NUESTROS INVITADOS opinan sobre el estado de cosas respecto de la «pandemia»

CIEN

Matthew Smith. La pandemia de la COVID-19 está lejos de ser un asunto cerrado, no por el virus en sí, sino por los precedentes que estableció y las transformaciones económicas y sociales que aceleró. Lo que presenciamos durante ese período fue esencialmente un ensayo general para el tipo de mecanismos de control centralizados que ahora se están implementando en otros ámbitos.
Desde una perspectiva económica, la respuesta a la pandemia creó las condiciones que hicieron inevitable nuestra difícil situación actual. La impresión masiva de dinero (billones de dólares creados de la nada) aceleró la devaluación de la moneda y preparó el escenario para la inflación que estamos experimentando ahora. Esto no fue un accidente o un error de cálculo; fue una elección política deliberada que benefició a ciertos intereses mientras imponía costes a la población en general.
Lo que resulta especialmente sorprendente es cómo se utilizó la pandemia para normalizar la intervención del gobierno en ámbitos que antes eran privados. Vimos cómo el gobierno dictaba qué empresas podían operar, cómo podían interactuar las personas e incluso qué tratamientos médicos debían recibir. Esto representó un cambio fundamental en la relación entre los ciudadanos y el Estado, exactamente el tipo de cambio que ahora se está extendiendo a la política económica a través de aranceles, controles de capital y planificación industrial.
La pandemia también reveló la captura total de instituciones supuestamente independientes por intereses políticos y corporativos. Los CDC, la FDA y los NIH, instituciones que debían guiarse por la ciencia, se convirtieron en instrumentos de aplicación de políticas y gestión narrativa. El mismo patrón es evidente en instituciones económicas como la Reserva Federal, que ha abandonado cualquier pretensión de independencia y ahora sirve principalmente como mecanismo de financiación del gasto público.
Lo más preocupante es cómo la respuesta a la pandemia normalizó la censura y la supresión de opiniones disidentes. La información que contradecía las narrativas oficiales, incluso cuando era proporcionada por expertos acreditados, se eliminaba sistemáticamente de las plataformas públicas. Esta infraestructura de censura sigue en pie y se ha reutilizado para otros temas, como los debates económicos. Intente publicar críticas sustanciales a la política monetaria actual en las principales plataformas y vea qué pasa.
La pandemia también aceleró las capacidades de vigilancia tanto de las entidades gubernamentales como de las corporativas. El rastreo de contactos, los pasaportes de vacunación y los sistemas de vigilancia de la salud crearon la infraestructura tecnológica y social para una vigilancia más completa. Estos sistemas no se han desmantelado, sino que se han reutilizado y ampliado. La misma infraestructura que rastreó su estado de vacunación puede rastrear su huella de carbono o sus transacciones financieras.
Creo que lo que estamos viendo ahora es la aplicación del manual de la pandemia a otros ámbitos. Los mismos llamamientos a la emergencia, la misma centralización de la autoridad, la misma supresión de la disidencia y el mismo desprecio por los derechos individuales se están aplicando ahora a la política económica, la política climática y otros ámbitos. La pandemia no fue un acontecimiento aislado, sino el comienzo de un nuevo enfoque de la gobernanza.
Dicho esto, la respuesta a la pandemia también reveló los límites del control centralizado. A
pesar de la censura y la propaganda sin precedentes, surgieron canales de información alternativos. A pesar de los mandatos y la coacción, partes significativas de la población se resistieron. A pesar de los intentos de imponer una única narrativa, las explicaciones contradictorias ganaron terreno. Esto sugiere que los intentos actuales de gestionar de forma centralizada la economía y la sociedad se enfrentarán a limitaciones similares.
La otra lección clave de la pandemia es que la narrativa oficial casi siempre resulta ser errónea o incompleta. ¿Recuerda usted cuando cuestionar la teoría de la fuga del laboratorio se consideraba desinformación? ¿Recuerda cuando nos dijeron que las vacunas evitarían la transmisión? ¿Recuerda cuando se suponía que los confinamientos durarían dos semanas para aplanar la curva? El patrón es consistente: las afirmaciones iniciales se hacen con absoluta certeza, se suprime la disidencia y luego la realidad obliga gradualmente a revisar la narrativa.
Ahora estamos viendo el mismo patrón con la política económica. Nos dicen que la inflación es transitoria, que el sistema bancario es sólido, que la deuda nacional no es un problema, que los aranceles traerán de vuelta los empleos manufactureros. Al igual que con la pandemia, estas afirmaciones se presentan como verdades incuestionables, las alternativas se descartan como desinformación y quienes desafían la narrativa son marginados.
Así que no, la pandemia de Covid-19 no es un tema cerrado. Su verdadero significado no fue el virus en sí, sino el modelo de gobierno que introdujo: un modelo de control centralizado, gestión narrativa y subordinación de los derechos individuales a los imperativos colectivos definidos por quienes están en el poder. Este modelo se está aplicando ahora para remodelar nuestro sistema económico, nuestra relación con la tecnología y nuestras estructuras sociales.
La cuestión no es si la COVID-19 sigue siendo una amenaza para la salud, sino si hemos aprendido las lecciones correctas de cómo se ha manejado. Según las pruebas actuales, diría que los que están en el poder han aprendido las lecciones equivocadas, mientras que un público cada vez más escéptico está asimilando lentamente las lecciones correctas. La tensión entre estas dos trayectorias definirá gran parte de lo que suceda en los próximos años.

Manuel Flores Silva. Si, es un tema cerrado. Habrá nuevas epidemias, nuevas vacunas, nuevos negocios de los laboratorios cobrando la renta de la innovación. Seguramente abusiva en los casos de dramatismos. Nada diferente a lo de siempre. Probablemente la próxima pandemia se haga la vacuna más rápidamente y ganen más. Y curen.

Thomas Harrington. El proceso de desenterrar y analizar los múltiples crímenes cometidos en el nombre de Covid ha acabado de empezar. Si no aprendemos ya que fue un ataque premeditado sobre los ciudadanos del mundo llevado a cabo por una pequeña elite supremacista e amoral, y que tenemos que tomar medidas muy serias para poder protegernos de sus ataques en el futuro, nos espera un porvenir muy negro. 

Eloísa Troya. La pandemia por COVID 19 ha sido una puerta abierta que no se puede cerrar sin antes analizarla con buenas intenciones. Mientras se siga callando sin poner énfasis en el daño, no podremos continuar hacia adelante. Nunca un virus de tan baja letalidad había sido tan fenomenal que diese rienda suelta a establecer de continuo políticas nuevas para futuras pandemias profetizadas de antemano. En el medio siguen creciendo la desconfianza de las personas hacia todo el sistema y hacia los demás. Como siempre digo, los valores inherentes a los seres humanos no se pueden legislar. Podrán normar la vida con más restricciones, pero no podrán normar la capacidad del ser humano de creer o no creer en estas normas y de aceptarlas o no. Si miramos en la historia lo que ha sucedido con quienes se oponen a determinadas arbitrariedades, el panorama puede ser desalentador, pero aún así, será un proceso que deberemos atravesar con una actitud coherente  y valentía, porque al final, no podemos decaer en la esperanza. 

Martín Aguirre. Yo quiero creer que si. A esta altura, parece bastante claro que tuvo un origen en laboratorio, y que su manejo estuvo guiado por el pánico y la manipulación de un sector médico y uno político, que no tuvieron suficiente perspectiva histórica de cuánto podían agravar sus consecuencias. Dicho esto, creo que la culpa de todo esto también es de un momento histórico que mezcla de forma muy peligrosa a un liderazgo político mediocre y pusilánime en la mayoría de los países del mundo. Y, por otro lado, el efecto del experimento de las redes sociales, que si bien tiene cosas muy positivas, tiene la capacidad de potenciar algunos vicios de la naturaleza humana hasta niveles nunca vistos. En especial el miedo y el efecto manada. Ojalá que las sociedades hayan aprendido algo de esta tragedia que pasó, y evitemos que algo parecido se repita. Y creo que algo se aprendió, no me imagino a un gobierno hoy con capacidad de imponer una cuarentena forzosa, por ejemplo.

David Souto Alcalde. Si hemos aprendido algo es que lo que venga será peor. Si una parte de la sociedad ha aceptado lo inaceptable volverá a suceder, aunque esto yo soy un ferviente creyente en el pueblo. Han intentando que unos ciudadanos mordieses a otros, pero por mucho que se diga, esto no les ha salido bien. Tenemos que entender que hemos estado sometidos como población a totalitarios con ganas de sangre que nos llamaban a la guerra desde todos los frentes (desde consejos de ministros hasta periódicos). Por otra parte sí que creo que habría que hacer una profunda revisión sobre la gestión del covid-19. No puede ser que a cinco años de la explosión de la crisis salga en España Fernando Simón diciendo que lo han hecho todo bien, que algunas cosas quizás debieran haber sido algo diferentes (apostar por confinamientos selectivos, como decía una parte importante y distinguida de la comunidad científica que fue ignorada) como si lo que se juega en esta diferencia no hubiese sido fundamental. Tendría que haber una investigación que implicase procesos legales garantistas para todos aquellos que a sabiendas implementaron medidas contrarias al interés público (y fíjate que uso el palabro “interés público”, que es una manera “demócrata” de decir razón de estado). Otra cosa que nos debiera quedar clara es que las libertades fundamentales nadie las debiera poder cuestionar ni cambiar, sea en nombre de la medicina, la economía o la salud mental. Tenemos que recuperar el estatus ciudadano y abandonar el estatus hormiga.

Xisela Franco. Hay que revisar todo lo que se sigue ocultando de forma sibilina, descubrir al público las intenciones de las normativas de la pandemia, el daño de los confinamientos, el estresamiento premeditado de los hospitales -de una sanidad estrangulada previamente-. No olvidemos el miedo atroz que los poderes crearon machaconamente en los medios para justificar un reseteo económico sin resistencia. Desearía ver en las portadas los estudios serios ya realizados -independientes de la industria de las farmas- sobre los efectos secundarios de las inyecciones masivas, que no curaron porque no tenían esa intención. Deseo que se ponga una pequeña parte de la energía que aplicaron en asustarnos de forma pornográfica, para ayudar a ver el entramado de este experimento de ingeniería social. Se deben pedir disculpas a las víctimas de las vacunas hoy desoídas, reconocer los muertos que provocaron y siguen provocando, apoyar y visibilizar esas investigaciones. No se hizo lo mejor que se pudo, ese mantra es una falacia. Hay una especie de hipnosis colectiva que impide ese despertar. Se linchó al que cuestionara una coma, se hizo mucho daño a cualquier médico, científico, que dijera algo distinto de la narrativa oficial. Para la ortodoxia reinante todo es conspiración y ultraderecha, también para una izquierda cada vez más confundida y puritana. Hay que hacer fuerza inversa, y esto empieza por cada uno, darse cuenta. Por eso hay tanta gente haciendo su viaje interior, descreyendo. Hemos visto que el ser humano en grupo y bajo el miedo es más letal que una pandemia.

Alexander Castleton. Una importante tensión que debatimos en la sociedad es entre seguridad y libertad, y muchas personas dan todo para sentirse seguras. Creo que la pandemia marcó un precedente alarmante para lo que pueda llegar a pasar en el futuro en este sentido. El problema, conectado con mi respuesta anterior, es que gracias a la pandemia va a ser difícil juzgar cuándo algo es una amenaza verdadera y cuándo no. Somos y seremos víctimas de opiniones que se establecen como la verdad revelada a través del poder y la propaganda. Ya hubo algunos indicios de otras posibles pandemias, como la de la viruela del mono, que no pasaron a mayores globalmente. Pero la necesidad de sentirse seguro a toda costa quedó latente. Giorgio Agamben escribió sobre los estados de excepción en los que se le da a los gobiernos más poder fuera de control constitucional en momentos de crisis. Cuando salimos de ellas, no volvemos al equilibrio anterior, sino que muchas de las medidas persisten y pasan a ser normales. En la medida que la tradición o la religión dejan de ser la fuente de sentido y autoridad, se impone la ciencia (y ahora la inteligencia artificial con su supuesta objetividad), como lo que define la naturaleza de la realidad. En definitiva, creo que la pandemia instaló posibilidades de control con serios riesgos totalitarios frente al becerro de la seguridad. Y a esto hay que sumarle que la tecnología avanza, por lo que las sociedades de control que describió Deleuze son cada vez más subrepticias y efectivas. Ni me quiero imaginar lo que será la pandemia que venga.

Adolfo Garcé No creo que se siga discutiendo demasiado sobre COVID 19 durante los próximos años. Pero es imprescindible seguir profundizando en la relación entre ciencia y política o, para decirlo en términos más precisos, sobre cómo debería usarse la ciencia en sociedades democráticas. Es de la mayor importancia insistir en algunos principios básicos. 1) La democracia no es el gobierno de los sabios sino de las ciudadanas y los ciudadanos. 2) La ciencia puede y debe seguir contribuyendo a la solución de problemas públicos. 3) Pero la ciencia, por definición, no tiene respuestas definitivas a los problemas (en términos de Karl Popper, avanza falsando -negando- el conocimiento previo. La ciencia no es unánime, es plural y controversial por naturaleza. 4) Por tanto, las democracias precisan que la ciudadanía pueda decidir libremente entre conclusiones y recomendaciones científicas diferentes. La ciudadanía tiene que controlar a los científicos y no ser controlada por ellos. Reflexionar, conversar y debatir sobre el control democrático de la ciencia, y sobre cómo construir instituciones que lo resguarden, es un desafío de primer orden para el futuro. Y una enseñanza que dejó la pandemia.

Jesús G. Maestro Hemos aprendido lo de siempre: unos, algo, otros nada, y todos juntos hemos aprendido a sobrevivir, en la medida de lo posible, hasta que la muerte nos separe. A mi juicio, la pandemia resultó ser un experimento fenomenal, que permitió, entre otras muchísimas cosas, comprobar hasta qué punto la democracia puede convertirse en un totalitarismo perfecto, y cómo la gente, bajo el imperativo del miedo, la mentira y la culpa, hace lo que le mandan y más. Antaño la gente sufría lo indecible en nombre de la religión. Hoy se lo traga todo en nombre de las ideologías. Nada ha cambiado, salvo los instrumentos y los procedimientos de la represión, el autoengaño y la culpa. Antaño, el látigo era la religión; hoy, el látigo son las ideologías. Y la gente se flagela hoy tan felizmente como ayer. La tiranía seduce la libido de las masas más que la democracia satisface sus deseos.

Melba Guariglia. La pandemia trajo nuevos desafíos para la salud en los aspectos académicos y económicos, no solo sanitarios, y las consecuencias de un virus que no ha dejado de existir sino que es mutante, hace necesario continuar con investigaciones que permitan prevenir futuros riesgos a la sociedad, con énfasis en las poblaciones vulnerables. 
Por otra parte, no es un tema acabado en cuanto a las cuestiones a las cuales nos enfrentó: el origen de las enfermedades, los intereses involucrados, las campañas de prevención y tratamiento, los nuevos virus relacionados con los problemas de radicalismo que enfrenta el mundo.
El análisis de esta etapa pasada podrá aportar saberes sobre la complejidad de las situaciones asociadas a los problemas de la salud pública, a aprender de ella, a incentivar la producción de conocimientos en las áreas de ciencia, investigación y tecnología, así como a tomar conciencia de las amenazas a las que se enfrenta la humanidad en este nuevo escenario.

José Luis Montáns Suárez ¡Y de qué manera! Es el mayor ultraje de nuestra época. Digamos que ese evento inaugura un nuevo proceso dentro de la gran proyección “civilizatoria” de la modernidad, se puso a prueba la unanimidad absoluta pero en base a consenso, se consiguió algo que antes sólo era posible mediante el dictado coercitivo del estado.
El problema con la discusión pública es que ni hay marco conceptual ni herramientas de análisis adecuadas, ni siquiera somos conscientes de que vivimos en un sistema ya diferente del anterior a ese evento, por primera vez en la historia el sistema devino lo único, la única posibilidad de concepción e imaginación de manera voluntaria usando como emulgente un nuevo “sentido común” construido sobre la base de una ciencia omnicomprensiva y un estado paternal que poco menos que imploraba ser amado.
Quien haya querido habrá aprendido pero, eso sí, sobre la base de la necesidad absoluta del aparte, de la alternativa como ámbito de escape a un totalitarismo delirante. De hecho, no es casual que a aquello siguiese la guerra. Las potencias orientales comprendieron que la cosa implicaba una amenaza existencial a todo aquello que no subscribiese al pie de la letra todos los dictados del occidente “civilizado”.

Federico Leicht. A nivel global, la crisis del COVID-19 no solo representó una emergencia sanitaria, sino también el punto de inflexión para la consolidación de un nuevo paradigma político-ideológico. La “pandemia”, más allá de sus efectos reales en la salud pública, ha funcionado como catalizador de una narrativa de corte colectivista que recuerda al proyecto cultural hegemónico delineado por Antonio Gramsci hace casi un siglo. Así como el pensador marxista italiano planteaba la conquista del poder a través de una transformación cultural profunda, basada en el control de los valores, los discursos y las instituciones, el nuevo relato impulsado durante la pandemia ha buscado modificar la percepción de la realidad a través de una lógica emocional, con fuerte carga moral y autoritaria. Su eje es la manipulación del miedo y la supuesta solidaridad universal para justificar restricciones a derechos fundamentales.
Este relato, presentado como incuestionable bajo el ropaje de la “ciencia” y el “consenso médico”, ha logrado un grado de aceptación social sin precedentes. ¿Cómo explicar que sociedades democráticas y modernas hayan aceptado con tanta facilidad medidas de confinamiento masivo, censura de opiniones disidentes y una vigilancia estatal invasiva? ¿Cómo entender que los ciudadanos renuncien voluntariamente a su libertad de circulación, reunión y expresión? La respuesta no reside únicamente en el virus, sino en la construcción de un clima de opinión fuertemente condicionado por organismos internacionales como la OMS, que promovieron la imitación del modelo chino: un modelo donde el poder del Estado se impone sobre el individuo, en nombre de la salud colectiva.
Lo más llamativo es que esta respuesta autoritaria ha sido adoptada de manera casi unánime, independientemente de las ideologías de los gobiernos. Tanto partidos de izquierda como de derecha han obedecido a una lógica globalista que parece marcar el rumbo de la política internacional. Esta obediencia revela una verdad inquietante: los Estados-nación, tal como los conocíamos, han perdido soberanía efectiva frente a redes de poder transnacionales que dictan el guion a seguir. La disidencia no es tolerada. Aquellos que osan desafiar este nuevo orden —como lo hicieron Donald Trump o Jair Bolsonaro, que se resistieron a las imposiciones de organismos multilaterales en su primera administración— han sido marginados, ridiculizados o en el caso de Bolsonaro, directamente desplazados del poder.
En este escenario, la respuesta sería que no es un tema cerrado, pero la pregunta que subyace ya no es si habrá una oscilación hacia un modelo de mayor control estatal influido por entidades supranacionales, sino cuán profunda será esa transformación. ¿Hasta qué punto se institucionalizarán estas nuevas formas de poder? ¿Se trata de un estado de excepción temporal o del nacimiento de una nueva normalidad donde la libertad individual quedará subordinada al bien común definido desde centros de poder globales? Lo cierto es que el péndulo no ha dejado de moverse, y con cada oscilación nos alejamos más de los principios que definieron la democracia liberal moderna: pluralismo, debate abierto, soberanía nacional y derechos individuales.

Rafael Sanseviero. No sé. Quiénes declaran inicio y fin de las pandemias lo comunican como un tema cerrado aunque también amenazante y entreabierto. No existe un balance consistente de lo que se dice que fue y ya no es ¡pero ojo! porque puede volver a ser. Pero esto, con ser significativo, no es lo más interesante. Como hecho político global es un asunto que debería alimentar conversaciones y escrutinios. Fue un momento que permite apreciar nuestra cultura humana actuando un miedo no disimulado ni disfrazado de virtud. Como relata Hernan Carsiari nada mejor que vernos actuando la tragedia para conocer algo significativo de nosotras mismos. 
Otro costado de la pandemia x C19, no explorado ni enunciado siquiera, es que pone en evidencia la gravitación del orden natural no humano como agente político que no negocia ni concede.

Gabriela López Ferrari. No. Como mencioné en la pregunta anterior, aún se está investigando el impacto de la pandemia y el manejo de la misma. 
Por otra parte, hace poco tiempo se comenzó a analizar los documentos desclasificados en E.E.U.U. con referencia a la misma. Lo presentado y publicado ya por un grupo de investigadores, más los propios comunicados de algunos de los laboratorios que crearon y distribuyeron vacunas para el Covid-19 por todo el mundo, hacen que este tema aún no esté laudado.
Sin mencionar, que los datos en nuestro país también son muy interesantes y el tema amerita que se le dé continuidad en el tiempo para ver la evolución.

Marcelo Marchese. En materia histórica no existen temas cerrados, ya que el hombre, para proyectar el presente debe elaborar el pasado, lo que lleva a que el pasado está en permanente movimiento.
Una vieja estrategia del poder es cuestionar los hechos perpetrados por el poder en el pasado, como ocurre con el juicio a las dictaduras militares como parte del plan de destrucción de los Estados.
Lejos de culpar a quienes mueven los hilos del mundo, se juzgará a los gobiernos que aplicaron las políticas pandémicas, ya que las repúblicas y los Estados son objeto de ataque.
La pandemia laboró para la narrativa del calentamiento global que es donde el capital ha puesto sus huevos.
Quienes, aún sumándose de forma tardía, han incrementado su fama en el ataque a la pandemia, seguirán dando duro y parejo al tema trillado para mantener a sus feligreses dominados por un afán de venganza, ya que fueron tratados de imprudentes criminales cuando estaban en lo cierto.
Si no se inscribe la pandemia dentro del plan, por más que se la cuestione, se corre el riesgo de ser una pieza del plan, que si triunfa, dará inicio a la era oscura más oscura del hombre.

Sandra López Desivo. No parece ser un tema cerrado, ya que nunca se ha abierto a los grandes públicos de manera sistemática y a debate. Nunca hubo debate; se trató de hacer que se acatara y siguiera el miedo que se instalaba desde las dudosas alturas de la OMS, que descendía hacia países y gobiernos. Pienso que Uruguay, dentro del concierto mundial ominoso que se vivió, tuvo la suerte de contar con cierta cautela en lo referido a las salidas y la vida cotidiana; en eso fue mejor; en todo lo demás hasta hoy, se sigue sin debatir ni examinar cómo se dio una situación de control mundial tan extremo. Eso no es saludable. Solo unos pocos lugares, como extramuros, dieron un respiro a quienes creíamos que la situación con ese virus no podía ser tan así.

Miguel Tauszig. Daba la impresión de que era tema cerrado. Sin embargo, parecen surgir iniciativas de que los responsables rindan cuenta. Ojalá prosperen, aunque parece difícil que lo hagan debido a motivos políticos. Podrían ser los casos de Uruguay y del mediático Robert Kennedy Jr. en los EEUU. 
Sería fundamental que se desenmascarara públicamente la gran mentira del covid, para que la gente despertara y estuviese más alerta ante posibles futuras maniobras manipuladoras. Pero, lamentablemente, parece muy difícil que esto suceda, debido a los intereses políticos, el poder de las fuerzas globalistas, y el control y la censura de los medios masivos.

Viviana García Felce. No creo que sea un tema cerrado ,creo que fue un tema bien planeado solo para evaluar y para ver y para mejorar estrategias, para que pueda salir mejor la próxima vez. No sabemos cuándo será… Es un tema totalmente abierto, porque las consecuencias  de las inoculaciones se están manifestando, los informes sobre estos viales, también…
Una muestra más de lo dormidos que estamos, lejos  de poder pensar por nosotros mismos y ver la falsedad y la mentira. Pero siempre está el íntimo llamado de la conciencia, que nos permita ser individualidades y tomar nuestras decisiones.

François Graña Está lejos de ser un tema cerrado, dado su carácter de “ensayo general” exitoso. Todavía hoy me resulta asombrosa -y pavorosa- la obediencia masiva a los dictados de la Big Pharma. Lamentablemente nada indica que se haya tratado de un singular paréntesis luego del cual todo vuelva a la “normalidad” (¿). Los humanos no podríamos vivir sin esperanza, aunque esta sea débil. Y la misma reside -eso creo- en el aliento a las voces críticas, en la multiplicación de denuncias fundadas, en la búsqueda de la confraternización y solidaridad entre humanos dispuestos a pensar y actuar desde fuera del “sistema”. En tal sentido, las voces lúcidas y valientes que se han expresado en exTramuros constituyen un botón de muestra. La resiliencia humana, aunque poco probable, aún es posible.

Pablo Silva Olazábal Tendrán que pasar muchos años para que haya un consenso histórico sobre qué pasó, y hasta qué punto se exageró la crisis y hasta dónde se manipuló (todas las crisis se manipulan). Creo que fue traumática en términos sociales y que la juventud particularmente quedó marcada, aunque esa marca no sea necesariamente negativa, porque el sufrimiento genera resistencia a  “naturalizar la normalidad”. El orden deja de ser invisible. Unamuno decía que todo dolor trae conciencia; si, por ejemplo, me duele un hueso mínimo de mi rodilla, tomo conciencia de ella. De lo contrario vivo como si ella no existiera. 
El trauma del COVID rompió un paradigma: el de que la Ciencia soluciona la vida y nos protege de la Muerte –al punto tal de hacerla desaparecer de la vista.  Durante tres años la Muerte volvió al primer plano, mientras la Ciencia admitía que no sabía qué hacer (y recurría al viejo “ensayo y error”, base del método científico, con lo que demostraba, además de la finitud del conocimiento, la finitud de la vida). Desde ese momento nuestra relación con la muerte comenzó a cambiar, pero todavía no lo ha hecho totalmente. Aceptar y asumir que somos una sucesión de nacimientos y muertes (simbólicas algunas, otras literales) que todo cambia constantemente y que nada es permanente, puede ser una vía para la sabiduría. Algo que no ha sido una novedad para ninguna civilización, ni siquiera para la nuestra, antes de estos últimos tres siglos. Porque no es lo mismo temer a la muerte que no temerla. Ni tampoco temerla que estar aterrorizado: esa es la puerta de entrada de todo autoritarismo (y también de los terrorismos de Estado). 
Si cambia nuestra actitud ante la muerte será porque estamos al comienzo de una nueva forma de pensarnos. 
Si el mundo sigue tal como está, en una progresión exacerbada de todas sus tendencias autodestructivas, el final (de una era, del ambiente, de la Humanidad) no parece demasiado lejano ni muy imprevisible. Pero la Historia nunca se desarrolla lineal y racionalmente y las mutaciones forman parte del mecanismo de toda evolución. Se vienen tiempos de mutaciones (y no solo de virus). 

Luis Eduardo Acevedo Cenoz. En cuanto al tema en sí mismo, quizás. En cuanto al “modus operandi”, seguro que no.
Para seguir sosteniendo ese poder del sometimiento de las masas es necesario la aplicación de ciertos procedimientos para mantener el dominio sobre la gente. Existen tres gatillos psicogénicos que logran esto de forma muy eficaz: tres disparadores que el poder utiliza una y otra vez para manipular al individuo, aplastar su voluntad y convertirlo en masa aborregada.  Ellos son: 1) el miedo, 2) la confusión y 3) el deseo de seguridad
¿Cómo lo hacen? Generando una Psicosis Social. Los totalitarios ahora sí, pueden ofrecer una salida a ese caos y un regreso al orden, pero esto tiene un precio: la masa debe renunciar a su libertad y ceder todo el control de los aspectos de su vida a la élite totalitaria. Voluntariamente la masa renuncia a ser individuos autosuficientes (responsables de su propia vida) y se convierten así en sujetos sumisos y obedientes.  
Por tanto, el modus operandi no creo que cambie (a menos que la gente cambie y lo cambie). Cambiarán el nombre del fantasma y la amenaza por la que se seguirá dominando a través del miedo. Actualmente el “Covid 19”  fue cambiado por “cambio climático”, quizás más adelante se le llamará “escasez de alimentos” o aparecerán nuevas denominaciones. El común denominador, y lo que sí permanecerá, será que todo será hecho “pensando en nuestro bien” y “por el bien común”.
Mientras no entendamos que nuestro miedo es el que nos hace estar sometidos, y que muchos de ellos son inventos que se nos imponen, seguiremos estándolo. Jung ya nos mostró el camino: “donde está tu miedo, ahí está tu tarea” y Séneca nos mostró la recompensa compartiendo lo dicho a Nerón: “Tu poder radica en mi miedo; ya no tengo miedo, tú ya no tienes poder”.

Adhemar Campos. Para las grandes mayorías es un tema cerrado que no se quiere siquiera recordar. En alguna medida como una actitud de posguerra, «mirar hacia adelante» tratando de que la pandemia se transforme en un agujero en la memoria. De la misma forma que luego de las guerras hay grupos humanos que no olvidan e intentan investigar a fondo la tragedia, creo sucederá  lo mismo con el Covid. Intentos de iluminar las zonas oscuras del enfrentamiento al virus.

Adriana Tróccoli. Los conflictos a gran escala y de impacto, que desatan desastres a nivel mundial, sumados a la lógica de incertidumbre (impera en este paradigma), en cierta forma no se cierran.
Más allá de avances de la ciencia y la tecnología, el mundo es humano en su posibilidad de supervivencia. Interpretamos la realidad desde los cambios y también las permanencias.
Desde los cuestionamientos y las multiperspectivas, cuando dentro de un sinfín de hipótesis a un problema, siguen latentes ciertas grietas en la construcción de comprobaciones y validaciones, hay un momento en el diseño del método científico, la comunicación, que desencadena todo tipo de cuestionamientos a nivel sanitario, social,  económico, político y científico. 
En el 2020 se solaparon varios paradigmas con preponderancia del positivismo para poder desafiar la realidad. 
Desde el paradigma crítico, complejo desde la velocidad de los cambios y con cuotas de liquidez institucional, los conflictos atroces no tienen única respuesta.
Estuvimos y estamos inmersos como en una máquina de enorme poderío a la que podemos manejar hasta cierto punto, porque también esa máquina amenaza con escapar de control y hacernos de alguna manera añicos. 
Traigo a estas tres amplias cuestiones, una dimensión necesaria para poder organizar la realidad que vivimos, entenderla y lograr encontrar ansiadas proyecciones para dignificar la vida: el poder de fortalecer los sistemas educativos.
Ese sistema que es sostén de la ciudadanía que comienza en la institución familia y se proyecta en diversos trayectos a nivel formal, no formal e informal.
El poder cultural es el necesario para entender, pensar y organizar la realidad. Desde allí recién podemos hablar de libertades para desafiar situaciones y proyectarnos en la vida

Eduardo Nogareda. Entiendo que ese no es un tema cerrado porque hay preguntas que siguen blowing in the wind, que diría el tío Bob. ¿Cómo, dónde, por qué surgió el covid-19? Aclaro que soy partidario de la vacunación, pero quisiera saber qué dicen las cláusulas secretas de los contratos de compra-venta de las correspondientes vacunas controladas por los megalaboratorios universales.

Fernando Stevenazzi. El COVID no es un tema cerrado, como lo han sido tantos otros en la Historia de la Salud. Donde el poder del dinero absurdamente ordena los recursos sanitarios de todos los seres vivos y en esto excedo las consideraciones sobre el COVID e incluyo a la Industria de la Alimentación.

Walter Ferrero. La crisis del COVID no finalizará hasta que la ciencia dirima en un debate científico la verdad. En estos días en el parlamento nacional se generó una suerte de circo, hablando del tema. Creo entender que no es el ámbito para abordar dicho problema. El nivel parlamentario es el más carente de intelectualidad si lo ponemos en perspectiva con los últimos 40 años (del supuesto retorno a la democracia). Por otro lado, los pseudo referentes de la mal llamada disidencia se convirtieron en un coro de porristas, ridiculizando una causa tan noble. Esto trae aparejado que los medios hegemónicos vuelvan a denostar esa causa. Cuando damos un paso adelante la troupe circense nos hace retroceder 10 casilleros. Pero más allá de esta realidad dolorosa, no pierdo la esperanza y hoy más que nunca, y en mi calidad de creyente, creo en la justicia divina. Nadie se va sin pagar de este mundo.

Hoenir Sarthou. Interpreto a la pandemia como acelerador deliberado de un proceso de quiebre y sometimiento de las autonomías individuales y de las soberanías nacionales, en el que la industria farmacéutica, a cambio de enormes ganancias, fungió como fuerza de choque. Por eso creo que, pese al extraordinario daño que causó, fue en realidad un fracaso para sus promotores. No logró credibilidad duradera. Los índices descendentes de vacunación así lo indican y cada vez es más obvio que, en algún momento, en muchos países, habrá una suerte de “juicio de Nuremberg” contra los responsables inmediatos de las políticas pandémicas y de la vacunación. Por otro lado, puso demasiado en evidencia los vínculos espurios entre el poder financiero, la industria farmacéutica, organismos internacionales como la OMS y el FMI, usado para endeudar a los Estados en pro de la financiación de las políticas pandémicas, y los gobernantes que las implementaron. Todo eso es un cocktail explosivo que tarde o temprano tendrá consecuencias sociales y políticas. Tiendo a creer que, como instrumento de manipulación social y política, las crisis sanitarias están desacreditadas, al menos para las generaciones que vivimos la de 2020, aunque existen otros instrumentos no menos temibles a los que habrá que atender.  

Luis Pereira Severo. Creo que no está para nada cerrado: como todo episodio que impacte sobre millones de personas a lo largo de todo el mundo, con su correlato de muertes, aislamiento social e incertidumbre u opacidad informativa, es una obligación que la sociedad se otorgue las condiciones para disponer de toda la información, y para que se procesen los análisis con la perspectiva del paso del tiempo y ya lejos de la urgencia propia de tiempos de guerra. 
Todo ese período también significó escenarios de mucho potencial aprendizaje, pero tengo la percepción de que esa dimensión ha sido desaprovechada o no considerada lo suficiente.
Así como la industria bélica es responsable en buena medida de la carrera armamentista, acá también hay un rol de la industria farmacéutica, y de la investigación científica en general. 
La industria farmacéutica cuenta con una nada desdeñable capacidad de presión sobre los vademécum de los sanatorios y hospitales, y en favor de constituirse y consolidarse en el poder trás el poder médico. Y como en los medios de comunicación y las redes, también en este caso los gobiernos son lentos o indecisos a la hora de poner reglas, normas, desde la política pública. 
Uruguay en todo caso no es el peor de los ejemplos, porque gracias al Sistema nacional de Salud que impulsó el Frente Amplio (y que en general mantuvo el gobierno del Partido Nacional), tenemos reglas y monitoreo, una red de hospitales públicos con estándares muy por encima de los de otros países de la región, y un sistema de mutualistas que abarca buena parte de la población en condiciones de equidad en el acceso.
Obviamente no soy un experto en políticas públicas de salud, pero quizás el escenario de cambio de gobierno en Uruguay pueda ser propicio para evaluar la gestión de la Pandemia, entre todos los actores involucrados y con fuerte papel del mundo académico, para extraer conclusiones a partir de la experiencia. Se me ocurre que fortalecer el sistema integrado de salud y la red de salud pública, desalentar la carrera por la privatización de la salud que han emprendido algunos actores de la salud privada, y fortalecer el desarrollo de la atención primaria y de medicina familiar y comunitaria, son parte de la solución. 
La Pandemia implicó también la agudización de los problemas ligados a la salud mental, agravados por el estrés y el aislamiento, y más en general, el deterioro de la interacción social y el crecimiento rápido del individualismo y de diversas formas de incomunicación, lo que redunda en mayor soledad y multiplica los escenarios del malestar social.
Y finalmente, claro que no fue la Pandemia solo un tema de salud pública: la evaluación y el análisis debería abarcar todas las otras dimensiones en las que impactó, como problema de índole social y político, que lo fue.

Rafael Suárez. La pandemia Covid 19 fue utilizada por la elite global como estrategia para debilitar a los Estados Nación y, en consecuencia, para debilitar a las elites nacionales. De hecho evitaron en el 2020 la reelección de Trump que venía primero en las encuestas. Como herramienta estratégica la pandemia no es un ciclo cerrado, sino que puede presentar nuevas variantes. Es parte de los denominados «riesgos globales» de corto y largo plazo, aunque hoy aparece el «cambio climático» en el primer lugar de la lista. También es tiempo de empezar a conocer los efectos colaterales de la vacuna en el largo plazo, esos desconocidos por la academia y los mismos laboratorios hasta el día de hoy. En conclusión, en este enfrentamiento actual entre las elites nacionales y la elite global vamos a presenciar nuevos escenarios de conflicto o de «nueva normalidad». La pandemia puede ser uno de esos escenarios nuevamente, aunque no el más probable.

Hugo Bervejillo. No creo en eso. Parto del punto anterior: la información obtenida única y exclusivamentre a partir de Torre Ejecutiva sesgó la información al público sin posibilidad de cotejo con fuentes alternativas. No sabemos si la demora en la adquisición de vacunas fue oportuna, ni cuál fue el costo real de la pandemia en términos sociales y económicos. Nadie sabe cuántos fallecieron, ni cuánto costaron las vacunas, ya que se declaró información reservada. Imposible cerrar un tema de esa manera.

Anónimo. De boca para afuera la crisis del c19 es un tema zanjado para la población que sufrió menticidio. La prensa continúa haciendo esfuerzos para sostener su mismo relato. Creo que aquellas personas que percibimos mejor la realidad no estamos dispuestos a hacer ‘borrón y cuenta nueva’. En cualquier caso los efectos nocivos de las mentiras y políticas implementadas continúan sintiéndose por lo que el tema va a seguir en el ambiente. Espero al menos, que este tema no sea tomado por alguna figura política tal como se tomó el tema de ‘los desaparecidos’: un problema a no ser resuelto porque da supuesta legitimidad moral y votantes asegurados.

Beatriz Taube. No debería estar cerrado para evitar que estas campañas se repiten. Es un tema que implica un gran volumen de información médica-científica y cuestiona la firmeza de la ética médica y científica al ser enfrentada con una enorme presión mediática. Incluso pone sobre la mesa las responsabilidades jurídicas por parte de actores en cargos de decisión.

Teresa Korondi. No considero que sea un tema cerrado, porque el miedo quedó instalado, y es difícil salir de esas dinámicas. Se impuso un disciplinamiento —como analizó Foucault— que nos volvió menos rebeldes, menos cuestionadores.
Hubo una obsesión con una salud que se vio aún más vulnerada, mientras otros grandes problemas globales quedaron fuera de foco: sigue habiendo personas sin agua potable, sin acceso a alimentos básicos, y la carrera armamentista continúa avanzando a paso firme. 
Si tenemos la salud vulnerada —y especialmente la salud mental— nos volvemos blancos fáciles. El encierro, la incertidumbre y la sobre-información nos debilitaron. La supuesta normalidad a la que volvimos después de la vacunación no necesariamente nos encontró más fuertes. Incluso surgieron nuevas afecciones, físicas y emocionales, que no siempre sabemos cómo nombrar. Ahora todo se clasifica como “alergia”. Sin olvidar la cantidad de vidas que se perdieron durante la pandemia: millones de personas menos para ser controladas.
Frente a todo esto, el arte puede ser un camino de sublevación —como bien ha dicho Bifo Berardi—, una forma de resistir desde el conocimiento, la reflexión, la sensibilidad y la solidaridad.

Leonardo Rossiello.Tema entreabierto, diría. Hay unas cuantas conclusiones que conviene sacar. La pandemia anterior, mal llamada Fiebre española, se generó en cuarteles de los Estados Unidos en 1916. El presidente de EEUU envió a sabiendas, y contra la opinión del ministro de Salud Pública, tropas contagiadas a Europa, para que pelearan en la gran repartija y carnicería colonial, ya cuando se sabía cuál sería el bando ganador. La población mundial entonces era de 1.800 millones. La pandemia ocasionó entre 40 y 60 millones de muertos y duró seis años. La del COVID-19 surgió con una población más de cuatro veces mayor, de 8.000 millones, duró la mitad y entre muertes directas e indirectas mató a unos quince millones. 
La tecnología y la interconectividad permitió enfrentar con relativa eficacia la pandemia a nivel global, pero está claro que muchas empresas farmacéuticas se enriquecieron indebidamente con las vacunas, que se usaron sin el debido control y que muchos actores —Instituciones, Gobiernos, Agencias— usaron la pandemia para manipular a la población, incluso mintiendo y ocultando información.
Me parece que lo más lamentable es que no existió una política global antipandémica y que los sectores más desfavorecidos y explotados fueron quienes sufrieron las peores y mayores consecuencias. 

Tatiana Oroño. Yo creo que no, dado que desde el principio me acompañó la sospecha de que el flagelo mundial tenía beneficiarios en el llamado primer mundo, sus laboratorios y el flujo de capitales que los sostienen. 
Quizá se trató además de un ensayo general de reclusión forzada de la población mundial. El pesismismo de la razón me lleva a pensar que el tema pandemia no está cerrado.

Gastón Amén. De ningún modo es un tema cerrado el de la declarada pandemia de Covid-19. Esta fue una experiencia social mundial que marcó claramente un viraje en la historia reciente. Por primera vez se decretó una pandemia a nivel global que obligó, o exhortó, a personas sanas a encerrarse en sus hogares bajo políticas de confinamiento más o menos duras. Fuimos testigos de regímenes de excepción policiales, de cuarentenas basadas en medidas punitivas severas y de casos basados en medidas no tan directamente represivas pero igualmente efectivas en la detención del normar fluir de la vida social. Dentro de estos últimos, encontramos el caso uruguayo, basado en la exhortación gubernamental al aislamiento social, en el cierre de ciertos locales comerciales, en la suspensión de los espectáculos públicos y de las clases presenciales en todos los niveles educativos y en el fomento de modalidades de teletrabajo. Todo ello, conjuntamente a un tratamiento mediático sensacionalista, intenso y generalizado, basado en el fomento del miedo con respecto a la situación sanitaria, en el que confluyeron las voces mediáticas y gubernamentales. A quien le interese profundizar en este último aspecto, recomiendo el trabajo que elaboramos con Andacht al respecto (Amen & Andacht, «Signos televisivos informativos de un prolongado estado de alarma: El caso uruguayo en los primeros ocho meses de la declaración de emergencia sanitaria»), en el que analizamos los informativos televisivos uruguayos durante el período comprendido desde la declaración de la “emergencia sanitaria” del 13 de marzo de 2020 hasta noviembre de ese año. De esta manera, la decretada pandemia de Covid-19 marcó el inicio de una nueva etapa en la historia reciente, en la que se recurrió a argumentos sanitarios discutibles y discutidos para intentar justificar el cercenamiento de derechos y libertades individuales, así como la vacunación compulsiva, con vacunas experimentales, de la población. También se intentó dividir a la gente en dos categorías, de acuerdo a la aceptación o no de recibir las vacunas experimentales, así como también se fomentó el control social y la delación entre los ciudadanos. Todo esto implicó un nuevo paso en el desarrollo de la “biopolítica de la población” (Foucault, Historia de la sexualidad, 1), que se debe entender como un “problema a la vez científico y político, como problema biológico y como problema de poder” (Foucault, Defender la sociedad. p. 222). Es por ello que la decretada pandemia de Covid-19 no es un tema cerrado, sino que nos alerta a futuro de lo peligroso que es que en nombre de la ciencia y el fomento del miedo, los Estados justifiquen medidas de excepción, totalitarias y liberticidas. En todo este proceso, existieron claros beneficiarios, entre ellos las grandes corporaciones farmacéuticas, empresas de telecomunicación y vinculadas a internet, grupos empresariales que se beneficiaron económicamente de la situación de excepción, gobiernos que utilizaron a esta para acallar las voces antagonistas, entre otros.

Franklin Rodríguez. El COVID no está cerrado. Sí fue una pandemia, sí murió gente, y si también es algo que las farmacéuticas algún día deberán aclarar.
Soy un crédulo pero estoy seguro que algo de gran negocio se instaló en medio de la desgracia de la gente. Y me temo que no será la última.

Juan Fagundez. Las pandemias han llegado para quedarse. Son una gran herramienta de ordenamiento demográfico y conductual. Parte de un gran laboratorio de pruebas varias, derivado del razonamiento que determina que no existe otro lugar a donde la humanidad pueda pasear su vanidad, por lo menos hasta que sepamos si ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas? (SIC Philip K. Dick)

Iván Solarich. Habría que hacer algunas distinciones.
No soy terraplanista. No soy conspiranoico. Pero intento tampoco ser el rey de los tontos.
La llamada pandemia Covid-19 en la escala global, fué al menos un episodio oscuro.
Nunca se trató de ciencia vs ignorancia, ni medicina vs intuición. Entre otras cosas, porque muchos científicos y voces más que calificadas y premiadas en el mundo de la medicina, hablaron y escribieron proficuamente sobre falsedades, incongruencias, o directamente negociados, pero esas voces nunca tuvieron eco ni repercusión en los grandes medios, y sus miradas apenas pudieron conocerse por publicaciones no sujetas a poderes equis, y casi siempre existentes en las profundas napas de internet, jamás en los grandes portales ni grandes publicaciones.
Y en un mundo plagado de mentiras, fake news, y una mentalidad que responde esencialmente a mantener un status quo existente…, difícil que el chancho chifle.
Sencillo. Desconfío de una ciencia tan tan ligada y dependiente de fármacos y corporaciones farmaceúticas. Como desconfío obviamente de la medicina que diagnostica consecuencias en la piel o en el funcionamiento de algún órgano, sin atender a una integralidad llamada ser humano, que para el caso concreto tiene nombre y apellido además de una historiografía personal y singular. Y eso es básicamente lo que suele hacerse en nuestros regímenes sanitarios en cuanto a la atención al «usuario» y sus 15 minutos previstos. Lo acaba de cantar magistralmente la murga Queso Magro en nuestro último carnaval. Claro, ellos siempre son graciosos y puedo pensar que apenas se trató de una humorada.
Aclaro por las dudas, el virus llamado Covid existió y existe.
Ahora, el apagón global que duró casi dos años me sigue generando razonablemente inmensas dudas. 
Me sugieren que hubo un nuevo reformateo a gran escala, donde curiosamente el 1% más rico del planeta se hizo vertiginosamente aún más rico.
Curiosidades: tanto mi hijo de 30 como mi madre de 93 años no se vacunaron, por citar en cercanía dos casos. Disfruto de ambas existencias.
Sobre los números y las muertes expresadas a nivel global como consecuencia de la pandemia, no solo hay varias bibliotecas, sino que todavía la certeza reina por su ausencia. Justamente dependiendo de que se cuenta, a que se atribuye y a que columna se suma.
Por último, la certeza de la vida es que siempre se muere. De no mediar ningún evento extraordinario, y tal cual me legó mi adorado Tío Luis Pagliari (enorme cardiocirujano, en su época formando parte del equipo del gran René Favaloro), «nos vamos apagando como una velita».
Vivimos en una época tan narcisista, tan cultivadora de un «yo» que no puede morir, que la «batalla» que libramos «todos juntos» patrocinada en esencia justamente por los grandes medios asociados planetariamente a una única verdad contra el Covid 19 (comenzando los informativos invariablemente con la cantidad de fallecimientos del día), reafirmó a la Muerte como un personaje nefasto al que debemos combatir. 
Pero resulta que la gente muere desde siempre. Ha sido así, y lo seguirá siendo, salvo que desaparezcamos como género humano.
Dicho sin ninguna ironía, no deseo morirme todavía, ni se lo deseo anticipadamente a nadie.
Pero prefiero seguir viendo la muerte como un evento de la vida, posibilitado justamente por la vida vivida.
Lo entiendo como una forma secuencial, más natural, mucho menos traumática y en total consonancia con las leyes generales de la naturaleza.
Pero menos miedo significará siempre más libertad, más autonomía, y en definitiva más felicidad.
Si alguien intenta expresar que todos deseamos esto, permítanme presentarle mis dudas.

Pablo Eguren Casal. El haber padecido la pandemia Covid 19,ha creado la sensación de que ha sido provocada, más allá de sus consecuencias. Formó a la humanidad en una sensación de vulnerabilidad y temor. La política sanitaria fue ajustada pero con enormes fallas respecto a la individulizacion de contraindicaciones, que recién hoy se están conociendo.
La humanidad espera otra debacle sanitaria y económica, estando en peligro la  paz mundial.

Francisco Faig. En Uruguay localmente sí, a no ser que una gran ola de largo plazo pegue fuerte en todas partes y llegue por tanto aquí. Y en tal caso, sería re- interpretada con lógicas partidistas locales.
En el mundo, no lo creo: con perspectiva del paso del tiempo empezarán a surgir voces que
en base a distintos estudios y diagnósticos que se irán conociendo – y que ya están de hecho siendo publicados – dirán, y terminarán incidiendo en hacer ver más globalmente, que se trató de un período mundial autoritario, manipulador y tremendamente dañino social, económica, política y sanitariamente.
Cuando todo ello ocurra, con mayor o menor énfasis en función también de qué peso le ponga la administración Trump a todo el tema, ojalá que en Uruguay se valore que la vacunación no fue obligatoria; que la cuarentena no fue obligatoria; y que la libertad de palabra fue completa. Digo esto para todos aquellos idealistas que, antes y ahora, se paran en un pedestal de sabiduría a decirnos el Bien absoluto, y no estuvieron dispuestos jamás a tranzar con la realidad y a respaldar al mal menor (o al bien mayor). Por tanto, en la vida real, sostenían y sostienen de hecho que tanto da que hubiera sido gobernado el país por la administración de la Coalición Republicana como por una del Frente Amplio en esos años. En 2020-2021-2022, no, definitivamente, no hubiera dado igual una cosa o la otra.

Fernando Doti: Quiero creer que no. Hay mucha información que quedó tapada, mucha cosa turbia en relación a la respuesta al virus, la producción y distribución de vacunas y los efectos secundarios de éstas. Muchísima manipulación. Basta con observar los reportes de riesgos globales anunciados por el Foro de Davos en cada año para advertir que las cosas no cierran. En relación a las vacunas por ejemplo la farmaceútica AstraZéneca reconoció el año pasado ante un tribunal británico, que su vacuna podría producir un “efecto secundario raro”, así como que podía causar “síndrome de trombosis con trombocitopenia” (coagulos en la sangre). Sin embargo, a pesar de ello, nunca se dejó de recomendar la vacunación por la OMS. 
El verdadero peligro nunca fue el virus.
Creo que hay mucha telar para cortar aun y muchas responsabilidades en juego.

Diego Julien. Tema cerrado.
Básicamente por tres razones: 
Los gobiernos no quieren hablar de ello, en tanto no tiene mucho que ganar y probablemente solo tienen para perder en esa conversación.
Los pueblos no quieren hablar de ello, en tanto el comportamiento general de “la masa” ha sido por lo menos, y siendo muy delicado en la expresión, olvidable. No descarto que en un futuro próximo se intente recrear los acontecimientos de los últimos años imprimiendo un matiz más heroico en la humanidad (probablemente por miedo a perder todo respeto de las generaciones venideras). Quizás sea por esto que casi no tenemos obras de ficción sobre el tema, lo que debería despertar alguna sospecha.
Por último, porque todos sentimos que tenemos problemas más importantes en el horizonte, aunque no siempre queramos (o podamos) expresarlos con claridad. Esa sensación apocalíptica previa al 2012, tiene hoy un grado de universalización y dramatismo lejana de los nostálgicos newagers y cercana a la histeria de los peores momentos de la Guerra Fría, y razones no faltan para ello.

Luis Muxí Muñoz. No es tema cerrado. Seguimos sin saber el origen real. Al igual que desconocemos los avances de validación de vacunas. O su perentoria necesidad futura. Hay una mezcla grande y grave y poco explícita de cepas, cambios y formas de prevención. O por lo menos hoy se carece de información útil. El gobierno no tiene foco en el tema.
Una reflexión. Sin certezas absolutas las vacunas fueron factor de moderar crecimiento y mortalidad. Pero faltan más análisis para prever futuro. O sea sigue siendo latente. Parece menos peligrosa. Y nadie sabe aún muchos detalles de su crecimiento y cura. Seguramente producto de ser algo nuevo.

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