional o porque su alma es de oro?

Es posible dar la respuesta solamente colocándose el alma en el mundo de hierro.

Sujeto Radical

El Sujeto Radical está en la noche de Dios (Gottesnacht) para probar radicalmente la calidad de su alma.

Es el caso de Julius Evola – sobre todo en las primeras y últimas fases.

¿Es todo? Puede ser. Ser tradicionalista es el fin per se y para se. Pero hay una cosa muy importante, decisiva mismo – el precisa morir tradicionalista también, no abandonando ni traicionando sus ideales.

Aún así, para qué el tradicionalista en tiempos oscuros: para poner fin al mundo moderno.

Este no es el fin último, pero es la consecuencia lógica. La lucha contra la modernidad es ética esencial del Sujeto Radical. No se puede hacer lo contrário. El Sujeto Radical está en el centro de la noche – entre pasado y futuro. Está en el presente. Eugene Golovin, el tradicionalista ruso, decía: “allá donde nosotros estamos, allá está el centro del infierno».

Es necesario comprender la modernidad y la posmodernidad no de forma dual. El Sujeto Radical es un advaitista. El está en el mundo moderno y quiere estar aquí, no más allá de este mundo.

El Sujeto Radical no tiene miedo de la modernidad. El Sujeto Radical es el descendiente – Untergehende.

La historia es decadencia, es Untergang, descendencia.

Hay cuatro tipos de hombres, según Martin Heidegger:

1) Las personas simples e ignorantes, que no puede escoger nada. Cambian con el mundo y con la sociedad.

2) Los Conservadores. Ellos tienen miedo de la noche de Dios, de la decadencia. Quieren preservar lo que existe contra el tiempo que devora todo.

3) Los Progresistas. Ellos quieren ir en la dirección de la degradación más y más rápidamente. Son los que son responsables por la situación actual. Los liberales, el gobierno mundial, conjuntamente pueden ser llamados de “El Anticristo Colectivo”.

4) Existe también el cuarto tipo: los nuevos filósofos. Ellos Descienden en el centro de la noche y no tienen miedo. Ahí donde el riesgo es máximo. Heidegger dijo sobre ellos: estos filósofos se enfrentan con el “duro conocimiento del nihilismo”, schwere Wissen des Nihilismus.

El Sujeto Radical va con el mundo sin ser de ese mundo. Es el propiamente manifestación paradojal del fin. Yo llamo esto el “zen euroasista”.

¡Gracias!


Nota

1 La versión original en portugués puede ser encontrada en: https://www.geopolitica.ru/pt-br/article/modernidade-e-eternidade-e-tradicionalistas-sem-tradicao-palestra-de-aleksandr-dugin-para-o

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