ENSAYO

Que los cambios en las sensibilidades son de muy larga duración es un axioma que todo historiador acepta. Resulta que los historiadores deberán reformular este axioma, pues el Coronavirus vino a demostrar que en ciertas circunstancias, el ritmo de la Historia se acelera y en muy breve tiempo el mundo entero vivió un brusco cambio en su sensibilidad. No importa que un día el Coronavirus vuelva a su «ritmo», sus efectos serán permanentes.

Por Marcelo Marchese
Abril 13, 2020

Veamos lo obvio: tres metros separan a un humano del otro, en el caso que un humano vea al otro; se impone un tapabocas sobre aquello que nos hace humanos; hay denuncias e insultos para quien juega con sus hijos en la plaza; se nos impide bañarnos en el mar o contemplarlo; se incrementan las acciones e intercambios no reales, sino virtuales; asistimos a una tiranía de la estadística sobre el pensamiento y a una tiranía del número sobre la palabra; se suspende nuestra capacidad de producir riquezas y debajo de todo esto y encima de todo esto, nos inunda un tsunami de miedo y culpa.

La “pandemia” ha actuado como un knockout, pero ante un cuerpo previamente golpeado. Este alejamiento de los otros se da cuando ya vivíamos cierto alejamiento, cuando en parte ya estábamos separados unos de otros, de igual manera que la campaña contra el sexo y el deseo, campaña cuya expresión más pura es el METOO, era coadyuvada por una previa merma de la actividad sexual.

Los efectos disciplinantes del Coronavirus irán a reforzar la Agenda de la Corrección Política que se nos viene imponiendo, una agenda que busca dividirnos en un proceso de división que primero que nada y antes que nada, busca dividirnos de nuestra humanidad.

No hay besos, no hay abrazos, no se da la mano sino el codo, y del sexo, ni hablemos, y como si esto fuera poco, y como síntesis genial de la operación que disciplina, el tapabocas. Todo esto es un inmenso tapabocas sobre nuestra humanidad como si fuera un aliens. Si te produjo miedo el aliens del film, preparate para lo que se viene, pues los aliens se han reproducido de forma exponencial.

Veamos uno de los aspectos del disciplinamiento. Ya vimos que se anunció que los delfines volvieron a Venecia, que los jabalíes caminaron a sus anchas por Barcelona y que a gran distancia puede verse la cordillera, pues el smog ha descendido ineluctablemente. Todo esto parece maravilloso, y es seguro que el smog es harto dañino, pero apenas pasemos esta primera fase de la operación, vendrá la operación ideológica con las mentes previamente preparadas. Deteriorada, arruinada como nunca antes la producción mundial, te dirán que es lo mejor que nos podía pasar, que es un horror que se asesine vacas y que es mucho más sano e indoloro, la ingeniería de tejidos, ese fabricar carne en laboratorios a partir de una célula. Por supuesto, no te dirán que si eso prospera, como prosperará, nos quedaremos sin campesinos y sin carne de verdad, y además de comer quién sabe qué porquería que quién sabe qué tendrá dentro, perderemos toda la herencia cultural de la humanidad que atesoran esos campesinos que vendrán a vivir a las ciudades alienantes.

Arruinar la producción mundial no significará que se deje de producir riquezas, todo lo contrario. Se producirán, y muchas más, pero en nuevas condiciones de producción, donde los pequeños, medianos y grandes productores de riquezas se arruinarán, y sus medios de producción y su mercado serán absorbidos por los grandes tiburones, los mismos grandes tiburones que gobiernan los organismos internacionales, los grandes medios de prensa, y los gobiernos, y ya hemos visto cómo les va a los pocos gobiernos que osaron enfrentar esta maniobra criminal: no pudieron contra el estado mental de histeria que generaron los grandes tiburones.

La idea previa sobre la cual se aúpa el fenómeno Coronavirus es la idea según la cual el hombre es malo por naturaleza. En realidad, el hombre, por naturaleza, es capaz de las peores y de las más bellas acciones, pero la ideología imperante se empeña en demostrar sólo una faceta de nuestra naturaleza, y además, se empeña en imponer esa faceta, pues es expresión de esa faceta. Según esta idea, hemos contaminado y destruido la vida en el planeta, y seguiremos destruyéndola, salvo que venga ALGUIEN y ponga remedio a tanta maldad, a tanta guerra, a tanto smog. Por supuesto, nadie hay tan malvado como el que ha generado todas estas guerras por pura avaricia, y lo irónico del asunto es que el malvado que genera las guerras vendrá ahora a presentarse como el enemigo de las guerras y como el factor de su eliminación. 


Para que se sitúe como salvador, como el Mesías del Nuevo Tiempo, tenés que pensar primero que si seguimos así caeremos al abismo, que los gobiernos son peligrosos, y ahí tenés cómo Greta, financiada por los organismos internacionales, ataca a los gobiernos y no a los organismos internacionales que pretenden, y lograrán, imponer su hegemonía a todo el orbe.

Pero eso no se logrará sin este distanciamiento que al iniciarse, se perpetuará, y en eso cumple función crucial el tapabocas, que luego de puesto, quedará aunque dejemos de usarlo. El tapabocas vino para quedarse en su peor expresión: la simbólica ¿Qué es lo que distingue al hombre de otros animales? Que somos un ser gregario. Cualquier primate solo, en aquella sabana, era pasto de las fieras. Junto a otros hombres era el rey de la sabana, pues además de ser gregario, hablaba, y al hablar, pensaba y pensaba sobre lo que hacía, y transmitía lo aprendido y creaba cultura, las herramientas necesarias para sobrevivir y sobre todo, para trascender. Entonces, distanciados. Entonces, el niño que recién comenzaba la escuela e iniciaba su proceso de socialización, fue recluido en su casa bajo la dictadura del miedo. Esa marca quedará. 

«Pero no», dirán, «estamos más unidos que nunca a través de las redes». He ahí otro problema, seguimos avanzando por el camino que conduce al abismo de la vida virtual, al abismo donde no habrá libros de papel, sino libros digitales que despiertan menos emociones, libros digitales fácilmente adulterables. Llegado el día soñado, apretando un botón desaparecerá la obra completa del escritor disidente sea del siglo que fuere.

Estamos más unidos que nunca con el lazo del miedo que gobierna nuestra cabeza, y con la argolla de la culpa que castra nuestro sexo, y el lazo y la argolla tienen grabados a fuego el miedo a la muerte.

Los cuerpos van a parar a la fosa común sin oraciones, sin palabras, sin despedidas, sin duelo. Nuestro vínculo con la muerte es la forma más pura de expresar nuestro vínculo con la vida, pues la vida necesita de la muerte para vivir. El miedo a morir paraliza y exige a los demás que se queden en casa, aunque saben que a futuro se quedan sin casa y sin trabajo. Todo lo que hacemos, nuestros trabajos, que son salud, que son nuestro grano de arena en la gran obra colectiva; lo que hacemos al escribir o al pintar o al plantar árboles o al cocinar; lo que hacemos cuando hacemos hijos que hacemos a pura fuerza del amor, todo eso no lo hacemos para vivir, lo hacemos para trascender, y vivir es una función del trascender, y trascender es vencer a la muerte. Así que todo lo que hacemos lo hacemos para vencer a la muerte. 

Si la muerte, presentada ante nosotros como “miedo a la muerte”, te impide obrar, entonces la muerte ha ganado la batalla y tu vida es muerte, pues peor que la muerte es el miedo a morir y el miedo a morir es la muerte en vida.

Jamás en la Historia nadie tuvo tal poder para imprimir una vuelta de tuerca a la prensa que nos aplasta y no obliga a una forma determinada de sentir. Jamás… hasta ahora. Precisamente, esa es la prueba de que somos testigos y protagonistas de un acontecimiento crucial de la humanidad, el acontecimiento que inaugura la Edad Oscura que los poetas auguraban.

Los poetas no le erraban. Sus visiones eran acertadas.

Te preguntarás qué hacer. Cuando tantos son arrastrados por la culpa y el miedo que impiden ser y pensar, ser y pensar es algo más que un principio, y en el principio, era el verbo. Los antiguos lo sabían. Se trata de que lo recordemos nosotros

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