ANÓNIMOS LIBRES

Texto Anónimo

Y al fin un día pudo ejercer. Tocar cuerpos, aliviar angustias, eso nunca fue exactamente su metié. Lo suyo era ejercer un papel. Lo intuyó quizá oscuramente a lo largo de éstos años, pero la pandemia se lo hizo evidente. El papel de someter a los demás con una sonrisa. El verdadero poder, aquel al que se somete agradecido el sometido. Nunca tuvo tantas luces y micrófonos apuntándole a él. Mamando su saber, por así decirlo. Nunca tanto brillo sobre su gris existencia. El sólo quiere salvar vidas, ¿quien podría reprocharle algo?

Anuncia lo que ya sabe que va a pasar, pero lo hace como si nos fuera posible evitarlo, si tan sólo fuéramos como él. Pero no somos. Jamás lo seremos. Los flashes nunca nos apuntan a nosotros. El lo lamenta, profundamente. Porque sabe mejor que nadie lo que genera. Miedo, angustia, desconfianza, desazón, delación. Apelar a lo peor del alma humana. Juraría que le duele más a Él que a nosotros lo que nos hace.

Y lo seguirá haciendo hasta la última gota que dé ésta teta.

Quién sabe qué especulaciones le hicieron creer a ella un día que aquello no era una mala idea. Una carrera tirando a corta, un sueldo más bien bajo pero, con el tiempo, seguro. Vacaciones más largas. Mucho menos ostentoso que la hermana pero titulada al fin. Pasó nervios ese día. De todo lo que le dijeron ella entendió que no estuvo tan mal aunque no tiene idea de por qué. Pero pasó.

Ahora aquellos años de la práctica están tan lejos… Ahora es grado 4. Dirán lo que quieran, pero ella es intachable. No piensa moverse de su casa. Nadie podrá decir que va a arriesgar la vida de esos molestos y ruidosos jóvenes. ¡Lo que faltaba.! Ella siempre se conecta. Si ellos no aparecen, bueno, ya se sabe cómo son los adolescentes. Se aprovechan. Están de vivos.

Los que se conectan son los que aprenderían igual sin nosotros. Aprenden a pesar de ella, pero jamás lo entenderá.

Ya no tiene que seguir inventando excusas para no entrar a esa tenebrosa sala de espejos deformantes que puede ser un aula. El tiempo, un curso, el paro en el que no cree. Ahora no precisa. Ella siempre se conecta y punto. Eso es lo que le piden y en eso se fijan los que año a año la atornillan cada vez más en su lugar.¿Quien la va a tachar de egoísta, si ella siempre comparte?

Ella siempre , siempre comparte: “nos cuidamos entre tooodooooos”

Aunque parezca mentira había algún bobo que esperaba que la gente especial, como él, lo defendiera de ésta locura. Que exigiera pruebas, razones, estadísticas. O que reclame lo que reclama siempre, lo “inconsulto” de todo el asunto. ¿Era necesario herniar casi todas las vidas para salvar algunas? No digo que se inmolara, pero que hiciera sentir “la voz de los que no tienen voz”, ¿no? 

Con esos altoparlantes gigantes que tienen los especiales. ¡De ninguna manera…! Mirá si se iba a perder ésta oportunidad. Una chance de gol de campeonato, tirarle todos los días más y más muertos por la cabeza a un oligarca puto. Correlación de fuerzas, papá. Tiempos políticos. Y viene un gil a pedirle que cuestione no sé qué del mundo. Lo que hay que hacer es picanear, ahora nos toca a nosotros.

Y pensar que al principio no supo qué hacer. No lo podía creer. No sabia cómo sacarse ese gusto de la garganta, ese olor a nafta que lo impregnaba todo en las reuniones después de la derrota. Los bidones con los que iban a tocarle fuego a la pradera. Pradera guampuda, desagradecida que no supo elegir. Que se jodan. Si hasta se merecen lo que les están haciendo.

Pero él es lo que es, un Justiciero , y mientras pueda seguirá aventando muertos como cócteles molotov a la foto ganadora. Como para dejarla pasar estamos…

A éste hay que matarlo de chico porque sino…

A veces no puede creer que se le estén terminando los muertos, con lo lindo que venía la cosa. Pero él se encargará de que nadie olvide nunca a (algunos) muertos, esos tan especiales como él.

Siempre supo que quería ser policía. Pero siempre supo que no podía decirlo. Esa sensación extraña y poderosa que tuvo de joven al separar a los dos más chicos que él que se estaban peleando. El sabe que hay que estar del lado de los buenos. Y él es bueno. Intachable como su uniforme. No será azul pero se parece. Las normas están para algo, y las autoridades saben lo que hacen. ¿Por qué otra razón serían autoridades? Sino entendemos eso estamos todos locos.

Su trabajo es vigilar la entrada. No será lo mismo, pero. Y ahora hay un peligro horrible que nos acecha a todos. En todos lados. Está en el aire, en las superficies, en la cara de esa niña boba, en ese par de pelotudos que llegan riéndose. Como si no supieran lo que pasa.

Nadie entra sin que él lo apunte con su aparato medidor. No será lo mismo, pero. 34.7, pase. Hoy no le tocó rociar a la gente con algo, ni perseguir malévolos parentescos. Hoy no le toca mirar cabezas gachas durante 12 horas. No importa. Mejor.

Cuanto más lejos de las manos de los demás, mejor.

Ellos tenían todas las respuestas. Al fin, la educación. Pero pasó lo inevitable. Pasó lo impredecible. Una cada cien años, y justo ahora. Inesperado, descolocante, incierto. Y aún así, lo hicieron. Lo que había que hacer. Hace tanto tiempo.

«¡A las gallinas hay que desplumarlas de golpe para que no pataleen mucho…!”

No, pará…¿era así? No recordaba exactamente la ocurrencia del viejo, pero recordaba haberla entendido y festejado en voz baja, con un dejo de pudor. Supo aguantar, apretar los dientes. Todo él es un esfínter. De la frase entiende lo que quiere entender, y le da para adelante : la excepción será la norma, lo nuevo será normal. Porque ahora las autoridades vuelven a gobernar. No entiende el que no quiere. Esos dudantes, los mediocres de siempre. los enemigos del futuro y el progreso. A esos hay que ignorarlos. Nadie podrá decir que no supo capear el temporal, y transformar una crisis en una oportunidad de avanzar. Si estuvieran más enterados de hacia dónde va el mundo, reconocerían que lo que él está impulsando es una revolución. Pero ¡por favor!, no lo malentiendan. Una de las lindas.

En otra galaxia, en sus casas, o subidos a un árbol, o garroneando en la intemperie la generosa señal del súper, los beneficiarios de esa revolución intentan entenderme. A mí, otro completo desconocido, ridícula mueca pixelada en su pantalla rota.

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