CRITICA LITERARIA

Por Juan José Roselli Henestrosa y Estela Castelao

1 Armonía inédita

En octubre del año pasado la editorial Linardi y Risso publicó la novela inédita de Armonía Somers Tu casa en una altura. Se trata de una cuidada edición precedida por dos artículos escritos por las investigadoras argentinas Cristina Dalmagro y Carolina Repetto.

El hecho fue muy significativo para nosotros, ya que confirmaba lo que planteamos en el artículo publicado por Extramuros el 28/8/23, en el que entre otras cosas afirmamos que la obra de Armonía no había sido plenamente comprendida y que esto se debía a que estaba inspirada en una tradición ajena al mundo académico: la del pensamiento mágico hermético, el anarco misticismo y la religiosidad gnóstica.

La novela fue presentada en un concurso literario organizado por Marcha en 1962 y en el cual un jurado integrado por David Viñas, Ángel Rama y Augusto Roa Bastos declaró el concurso desierto por entender que ninguna de las obras presentadas poseía méritos artísticos para ser premiada.

A la novela de Armonía, presentada bajo el seudónimo Juan del Mundo, se le señalaron defectos como la falta de objetividad y largos diálogos en los que la descripción de los sentimientos de los personajes resultaba excesiva.
Armonía guardó el manuscrito y decidió que no se publicara. En su artículo, Dalmagro conjetura que el riguroso sentido de autocrítica de Somers la llevó, reconociendo y tomando en cuenta la valoración del jurado, a guardar el manuscrito con la prohibición de publicarlo y a continuar puliéndolo y reescribiéndolo. Nosotros creemos que Armonía no guardó el manuscrito aceptando un fallo que la había descalificado, sino con la resignación de constatar que su obra no había sido comprendida y apreciada. Por eso siguió puliendo una obra que seguro estimaba valiosa, sin hacer cambios sustanciales, ni tomar en cuenta los señalamientos del jurado.

Como Penélope siguió tejiendo la trama de su nouvelle, fiel a su arte mágico, esperando que llegara su tiempo y sus lectores. Dicen que cuando el oído del aprendiz está listo, aparecerán los labios del maestro y cuando los ojos del lector estén abiertos aparecerá el texto que puedan leer. ¿Por qué ocurre esto? Porque ya estaban ahí, en cuerpo y alma, en libro y alma. Los que estábamos faltando éramos nosotros.

Actualmente críticas literarias, como la Dra. Dalmagro y las profesoras Alicia Torres y Graciela Franco, todas ellas expertas y admiradoras de la obra de Somers, en términos generales parecen coincidir con lo dictaminado por el prestigioso jurado del concurso de 1962.

No discutiremos con expertos el valor literario de la novela, aunque para nosotros su valor es inseparable del misterio metafísico que plantea la obra, porque Tu casa en una altura no es tanto una novela histórica o de “compromiso” o “proletaria” sino una novela filosófica inspirada en la tradición hermético gnóstica. El problema filosófico tratado en la novela es el del mal en el mundo y su relación con la existencia de Dios. Problema que a lo largo de la historia se ha intentado solucionar a través de ingeniosas teodiceas, el dualismo maniqueo, la fe con la que Job acepta el incomprensible padecer del justo, la fortaleza de ánimo del estoico para sobreponerse a las pruebas del Logos divino, la aceptación de la justicia kármica para el budista, la angustiosa libertad con que el existencialista enfrenta un mundo sin Dios. La solución de Armonía es la del gnosticismo.

Somers gnóstica

En Armonía no hay una crítica a la religión como un todo sino a la religión católica o a toda religión basada en el poder y el miedo cuyas respuestas dogmáticas y simplistas buscan la sumisión del alma humana.

En nuestro anterior articulo afirmamos que la contradicción entre el anarquismo paterno y el catolicismo materno de nuestra autora se armonizan en el anarco misticismo y un cristianismo gnóstico, ambos expresiones de su singular religiosidad.

¿Qué es el gnosticismo y quienes fueron los gnósticos? Por gnosticismo se entiende las doctrinas que sostienen que la liberación o salvación del ser humano provendrá de alcanzar un tipo de experiencia cognoscitiva que trasciende el conocimiento racional discursivo. Este gnosticismo está presente en la antigüedad entre los pitagóricos, Platón y Plotino que distinguían en sus escuelas las enseñanzas y conocimientos esotéricos de los exotéricos. En el terreno religioso la presencia o ausencia de esa gnosis es la que genera la tensión entre místicos y teólogos, sacerdotes y profetas.

Los gnósticos fueron un conjunto de sectas cristianas que se propagaron en Egipto entre los siglos II y IV. Sus adeptos se consideraron legítimos portadores del mensaje de Cristo, al que condensaron en una serie de Evangelios donde se revelaba la esencia oculta de las enseñanzas de Jesús.

Estas sectas y sus doctrinas fueron declaradas heréticas por la naciente Iglesia que los persiguió y destruyó sus textos. La iglesia canonizó los cuatro evangelios incluidos en el Nuevo Testamento y decretó que todo otro era apócrifo. Poco se sabía de estos evangelios, solo lo que era citado en las obras de los heresiarcas, hasta que en 1945 aparecieron en Nag Hamadi, Egipto, unas vasijas que contenían cantidad de textos gnósticos que permitieron comenzar a comprender la naturaleza de esta doctrina.

Doctrinas gnósticas: 1) Dios es un ser absolutamente trascendente y del cual no podemos hacernos idea alguna; 2) El mundo ha sido creado y es dirigido por la voluntad de una deidad menor, un Demiurgo ignorante y malévolo con la ayuda de los arcontes identificados con fuerzas astrológicas; 3) la creencia en la reencarnación; 4) la distinción entre seres humanos materiales, psíquicos y pneumáticos que accederían a la comprensión de 5) la existencia de tres niveles de interpretación de los textos sagrados: I el literal o histórico, II el alegórico o moral y III el místico espiritual; 6) La posibilidad de acceder a un conocimiento o gnosis, una suerte de revelación o experiencia contemplativa de una realidad interior, la chispa divina, que mora oculta en el cuerpo humano así como Dios se oculta en su absoluta trascendencia de este mundo.

La presencia de estas experiencias o revelaciones propias del gnosticismo aparecen en buena parte de la obra somersiana. Esto es destacado por la Dra. Dalmagro cuando afirma que “El “momento epifánico” recorre en forma transversal toda la narrativa de Armonía Somers como una estrategia que le otorga su peculiaridad. Sucede, de repente sucede que se sabe, que se conoce, que se vivencia, que se capta la verdadera esencia humana, que se profana, que se cae en el vacío o en la soledad más absoluta, que es la soledad sin Dios”.

Coincidimos en esto con la doctora, pero nosotros creemos que esas epifanías son experiencias fundamentales para Armonía, no solo una estrategia narrativa, son vislumbres intuitivos de unas verdades metafísicas, verdaderas experiencias gnósticas, que lejos de revelar o manifestar la inexistencia de Dios pone en contacto a quienes las tienen con el misterio de lo divino. Esta veta gnóstica, que destacábamos en el anterior artículo, aparece expresada por el leproso Adrien L`Ecume, personaje clave de su novela suma Solo los elefantes encuentran mandrágora en la carta dirigida por él al Santo Padre en Roma cuando se refiere a Dios como un feroz regente. Veamos en nuestra lectura de Tu casa eh una altura como se manifiesta su gnosticismo.

Nuestra lectura

En esta lectura destacaremos solo algunos aspectos de la novela vinculados con nuestra tesis; somos conscientes que estamos dejando de lado contenidos y formas que sería necesario abordar para dar una visión más completa de la obra.

Ya el epígrafe que inspira el título de la novela pertenece a un Evangelio no canónico. Si no es canónico es apócrifo. Tal vez se trate de un fragmento contenido en uno de los evangelios gnósticos. Nosotros no encontramos la fuente. Pero puede que sea un evangelio apócrifo en el sentido de ser una creación ficcional de la autora de la novela. Lo cierto es que el epígrafe toma pleno sentido gnóstico en el contexto de la novela.

El núcleo simbólico se encuentra en el primer, el último capítulo y en el “Interludio de la Geopersona” título de un capítulo central sin numerar, ubicado entre la primera y la segunda parte de la novela, que nos recuerda la forma de tríptico anticipatoria de la que utilizará en sus últimos cuentos.

La novela comienza con un hombre al final de su vida llevando a cabo una suerte de rito catártico mnemónico que lo preparará para una visión post mortem en la que espera confirmar que el alma de su amigo ha persistido más allá de la muerte. Esa relación que mantuvieron en vida posibilitará trascender la impermanencia del mundo. “Si verdaderamente no ha desaparecido en el segundo en que me descerrajen como una bala ciega vaya a saber a que estúpida aventura sin elección , es porque yo existí, porque él y yo vivimos uno dentro del otro como mi fe lo propuso”.

Destacamos en negrita la idea de metempsicosis o reencarnación propia del gnosticismo, en la que Armonía creía y que aparece en muchas de sus narraciones. Al final del primer capítulo aparece la idea del demiurgo o Dios Padre, una ciega potencia que parece complacerse con el sufrimiento de sus criaturas confundidas y doloridas por seguir sus mandatos.

Para el pensamiento gnóstico, de la trascendencia y superabundancia ontológica del verdadero Dios ha emanado esa deidad menor, el Demiurgo, el Dios ciego, creador del mundo, que es el que prohíbe comer el fruto del árbol del conocimiento a la pareja original, a la que ordena enseñorearse de la creación y a sus descendientes conquistar tierras o pueblos, y después organizarse en rígidas jerarquías estatales. Y todo lo llevarán a cabo sus criaturas en nombre de ese Dios que en realidad no pasa de ser un Ídolo que los condenará al sufrimiento.

Termina la novela con esta afirmación y aspiración “Él los mandó edificar en la altura y él mismo los castiga. Habría que desviar el dedo ciego del Dios Padre”. ¿Cómo lograrlo? La respuesta tal vez esté en descubrir la armonía en medio de la tensa unidad que existe entre la acción y la contemplación. Debaten sobre este tópico el joven anarquista Juan Gabriel y el Dr. Zubizarreta, posiblemente un médico liberal masón, frente a cuya biblioteca queda extasiado el joven revolucionario. Podemos establecer una fuerte “religazón” entre estos sucesos y personajes con los de Solo los elefantes encuentran mandrágora.

Esa misma tensión entre la contemplación y la acción planteada en la discusión con el Dr. Zubizarreta, aparece en el vínculo entre Juan Gabriel y su amigo el abogado y es simbolizada por la fortaleza ubicada estratégicamente en la cima del cerro de Montevideo. Construcción erigida para la acción combativa, pero coronada con un faro desde el que solo se divisa y avisa. Y finalmente nos remite al Dios trascendente que parece contemplar impasible la acción del Demiurgo, cuyo ciego poder gobierna al mundo.

El Interludio profundiza en la historia de la Fortaleza ubicada en la cima de la “geopersona” del Cerro de Montevideo. Se cuentan aquí historias de fantasmas, infaltables en la vida y obra de Armonía, que habitaron una fortaleza que ha sido exorcizada a fuerza de vulgares anécdotas que banalizan el mundo de los espíritus. Menciona un misterioso proyecto constructivo llevado a cabo durante la Guerra Grande, por el iniciado masónico Giuseppe Garibaldi.

Las referencias a personajes políticos, científicos, filosóficos, literarios no son casuales ni antojadizas, sino que constituyen una estrategia literaria de la autora para darnos acceso a una constelación de ideas que nos orienten en el mundo donde ella se propuso introducirnos.

Por esto cuando Juan Gabriel habla con su amada Lucila, recuerda a Spencer y la hipótesis contenida en su obra El Progreso sobre el origen del sistema solar a partir de la nebulosa originaria, hipótesis que había sido planteada por Laplace y anteriormente por Kant el cual la tomó de quien fuera el creador de esta teoría, Emanuel Sweedenborg el científico y visionario capaz de visitar el mundo de los espíritus y comunicarse con los difuntos y del que el ilustrado Kant se mofó públicamente en su obra Sueños de un visionario, pero en privado manifestaba asombro por sus capacidades manticas.

También menciona en ese diálogo a Camile Flamarion, el astrónomo francés fundador de la Sociedad Astronómica Francesa, pero también un estudioso y practicante del espiritismo.

Nuestra propuesta

Lo que estamos proponiendo es un acercamiento a la obra de Armonía con la clave del lenguaje simbólico hermético de modo de poder pasar del nivel exotérico al esotérico de su creación

Este abordaje no invalida, sino que trasciende e incluye la lectura y análisis crítico desde las perspectivas puramente literaria, psicoanalítica, feminista, existencialista que ha venido realizando la crítica hasta ahora. Lo completa y se introduce en la que creemos es la veta más profunda de la que brota la obra somersiana.

De hecho todas estas perspectivas, la de la psicología profunda, la del feminismo, el existencialismo se entrelazan con un trasfondo en el que subyace la tradición hermética.
Ejemplo de ello es la semejanza o proximidad entre la visión del mundo del gnosticismo y el existencialismo que detecta Hans Jonas en el epílogo de su ensayo La religión gnóstica.

Jonas sostiene que así como la modernidad ha arrojado al ser humano a un mundo sin Dios y sin propósito cósmico alguno, frío e indiferente a sus padecimientos, y sin más guía que su angustiada conciencia con la que debe crear su proyecto existencial. El gnóstico vive también en un mundo abandonado por Dios en el que el ser humano queda a merced, ya no de las ciegas fuerzas del azar y la necesidad, sino de la ciega maldad del Demiurgo y el determinismo astrológico de los arcontes. Un mundo antagónico pero del cual puede salvarse elevándose a la condición neumática, descubriendo en sí mismo la chispa divina que encienda la hoguera de las vanidades mundanas.

Por ello es fácil tomar el gnosticismo de Somers como sola expresión del pensamiento existencialista cuanto más porque ella también estaba marcada por esta filosofía. Recordemos que la protagonista de su ficción autobiográfica Solo los elefantes encuentran mandrágora, tiene en su mesa de luz del hospital en que agoniza, como libro de cabecera Ser y Tiempo de Martin Heidegger.

Comprendemos la dificultad para aceptar el hecho de que Somers, una autora que creó una literatura revolucionaria que dejó a tantos ídolos sin cabeza, los de la corrección moral, estilística , religiosa y política de su tiempo, fuera, a la vez, alguien que vivió inmersa en el pensamiento antiguo de la tradición hermética y la magia.

Reconocer esta dimensión en su vida y obra requiere, también, un cambio de paradigma que nos permitirá validar y reconectar con una tradición filosófica que ha pasado por algo marginal o menor dentro del ámbito académico.

Armonía Somers es y será una escritora de culto. Creemos necesario ir creando nuevas formas y rituales de lectura, celebrar acontecimientos y fechas de su historia, localizar y sacralizar los espacios indisolublemente ligados a su vida y obra en los que ella, sin duda, aún pervive.

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