ENSAYO

Por José Pablo González

Ante el rotundo fracaso de las vacunas coronavirus al menos en Chile y Uruguay, sumado a las dudas sobre su necesidad, seguridad y eficacia en el resto del mundo, comienzan a pulular estudios científicos y estadísticas que dicen probar sus maravillosas virtudes y casi nulos defectos. Sin embargo, la gente sigue llenando los CTI y muriendo de lo que se suponía iba a prevenir la vacuna [1].

No es nuevo el retorcijo de números para hacerlos decir lo que el retorcijador quiere: «Los números no mienten, mienten los que los calculan», «Hay mentiras, mentiras descaradas, y luego están las estadísticas». 

Tienen defectos monstruosos varios de los estudios científicos sobre estas vacunas. El otro día leía uno en el que del análisis descartaban a los que vivían en asilos de ancianos y a los que habían requerido algún tratamiento médico en los días previos a recibir la vacuna [2]. Claro, así es muy fácil, para probar la alta eficacia de un medicamento descarto a los enfermos y ancianos que son precisamente los que más mueren y los más propensos a reacciones adversas al medicamento. En otro, incluyeron en el grupo de los vacunados a todos los que habían superado la enfermedad de forma natural, la excusa era que tenían anticuerpos [3]. Podrían haber incluido también a niños, jóvenes y adultos sanos, ya que generan anticuerpos con mucha rapidez, y sin más vueltas haber concluido que la vacuna reduce la mortalidad por toda causa. Esas son las subjetividades de siempre del método científico, pasan a ser podredumbres cuando las conclusiones de esos cálculos se contrabandean como verdades objetivas, cuando los sacerdotes de la Santa Ciencia, los Grado 5, los ungidos por la inmaculada Nature, bajan de la montaña con ellas grabadas en piedra. ¡Y ojo con el hereje que ose cuestionar a su excelencia! La diferencia que hay entre religión y las instituciones o ecleciásticos que dicen representarla es la misma que hay entre ciencia y las instituciones o académicos que hacen lo mismo. Hasta ahí las subjetividades y deficiencias de siempre, pero hay una en este caso que es clave, que es el tirante central que hace que se derrumbe todo: la primera dosis.

La primera dosis. En países de todo el mundo, se ha observado una llamativa mortalidad en las semanas inmediatas tras el comienzo de esta vacunación experimental: en Uruguay, Brasil, India, Hungría, hasta en Israel, país que en los primeros dos meses de 2021 -la vacunación comenzó el 19 de diciembre- bajo el más estricto encierro, en pleno invierno y con prácticamente todo cerrado, tuvo un exceso de mortalidad equivalente al de ocho meses de 2020. Por ahora, continúan ocultas las cifras de fallecidos con una dosis y en los 14 días siguientes a la segunda, pero hay indicios de que podrían ser muy altas. La cuestión es que según a qué grupo, vacunados o no vacunados, le carguen los enfermos, internados y fallecidos con al menos una dosis, se obtendrán conclusiones opuestas sobre la seguridad y eficacia de estas vacunas. A todo esto, ya hay antecedentes, evidencias e investigaciones en humanos con Covid-19 que advierten sobre un problema llamado Antibody-Dependent Enhancement (ADE), que no existe con ninguna de las otras vacunas que nos damos, e implica que sobre todo la primera dosis puede agravar la enfermedad en vez de prevenirla o mitigarla [4].

Uruguay, fallecidos con etiqueta Covid-19 por día y comienzo de la vacunación.
Brasil, fallecidos con etiqueta Covid-19 por día y comienzo de la vacunación
India, fallecidos con etiqueta Covid-19 por día y comienzo de la vacunación (durante las primeras semanas se desarrolla muy lentamente, recién a principios de marzo aumenta el ritmo)
Hungría, fallecidos con etiqueta Covid-19 por día y comienzo de la vacunación.
Israel, fallecidos con etiqueta Covid-19 por día y comienzo de la vacunación.
Análisis del Premio Nobel Michael Levitt en base a datos oficiales, “En mortality.org están las muertes por toda causa hasta la semana 8 de 2021. El exceso de muertes israelí ajustado por edad es de 1.226 para 2020 y otros 731 para 8 semanas de 2021”. https://twitter.com/MLevitt_NP2013/status/1377648405078401025 

Siguiendo el método de los mercenarios de la vacunación perpetua y los médicos y científicos que les dicen amén sin chistar, entre ellos algunos que están haciendo dinerales con la pandemia, mañana puedo publicar un tratamiento para curar enfermedades en cualquier órgano del cuerpo con casi el 100% de efectividad y seguridad. El método es muy simple, tiene dos pasos, el primero es una cirugía y el segundo altas dosis de fármacos. La efectividad de mi tratamiento sólo podrá ser evaluada luego de 14 días de completado. La causa de muerte de los que fallezcan luego del primer paso y antes de los 14 días será la enfermedad. Si viven, será gracias a mi tratamiento. Y si mueren después, será por causas naturales, por otras enfermedades o existirá la remota posibilidad de que mi tratamiento haya fallado, siempre y cuando se demuestre más allá de toda duda.

¡Qué fácil que es inventar tratamientos garantidos con los últimos avances de la ciencia médica! Y de paso, por pura filantropía, crear el negocio más seguro y rentable de la historia de la humanidad.


NOTAS

[1] En Uruguay, la cantidad de fallecidos por día con etiqueta Covid-19 en las semanas previas al comienzo de la vacunación era de 6 en promedio y venía descendiendo. El 27 de febrero comenzó la vacunación. Dos meses después, con un 50% de la población con una dosis y un 30% con ambas, el promedio de fallecidos diarios se mantiene alrededor de 50. En Chile, comenzaron a vacunar el 24 de diciembre de 2020. Hasta ese momento, tenían un promedio de 38 fallecidos por día, al que habían llegado luego de un lento pero estable descenso desde mediados de 2020. En enero, comenzaron a aumentar los fallecidos y entraron en un régimen de encierros y restricciones de los más estrictos de América Latina, en el que continúan hasta hoy. Cuatro meses después, con un 55% de la población con una dosis y un 42% con ambas, fallecen 95 personas por día con diagnóstico Covid-19. Su sistema de salud está más saturado que nunca: en diciembre de 2020 tenían aproximadamente 1800 camas de CTI ocupadas y 300 libres; hoy tienen 4.200 ocupadas y 200 libres.

Chile, fallecidos con etiqueta Covid-19 por día.
Chile, camas de CTI ocupadas y disponibles

[2] https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/nejmoa2101765 : BNT162b2 mRNA Covid-19 Vaccine in a Nationwide Mass Vaccination Setting

(Se podrá alegar que aquí las exclusiones son aplicadas a ambos grupos, no cambia el hecho de que para evaluar un tratamiento se están excluyendo del análisis precisamente a las personas de más riesgo, tanto de fallecer por la enfermedad como por los efectos adversos al tratamiento.)

Exclusiones del análisis en BNT162b2 mRNA Covid-19 Vaccine in a Nationwide Mass Vaccination Setting

[3] https://www.nature.com/articles/s41591-021-01337-2 : COVID-19 dynamics after a national immunization program in Israel

En la sección Methods: “Recovered individuals were included in the vaccinated group in all of the analyses, as previous studies analyzing the antibody responses after recovery showed persistent antibody titers against the SARS-CoV-2 spike protein for several months after infection”

[4] El SARS-CoV-2 no es el primer coronavirus que estudiamos, por ejemplo, ya tenemos experiencia con el MERS-CoV y el SARS-CoV. Sabemos que muchos de los cuadros graves que generaban esos otros no eran causados tanto por la intensidad de la infección, sino por un problema con la respuesta inmune de nuestros organismos, ese problema se llama ADE. Hace unos años se intentaron hacer vacunas para el SARS-CoV, se probaron en otros animales, los resultados fueron de malos a muy malos. Luego de tener contacto con el virus real, entre los vacunados se observaron cuadros más graves y hubo más fallecidos que entre los no vacunados. Las vacunas funcionaban bien, generaban los anticuerpos para los que habían sido diseñadas; el problema es que esos anticuerpos empeoraban los cuadros de la enfermedad que pretendían prevenir. Esto se encuentra en un estudio titulado “Antibody-dependent enhancement and SARS-CoV-2 vaccines and therapies” (https://www.nature.com/articles/s41564-020-00789-5). En esa publicación llegaron a las siguientes conclusiones: ADE es un riesgo real a considerar con el SARS-CoV-2 y sus vacunas; se reduce con terapias que inducen altas dosis de ciertos anticuerpos. Pero faltaba información clínica sobre la existencia o no de ADE en humanos con Covid-19. Un mes después, en octubre de 2020, se publicaba otro estudio, “Antibody-dependent enhancement (ADE) of SARS-CoV-2 infection in recovered COVID-19 patients: studies based on cellular and structural biology analysis” (https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.10.08.20209114v1.full), en el que concluyeron que sí existe en humanos con Covid-19, lo encontraron en 13% de los pacientes analizados. Además se observó que los que tienen más riesgo de desarrollarlo son los ancianos, y existe más riesgo aún si tienen bajos niveles de anticuerpos específicos para el SARS-CoV-2. ¿No es precisamente este segmento de la población, el de ancianos con bajos niveles de anticuerpos específicos generados por la primera dosis de la vacuna, el que predomina en los picos de mortalidad observados por todo el mundo en las semanas inmediatas al comienzo de la vacunación?

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