Gema Ediciones. Ana Maria Gómez y Mariana Morales editoras

El Libro de Hoy

El libro reúne artículos de análisis e investigación a cargo de especialistas internacionales sobre política sanitaria en 2020, ingeniería social, tecnocracia, geoingeniería (manipulación del clima) y transhumanismo. Los autores brindan información sobre una realidad velada que todos deberíamos conocer. Y también herramientas para poder plantarnos y enfrentarla. Información clave para comprender la realidad actual y anticiparse al mundo que se viene.

Por José W. Legaspi

En la gestión de la crisis sanitaria de 2020 y 2021 los gobiernos apelaron al altruismo, la solidaridad y el cuidado de los otros, pero lo que en verdad había era un discurso totalitario basado en la descalificación de los disidentes, la promoción de la mutua vigilancia y la desconfianza entre pares.

En el Reino del Revés, abandonar a los adultos mayores, coartar la recreación al aire libre de las criaturas y virtualizar todos los vínculos afectivos, en lugar de verse como aberrantes atentados a la integridad humana, pasaron a ser loables conductas por el bien común.

El único lazo social que se incentivó desde los gobiernos, de hecho, fueron las denuncias gratuitas a líneas telefónicas por violación de cuarentena y no uso del tapabocas. Los defensores de las libertades individuales se convirtieron en libertarios de ultraderecha, opositores desacatados que buscaban desestabilizar al gobierno, negacionistas, cuando no directamente terroristas…

¿Es necesario explicar que el cuerpo de cada quien, primera frontera de la libertad individual, es lo que determina nuestra autonomía como seres independientes? El rostro humano es nuestro principio de identidad en lo físico como en lo simbólico lo es nuestro nombre, y nadie debe arrogarse el derecho de obligarnos a cubrirlo u ocultarlo. Así como ninguna persona puede ser obligada a donar parte de su cuerpo bajo ninguna circunstancia, ni ser privada de su libertad si no está condenada, tampoco puede ser compelida a usar artefactos ni dispositivo alguno en su cuerpo si no quiere, ni forzada a ser parte de un experimento o recibir tratamiento médico en contra de su voluntad.

Introducción

En 2020 ocurrieron sucesos extraordinarios, y esto más allá de la pandemia. Probablemente lo más disruptivo de esa experiencia haya sido que el planeta en su conjunto estuviera bajo un comando único, por encima de las autoridades gubernamentales de los países y de los comités de expertos locales, que se homologara un protocolo de aplicación universal en cada rincón de la tierra, que este se cumpliera en forma rigurosa y que todo eso se asumiera como algo natural.

La Organización Mundial de la Salud, luego de haber declarado la emergencia sanitaria, asumió el control del mundo e impartió las políticas que definieron nuestras economías, nuestra salud, nuestra educación y cada aspecto de nuestra cotidianidad durante dos años. Esa entidad, la única con potestad de declarar una pandemia y definir acciones al respecto, está financiada por las mismas corporaciones empresarias que se beneficiaron económicamente con dicho paquete de medidas. El hecho de que un puñado de personas con intereses privados y con una representatividad poco legítima —nunca fueron elegidos democráticamente— haya estado a cargo de tamañas decisiones no encontró, sin embargo, resistencia de prácticamente ninguna nación. El acatamiento fue unánime.

¿Qué mecanismos se pusieron en marcha para lograr una adhesión tal, casi sin reparos y sin precedentes en la historia humana?

En su indagación del fenómeno de la epidemia como política, el filósofo Giorgio Agamben dio forma a una nueva definición, la de bioseguridad, que explica en parte el problema; se trata del “dispositivo de gobierno que resulta de la conjunción entre la nueva religión de la salud y el poder estatal con su estado de excepción”, ya que frente a un peligro sanitario “los seres humanos parecen estar dispuestos a aceptar las limitaciones de la libertad que no habían imaginado que podrían tolerar, ni durante las dos guerras mundiales ni bajo las dictaduras totalitarias”.

La amenaza común es lo que habilita el ejercicio de una conducción única. Así, las diferencias en el mundo se borran y quedan momentáneamente suspendidas las marcas de su historia social, signada por la desigualdad y las guerras, los saqueos y el sometimiento de unas naciones hacia otras. Si un enemigo invisible nos acecha en todas partes, la humanidad queda hermanada, tal como ocurriría si la casa que compartimos se incendiara o nos atacaran los extraterrestres… La equidad en estos casos se vuelve imperativa, y el esfuerzo solidario, en pos de establecer el bien común, adquiere estatuto de deber moral.

El concepto de bien común tiene un alcance político, jurídico y filosófico-moral, por lo que sus interpretaciones han sido fluctuantes desde la Antigüedad hasta hoy; sin embargo, en términos generales podría decirse que remite a “aquello que se pretende bueno o beneficioso para el conjunto de quienes integran una sociedad o comunidad”. Por lo tanto, no es en sí mismo objeto de discusión. Y no está, de hecho, en el ánimo de este libro cuestionar el bien común como tal. Sí nos motiva en cambio señalar, analizar y comprender hasta qué punto esa idea, naturalmente empática y positiva, se convirtió en un estandarte para la imposición de políticas arbitrarias y coercitivas con fines político-económicos.

La aceitada coordinación entre una cabeza dirigente y el resto del mundo subordinado a ella —que en 2020 se puso en práctica por primera vez— no es sino una forma incipiente de implementación de la gobernanza mundial a la que aspira el globalismo, tal como explica Nicolás Martínez Lage en su artículo. Las entidades supranacionales como la OMS, la ONU, la UNESCO y la OMM, entre otras, son en teoría neutrales, se definen a partir del consenso entre un grupo de naciones y sus objetivos están siempre alineados con el bien común. Están comandadas “por expertos (tecnócratas) cuyas recomendaciones no representan responsabilidades legales y que luego son convertidas en legislación por los políticos de los Estados correspondientes”; a través de estos —que sí son responsables legalmente—, “esas recomendaciones de burócratas no electos ejercen indirectamente soberanía sobre millones de personas alrededor del planeta”.

Hoy nadie pone en duda, por otra parte, el hecho de que el mundo está gobernado por las grandes corporaciones. Son esas las verdaderas castas que proyectan su dominio transversalmente para penetrarlo todo, lo público y lo privado, y ya no por acciones explícitas de imposición forzosa. Hoy pueden hacerlo en las redes digitales a través de sutiles formas de sugestión, promoviendo determinados sistemas de creencias en los aparatos de propaganda, adoctrinando mediante juegos y modas a sectores etarios específicos, divulgando ideas cerradas en discursos políticos, de expertos y demás formadores de opinión; así como también a través de acciones filantrópicas que llevan adelante desde sus propias ONG. Es que, como ilustra Alfonso Longo, “los grandes megacapitalistas modernos descubrieron que si hacían el bien podían generar actividades altamente sinérgicas con sus negocios porque, entre otras cosas, sus obras de filantropía succionan y parasitan bienes y servicios públicos, en una colaboración público-privada que resulta clave ya que es su condición de posibilidad. Los filántropos alcanzan sus objetivos amparados en estructuras supranacionales sin fines de lucro a través de las cuales intervienen en los valores de la sociedad apelando a la corrección política y al don de gente. Es exactamente lo que sucede con la Agenda 2030 promovida por las Naciones Unidas: “la visten de bien e incluso hacen algunas cosas que están bien”… ¿Quién podría oponerse al cuidado del planeta, al fin del hambre y la pobreza, y a la educación de calidad que figuran entre sus objetivos? Lástima que quienes los impulsan son los mismos agentes responsables de ocasionar los males de los que nos pretenden salvaguardar. Es así como funciona la filantropía a escala internacional.

La tiranía se define, por su parte, como la “imposición de ideas o acciones por medio de la coacción o la fuerza”. Y los mandatos sanitarios —la “encerrona política” del “gobierno higiénico”, como definió Daniel Link en su columna de Perfil— se impusieron en forma tiránica. Fueron implantados a fuerza de sugestión, miedo y amenaza, “como si los higienistas del siglo XIX hubieran tomado el poder pero, sobre todo, el dominio del Bien; como si la alianza siniestra y escandalosa entre Medicina y Estado que supusieron los Campos de Concentración no hubiera tenido lugar”, tal la descripción del escritor y profesor en abril de 2020, advirtiendo de los peligros que acarrea un estado de excepción dilatado en el tiempo. Una tiranía solapada, parasitada en el genuino temor de la gente y actuando en nombre del bien.

Mediante esquemas arquetípicos, el discurso público se posicionó a sí mismo como defensor de un pensamiento antitotalitario y criminalizó de esta forma todo asomo de disidencia, según el modo en que lo analiza Carmen Huertas a partir de sus conocimientos de ingeniería lingüística. Definitivamente, en la pandemia no hubo espacio alguno para la disidencia, y la censura fue absoluta. Para no ser juzgadas como reaccionarias, antisistema, antidemocráticas, negacionistas, conspiranoicas o extremistas, muchas personas optaron por acatar y evitar también así ser protagonistas involuntarias de escándalos mediáticos y denuncias viralizadas por la propia ciudadanía, como les ocurrió a los runners o a gente que salió de su casa a tomar sol. Estos agentes sociales, representantes de lo correcto, se erigieron a sí mismos como luchadores por la libertad contra el eje del mal. “Así nos cuidamos entre todos”. Complementariamente, pusieron en circulación el arquetipo de los expertos, las únicas voces realmente autorizadas en materia de salud, siempre que repitieran en forma calcada, en todos los medios del mundo, las premisas oficiales.

La idea de bien común fue planteada por Aristóteles, retomada por Tomás de Aquino en la Edad Media, siglos más tarde conformó uno de los pilares de la doctrina social de la Iglesia católica y renovó su vigencia en las experiencias de totalitarismos políticos, como fue claramente expuesto, entre otros, por Karl Popper. La política sanitaria estatal encontró en esta noción una horma perfecta para imponer sustancias médicas en la población; en la ley argentina de vacunación Nº 27491, por ejemplo, estos productos son definidos bajo el oxímoron de “bienes sociales gratuitos y obligatorios”, en virtud de la “prevalencia de la salud pública por sobre el interés particular”, envoltorio jurídico del que se vale el Estado para proceder a la aplicación forzosa y compulsiva o incluso quitar a los progenitores la tenencia de su/s hijo/s en caso de que se nieguen a acceder al mecanismo. Sin embargo, la esfera de la salud quizá sea, paradójicamente, la más resistente a este tipo de equiparaciones que aspiran a aplicar un patrón universal. A nadie se le ocurriría pautar un mismo tratamiento médico a un anciano que a un lactante, a una persona sana y bien nutrida que a alguien con inmunosupresión o trastornos alimentarios; a quien lleva una dieta hervíbora que a quien come carne o es diabético. En los procesos impactan también las condiciones ambientales: son distintas las necesidades entre la gente que vive en climas tropicales y la que habita zonas de frío extremo, en regiones húmedas o secas, en países ricos o pobres, en ámbitos urbanos o entornos naturales, llevando una vida sedentaria o siendo deportista…

No se puede aplicar una misma receta frente a realidades materiales, estilos de vida y hasta creencias distintas. Es claro que homogeneizar en este sentido equivale a implantar una acción tiránica que no solo no resguarda el bien de nadie, sino que socava la salud del conjunto. El concepto de One Health (una sola salud) que propone la Organización Mundial de la Salud es, por ende, de un reduccionismo inaceptable. ¿Cómo aplicar una misma vara a individualidades real y potencialmente diferentes?, se pregunta Jordi Pigem. “La condición única e irrepetible de toda persona conlleva que cada quien tenga sus propias opiniones, sus propios valores y su forma única de ser en el mundo”. Por ese motivo, cuando el planeta entero estuvo obligado a circular por una única vía estrecha, hubo totalitarismo.

¿Cómo plantear unívocamente la idea de bien en un mundo multicultural?

Los regímenes totalitarios se caracterizan, precisamente, por justificar la imposición de sus medidas como defensa y garantía de un bien colectivo que el pueblo no siempre está en condiciones de comprender y aceptar. Pero la visión colectivista del bien común, aquel que debe ser provisto por una sociedad en particular, una nación o un Estado, nunca había llegado al extremo de asumir carácter universal, y menos en cuestiones de salud, como ocurrió en 2020. Es un contrasentido que la defensa del bien común se realice por la fuerza, porque como tal deshumaniza y obstruye cualquier capacidad de discernimiento.

Para Mariano Kasanetz, sacerdote cristiano, la crisis sanitaria nos mostró “cuán fuerte es el llamado a la autonomía del individuo como clave para nuestra época”. Estamos en los albores de un individualismo ético con capacidad de decidir con autonomía y no ser modelado moralmente. Un Estado que “deje de ser la confluencia del monopolio de la violencia” y pase a ser “el ámbito para el desarrollo de la hermandad entre los seres humanos”; no una autoridad que coarte y controle al individuo, sino “el resultado del interés mutuo entre estos”. ¿Cómo co-crear una nueva manera de habitar el mundo? Este movimiento, plantea la filóloga Carmen Huertas, nunca deberá ser unidireccional, de arriba hacia abajo, porque solo abriendo ese juego pueden gestarse los propósitos auténticamente colectivos. Solo así el bien común alcanza un sentido genuino.

La estructura del libro tiene un sentido, no es azarosa

Empieza con un capítulo sobre el 2020 y la pandemia escrito por el virólogo Pablo Goldschmidt. Este especialista no piensa en términos “complotistas” ni se opone al sistema ya que pertenece al corazón mismo de este (ha trabajado para la OMS por ejemplo) pero señala críticamente que en su manejo hubo aspectos fuera de toda lógica y que provocaron daños significativos. Realiza denuncias muy graves como el suministro en pandemia de medicamentos que “sedaban definitivamente” a los adultos mayores (pp. 27-28).

Sin embargo, al de Goldschmidt sigue otro, el de Costa Vercher, que cuestiona la medicina tradicional “industrial” de raíz y que interpreta la pandemia directamente como una estafa lisa y llana. Argumenta con buenos fundamentos por qué esta fue una gripe como las que ocurren cada año.

El artículo sobre vacunas (48 páginas, Ana María Gómez) aborda el tema de las inoculaciones desde una perspectiva política, y no en sus aspectos técnicos. Así señala la relación de las vacunas con el endeudamiento y pobreza mundiales, cómo intervino el FMI y los entretelones de la OMS. Cómo sus protocolos y todas las medidas sanitarias a nivel mundial formaron parte de una biopolítica altamente hostil para todas las personas del planeta. Dedica un apartado especial a la Argentina como campo de experimentación de las farmacéuticas. Proporciona datos espeluznantes sobre las campañas de vacunación y esboza una feroz crítica al progresismo y a la izquierda frente a los mandatos sanitarios.

En la tiranía también se estudia pormenorizadamente el fenómeno pandémico desde la punto de la vista de la manipulación psicológica y lingüística por parte de los medios y el discurso público (la psicóloga Relloso y la filóloga Jiménez Huertas) así como los estragos que dejó en la niñez y adolescencia (Gutman, docente, y Bronfman, terapeuta).

No todos los artículos comparten necesariamente los mismos puntos de vista y en el trazado del libro queda en evidencia la pluralidad de voces, el cuestionamiento y la pregunta por sobre las certezas. Como plantea Nancy Giampaolo en su prólogo “inmiscuirse con aquello que no es exactamente lo que pensamos o, mejor aún, aquello que nunca se nos había ocurrido pensar, es un desafío que nos reconcilia con ese lujo intelectual que es la duda, inexorablemente opuesta al pensamiento monolítico o sectario”. La periodista se pregunta sobre las implicancias de las hegemonías discursivas y el contrapeso necesario que proponen ciertas formas de disenso.

Lo interdisciplinario es un rasgo que sobresale en este libro: desde la filosofía (Pigem), la sociología y la historia (Longo), pero también el análisis sociopolítico, los medios, el derecho y la economía (Mazzucchelli, Lage y Morás) se proponen líneas de reflexión que permiten examinar el trasfondo de la crisis que arranca en 2020 y continúa hasta hoy.

A la cuestión climática, el tema que hoy nos amenaza tanto o más que el covid en 2020, el libro dedica un capítulo entero: con las cartas a Greta Thunberg de la activista alemana Claudia von Werlhof y la profunda y exhaustiva investigación sobre geoingeniería (“La intervención de los cielos”) especialmente hecha para este libro de parte de la periodista ambiental argentina Cecilia Sustersic.

El punto quizá más trascendente de todo el libro corresponde a aquel en el que se “unen puntos”, una tarea que realiza con agudeza la ingeniera española Ana María Oliva a lo largo de 48 páginas en las que con impactante despliegue de conocimiento hilvana uno a uno todos los fragmentos que componen el mapa del transhumanismo. Su propuesta permite integrar lo que parecía disperso y así comprender el sentido profundo de lo que ocurre hoy.

El cierre del libro abre perspectivas que pueden ayudar a digerir la realidad o cuando menos a transitarla desde el mejor lugar posible. Los artículos de Morales sobre autogestión de la salud y el de Matelda Lisdero para repensar el concepto mismo de enfermedad son coronados por la comunicación del agricultor Josep Pàmies, quien nos ilustra brillantemente con su propuesta de vida soberana en la salud.

El eje conceptual del libro (la tiranía del bien común) que directa o indirectamente lo recorre en cada uno de sus textos se cierra con la reflexión de Mariano Kasanetz, quien con una mirada antroposófica reflexiona sobre el individualismo ético y el rol del Estado, entre otros temas.

Sobre los autores

Melina Bronfman. Madre, musicoterapeuta, eutonista, coach ontológico y doula. Formada en el Instituto Pikler de Budapest en pedagogía pikleriana. Interesada, apasionada y comprometida con la salud mental y física infantil como único recurso genuino para revertir y salvar a la humanidad de su autodestrucción.

Enrique Costa Vercher. Médico de familia con más de cuarenta años de ejercicio de la medicina. Es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valencia en 1979. Muy pronto fue consciente del gran problema que representa la iatrogenia médica (enfermedades producidas por el propio sistema sanitario) en la práctica de la medicina moderna. Es autor de varios libros: SIDA. Juicio a un virus inocente; Hijos de un dios terminal; Vacunas, una reflexión crítica y Iatrogenia: la medicina de la bestia.

Nancy Giampaolo. Periodista argentina, guionista y docente. Es columnista del suplemento cultural de Perfil, del diario Los Andes y la revista Paco. Referente del feminismo disidente, publicó los libros Feminismos: Liberación o dependencia (Grupo Editorial del Sur) y Género y política en tiempos de globalismo (Nomos Estrategia). Junto con el humorista Diego Capusotto llevan adelante, en distintos puntos del país, el espectáculo El lado C de Capusotto (Lo que no verás en las redes), una conversación en vivo entre la periodista y el actor.

Pablo Goldschmidt. Virólogo, farmacéutico, licenciado en Análisis Clínico, bioquímico en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA y psicólogo con orientación clínica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Actualmente reside en Mónaco. Se doctoró en Virología en el Instituto Pasteur (Francia) y en Farmacología Molecular en la Universidad Pierre et Marie Curie de París.

Ana María Gómez. Doctora en Letras, editora y docente en nivel superior; fue militante política hasta que en 2020 comenzó a dudar de las medidas impuestas por el gobierno, que poco tenían que ver, según su percepción, con lo que el sentido común asocia con el cuidado y la salud. Ese fue el primer puntapié para desarrollar un camino de búsqueda e investigación en política sanitaria.

Mariana Gutman. Nació en Mar del Plata (Buenos Aires) en agosto de 1967, es docente de nivel primario y de educación especial. Trabajó y se especializó en escuelas de pedagogía Waldorf en el barrio de Florida, Vicente López.

Carmen Jiménez Huertas. Filóloga, lingüista y escritora. Autora, entre otros, de No venimos del latín y Estamos hechos de lenguaje. Durante la pandemia, su conferencia sobre ingeniería lingüística se hizo viral en las redes sociales por desmontar de manera impecable las herramientas de hipnosis colectiva.

Nicolás Martínez Lage. Abogado, autor, investigador y productor del canal de YouTube Terapia Liberal. Sus redes: @NicolasMlage1 y @Terapialiberal.

Mariano Kasanetz. Nació en Buenos Aires. Casado, padre de dos hijos. Licenciado en Ciencias Físicas de la Universidad de Buenos Aires. Estudió también música, canto y medicina china. Se consagró sacerdote de La Comunidad de Cristianos en 2004, luego de sus estudios en los Seminarios de Sacerdotes en Stuttgart y en Hamburgo, Alemania. Trabajó en la Comunidad de Buenos Aires hasta que en septiembre de 2019 asumió la dirección del Seminario de Sacerdotes en Stuttgart.

Matelda Lisdero. Médica ginecóloga por la UBA y homeópata. Ejerció veinte años en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Hace unos años conoció las cinco leyes biológicas del Dr. Hamer (nueva medicina germánica), que se ocupan de los procesos que desencadenan la enfermedad. Hoy se dedica a la comprensión de los síntomas y ya no a correr detrás de ellos.

Alfonso Longo. Doctor, ingeniero industrial y máster en Dirección de Empresas, gran conocedor de los entresijos del capitalismo y excelente analista. Desde que comenzó la pandemia, estudia la situación internacional en su canal de YouTube, aportando documentación y datos que desmontan la versión oficial publicada en los medios hegemónicos de comunicación.

Aldo Mazzucchelli. Nacido en Montevideo (noviembre 1961), es escritor y PhD por la Universidad de Stanford. Entre sus principales publicaciones se cuentan: La mejor de las fieras humanas. Vida de Julio Herrera y Reissig (Taurus, 2010), un ensayo literario y biográfico sobre el poeta montevideano. Su poesía, publicada en los años 80, se reunió en Retahíla (Estuario, 2015). Entre 2012 y 2017 fue publicando sus ensayos en el espacio virtual Interruptor, que creó junto con Amir Hamed, Gustavo Espinosa y Carlos Rehermann. En 2021 publicó Imantada: ensayos sobre la escritura, el individuo y la plaga (Taurus). Creó y dirige desde 2020 la revista digital quincenal eXtramuros (www.extramurosrevista.com). Fue docente en Brown University y actualmente es profesor titular en la Facultad de Humanidades, Universidad de la República.

Mariana Morales. Nacida en Buenos Aires, Argentina, es correctora de textos e investigadora independiente en temas de salud, como cambio de hábitos, nutrición y ambiente. Es autora del informe “Nova”, sobre vacunación infantil en pandemia. Con una mirada crítica sobre la industria de la salud, pone el foco en nuestra capacidad ancestral de cuidar y cuidarnos, recuperando saberes olvidados y sin intermediarios.

Nicolás Morás. Periodista argentino, fundador del canal de YouTube Los Liberales. Es director de la Academia Libertaria, obtuvo el Premio Richard Cobden a la Trayectoria en Defensa del Libre Comercio y los Derechos Humanos. Fue investigador del Center for Stateless Society y del Bastiat Institute. Es expositor de la Red de Estudiantes por la Libertad. Colaboró para muchos periódicos y con las revistas Fortuna y Reason Magazine, y cadenas de televisión internacionales, como NTN24. Sus investigaciones sobre el software israelí Pegassus frenaron la legalización del espionaje masivo en la Argentina.

Ana María Oliva. Ingeniera industrial. Tiene un máster en Ingeniería Biomédica por la Universidad de Barcelona y la Universidad Politécnica de Catalunya, con un premio extraordinario. Se doctoró en Biomedicina por el estudio del efecto del campo eléctrico sobre células en el Laboratorio de Nanobioingeniería del Instituto de Bioingeniería de Catalunya en colaboración con el Laboratorio de Microbiología. Por esa tesis obtuvo el Cum Laude. Lleva los últimos veinte años dedicada a una visión menos materialista de la vida y de la ciencia, explicando fisiología electromagnética y en general lo que es la biología aplicada a la salud.

Josep Pàmies. Agricultor y activista, fundador de la organización Dulce Revolución, desde donde da a conocer el poder de las plantas medicinales y pone en entredicho la medicina convencional. Es autor de los libros Una dulce revolución y Guía de plantas medicinales (cultivo, uso y propiedades).

Jordi Pigem. Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, especializado en Filosofía de la Ciencia. De 1998 a 2003 fue profesor y coordinador del Área de Filosofía del Masters in Holistic Science del Schumacher College en Dartington (Universidad de Plymouth, Inglaterra). Ha sido profesor invitado o ponente en varias universidades de Europa y América. Ha obtenido el Premio de Filosofía del Institut d’Estudis Catalans (1999), el Premio de Ensayo de Resurgence y de la Scientific and Medical Network (2006) y el Premio de Ensayo Joan Maragall (2016). Entre sus libros más recientes destacan  Pandemia y posverdad: La vida, la conciencia y la Cuarta Revolución Industrial Técnica y totalitarismo: Digitalización, deshumanización y los anillos del poder global, las dos primeras entregas de una trilogía que analiza nuestro tiempo a partir de perspectivas filosóficas, científicas y literarias. Nunca ha tenido una cuenta en redes sociales.

Lourdes Relloso. Licenciada en Psicología Clínica y Sexología. Autora de Escapa del mal trato y Amor o miedo y otras paradojas de nuestro tiempo. A través de sus redes sociales comenzó tempranamente a alertar sobre los mecanismos discursivos utilizados estos últimos tiempos. Lo hizo a pesar de las censuras que han ejercido estos canales de comunicación, un intento de silenciamiento bajo el pretexto de “proteger de información errónea” a la población.

Cecilia Sustersic. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y periodista ambiental. Participa activamente en las resistencias asamblearias socioambientales e investiga sobre megaminería, desmonte, fumigaciones, contaminación y cuidado del agua. También ha sido promotora de permacultura, construcción natural y proyectos culturales educativos para la restauración, regeneración de la tierra y la comunidad humana. Desde junio de 2022, impulsa el movimiento Cielos Limpios para la detención de programas encubiertos de geoingeniería.

Violeta Varela. Nació en Junín (Buenos Aires) en abril de 1961, es docente de nivel primario y trabajó en escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires y en escuelas Waldorf de Florida, Vicente López: Rudolf Steiner y Cuarto Creciente.

Claudia von Werlhof. Nacida en 1943 cerca de Berlín, Alemania, es profesora universitaria de Ciencias Políticas y Estudios de la Mujer en Austria, en Innsbruck, madre de un hijo. Cocreó la Escuela de Bielefeld, en Alemania, trabajó en las bases en América Central y del Sur, desarrolló la “Teoría crítica del patriarcado”, cofundó FIPAZ (Instituto de Investigación para la Crítica del Patriarcado y Civilizaciones Alternativas), el Movimiento Planetario por la Pachamama y BOOMERANG- Revista de Crítica al Patriarcado. Es investigadora asociada del Centro para la Investigación sobre la Globalización (Global Research) en Montreal.

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