GERARDO CIANCIO /Quizás vista en perspectiva, la obra poética de Hugo Achugar (Montevideo, 1944) puede organizarse en tres momentos (que suponen más que un juego de cortes y rupturas, un continuum creativo que se profundiza en sí mismo y se expande) o ciclos: un primer momento configurado por los tres libros “montevideanos” publicados entre 1968 y 1973. En ellos desarrolla una poesía que podría afiliarse a la llamada “poesía conversacional”, aunque los procedimientos retóricos y los recursos expresivos (en ocasiones próximos a la antipoesía parriana) utilizados desbordan y superan esa categoría o cauce de escritura poética
POIESIS / 90
“Mi verso se vertebra, lumbre y acero
ningún verso puede remediarlo
hacer volar las palabras
detonarlas como enormes fuegos artificiales”
H.A.
En la tercera parte del poema “plaza de las victorias-parís” del libro Con bigote triste (1971) el hablante poético expresa:
Todos decimos algo
todos nos lamentamos
todos tenemos mala conciencia
yo me siento
(y ahora viene algo lírico
por si esto es un poema)
como azul y lejos
como solo y con
como un reverendo idiota
yo me siento aquí
como una silla
Esta presencia del humor, la ironía, el gesto paródico serán una constante a lo largo de la producción poética de Achugar durante casi seis décadas de escritura. De alguna forma, esta torsión hacia lo otro, hacia lo que instaura y estatuye al poema y al poeta (“aún respiro el aire / y vuela aletargada / mi voz en el ramaje” dice en un poema de El derrumbe) y al mismo tiempo los desacraliza, desmarca la voz poética de Achugar del resto de sus co-generacionales, es decir, aquellos poetas que comenzaron a publicar en los años sesenta del siglo pasado.
Asimismo, en estos primeros libros, Achugar escenifica en el poema la crisis social, política, económica que aflige al Uruguay (“tu rostro de país endomingado / en ruinas”; “este desnorteado país nuestro”), a Latinoamérica (“una ancha guitarra negra cubre América” dirá en un poema publicado en 1976) y a los países del llamado Tercer Mundo, sin hacer concesiones a una estética panfletaria o a una poesía de denuncia. La hay, por supuesto, y se extiende, con matices y en contextos y coyunturas diferentes, por varios de sus libros, no obstante, el poeta prioriza el trabajo con el lenguaje, el cuidado de la conformación del poema, esa obra de arte verbal cuya especificidad radica en el lenguaje. Con el sustrato del soneto quevediano, bellamente el sujeto lírico expresa:
Cuaje el olvido,
bórrese la historia, extravíense
sus muros de oscuro otoño
¿Por qué no levantar vuelo?
Ya en el exilio venezolano, la editorial Monte Ávila publica Textos para decir María (1976). Este libro parece oficiar de bisagra entre el primer ciclo y el segundo que tendrá su mayor desarrollo en los años 80 y 90 del siglo XX. No es fácil conjugar uno de los mejores libros de amor de la poesía contemporánea escrita en nuestra lengua (“para decir maría hay que decir tu nombre”; “es uruguay maría montevideo cielo”) con el tema del dolor por el exilio y, particularmente, el sufrimiento de quienes están en el país padeciendo los avatares de la dictadura cívico-militar (“cientos de presos en los establos de la patria”). El deseo, gozo de los cuerpos (un tópico constante en la obra de Achugar) y la comunión en el amor y el erotismo contrasta y convive, en este trabajo, con la violenta situación que se vive en el “lento Uruguay rico en praderas”, de ahí que parafraseando el poema de Juan Cunha (hay en Achugar una marcada poética intertextual por absorción “natural” de los otros colegas que fueron en la historia de la poesía, no como una mera referencia culta o una retórica ornamental de la citación), expresa “y se nos pone triste el acento”. El poema como espacio de celebración del amor y lugar del testimonio del dolor tiene sus limitaciones y el poeta lo sabe: “algunas otras cosas que no caben / en el estrecho margen de un poema.”
Si bien Achugar no deja de escribir, y esto es una constante en su vida, tendrá que transcurrir una década para que el poeta de al público el siguiente poemario, o mejor aún, un avance del que será su próximo libro: publica en Montevideo la plaquette Seis mariposas tropicales (1986), una avanzadilla del libro Las mariposas tropicales, publicado al año siguiente. Y este junto con Todo lo que es sólido se disuelve en el aire (1989), Orfeo en el salón de la memoria (1991) -en ambos libros se presenta una gran parte de los poemas escritos entre 1977 y 1991 – y El cuerpo del Bautista (1996) conforman el segundo momento o ciclo en el devenir de su poesía.
El repertorio de posibilidades expresivas, temáticas, compositivas (el poema en prosa, el poema ultra breve, la alternancia de prosa poética y verso en un mismo texto, el soneto y su reflejo paródico, el poema proliferante -”último poema” – a la manera de los prólogos macedonianos, etc.) crece y desborda las páginas de estos libros (“todo es una sola imagen /inflamando el universo de preguntas”). Hay varios poetas que firman “Hugo Achugar” y conviven aquí, que caracolean entre Lezama y Darío, entre los clásicos griegos y los poetas anglosajones contemporáneos, que se miran en una suerte de juego de espejos y hacen del poema un espacio serio de exploración lúdica. El poema es también un espacio de padecimiento, un refugio y una práctica de la libertad:
El poema no es una ángel, crece
terrible como un ángel pero no lo es.
Se va cargando de palabras y un día explota
terrible como un ángel pero no lo es.
Es además un territorio irreverente / de reverencia, de desacato y ceremonial, de religiosa “profanación”:
Sanctus, sanctus, sanctus,
la cama donde reinas vulva,
la mesa donde conjugamos los verbos.
Entre el 2006 y el 2024, Achugar publica cinco volúmenes de poesía. Precisamente, Hueso quevrado (2006) podría ser el trabajo que abre el tercer momento o ciclo dentro de su producción poética. Este periodo creativo continúa y profundiza los procedimientos y repertorios expresivos del anterior, manipula la materialidad del lenguaje y trabaja sobre el significante en claro gesto de trilceana desobediencia a la norma preceptiva, al código de la lengua. También hay un mayor ensimismamiento del poeta en su propia escritura, en tanto gesto de madurez artística, de plenitud creativa, y, particularmente, en Demoliciones (2019) se manifiesta, con delicado énfasis, la sublimación de la pérdida, la ausencia y el dolor profundo que ellas conllevan.
En esta etapa Achugar se enseñorea de su propio instrumento, alcanza cimas de la poesía que sólo se alcanzan luego de un largo proceso de búsqueda, exploración, reflexión y puesta en página de una escritura multiforme, proteica, lúdica, libre (libertad que asoma, por ejemplo, en los cuatro poemas “versionados”por Juana Caballero – ¿seudónimo o heterónimo? – en la tercera parte del libro Los pasados del presente, 2016).
Amén de su destacada tarea como docente, investigador, critico literario, novelista y gestor cultural, al margen de los diversos premios y reconocimientos recibidos, y a lo largo de más de medio siglo de intensa y poliforme escritura, la obra poética de Hugo Achugar se perfila, en el campo cultural y en el concierto de la poesía contemporánea en nuestra lengua, como una de las más destacadas, significativas, complejas y de ineludible (re)lectura.

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Libros de Poesía de Hugo Achugar
1968, El derrumbe, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, Colección Reconquista, Número 32
1971, Con bigote triste, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, Colección Reconquista, Número 42
1973, Mi país / mi casa Montevideo, Feria Nacional de Libros y el Grabados
1976, Textos para decir María, Caracas, Monte Ávila Editores, Colección Los espacios cálidos
1986, Seis mariposas tropicales, Montevideo, ediciones de UNO, Colección de Poesía, Número 17
1987, Las mariposas tropicales, Hanover, New Hampshire, Ediciones del Norte
1989, Todo lo que es sólido se disuelve en el aire, Montevideo, Editorial Arca
1991, Orfeo en el salón de la memoria, Montevideo, ediciones de UNO, Colección de Poesía, Número 41
1996, El cuerpo del Bautista, Montevideo, Ediciones Trilce
2006, Hueso quevrado , Montevideo, Ediciones Trilce
2012, incorrección, Montevideo, Yaugurú, Colección El clú de Yaugurú
2016, Los pasados del presente, Montevideo, Yaugurú, Colección El clú de Yaugurú
2019, Demoliciones, Montevideo, Yaugurú, Colección Todos los gallos están despiertos, Tercera Serie, Número 34
2024, de qué va, Montevideo, Yaugurú, Colección Todos los gallos están despiertos, Sexta Serie, Número 14


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