POIESIS / 27

Por Roberto López Belloso

Decir que un poeta es un poeta peruano es poner un punto de partida que suele implicar un sustrato de calidad. Como si dijéramos clavadista china, jinete húngaro, esquilador uruguayo. Un axioma relativo que parece postular, aunque no sea cierto por completo, pero sí estadísticamente sostenible, que no hay poeta peruano malo, siempre que sea poeta y no simplemente un peruano que escribe poesía. 

Esa denominación de origen ayuda, pero es insuficiente, para sostener que Mario Montalbetti integra, como integra, el podio de los nombres mayores de la poesía de habla hispana del presente. La importancia de Mario Montalbetti radica en que lleva al extremo la esencia del trabajo poético, que es cuestionarse cuestionando al lenguaje (“el valor de un poema no reside en lo que dice/ sino en lo que le hace al lenguaje”). Radica en que lo viene haciendo sostenidamente, al menos desde su segundo libro. En que integra otra disciplina relevante a la tarea (en su caso la lingüística) no como muleta sino imbricada esencialmente con el trabajo poético. Todo eso no lo hace de manera completamente críptica, a pesar de que en ocasiones se enrosca en una oscuridad buscada que parece vaciarse de claridad para postular -con Jaques Lacan, o con el recorte que Montalbetti elige hacer de Lacan y encajarlo con Gilles Deleuze, con Joseph Brodsky, con Blanca Varela- que el sentido es falible. No lo hace de manera completamente críptica sino que permite que el lector entre al poema para ser desafiado (ahí adentro, pero también afuera) y disfrute, a la vez, de su belleza.

Nacido en Lima en 1953, Mario Montalbetti es lingüista doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el MIT. No es lingüista además de poeta, sino que es lingüista en tanto poeta. Es a través de la poesía que logra desentrañar el lenguaje y, aunque un poco menos, viceversa. 

De sus escasos libros disponibles en Uruguay el más recomendable es Huir no es mejor plan (Mansalva, 2017), una muy acertada selección poética realizada por Gerardo Jorge y rematada con una esclarecedora entrevista. En Montevideo se puede acceder, además, al poema-ensayo Notas para un seminario sobre Foucault (FCE/Sur, 2018), pero quien tenga la suerte de recalar en Santiago de Chile -territorio más proclive a la poesía- podrá buscar también Sentido y ceguera del poema (Bisturí 10, 2018), complemento de Notas… para entender su interrogación poético-lingüística. Con estos tres ejemplos se podrá tener un panorama muy completo de su obra. 

Montalbetti debutó en libro con Perro negro, 31 poemas, en 1978. Incluye un conjunto de textos similar a otros correctos libros de poesía de su tiempo, pero aún no revela por completo su obsesiva preocupación por el lenguaje. Es un buen libro, tal como se puede inferir de los ejemplos incluidos en Huir no es mejor plan, pero todavía no se desengancha por completo de sus poetas admirados Antonio Cisneros o José Watanabe.

Antes de dar a imprenta su siguiente trabajo, Fin de desierto, el autor se toma 17 años. Mejor dicho 19, si consideramos la versión definitiva Fin de desierto y otros poemas (1997). En ese tiempo no deja de escribir, pero privilegia el acto de interrogar a la poesía. En lo que emerge tras ese paréntesis (lo que “sale a la luz”, para usar una expresión cara al autor) ya está prefigurado el plan poético de ese poeta maduro y definitivo que será Montalbetti. Se esbozará un poco más en Cinco segundos de horizonte (2005), donde aparece el quizá demasiado extenso pero justamente celebrado “Alrededores de San Lorenzo”, y se presentará con más claridad en El lenguaje es un revólver para dos (2008), donde está uno de sus principales textos programáticos: “Objeto y fin del poema”.

Llegamos así a sus dos libros mayores: Ocho cuartetas en contra del caballo de paso peruano (2008) y Apolo Cupisnique (2012). Su importancia radica, entre otras razones, en la capacidad de esta díada para adquirir sentido (y producirlo) dentro de una serie de cadenas (la poesía, la peruanidad, la poesía peruana) pero volviéndose singular, y en tanto singular volviéndose sólo intercambiable consigo misma (para tomar prestada una idea que Montalbetti desarrolla en su artefacto teórico Cajas, 2018). Es decir, su capacidad de ser algo que tiene algo, en su esencia, que no se parece totalmente a ninguna otra cosa. 

En Ocho cuartetas… está “Lejos de mi decirles compañeros”. Programa y cachetada, ese texto es un espejo que muestra a la poesía y al lenguaje reflejados frente a frente en un infinito distorsionado. En tanto que en Apolo Cupisnique (ya su título es un ejercicio de arqueología reformulada a través de lo literario) no hay página que tenga desperdicio: hay artes poéticas (es el caso de “Como Walcott”), traslaciones que exprimen lo brechtiano (“Para la tempestad”), exploraciones filosóficas (“Arce o sicomoro”), y textos radicales con apariencia de indagaciones sobre la identidad (“Introducción a la metafísica” con su mantra de “¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber peruanos?”).

Era difícil hacer un nuevo libro después de esos dos, por lo que Simio meditando (ante una lata oxidada de aceite de oliva), de 2016, tiene momentos muy buenos (y un gran título) aunque siempre deja la sensación de que pudo haber dado más de sí. ¿La veta se había agotado? Dos veces no. El primer “no” es porque Simio… no deja de ser un muy buen libro. Y el segundo “no” se debe a que Simio… fue un paréntesis para el siguiente punto de quiebre que resultó ser Sentido y ceguera del poema (2018). En Sentido… estamos ante un libro imposible de antologar, que debe leerse de punta a punta para captar la profunda imbricación entre teoría y práctica. Por eso, usar el verso para canalizar lo ensayístico, como ocurre en Notas para un seminario sobre Foucault (2018) resultará natural. Sobre todo porque Notas… parece una reelaboración de Sentido… (aunque sea en paralelo) más que un “aparte”. No sólo porque se pueden identificar ideas que han salpicado su prédica, sino porque hay, de hecho, fragmentos (breves pero centrales, como el de la ceguera del poema) casi idénticos en ambos libros, lo que no quiere decir que leyendo uno pueda dejar de leerse el otro. 

Tanto el corpus principal de su obra, que parte de Fin de desierto y tiene su punto más alto en Apolo Cupisnique, como el quiebre más decididamente teorizador de los últimos dos libros, tienen como marca unitaria la búsqueda, pendular, de poesía y lenguaje intentando explicarse (y realizarse) mutuamente. Es, en ese camino, una trayectoria que analiza el oficio a la vez que lo practica generando, en simultáneo, teoría y praxis.

Seis textos que lo ejemplifican

-1-
 Objeto y fin del poema
 
 Es de noche y tiene que aterrizar
 antes de que se acabe el combustible,
 Así terminan todos sus poemas,
 tratando de expresar con un lenguaje
 público un sentimiento privado.
 
 Su ambición es el lenguaje del piloto
 hablándole a los pasajeros
 en medio de una situación desesperada:
 parte engaño, parte esperanza, parte verdad.
 
 Todos los poemas terminan igual.
 Hechos pedazos contra un cerro oscuro
 que no estaba en las cartas.
 
 Luego hallan los restos: el fuselaje,
 la cola como siempre, intacta,
 el olor a cosa quemada consumida por el fuego.
 
 Pero ninguna palabra sobrevive.
 (De El lenguaje es un revólver para dos)
 
-2-
 Lejos de mi decirles compañeros
 [55 versos]
 
compañeros nuestros versos están demasiado pesados demasiado cargados de castellano
 demasiado escritos en una lengua muerta el castellano es una lengua muerta
 la unidad del idioma la unidad del idioma no tiene la menor importancia compañeros les    propongo el idioma no tiene unidad
 compañeros de generación nuestros versos podrían estar escritos en una lengua más conjetural están demasiado cargados de castellano de unidad como si fuéramos uno no somos uno está muerto
 somos tres cinco con el mundo ¿por qué no seis nueve con la lengua?
 compañeros esto no es una ribera del ebrio
 esto es una ladera o un arenal o un robo a mano armada esto es un robo a mano armada
 ¿por qué queremos aparecer como ciudadanos presentables? con nuestros papeles libros bajo el brazo con nuestras sonrisas maletines
 algo como un biombo parte en dos nuestras vidas una parte continúa hasta el final del muelle la otra se vuelve naturaleza muerta con papayas mangos tilapia y reloj
 vamos a las playas …y así fue como entré a la burguesía
 ¿por qué es que justo antes de llegar vemos huertas de hortalizas flotando en la niebla?
 puestos de chicharrones a ambos lados de la vía anuncios de una fiesta de hace dos semanas
 compañeros de generación seamos menos comprensibles menos tolerantes seamos menos
 los habitantes salen al camino los peces se ocultan
 yo personalmente no me importa la tolerancia porque hace que todo se parezca a todo se vuelva indistinto sacamos una navaja de bolsillo
 sacamos una navaja de bolsillo extraemos los clips que unen los cuadernillos extendemos las hojas en blanco para ampliar la superficie hacemos marcas hacemos marcas ¿y?
 compañeros lejos de mí decirles qué hacer pero he visto a banqueros hacer lo mismo
 nos enfrentamos a una historia elaborada asociando formas visibles susceptibles al sentido una a otra
 ¿no se nos ocurre algo mejor que contribuir con más imágenes? es posible que hayamos sido seducidos a masturbar al fantasma
 ¿para qué queremos ser plásticos? mejor la línea recta
 ¿dónde están las trochas? escribimos sobre vías asfaltadas no me hagan citar
 hablar no es solo hablar compañeros hablar es hablar siguiendo ciertos protocolos de inteligibilidad los protocolos no son nuestros nos gusta someternos ¿queremos seguir haciéndolo?
 compañeros de generación abandonemos todo eso el que tiene una oreja que escriba
 el que tiene huachafería que es criba
 si no hablamos la misma lengua busquemos otras complicidades no hablamos la misma busquemos otras complicidades
 eso fue un modus ponens compañeros pero lejos de mí decirles compañeros
 cuerpos cuyas partes recubiertos de grasas duras bronces estirados marcan el no paso del tiempo alrededor de sus ombligos amamos sin querer un hallazgo lejos de mí decirles
 compañeros de generación amamos sin querer
 ¿no es sugerente el enorme esfuerzo que ponen en despedirnos? cada vez que nos invitan a algo algo se convierte en nuestra despedida
 un crustáceo recorre dasso en menos tiempo y es menos estúpido pero nos siguen invitando despidiendo
 compañeros una palabra a la que no le brote xantomas así creen que quisimos decir fantomas pero decimos cantamos
 un objeto neutral que no se combe que no se venza
 transparente si visto denso si oído incapaz si palpado inestable si frecuente
 hese aquí la oscuridad es una reserva privada rasgada por un cuerno de rex vocabularius rex
 o sintaxis rex
 no hablamos su lengua no hablemos su lengua describamos los pasteles de crema y fruta con severidad y pesimismo
 compañeros de generación primero las malas noticias seguimos en algunas listas
 sarcasmos aparte esto es lo que hallo enteramente posible des engancharnos de la unidad de la lengua para hacer nuestro trabajo
 economía política estética no lengua no castellano aquí no se habla español no unidad
 compañeros es enteramente posible pero dejemos de imaginar cosas el que dijo la imaginación al poder es un fino
 el que dijo el trabajo dignifica es un fino
 ya no me siento espiado por el tiempo
 que no sea decir así son las cosas resultado el capitalismo es tolerancia infinita
 ahora las buenas noticias son dos las buenas noticias la primera hay un cortocircuito que está a nuestra disposición pero supone manchar las páginas de tinta y eso es difícil en nuestro mundo electrónico y la segunda es que estamos en las listas pero no están grabando no nos escuchan no nos oyen no llegamos a casi nada
 deje su mensaje después de la señal todavía hablan como si los mensajes fueran todavía señales
 compañeros si me pasan la a la b la c la ch y así hasta la x y z y luego les pregunto qué dice más fuerte no se oye qué dice bueno por lo pronto eso nos permitiría tomar la academia peruana de la lengua
 una sola lengua que no entendemos que no practicamos que no queremos ¿por qué?
 castellano total en el centro de una pira espero que digan de nosotros se fueron de lengua
 eso quiero en mi lápida “se fue de lengua” se liberó se escapó del tesoro
 del rey al buey todo el mundo hace lo que le dicen
 otro frente impopular un frente frío entendido como una frente fría eso hace que no sepamos si un verso está ahí por necesidad estética o conceptual
 ese es el dilema del sastre queremos justificar lo que hacemos hay dos formas le contamos una historia a la lengua o le contamos una historia a nuestros amigos
 pero en cualquier caso nos sometemos y no veo por qué debemos hacerlo
 compañeros ya no sé qué más decirles
 buen tal vez si agrupamos todo en grupos de cinco
 
 (De Ocho cuartetas en contra del caballo de paso peruano).
 
-3-
 Como Walcott
 
 Escribo a mano con un lápiz Mongol No.2 mal afilado
 apoyando hojas de papel sobre mis rodillas.
 
 Ésa es mi poética: escribir con lápiz es mi poética.
 
 Si alguien pregunta como quién quiero escribir
 respondo “como Walcott”. Ésa también es mi poética.
 
 También, esperar a que ella me muerda el cuello
 para comenzar a escribir es mi poética. La oscuridad del mar,
 lleno de pliegues, es mi poética. Ella pregunta como quién
 quiero escribir
 
 y yo respondo “no sé, como Walcott”. O más bien
 
 mi poética es di algo visceral de una buena vez,
 como en la ópera, sin esperar que ocurra una muerte
 especialmente interesante al final: es mi poética.
 
 Lo del lápiz mal afilado es indispensable para mi poética.
 
 Sólo así quedan marcas en las hojas de papel
 una vez que las letras se borran y las palabras ya no
 
 se entienden o han pasado de moda o cualquier otra cosa.
 
(De Apolo Cupisnique).
 
-4-
 Introducción a la metafísica

 ¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber peruanos?
 Tal vez sea una pregunta arbitraria. Tal vez no.
 Pero esa es la pregunta que los peruanos nos hacemos
 
 a lo largo de nuestro pasaje histórico por el tiempo.
 “¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber peruanos?”
 Algunos nunca se hacen la pregunta, pero la pregunta
 
 está ahí. Algunos la cambian por otra: “¿Por qué adoramos
 
 al felino en lugar de no adorar al felino?” pero no es lo mismo.
 La pregunta, la primera pregunta, es “¿Por qué hay
 
 peruanos en lugar de no haber peruanos?”. No todos
 nos hemos hecho la pregunta pero todos hemos sido
 tocados por la pregunta en algún momento de nuestras
 
 vidas, sin saber exactamente de qué se trata. En momentos
 de gran desesperación, por ejemplo, cuando vemos cómicos
 en televisión, cuando escuchamos hablar a las autoridades
 
 políticas, militares, sobre todo a las eclesiásticas, cuando
 asistimos a un partido de fútbol, cuando leemos los diarios,
 cuando el sentido de las cosas se oscurece verdaderamente,
 
 entonces surge la pregunta. “¿Por qué hay peruanos en lugar
 de no haber peruanos?”. La pregunta tal vez suene una sola vez
 en nuestras vidas, como el tañido de una campana que luego
 
 desaparece, pero todos la reconocen. Por eso, en el fondo,
 se trata de una pregunta gozosa. Cuando la hacemos todo
 a nuestro alrededor se transforma, todo se vuelve más fácil
 
 de entender. “¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber
 peruanos?”. Esa es la pregunta que se repite, esa es la pregunta
 que nos acompaña, la pregunta que llevamos con nosotros
 
 como quien lleva un atado de ajos a la cocina. Ningún
 peruano sabe la respuesta. Pero la pregunta nos permite
 comer, hablar, y tener algo que contarle a nuestros hijos.
 
 (De Apolo Cupisnique).
 
-5-
 
(…) Leer una novela es como subirse a un avión
 un día de buen clima, con sol, con pocas nubes,
 un día en que el avión no vuela muy alto
 y es posible ver por las ventanillas las montañas,
 los ríos, grandes planicies, campesinos cosechando,
 amantes besándose, tiranos torturando, etc.
 
 Y esto porque la novela trabaja con lo que he llamado el compañerismo entre decir y   ver.
 
 decir y ver colaboran para hacer
 un “decir-ver” todo junto.
 
 Leer un poema, en cambio, es como subirse a un submarino 
 en medio de la noche
 y realizar una inmersión bastante profunda
 en un mar poco transparente.
 
 (…) El poema es tal vez el único uso del lenguaje
 que asume la condición radical de su propia ceguera.
 
 (Fragmento de Sentido y ceguera del poema)
 
 -6-

 (…) Sigamos
 El intelecto es curvo, dije.
 Fue a propósito de un diseño de Lenin.
 Es curvo porque
 Esa es la única forma que tiene el intelecto
 de enlazar todas las vecindades de sus objetos.
 
 Todo intento de enlazar es curvo.
 El surrealismo es curvo.
 Toda zurcida es curva también.
 Los significantes se conducen con rectitud
 hasta que son curvados 
 por la fuerza del intelecto.
 
 Y la curvatura del intelecto corresponde
 a la curvatura del lenguaje.
 
 Pero, ya saben, nada curvo puede apuntar 
 hacia afuera.
 
 (…) Y ahora algo más:
 El sentido es ciego. Apreciaría si anotan eso:
 
 el sentido es ciego.
 el sentido es un vector que apunta hacia el afuera
 
 y el intelecto es lo que trata de obstaculizarlo,
 le pone trabas, lo hace encallar.
 
 (…) Avanzo rápido porque todo esto ya lo hemos visto.
 Entonces, el sentido del poema,
 es decir, el vector que apunta hacia afuera
 es lo único que debería importarnos acá.
 
 (…) Afuera no hay nada, por lo que
 no hay nada a qué apuntarle.
 
 Pero se puede apuntar hacia afuera.
 
 No es fácil. Se apunta con todo el cuerpo.
 Con todo el cuerpo del poema. Y se arroja.

 arrojo una palabra la palabra se aleja de mí describe una parábola
 
 ¿Qué? Siempre hay un verso que sale disparado
 mientras que el resto del poema
 se arquea como dándole efecto, se dobla,
 
 una contorsión envidiable que le da sentido
 (dirección, viada, orientación)
 a un verso que sale disparado hacia un afuera
 
 del que no sabemos nada. La puntería,
 la contorsión del poema entero
 se produce justamente con el desfase,
 
 con el desfase entre el decir del poema
 y lo que no ve, lo que no puede ver.
 Entonces es un apuntar ciego.
 Y eso es el sentido.
  
 (Fragmento de Notas para un seminario sobre Foucault)
 

Mario Montalbetti Solari nació en el puerto del Callao, Lima, el 13 de febrero de 1953. Lingüista y poeta, fue uno de los fundadores, en 1979, de la revista cultural Hueso Húmero. Ya ese nombre habla de su preocupación por el cruce entre lenguaje y poesía que es, en definitiva, su preocupación -aunque no lo exprese de ese modo- por cómo escribir poesía después de César Vallejo. Alterna la docencia en la Pontificia Universidad Católica de Perú (ver en Youtube el video «Tres ideas equivocadas en el lenguaje») con la escritura poética. Hay una versión de sus poemas reunidos en Lejos de mí decirles (2013) y al menos dos antologías: En una lengua rompida (Ruido Blanco, 2017) y la ya mencionada Huir no es mejor plan (Mansalva, 2017). Sus poemarios unitarios son, hasta el momento, Perro negro, 31 poemas (1978), Fin desierto (1995, luego ampliado a Fin desierto y otros poemas, 1997), Llantos elíseos (2002), Cinco segundos de horizonte (2005), El lenguaje es un revólver para dos (2008), Ocho cuartetas contra el caballo de paso peruano (2008), Vietnam (2014), Simio meditando (ante una lata oxidada de aceite de oliva) (2016), Sentido y ceguera del poema (2018) y Notas para un seminario sobre Foucault (2018). Como ensayista ha publicado Lacan arquitectura (junto a Jean Stillemans, 2009), Cajas (2012), Cualquier hombre es una isla (2014), El más crudo invierno. Notas a un poema de Blanca Varela (2016), Epiciclos (2018), La ceguera del poema (2018), El pensamiento del poema. Variaciones sobre un tema de Badiou (2019). Tiene también un libro para niños: El vigía (2013).

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