ENSAYO

Uno de los discursos emergentes – nada novedosos- resultado de la crisis sanitaria por el Coronavirus es el pedido más o menos especifico, por la implementación de algún tipo extendido de “gobierno mundial”. Esta idea, que en general tiene numerosas formas de manifestarse relacionadas con el grado y la profundidad del anhelo centralizante, puede sintetizarse en una carta que numerosas personalidades remitieron como exhorto al mundo, y que de forma extremadamente diáfana podría catalogarse como el “Partido globalista”, espacio común donde la tónica de sus miembros es representar a gran parte de la plana de burócratas globales, políticos estatistas y economistas del gasto público, entre otros.

Por Diego Andrés Díaz
Abril 13, 2020

Más allá de la consabida liturgia bienpensante sobre profundos deseos de buenaventura globalizada y garantías de seguridad absoluta, el mensaje es sumamente claro: los problemas globales requieren decisiones globales centralizadas, definidas por las burocracias globales de las que formaron o forman parte la mayoría de los “abajofirmantes”. No es extraño que este pedido centralista sea muy parecido al al “anhelo-análisis” que el filosofo mainstream Slavoj Zizek realiza en una publicación reciente, titulada pomposamente “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de “Kill Bill” y podría conducir a la reinvención del comunismo”.  En un frenesí de descripciones y excitación al ver incendiarse la pradera, sugiere al respecto de las medidas y su implementación centralizada: “…un primer modelo vago de una coordinación global de este tipo es la Organización Mundial de la Salud, de la cual no obtenemos el galimatías burocrático habitual sino advertencias precisas proclamadas sin pánico. Dichas organizaciones deberían tener más poder ejecutivo” [el resaltado es mío]. Sin detenerse, continúa ahondando sobre la necesidad de centralizar los modelos de gobernanza, y se pregunta: “…¿debemos comenzar a crear algún tipo de red GLOBAL de atención medica?…” [las mayúsculas son de Zizek]

Los caminos de estas dos posiciones se entrecruzan de forma clara: todo sería mejor si centralizamos las decisiones, las uniformizamos y el mundo las sigue al pie de la letra. Es imposible dejar de señalar los enormes desatinos, contradicciones, marchas y contramarchas, errores y horrores que la OMS ha demostrado en esta crisis -sin entrar a señalar las evidentes connivencias con este poder globalista- y la reivindicación que hace de la misma desde Gordon Brown a Zizek, sin escalas. 

Como ya me referí antes, la lectura apresurada de estas dos posiciones en proclamar el centralismo global como solución no representa una novedad -suelen pedir gobernanza global, Banco central único global, sistemas educativos únicos globalizados, y un larguísimo etcétera- y en época de miedo generalizado, la idea de una uniformización sanitaria transforma una propuesta notoriamente política, en una apelación a la bondad universal.

¿De verdad podemos llegar a las conclusiones que plantea Zizek, o a los pedidos de la burocracia globalista, a partir de la evidencia sobre las distintas estrategias para enfrentar la crisis? La propuesta centralista parece tener gran prensa y propaganda, pero poco de que asirse para sostener su pedido, salvo la “política del terror”. Como discurso, los sistemas centralizados, se presentan como los más “racionales” y “económicos”, además de proyectar en la mentalidad colectiva la uniformización de recursos y estrategias, y operar allí extendiendo la idea que lo que se universalizará será el modelo máximo ideal. 

Pero los sistemas centralizados tienen el enorme peligro que, ante el primer problema que surge en uno de sus eslabones, todo colapsa. Esta característica del centralismo se evidencia en diferentes ámbitos: sucede en los sistemas logísticos, de transporte, de salud, o el que sea. Si se configurase una centralización metodológica y estratégica con respecto a la pandemia (un gobierno mundial, o directivas obligatorias de OMS para todos los países) nos enfrentaríamos a tres gravísimos problemas:

1. Que cualquier falla o error en la estrategia-aplicación de medidas sanitarias causaría daños globales y no locales. (modelos globales – errores globales)
2. Que no existirían medios alternativos para paliar el error. (Modelo único centralizador de toda la capacidad técnica-material.

3. No podríamos cotejar, comparar y analizar si una estrategia fue buena, regular o mala por no tener alternativas a la misma.

Este tercer punto es central. Al existir modelos diferentes de estrategia y acción por países, es decir, modelos “redundantes”, podemos comparar cuál es más conveniente y cual fue un error, cual decisión es más ajustada a la conveniencia nacional y cuáles estrategias no lo fueron. Esta característica de una estrategia variada, “redundante”, es clave para ir ajustando los modelos. Y esto vale para las estrategias sanitarias, los sistemas de transporte, los sistemas de logística, o la distribución de alimentos.

Los ejemplos de la conveniencia de modelos redundantes frente a la tendencia centralizante son cuantiosos. Supongamos que por “centralizar” el modelo de acceso a los bienes que necesitamos, se organiza un “gran almacén central” en nuestro barrio. Si se incendian sus instalaciones, por ejemplo, tendríamos una crisis de provisiones básicas. La existencia de un sinfín de opciones, de diferente tamaño y estilo, permiten alternativas para proveerse de lo necesario. La crisis de los “test fallidos” de Coronavirus que experimentaron varios países por centralizar las compras, son un ejemplo de ello.

Otro ejemplo, histórico, es el de los sistemas de transporte. Una de las causas de la apabullante victoria de las fuerzas militares prusianas y alemanas en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) y del declive de esta superioridad alemana para la Primera Guerra Mundial -aunque aún presente- fue la velocidad en el movimiento de tropas que las fuerzas germánicas ostentaban frente a las francesas.

En este punto, el ferrocarril parece haber sido un elemento central en la victoria, ya que permitía la movilización de tropas y logística de forma veloz y coordinada desde y a diferentes puntos del frente de batalla. Es larga la lista de historiadores que han señalado la importancia del ferrocarril en la victoria prusiana. La idea de Helmut Von Moltke de “no construir fortalezas, construyan ferrocarriles”, parecen anticipar la importancia de la “economía de guerra”, y a su vez, la planificación, en este elemento crucial.

Pero cuando se repasa la historia del desarrollo ferroviario en Europa, está teoría tiende a derrumbarse. La construcción de vías férreas se expandió a un ritmo impresionante entre las décadas del 30 y 40 del siglo XIX, a tal punto que al finalizar la década de 1840 se habían construido 10.715 km de vía en Gran Bretaña, 6.080 km en los estados alemanes y 3.174 km en Francia. Es decir, el desarrollo alemán es previo a la unificación y a Moltke. Esta ventaja en los kilómetros desarrollados en los estados de una Alemania políticamente fragmentada frente a la centralizada Francia se deben a la duplicación y competencia de su desarrollo. La “estrella de Legrand”, modelo centralizado del desarrollo ferroviario de Francia -y de buena parte de los países afrancesados- centraliza todo el proceso de transporte en París. Además de las consecuencias sociales y culturales de este proceso -se podría analizar las consecuencias del centralismo en la cultura- se manifiestan en el desarrollo práctico de los ferrocarriles. Este modelo centralizado en París se mostró rápidamente ineficaz y con tendencia al colapso -elemento agravado por la guerra- comprometiendo todo el sistema general. El sistema ferroviario alemán, como era más antiguo y resultado del desarrollo independiente de diversos estados, previo a la unificación, es un modelo más «desorganizado», descentralizado, con atajos y conexiones no “geométricas”, “centralizadas”, “cartesianas”. ¿Cuáles tropas llegaron mas rápidamente a las fronteras? Basto un colapso en una de las partes centrales de la estrella de Legrand para que todo el sistema se venga abajo. El modelo alemán era más flexible por su carácter “anárquico” y “barroco”, que permitía soluciones prácticas aisladas frente a problemas específicos en alguno de sus puntos.

La diferencia práctica que demuestran las estrategias redundantes en sistemas de respuesta frente a la tendencia centralista, son una faceta bastante notoria de la crisis sanitaria global: podemos analizar las mejores estrategias a seguir con el problema del Coronavirus porque hay planes “descentralizados”, sistemas “redundantes”, estrategias variadas por países e incluso en la interna de cada país -el caso del Veneto frente a otras zonas de Italia toma publicidad en estos días- que nos permiten comparar, medir, cotejar y ver cómo se van cambiando y ajustando las decisiones. Un único modelo global sanitario sería una tragedia sin precedentes, ya que no nos brindaría elementos comparativos.

Las pandemias parecen demostrar exactamente lo contrario a lo manifestado por estos representantes del Partido Globalista: para obtenerse mejores resultados y una adecuación constante, requieren de una poderosa descentralización. Esto es aplicable a las dimensiones globales, como a las nacionales o locales. Incluso este modelo descentralizado será la clave -ya la esta siendo- para obtener mejores resultados frente a la crisis: la enorme cantidad y variedad de respuestas en la elaboración de equipamiento médico, medicinas, respiradores, y un sinfín de bienes necesarios para la crisis sanitaria -incluida la vacuna- que logran potenciar y maximizar notoriamente las respuestas ante los problemas emergentes. Una centrlización de las estrategias, además de no permitir las consecuencias beneficiosas de un sistema redundante (colaboración, comparación, aprendizaje mutuo, adaptación ad hoc e incluso improvisación) representaría una amplificación de los daños por estrategias mal diseñadas, en escalas que representarían daños sanitarios, económicos y sociales, tan globales como las estrategias propuestas


  1.  https://elpais.com/elpais/2020/04/07/opinion/1586254452_353504.html tomado de: https://www.project-syndicate.org/commentary/a-letter-to-g20-governments-by-erik-berglof-et-al-2020-04
  2. ZIZEK, Slavoj, Sopa de Wuhan, Pág. 21. Tomado de una publicación del mismo autor aparecida el 27 de febrero de 2020 en Russia Today.
  3. Pág. 24
  4. Nótese también la tendencia creciente de proclamar cierta inhibición o censura del debate sobre las decisiones políticas, a partir del supuesto principio de autoridad de la “ciencia”, y su monopolio de la competencia en la cuestión epidemiológica. Esta apuesta es sumamente falaz, ya que si algo caracteriza a la Ciencia como expresión de conocimiento es su constante reelaboración y debate sobre sus propios pasos. La apelación a esconder decisiones netamente políticas, e incluso estrechamente relacionadas a geopolítica, detrás de cortadas científicas, solo nos recuerda que son campos en estrecha relación e interacción. 
  5. Incluso Von Moltke en su obra sobre la guerra, enfatiza las enormes dificultades que tenia el estado mayor francés para movilizar las tropas con su sistema ferroviario, por la “insuficiencia de sus vías férreas”, destacando las enormes dificultades de movilización y colapso del sistema de trenes francés por su concepción. ( MOLTKE, La Guerra Franco Prusiana, MONTANER Y SIMONS EDITORES, Barcelona, 1891. pág. 11)
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