ENSAYO

Debo decir que no soy un gran cultor de la recurrencia cíclica de la historia, pero en estos días de encierro y reflexión, y luego de varias lecturas al respecto, encuentro que las similitudes entre las inundaciones que sufrió Uruguay en marzo-abril de 1959 -y algunos de sus hechos políticos y sociales- tienen varios puntos de contacto con la situación que se vive hoy en medio de la pandemia del coronavirus.

Por Valentín Trujillo
Abril 13, 2020

El 1° de marzo de 1959 había cambiado el color y el signo del gobierno, luego de casi un siglo de predominio, con breves altibajos, del Partido Colorado. El nuevo colegiado comandado por el Partido Nacional, donde por muy pocos votos predominaron los herreristas frente a los independientes, en unión con el movimiento ruralista de Benito Nardone, venía a sustituir a los últimos trece años de gobierno marcado, básicamente, por la figura de Luis Batlle Berres y sus líneas de acción política. 

El cambio había originado una ola de esperanza y de expectativa, bajo la luz de los desafíos de una alianza nueva, que poseía puntos disímiles en su interna. Uno de los principales voceros de la Liga de Acción Ruralista era el diputado, Alberto Manini Ríos, padre del general Guido Manini Ríos. 

El último colegiado batllista (1954-1959) dejaba un déficit notorio en las cuentas públicas y el flamante ministro Juan Azzini llegaba con un importante plan de reestructura y reforma cambiaria, sumado a un programa de austeridad y ahorro para las arcas estatales.  

Durante el verano de 1959, la transición se encendió con algunas polémicas por eventuales ajustes que unos y otros no hicieron o debían hacer. Notoria fue la polémica por la suba del precio del trigo, que afectaba directamente el precio del pan y derivados. El ajuste del gobierno saliente fue muy bajo y el gobierno entrante debió aplicar la antipática medida de aumentarlo. El semanario Marcha, parado desde una supuesta vereda imparcial entre las dos fuerzas políticas en pugna, criticaba a ambos por el pase cruzado de facturas.

A pocas semanas de iniciado el nuevo gobierno, cuando todavía sobrevolaban las recriminaciones por la suba del precio de algunos productos, acaeció la llegada de una crisis externa de origen no político: el cielo se abrió la canilla y comenzó a llover de forma torrencial durante casi un mes, con un total acumulado en muchas regiones que sobrepasó en esos días los niveles anuales. Los hechos son conocidos: los ríos se desbordaron y dejaron a miles de personas sin hogar. La ciudad de Paso de los Toros y otras se inundaron y los desplazados se multiplicaron en todo el país de forma exponencial. Buena parte del país quedó a oscuras, con problemas de abastecimiento y vivienda, sin clases ni servicios básicos cubiertos. Las inundaciones produjeron un parate gigantesco en el aparato público y en la economía privada (comercio, empresa y agro).    

Ante tal marasmo, el nuevo gobierno tomó medidas drásticas: el 17 de abril decretó medidas prontas de seguridad, que a pesar de algunas reticencias iniciales por parte de la oposición luego tuvieron amplio consenso. El ministro de Defensa de la época, general retirado Cipriano Olivera, declaró que se luchaba en una guerra, no contra un ejército enemigo, sino contra la naturaleza.    

Ante la ausencia entonces de un Sistema Nacional de Emergencias, se creó un Estado Mayor Interministerial, al mando del general colorado Óscar Gestido, que a su vez comandó la Comisión nacional para los Damnificados. Dicha comisión además centralizó las grandes donaciones que surgieron por parte de la sociedad, tanto de empresas como de individuos particulares. La crisis humanitaria fue una oportunidad para potenciar algunos futuros dirigentes políticos. Aparte de Gestido, otro militar ganó bastante notoriedad por las acciones que tomó en las evacuaciones: Líber Seregni. 

Como lo señala Pablo Brugnoni en su tesis de maestría sobre las inundaciones de 1959 (disponible en internet), hay elementos en la forma en que se procesó a nivel político la crisis de las inundaciones que pueden tener proyecciones sobre el presente:  

  1. La culpa quedó muy diluida, porque el fenómeno exógeno eximió de responsabilidades al nuevo gobierno. 
  2. Las críticas de la oposición terminaron por volverse palabras de unión en el enorme desafío de la “reconstrucción nacional”
  3. La batalla por la opinión pública: muchos ministros salieron a la cancha mostrando sus acciones y cosecharon buena imagen en la ciudadanía 

El gobierno, a través de diversas acciones y redireccionamientos de fondos, cubrió los gastos de las inundaciones. A nivel político y simbólico, salió muy fortalecido. En diciembre, el gobierno logró aprobar una de sus leyes bandera del período: la reforma Cambiaria, y algunos analistas aseguran que se consiguió una ola de unidad producto del estado social luego de las inundaciones, que favoreció un sentimiento de gobernabilidad.

En medio de la crisis, incluso un medio en general combativo como el semanario Marcha, en un editorial del 17 de abril de 1959, presumiblemente escrito por Carlos Quijano, decía lo siguiente: “Siempre que llovió, paró. Saldremos adelante. De nosotros depende que sea pronto. La prueba a que estamos sometidos servirá para encontrarnos a nosotros mismos, para mostrar y mostrarnos de lo que somos capaces. Para rehacer, en la desgracia, al país. Démosle la cara al destino y dispongámonos –cabeza fría, corazón caliente- a pelear contra él. Lo doblegaremos”.

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