MARIELA MICHEL / Luego de colocar este título en un documento en blanco de Word, mi página en blanco me respondió que estaba trabajando en eso, y procedió a escribir un texto con introducción diferentes secciones y hasta una reflexión final. Poco después caí en la cuenta de que esa ‘ayuda’ tecnológica, que se denomina Copilot, este programa de Inteligencia Artificial (IA) viene con las actualizaciones de otras computadoras, del mismo modo como apareció en la mía. ¡Una oferta difícil de rechazar!
ENSAYO
Imagino la tentación que deben sentir los estudiantes frente a cualquier hoja en blanco, que en minutos deja de serlo. Decido entonces dejar aquí impresos, para que el lector pueda verlos algunos de los fragmentos que me fueron regalados, por supuesto, sin dejar de reconocer los derechos de autor a quien corresponde, es decir, a mi página en blanco que se escribió sola. Por ende, se trata de un ensayo escrito en coautoría.
Sin embargo, al llegar más o menos a la mitad del texto, voy a tener que distanciarme discursivamente, ‘separarme’, o ‘divorciarme’ de algún modo de mi coautora por estar en completo desacuerdo con ella. Trataré de justificar mis argumentos en este debate tan especial, un debate con quien todos conocemos y, en cierta medida admiramos, la ya muy famosa y prestigiosa Inteligencia Artificial.
Lo primero que me brindó IA fue un subtítulo, que debo reconocer, no está nada mal, pero decidí no usarlo como tal, y dejarlo aquí como evidencia de su eficaz desempeño. Colocaré en itálica para distinguirlas las partes que fueron provistas por IA:
Un análisis sobre la eficacia y los desafíos de las medidas de control electrónico en contextos familiares
También parece oportuno adoptar la introducción que sigue y la definición de tobillera electrónica aportada por la entidad que demostró tener mayor eficacia en hurgar la web. Por ahora, IA va venciendo en rapidez para encontrar información y resumirla, incluso para redactar sin titubear. En lo que sí pienso que IA va a ser vencida es en la capacidad para pensar de modo autónomo, que en definitiva, es la única forma de pensar. Pero, por el momento, sus palabras vienen bien para situarnos en el contexto de las concepciones sobre el problema ocasionado por la separación de parejas con hijos que predominan en el ámbito virtual actualmente:
Introducción
En el complejo entramado de las relaciones familiares tras una separación, surgen conflictos que, en ocasiones, derivan en situaciones de violencia. Las autoridades y el sistema judicial han buscado diversas estrategias para garantizar la protección de las personas más vulnerables, especialmente niñas, niños y quienes ejercen la custodia principal. Una de las herramientas que ha cobrado relevancia en los últimos años es la tobillera electrónica, utilizada como mecanismo de control y prevención en casos de violencia intrafamiliar y protección ante órdenes de restricción. Pero, ¿realmente puede prevenir la violencia cuando hay padres separados? Este documento explora la evidencia, los mecanismos de funcionamiento, los beneficios y las limitaciones de esta medida.
Cuando escribió esta pregunta, IA parece que hubiera leído mi mente y expresado mi propia duda sobre la real eficacia de la tobillera. Quisiera, sin embargo, retirar de la frase anterior la palabra “beneficios”, pero no puedo hacerlo aún, porque eso sería poner argumentativamente la carreta antes de los bueyes. Por otra parte, casi pasa desapercibido, como un mero detalle, el hecho de que IA utilizó el lenguaje inclusivo cuando escribió arriba “niñas, niños y….”. No se trata de algo menor, porque todo autor que quiera escribir con la ayuda de IA recibirá de regalo esos pequeños matices léxicos. Remito al texto de Alma Bolón El lenguaje inclusivo excluye la política publicado en esta revista, para rebatirle a mi coautora IA su decisión de usar el lenguaje inclusivo.
A pesar de estas no tan pequeñas desavenencias, creo oportuno, a riesgo de que sea una medida algo holgazana de mi parte, dejar la descripción que ‘ella’ escribió a continuación:
¿Qué es la tobillera electrónica y cómo funciona?
Las tobilleras electrónicas, también conocidas como dispositivos de monitoreo electrónico, son aparatos que se colocan en el tobillo de una persona para rastrear su ubicación en tiempo real mediante tecnología GPS. Usualmente, están conectadas a sistemas centralizados que alertan a las autoridades si la persona supervisada se acerca a zonas o domicilios restringidos, violando así las órdenes judiciales de alejamiento.
Hasta ahora, en esta parte, ni un sí ni un no con mi coescritora. Intuyo, sin embargo, que en la sección que viene, la armonía empezará a resquebrajarse. Intentaré que el debate con IA sea en términos amigables y con la mejor fundamentación posible.
Contexto: Violencia en familias separadas
La separación parental puede desencadenar disputas relacionadas con la custodia, el régimen de visitas y la manutención. En algunos casos, estas tensiones escalan hasta situaciones de acoso, amenazas o agresiones físicas. Las estadísticas de organismos internacionales y nacionales señalan que la violencia de género y la violencia familiar suelen aumentar en etapas posteriores a la ruptura de la relación, cuando una de las partes se niega a aceptar la autonomía de la otra o busca ejercer control mediante la intimidación.
Dos objeciones podría plantear aquí a esta autora anónima. No encuentro en el párrafo anterior razón alguna para la duplicación de conceptos: “violencia de género” y “violencia familiar”. ¿No es acaso la violencia de género en el contexto familiar al que se refiere este ensayo, un caso de “violencia familiar”? Tengo la impresión de que esta escritora generosa, pero que no da la cara, quiere introducir en el texto que me está ofreciendo el concepto de “violencia de género” a toda costa. Propongo, para evitar la redundancia, usar solamente el término “violencia familiar”, ya que es más abarcativo. Y además evita el sesgo de sugerir que en la violencia familiar predomina la violencia contra la mujer, algo que en el texto escrito por IA no está fundamentado.
Pero leamos su descripción del contexto de la violencia completa:
“Las órdenes de restricción han sido utilizadas para limitar el contacto entre la persona agresora y la víctima, pero su cumplimiento depende de la voluntad de la parte denunciada y de la capacidad de vigilancia de las autoridades. En este punto, surge la pregunta sobre la posible utilidad de los dispositivos electrónicos para reforzar estas medidas.”
En este punto, considero que la pregunta ya fue respondida por la propia IA que formuló esta definición. Ella escribió que la violencia suele aumentar “en etapas posteriores a la ruptura de la relación, cuando una de las partes se niega a aceptar la autonomía de la otra o busca ejercer control mediante la intimidación”.
En esta concepción de “ruptura de la relación”, no cabe otra forma de relación que la violencia. La palabra ruptura habla de una disolución abrupta, y esto ya puede hacernos pensar que es uno de los factores que probablemente desencadene o incremente la violencia. Cuando una de las partes “se niega a aceptar la autonomía de la otra”, eso ocurre porque la relación no fue disuelta de modo satisfactorio para ambas partes. En la relación de roles entre “la persona agresora y la víctima”, se debe incluir la posibilidad de que quien se considera la víctima también esté participando de un modo activo en la generación de la violencia. Una perspectva dialógica y menos simplista es necesaria, si realmente se quiere intervenir para reducir la violencia. Analizar el modo en que “la víctima” busca la autonomía es necesario, porque la autonomía en cuanto personas no debería interrumpir el diálogo de la pareja parental.
Es posible que, en este punto, el lector le esté dando la razón a mi adversaria IA o se esté preguntando si es posible una separación satisfactoria para ambas partes. La respuesta que voy a defender aquí es que no se trata de preguntarse si es posible, sino de entender que la única forma de separación posible es hacerlo de común acuerdo, por más difícil que esto sea. Si no se llega a un acuerdo, no podemos hablar de separación y mucho menos de “ruptura”, porque una relación es justamente lo que sucede en el espacio ‘entre’ las personas. Si se necesitan dos persona para establecer un vínculo, lo mismo sucede para disolverlo. No existe tal cosa como una relación unipersonal, como no existe el aplauso de una sola mano. Puede no hacerse de común acuerdo, pero, en esos casos es casi imposible que no surja la violencia.
Hace años que legalmente existe la “separación por la sola voluntad de la mujer” (Ley 4.802 de 1913). A pesar de que esto tenga razones válidas a causa del contexto social, desde el punto de vista psicológico es recomendable que cuando no existe acuerdo, la separación sea acompañada por algún proceso terapéutico de ambos integrantes. Ese proceso puede tener lugar en conjunto o por separado, justamente, para lograr algún tipo de acuerdo y así evitar el surgimiento de la violencia.
Los próximos dos subtítulos fueron escritos por mi, porque considero necesario recurrir a ejemplos concretos extraídos de la experiencia directa y también a la comunicación entre seres humanos. Se trata de un recurso al que la IA por ser artificial no puede acceder.
Hasta que la muerte no los separe
El objetivo de este ensayo es reflexionar sobre la violencia en las separaciones de parejas con hijos en común. Desde el punto de vista psicológico, esas separaciones son muchísimo más complejas que cuando no los hay.
Relataré una anécdota de los inicios de mi experiencia profesional. Se trató de una supervisión con una psicóloga de mayor experiencia a quién recurría frecuentemente. El caso trataba sobre una madre que no aceptaba que el padre del hijo por quién consultaba fuese citado a opinar. En determinado momento, mi supervisora me dijo con firmeza: “Lo que deben entender ambos padres es que, como pareja parental no se van a poder separar nunca”. Ante mi mirada algo incrédula agregó: “Se pueden separar como pareja, por supuesto, pero como padres de esos niños deberán continuar interactuando durante toda su vida. Siempre tendrán que ponerse de acuerdo en los temas básicos con respecto a sus hijos en común.” En otras palabras, cuando las parejas tienen un hijo además del vínculo que mantenían entre sí, adquieren los roles de madre y padre que implica una relación nueva entre ellos por el hecho de tener un hijo compartido. Por supuesto, son las mismas personas, pero son dos relaciones en gran medida diferentes, y por momentos, es muy difícil distinguirlas.
Me llevó varios años de experiencia reconocer que esa afirmación no tenía excepciones. La explicación tiene que ver con la teoría de roles de J. L. Moreno, que está en la base del Psicodrama, uno de los métodos que aplico frecuentemente en la clínica.
A pesar de ser un proceso contínuo en el que nos reconocemos como la misma persona desde que nacemos, nuestra identidad posee continuidad, pero continuamente cambia en función de las relaciones que se tiene con los otros. Por eso, a veces pasa desapercibido el hecho de que una persona puede actuar de modo muy diferente según el rol que esté desempeñando. No se espera lo mismo de alguien que ejerce el rol de docente, por ejemplo, cuando luego de la clase, decide participar de un evento social donde encuentre a esos mismos estudiantes.
En resumen, cuando una pareja tiene hijos, además de la relación de pareja se establece otra relación, la de pareja parental. Son las mismas personas pero los roles son diferentes. El problema es que las personas coinciden. No esperamos lo mismo de una persona en un rol que en otro. Recurro al caso de una niña de 9 años, para mostrarnos la coincidencia de roles diferentes en una misma persona, y cuáles son sus consecuencias para las relaciones familiares. La madre la llevó a consultar al Hospital Pereira Rossell, en una época en que aún había un servicio de tratamientos psicológicos de diferentes orientaciones. Ella pidió atención psicológica, porque su hija “que era una niña alegre, que jugaba con sus amigas, saltaba, reía con frecuencia, ya no lo es”, explicó con mucha preocupación, sentada al lado de la niña que asentía con la mirada sombría. En cierto momento de la entrevista inicial, la madre mencionó de modo casual que el padre de la niña había fallecido un año antes, en un accidente de bicicleta. De inmediato, agregó que esa no era la causa de su estado de ánimo cercano a una depresión. “No, no es por eso que mi hija está así. Su padre era borracho…yo ahora estoy en una nueva pareja y soy muy feliz”.
La madre informó que no había existido maltrato ni abuso de la niña por parte de su padre, a pesar de su alcoholismo. Ella estaba relatando que ese hombre no había sido un buen esposo, pero, para saber cómo él era en su rol de padre, era importante también conocerlo en relación con el rol complementario correspondiente, el de hija. Cuando la niña se integró a un grupo de Psicodrama, le llevó casi toda la primera sesión darse cuenta de que estaba triste. En esa sesión, ella contó y escenificó un cuento que sus compañeros consideraron tristísimo. Pero ella negó que su cuento hubiera sido una expresión de tristeza. Finalmente, como si se le ‘prendiera la lamparita’, al hablar de esa imagen triste que estaba reflejada en un espejo psicodramático (en el ámbito del ‘como si’) lo reconoció e inmediatamente expresó aliviada: “Yo sé porqué está triste, porque su papá murió”. Esta sesión nos mostró claramente que sus sentimientos eran muy diferentes de los de su madre. Pero la madre no podía ver esto, justamente, porque se trataba de la misma persona que para ella era tan poco importante. Como mujer, ella había logrado cortar abruptamente su vínculo de pareja. Pero como madre, la vida la obligó finalmente a mantener un vínculo con ese mismo hombre aún luego de su muerte, porque solo manteniendo al padre presente en sus conversaciones, ella podría acompañar a su hija en el doloroso y paulatino duelo que tanto necesitaba hacer.
Esta mayor complejidad de la ‘doble’ separación en parejas con hijos es lo que explica por qué mi coautora IA se equivoca al usar la palabra “ruptura”. Pero no es solo eso, sino que está siendo muy irresponsable al usarla tan ligeramente. Bueno, en realidad, no es ella la descuidada, sino la concepción imperante en el ámbito virtual que la siempre eficiente IA recoge y sintetiza. Si se comunica a los padres que se separan que ellos tienen derecho a llevar adelante una ruptura unilateral del vínculo, y a reclamar su autonomía de modo intransigente, se les debería advertir que pueden estar contribuyendo a la escalada de violencia y al sufrimiento de sus hijos.
La violencia como lazo
Aclaro nuevamente que este subtítulo no fue escrito por la IA Copilot.
Es común observar que cuando una separación se caracterizó por sentimientos intensos, ya sea por episodios de infidelidad, por situaciones de adicción o por celos infundados, éstos perduran en el tiempo y dificultan las negociaciones necesarias de la pareja parental. En esos casos, no es posible percibir que se trata de dos relaciones diferentes y el rencor desborda hacia su interacción en tanto padres.
El gran problema que tiene la violencia es que una vez que surge se vuelve un lazo mucho más fuerte que el que la pareja tenía anteriormente. La película La Guerra de los Roses (1989) se convirtió en un clásico por ilustrar de modo muy contundente la escalada de violencia en una pareja que se separa. Las reseñas destacan la fuerza de la escena final que llaman “la caída letal”, porque ésta representa la culminación de esa querella que los lleva ser cada vez más inseparables, hasta terminar ambos colgados de una disputada aparatosa araña de techo, juntos, unidos por ese enorme aparato ornamental de luz que anuncia su caída, una posible muerte que, en este caso, no los separará. La resistencia del implemento que mantiene en su lugar la enorme luminaria en el techo de su lujosa mansión está al borde de ceder. En ese caso, el motivo de la disputa no eran los hijos sino justamente esa casa suntuosa, que se transformó en el símbolo de su aferramiento mutuo.
Los caireles de esa vistoso lámpara ubicada en el centro del tironeo podrían representar de modo metafórico otra clase de elementos en disputa que, lamentable y frecuentemente, incluye a los hijos. Es la ilustración de un vínculo que la violencia no disuelve, sino que refuerza, porque en su búsqueda de victoria, ambos miebros la alimentan.
“La bronca busca su descarga”, me explicó una vez Dalmiro Bustos, psiquiatra, psicoanalista y maestro de Psicodrama argentino, “es como el agua contenida en un vaso; cuando se llega al final de la descarga, se agota.” Pero antes de que se descargue totalmente, como en el caso de los Roses, imposibilita la separación, porque ésta implica perder a la persona que es el objeto de la descarga. Es necesario en esos casos, recurrir a ámbitos seguros con mediadores profesionales con el objetivo de que los sentimientos se expresen, sin que se vuelquen sobre los integrantes de la pareja y de la familia. Todos sabemos que cuando la cólera está en su punto más elevado, no hay conversación ni negociación posible. No hay tobillera que pueda detener el torrente de la violencia una vez que éste entra en acción. Cuanto más se busca contener más se intensifica. Las tobilleras y las órdenes de distanciamiento son medidas mecánicas. Las autoridades policiales, los ámbitos judiciales, pueden ser útiles en situaciones puntuales de emergencia, pero la violencia requiere atender los problemas de las relaciones humanas. Cuando se lesionan los vínculos, se necesita recurrir a profesionales especializados, del mismo modo que, cuando se daña el cuerpo, se recurre a los médicos. Las fuerzas del orden no están formadas para ayudar a resolver problemas, sino para actuar cuando los problemas no fueron resueltos.
La permanencia de este tipo de relaciones, como la de víctima/victimario, aun en los casos en que los roles se alternan, llama la atención de quienes intervienen con el fin de proteger a las víctimas. En el protocolo para la intervención en situaciones de violencia doméstica publicado por la Unidad de Víctimas y Testigos de Fiscalía General de la Nación puede leerse lo siguiente: “En el caso de las mujeres víctimas de violencia doméstica, la indefensión aprendida puede explicar las situaciones de permanencia” (p. 32). Recuerdo un caso de una denuncia de violencia de género realizada por la madre de una niña que concurría a un centro educativo en el que me desempeñé como psicóloga. Unas horas después de haber sido informada de la orden de restricción que debía cumplir el padre, vi con asombro el acercamiento de los recientemente distanciados por un ámbito judicial a la puerta de la institución educativa para solicitar ser atendidos en conjunto. Antes de que eso sucediese, estos mismos padres habían sido citados reiteradas veces para conversar sobre su hija y no habían concurrido. Sin embargo, apenas recibida la restricción judicial, se acercaron buscando transgredir la medida impuesta por las autoridades. Llamaba la atención el hecho de que el discurso de la madre (denunciante) era muy claro en cuanto a revelar su voluntad de desatender la medida restrictiva aplicada al hombre que ella misma denunció.
Los dos subtítulos que aparecieron en el texto impreso por IA se refieren a la eficacia y a las limitaciones de la tobillera electrónica. Voy a retirar una parte importante de esas secciones y dejar sólo los puntos de resumen hecho por IA por tres razones. La primera es que cualquier persona puede en cualquier computadora propia o la de alguna institución acceder a un programa de escritura por IA, y al escribir este título podría leer facilmente lo que acabo de retirar o algo muy similar. La segunda razón es porque esos fragmentos que excluí se mencionan “estudios”, pero sin ofrecer ningún dato bibliográfico sobre ellos, ni tampoco enlaces para poder encontrarlos en internet. Sin la referencia, sus comentarios quedan en un terreno de escasa validez científica. Prefiero ofrecerle al lector las experiencia clínicas que relaté anteriormente, para que saque sus propias conclusiones. De todos modos, dejo aquí los puntos que IA resumió con el reparo de que no provienen de ninguna fuente identificable.
Beneficios identificados:
- Reduce el riesgo de encuentros no deseados entre padres separados.
Creo necesario agregar aquí la pregunta ¿“no deseados” por quién? Se sobreentiende por el contexto que se trata del no deseo de la víctima. Esto lo aclaró IA arriba cuando dijo que el cumplimiento de la orden de restricción depende de “la parte denunciada”. El problema es que parece haber en esta descripción muy poco espacio para que la parte denunciada pueda manifestar sus razones para desear un acercamiento.
- Facilita la intervención rápida de las autoridades en caso de intento de agresión.
Aquí hay un presupuesto de que todo intento de acercamiento sería “un intento de agresión”.
- Proporciona mayor tranquilidad a las personas protegidas.
Este beneficio desconoce el hecho de que, como en el caso relatado arriba, muchas veces son las “personas protegidas” las que buscan el acercamiento.
- Puede complementar otras medidas judiciales, como la terapia o el seguimiento psicológico.
Recién en este último punto se mencionan otras medidas, que pueden no ser judiciales, como la terapia y el seguimiento psicológico. En una oportunidad recibí una derivación de un juzgado de familias para trabajar con un grupo familiar que había llegado a un alto nivel de violencia. Las agresiones entre los hermanos alcanzaron situaciones como la amenaza con cuchillo de cocina, y la violencia verbal entre el padre y la abuela materna, a quien se había adjudicado la tenencia de sus nietos. El conflicto había escalado a partir del fallecimiento de la madre. Lo que viene al caso aquí es que la jueza optó por una terapia antes de tomar ninguna medida de restricción. Eso permitió que fuera posible que todos vienieran juntos a alguna sesión, si eso era lo indicado en ese momento. La jueza que estaba llevando el caso tomó esa descición a pesar de algunos informes de peritos que recomendaban la restricción de acercamiento del padre a los hijos. A pesar de la intensidad de algunos intercambios en las sesiones con agresiones verbales entre los dos adultos, la terapia continuó y el proceso los llevó a que un año después, los hijos visitaran o incluso pernoctaran en la casa de uno y otro libremente. Si se hubiera impedido el acercamiento entre el padre y alguno de los integrantes de la familia, la terapia no hubiera podido desarrollarse para llegar a la resolución del conflicto.
Principales limitaciones:
- Fallas técnicas del sistema (problemas de conexión, batería, cobertura).
- La reacción de las fuerzas de seguridad depende de la capacidad operativa y logística.
- Posibles vulneraciones de derechos humanos si no se respeta el debido proceso.
- El dispositivo solo previene incidentes en zonas monitorizadas; no cubre otros escenarios (redes sociales, terceros, etc.).
En la secciones que siguen, escritas por IA Copilot advierto al lector que tampoco aparecen las fuentes en las que se basó para recoger las opiniones y estudios que menciona. Las dejaré tal como las escribió y haré las salvedades que considero necesarias con base en los casos que relaté y que se originaron en mi experiencia profesional
Opiniones de especialistas y testimonios
Personas expertas en derecho de familia, psicología y criminología coinciden en que la tobillera electrónica puede ser útil como parte de un conjunto de medidas de protección, pero insisten en que debe ser acompañada de apoyo psicológico, intervención social y seguimiento judicial. El simple uso del dispositivo no modifica las dinámicas de poder, control o agresión que subyacen al conflicto familiar. De acuerdo con testimonios de personas que han vivido bajo este sistema, existe una mayor sensación de seguridad pero también una preocupación constante por la posibilidad de represalias.
Dos salvedades aquí: la “utilidad” de las medidas de restricción queda cuestionada por la afirmación que aparece en la frase siguiente. Si “no modifica las dinámicas de poder, control o agresión que subyacen al conflicto familiar” entonces no tiene utilidad de ningún tipo, porque el objetivo de la medida debería ser justamente ese.
Alternativas y complementos a la tobillera electrónica
Las políticas públicas más avanzadas recomiendan que el uso de la tobillera electrónica sea parte de un enfoque integral, que incluya:
- Asesoramiento psicológico y emocional para todas las partes.
- Talleres de parentalidad positiva y resolución de conflictos.
- Supervisión de las visitas y comunicación por parte de profesionales.
- Campañas de sensibilización sobre derechos y prevención de la violencia.
Esta estrategia mediática podría ser contraproducente, porque que una campaña pública es por definición general y, a fortiori, basada en estereotipos que pueden contribuir a la escalada de violencia entre los miembros de las parejas que están llevando adelante una separación.
- Redes de apoyo comunitario y servicios sociales accesibles.
Reflexión final
La tobillera electrónica en padres separados es una herramienta valiosa para prevenir episodios de violencia y garantizar el cumplimiento de órdenes de restricción. Sin embargo, su eficacia depende de la implementación adecuada, la coordinación entre organismos y el acompañamiento social y psicológico. Ningún dispositivo tecnológico puede sustituir la transformación profunda de las relaciones familiares, basada en el respeto, la empatía y la resolución pacífica de los conflictos.
Luego de este párrafo escrito por IA entiendo que ya debe producirse el divorcio completo de este programa de escritura y por ese motivo voy a omitir el resto de su texto en este ensayo. La palabra “valiosa” de una medida como la tobillera que escribió Copilot arriba está en total contradicción con el objetivo de lograr una “transformación profunda de las relaciones familiares, basada en el respeto, la empatía y la resolución pacífica de los conflictos”. Entiendo que al ser una escritora no humana puede tolerar sin malestar alguno la incompatibilidad de las dos frases que escribió una a continuación de la otra.
Una transformación profunda de las relaciones es necesaria. Pero cualquier restricción es un corte abrupto e impuesto por un agente externo a la pareja. Es una medida mecánica, es decir, una imposición de la fuerza bruta. Aún si fuese una medida de ‘no acercamiento’ dictaminada por una ‘orden’ judicial sin que incluya el uso de tobillera, estamos ante la acción de la fuerza bruta. La palabra ‘bruta’ la uso aquí en el sentido de C.S. Peirce, que es de una naturaleza completamente diferente de la acción de los signos, que está en la base del poder semiótico humano:
“Los filósofos modernos —todos ellos, salvo Schelling, que es una excepción— reconocen un solo modo de ser, el ser de una cosa o hecho individual, el ser que consiste en que el objeto se hace un lugar para sí mismo en el universo, por así decirlo, y reacciona con la fuerza bruta de los hechos contra todas las demás cosas. A eso lo llamo existencia. […] No hay razón en ella. Pongo como ejemplo apoyar el hombro contra una puerta e intentar abrirla a la fuerza contra una resistencia invisible, silenciosa y desconocida.” (CP 1.21-1.24)
En sí misma, la fuerza bruta no es algo negativo, solamente algo que se impone mecánicamente. Lo que sí es negativo es que es una forma de actuar diferente a la acción de los signos, que constituye la única forma de entender las relaciones entre los seres humanos, que no son apenas algo material. El ser humano además de ser un organismo es, según Peirce, un signo, es decir, que está siempre en comunicación:
Al hombre le cuesta entender esto, porque insiste en identificarse con su voluntad, con su poder sobre el organismo animal, con la fuerza bruta. Ahora bien, el organismo no es más que un instrumento del pensamiento. Pero la identidad de un hombre consiste en la coherencia de lo que hace y piensa, y la coherencia es el carácter intelectual de una cosa; es decir, es el expresar algo. (CP 5.315)
La tobillera o cualquier orden de no acercamiento actúa desde la pura acción física. De ese modo, desconoce que la identidad del ser humano va más allá de su materialidad, Somos, además de la carne y de los huesos, de naturaleza semiótica en relación permanente con todo lo que nos rodea. Intentar cortar de modo mecánico sus vínculos es mutilar a dos personas que están en relación aún durante el proceso de separación.
Esta es parte de la férrea oposición de Peirce al dualismo Cartesiano, que mantuvo a lo largo de toda su vida, así como de su crítica de la separación mente/cuerpo. En ese sentido, Peirce es considerado un pensador posmoderno, porque su teoría permite no solo trascender la división mente/cuerpo, sino todas las formas de dualismo. En este caso, la tobillera y el pensamiento que la valida y que fue resumido aquí por IA son ambos formas de dualismo. Las divisiones forzadas y radicales como víctima/persona agresora; el bien y el mal; el hombre y la mujer son manifestaciones reduccionistas producto de la teoría que Peirce describe como: “…el dualismo en su sentido más amplio y legítimo, (es) la filosofía que realiza sus análisis con un hacha, dejando como elementos últimos fragmentos inconexos del ser…(CP 7.570)
La aplicación de la visión dualista del mundo es siempre una forma simplista de acercarse a situaciones complejas como lo es la relación y la separación entre parejas con o sin hijos. Se busca resolver un problema, pero se lo hace de un modo que en realidad interfiere con la resolución de ese problema. Se busca la solución como el hombre ebrio del chiste popular a quien un amigo encuentra camino a su casa buscando sus llaves cerca de un farol, y decide ayudarlo a encontrarlas. Luego de un rato prolongado de búsqueda, el amigo le pregunta: “¿estás seguro de que las perdiste aquí?”. Y el borracho le responde: “No. Las perdí en la otra cuadra, pero las busco acá porque hay luz.”
Buscar las claves para resolver esta clase de conflicto no puede hacerse del modo que nos resulta más fácil. Eso es lo mismo que separar una relación de pareja con un hacha. Sin intentar entender, lo único que podemos hacer es dejar a esas dos personas que pidieron ayuda de distintas maneras en las tinieblas en las que se perdieron, sin comprenderse entre sí y sin comprenderse a si mismos.


Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.