ENSAYO

“Cuanto más fuerte es la luz, más grande es la superficie oscura que se desvela. La conciencia es la integración de la percepción individual del mundo. La presteza o la elegancia con que un individuo lleva a cabo esta integración determina la respuesta adaptativa particular del mismo a la existencia”.
Terence McKenna. El manjar de los dioses.

Por Federico Leicht

Los hongos psilocibios han desempeñado un papel crucial en diversas culturas a lo largo de los siglos. En Mesoamérica, se han encontrado representaciones de estos hongos en artefactos que datan de más de 3.000 años atrás. Conocidos como “teonanácatl” o “carne de los dioses” en náhuatl, ocupaban un lugar central en las creencias y rituales de los aztecas. Xochipilli, también llamado “El Príncipe de las Flores”, destacaba como una de las deidades vinculadas a su consumo. Este dios, asociado con el amor, la belleza, la música, el placer y las flores, era considerado el protector de poetas, músicos y pintores. El culto a Xochipilli incluía rituales donde se ingerían estos hongos para alcanzar estados alterados de conciencia y obtener visiones espirituales.

En toda América, las culturas indígenas mantienen una relación ancestral y profunda con diversas sustancias psicoactivas, cruciales en sus prácticas religiosas, rituales de curación y conexiones con lo espiritual. Entre estas, destacan la ayahuasca, el peyote, el cactus de San Pedro y los hongos psilocibios. Los chamanes o curanderos las emplean en ceremonias para alcanzar lo sagrado, recibir guía espiritual y facilitar la sanación física y emocional.

La psilocibina fue aislada por primera vez en 1958 por el químico suizo Albert Hofmann, quien también descubrió la dietilamida del ácido lisérgico (LSD). Hofmann y su colega, Franz Troxler, identificaron el componente activo como el compuesto activo en los hongos psilocibios. Se trata de un alcaloide triptamínico que pertenece a la clase de las triptaminas, que también incluye a la psilocina, un metabolito activo de la sustancia. Cuando los hongos psilocibios son consumidos, la psilocibina se metaboliza en psilocina en el cuerpo humano, y es esta última la que interactúa con receptores específicos en el cerebro, principalmente los subtipos 5-HT2A y 5-HT1A, lo que provoca sus efectos psicodélicos. Este descubrimiento no solo contribuyó al entendimiento de los mecanismos de acción de los hongos psilocibios, sino que también abrió nuevas vías de investigación en el campo de la psicofarmacología y la neurociencia.

En las décadas de 1950 y 1960, la psilocibina y otros compuestos psicodélicos atrajeron una intensa atención en la investigación científica, especialmente en psiquiatría y psicoterapia. Estudios clínicos exploraron su potencial terapéutico en condiciones de salud mental como depresión, ansiedad y trastorno por estrés postraumático. Sin embargo, estos esfuerzos fueron truncados por restricciones regulatorias y políticas, que culminaron en la prohibición de la investigación psicodélica en muchas partes del mundo a mediados del siglo XX.

A pesar de estos contratiempos, el interés en el potencial terapéutico de los psicodélicos ha resurgido en las últimas décadas, lo que ha llevado a un renacimiento en la investigación científica y clínica en este campo. Este renacimiento ha sido impulsado por avances en la comprensión de los mecanismos neurobiológicos de acción de la sustancia, así como por una mayor apertura hacia enfoques alternativos. La creciente evidencia de su eficacia del componente activo en el tratamiento de la depresión, la ansiedad y otros trastornos psiquiátricos impuso un cambio en las políticas y regulaciones en algunos países, permitiendo nuevamente la investigación clínica y el uso terapéutico de estos compuestos.

Neurociencia psicodélica

La psilocibina influye de manera notable en el cerebro. Aumenta la liberación de neurotransmisores como la serotonina y el glutamato, lo que altera la comunicación entre las neuronas y contribuye a los efectos psicodélicos. La psilocibina promueve la formación de nuevas conexiones y aumenta la plasticidad sináptica en ciertas regiones del cerebro.

El avance de técnicas de neuroimagen, como la tomografía por emisión de positrones (PET) y la resonancia magnética funcional (fMRI), en las décadas de 1980 y 1990, ha permitido explorar con mayor precisión los efectos de los psicodélicos en el cerebro, revelando cambios en la conectividad funcional cerebral y arrojando luz sobre los mecanismos neurales subyacentes a los efectos psicodélicos, proporcionando una base neurobiológica para comprender mejor los cambios en la conciencia, la percepción y la cognición inducidos por estas sustancias. Estudios con fMRI han demostrado que la psilocibina modifica la actividad en áreas clave del cerebro, vinculadas a la percepción, cognición y regulación emocional, como la red neuronal por defecto asociada con introspección y autoconciencia.

La Electroencefalografía (EEG) registra la actividad eléctrica del cerebro mediante electrodos, lo que permite la medición de la actividad neuronal en tiempo real con una alta resolución temporal. Un estudio realizado en 2013 utilizando EEG encontró que la psilocibina aumenta la sincronización de la actividad eléctrica entre diferentes regiones del cerebro, lo que sugiere un aumento en la conectividad funcional del sistema nervioso central.

La psilocibina es reconocida por sus efectos en la percepción visual, que se manifiestan en cambios en la forma, color e intensidad de los objetos. Estos cambios incluyen la aparición de patrones fractales, geométricos y repetitivos en diferentes escalas. Un estudio de 2012 encontró que la psilocibina modula la percepción facial y el reconocimiento emocional, posiblemente a través de la activación de subtipos específicos de receptores de serotonina. Este compuesto altera la percepción al influir en la actividad cerebral en áreas asociadas con la percepción y procesamiento visual. Los patrones fractales son uno de los fenómenos visuales comunes durante experiencias psicodélicas y está relacionado con la manera en que la sustancia interactúa con estos receptores de serotonina en el cerebro.

La teoría del cerebro entrópico, propuesta hace una década, sugiere que las experiencias inducidas por la psilocibina están asociadas con un aumento de la entropía cerebral, lo que lleva a una mayor conectividad entre regiones cerebrales y una mayor diversidad de estados mentales, incluida la percepción de patrones fractales. La entropía refiere a la medida de la aleatoriedad o desorden en un sistema, y en el contexto cerebral, una mayor entropía indica una mayor diversidad y fluidez en los patrones de actividad neuronal. Existe una conexión entre la teoría del cerebro entrópico y el conjunto de Mandelbrot, que radica en su relación con la complejidad y la autoorganización. Tanto la teoría del cerebro entrópico como las visiones fractales abordan la complejidad a partir de sistemas aparentemente simples. El conjunto de Mandelbrot emerge de un simple algoritmo iterativo, pero exhibe una complejidad infinita y estructuras autosimilares a diferentes escalas. Al observarlo, encontramos que a medida que nos acercamos o alejamos de ciertas regiones, seguimos observando patrones similares, reflejando la autosemejanza en magnitudes infinitas. Los fractales son una manifestación visual de la teoría del caos.

La percepción visual es un proceso complejo influenciado por una variedad de factores, incluida la atención selectiva y los movimientos oculares. Cuando percibimos el mundo que nos rodea, la información visual se procesa en varias regiones del cerebro, incluyendo la corteza visual primaria y las áreas asociativas. Los movimientos oculares pueden ser guiados por la atención, ya que nuestros ojos tienden a moverse hacia los objetos que estamos prestando atención activa. Del mismo modo, los movimientos oculares pueden influir en la atención, ya que la detección de cambios visuales durante los movimientos oculares puede llevar a cambios en la distribución de la atención.

Hay estudios que se adentran en la relación entre los movimientos oculares y la percepción visual, evidenciado que la psilocibina tiene un impacto significativo en los movimientos oculares al aumentar la velocidad de la exploración visual. Otros estudios se centran en la percepción visual, revelando que la psilocibina afecta la atención selectiva al aumentar la sensibilidad a los estímulos periféricos y ampliar el campo de atención. Ambas investigaciones incluyen la percepción intensificada de patrones fractales.

La visión humana implica la conversión de señales luminosas en señales eléctricas que son procesadas por las células nerviosas en el cerebro. La evidencia sugiere que la psilocibina altera esta actividad neuronal al modular la actividad de los receptores serotoninérgicos, particularmente los receptores 5-HT2A. Estos receptores son abundantes en las áreas visuales del cerebro y están implicados en la percepción sensorial y la generación de patrones visuales.

La cognición cuántica

Los campos gravitacionales son fenómenos físicos que surgen debido a la presencia de masa y energía en el espacio, distorsionando la geometría del espacio-tiempo y generando fuerzas de atracción entre objetos con masa. Según la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, la masa de un objeto curva el espacio-tiempo a su alrededor, dando lugar a una fuerza gravitatoria que actúa universalmente sobre todos los objetos con masa, desde partículas subatómicas hasta galaxias enteras, definiendo la dinámica de sistemas astronómicos y la estructura a gran escala del universo.

El Campo ψ se propone como un quinto campo natural de fuerza, que se une a los campos gravitacional, electromagnético y los asociados a las interacciones nucleares fuerte y débil en nuestro entendimiento de la realidad física. Este campo, con una dimensión interactiva en el vacío, se postula como un componente esencial para comprender tanto los fenómenos observables en el universo como las experiencias subjetivas de la conciencia humana. La teoría de la “conciencia cósmica” introduce el concepto del Campo ψ, postulándolo como un elemento fundamental en la comprensión de la realidad física y la experiencia humana, siendo el sustrato primordial que da origen tanto a las manifestaciones físicas como a las psíquicas en el universo.

Esta teoría se apoya en la teoría holográfica del cerebro, que sugiere que el mismo utiliza patrones de interferencia para procesar la información, lo que implica que cada parte del cerebro contiene información sobre el todo, y que la codificación y decodificación de la información se realizan de manera distribuida en lugar de estar confinadas a áreas particulares. Idea que encuentra resonancia con los principios de la física cuántica, donde la naturaleza holística y no local de la realidad se manifiesta a través de fenómenos como la superposición y el entrelazamiento. Según esta perspectiva, la información en el cerebro no está simplemente almacenada en conexiones neuronales individuales, sino que está distribuida de manera holográfica en todo el sistema, reflejando la naturaleza interconectada y entrelazada de la realidad cuántica.

Los principios cuánticos, como la superposición y el entrelazamiento, ofrecen una perspectiva única sobre la naturaleza de la realidad y tienen implicaciones significativas para la comprensión de la conciencia. Investigadores destacados en campos relacionados con la biología, la medicina y la neurociencia, como Robert Lanza, Pim Van Lommel y Rudy Tanzi han explorado cómo estos fenómenos podrían relacionarse con la naturaleza de la conciencia. Lanza propone que la conciencia puede trascender las dimensiones espacio-temporales basándose en la dualidad onda-partícula de la luz, mientras que Van Lommel sugiere que la conciencia es parte de una consciencia universal no local. Por su parte, Tanzi sostiene que la conciencia podría surgir de la complejidad fractal de las redes neuronales y de procesos cuánticos en el cerebro, incluida la comunicación instantánea y no local entre neuronas.

La física cuántica nos presenta un universo donde las partículas subatómicas pueden existir en múltiples estados simultáneamente, donde la observación puede afectar el resultado de un experimento y donde las partículas pueden estar entrelazadas instantáneamente a través de vastas distancias. Esto sugiere que la mente podría influir en la realidad de formas aún no completamente comprendidas. Los procesos cuánticos en el cerebro podrían jugar un papel en la generación de la conciencia, lo que plantea la interrogante sobre si la mente y la materia están más entrelazadas de lo que se había imaginado.

Stuart Hameroff, anestesiólogo y profesor en la Universidad de Arizona, en colaboración con Sir Roger Penrose, eminente físico matemático británico, ha formulado la teoría de la orquestación objetiva, la cual propone que los procesos cuánticos en los microtúbulos del cerebro pueden ser fundamentales en la generación de la conciencia. A pesar de que los microtúbulos son conocidos por su función estructural en el citoesqueleto celular, la teoría de los microtúbulos cuánticos sugiere que estas estructuras podrían ser sitios donde se dan fenómenos cuánticos como la superposición y el entrelazamiento, los cuales son esenciales para procesos mentales complejos. La riqueza de los estados cuánticos en los microtúbulos podría estar vinculada con la emergencia de fenómenos mentales como la percepción y el pensamiento.

Estos hallazgos han llevado a la exploración de la posible interacción entre la conciencia humana y los fenómenos cuánticos como el que hizo el físico teórico David Bohm sobre la totalidad y orden implicado, proporcionando un marco teórico valioso para comprender la interrelación entre la conciencia y la física cuántica. Este concepto sugiere que el universo exhibe un orden subyacente y holístico, expresado a través de patrones fractales, lo que permite explorar cómo la observación consciente puede influir en la realidad cuántica. Según esta perspectiva, la conciencia es primordial y precede a la manifestación de la materia y el espacio-tiempo. En este sentido, la realidad material se percibe como una apariencia emergente de la actividad consciente, en lugar de ser una entidad independiente y separada de la actividad cerebral. La conciencia no surge de la complejidad de la materia, sino que es la base misma de la realidad.

Conejo blanco

Al influir en los procesos neuroquímicos del cerebro, la psilocibina induce estados de superposición cuántica a nivel neuronal vinculados a la vivencia fractal. Desde una perspectiva neurobiológica, las visiones fractales han sido asociadas con la activación de ciertas regiones cerebrales, como el lóbulo temporal y la amígdala, así como cambios en la actividad eléctrica global del cerebro. Por tanto, la psilocibina, al interactuar con receptores serotoninérgicos en el cerebro, modula la actividad neuronal y perturba los patrones de actividad cerebral normales. Esta perturbación induce estados de superposición cuántica en las redes neuronales responsables de la conciencia. Lo que permite concluir que la experiencia con psilocibina podría replicar los cambios neurobiológicos observados durante las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) y simular experiencias similares.

La evidencia sugiere que cuando se administra en un entorno clínico controlado y bajo supervisión adecuada, la psilocibina puede catalizar experiencias terapéuticas profundas que conducen a mejoras duraderas en la salud mental, presentándose como herramienta terapéutica valiosa frente al arsenal de tratamientos farmacológicos para la variedad y vastedad de trastornos mentales del presente. Los hongos psilocibios y sus derivados son poderosos instrumentos de exploración de la mente. Lo fueron ayer, lo son hoy y lo serán mañana. Es imperativo que nuestras capacidades sociales, políticas, culturales y humanas asimilen esta razón ancestral en evolución.


Bibliografía (adecuada al orden del texto)
Wasson, R. G. (1980). The Wondrous Mushroom: Mycolatry in Mesoamerica. McGraw-Hill.
Harner, M. J. (1990). The Way of the Shaman. HarperOne.
Nichols, D. E. (2016). Psychedelics. Pharmacological Reviews, 68(2), 264–355. [DOI: 10.1124/pr.115.011478]
Lee, M. (1995). Acid Dreams: The Complete Social History of LSD: The CIA, the Sixties, and Beyond. Grove Press.
Nutt, D. J. et al. “Effects of Schedule In drug laws on neuroscience research and treatment innovation.” Nature Reviews Neuroscience 14.8 (2013): 577-585.
Vollenweider, F. X., Kometer, M., & col. (2015). Psilocybin and psilocin decrease frontal cerebral blood flow and the metabolic rate of glucose more than decrease occipital brain regions: a high-resolution positron emission tomography (PET) study. Journal of Psychopharmacology, 29(5), 543-555. https://doi.org/10.1177/0269881114568039
Roseman, L., Nutt, D. J., & Carhart-Harris, R. L. (2019). Quality of acute psychedelic experience predicts therapeutic efficacy of psilocybin for treatment-resistant depression. Frontiers in pharmacology, 10, 943.
Halberstadt, A. L. (2015). Recent advances in the neuropsychopharmacology of serotonergic hallucinogens. Behavioural brain research, 277, 99-120.
Muthukumaraswamy, S. D., et al. (2013). Broadband Cortical Desynchronization Underlies the Human Psychedelic State. Journal of Neuroscience, 33(38), 15171-15183.
Petri, G., Expert, P., Turkheimer, F., Carhart-Harris, R., Nutt, D., Hellyer, P. J., & Vaccarino, F. (2014). Homological scaffolds of brain functional networks. Journal of the Royal Society Interface, 11(101), 20140873.
Kometer, M., Schmidt, A., Jäncke, L., & Vollenweider, F. X. (2012). Activation of serotonin 2A receptors underlies the psilocybin-induced effects on α oscillations, N170 visual-evoked potentials, and visual hallucinations. Journal of Neuroscience, 33(25), 10544-10551.
Roseman, L., Demetriou, L., Wall, M. B., Nutt, D. J., & Carhart-Harris, R. L. (2018). Increased amygdala responses to emotional faces after psilocybin for treatment-resistant depression. Neuropharmacology, 142, 263-269.
Carhart-Harris, R. L. et al. “The entropic brain: a theory of conscious states informed by neuroimaging research with psychedelic drugs.” Frontiers in Human Neuroscience 8 (2014): 20.
Gleick, J. (1987). Chaos: Making a New Science. Penguin Books.
Strogatz, S. H. (2014). Nonlinear Dynamics and Chaos: With Applications to Physics, Biology, Chemistry, and Engineering. Westview Press.
Yarbus, A. L. (1967). Eye movements and vision. Springer Science & Business Media.
Findlay, J. M., & Gilchrist, I. D. (2003). Active vision: The psychology of looking and seeing. Oxford University Press.
Rock, I., & Palmer, S. E. (1990). The legacy of Gestalt psychology in theories of visual perception. In S. Masin (Ed.), Foundations of perceptual theory (pp. 383-415). North-Holland.
Einstein, A. (1915). Las ecuaciones de campo de la gravitación. Revista de Occidente, 9, 115-144.
Laszlo, E. (2016). The Intelligence of the Cosmos: Why Are We Here? New Answers from the Frontiers of Science. Inner Traditions.
Pribram, K. (1991). Brain and Perception: Holonomy and Structure in Figural Processing. Lawrence Erlbaum Associates.
Lanza, R., & Berman, B. (2009). Biocentrism: How Life and Consciousness are the Keys to Understanding the True Nature of the Universe. BenBella Books.
Tanzi, R. E., & Chopra, D. (2012). Super Brain: Unleashing the Explosive Power of Your Mind to Maximize Health, Happiness, and Spiritual Well-being. Harmony.