Compartimos con nuestros lectores algunos de los variados mensajes que llegaron a nuestra redacción

La acción de la ley universal es una de las cualidades más bellas del universo y cada fenómeno debe ser explicable en términos de procesos naturales, no obstante, en mayo de 2020, la majestad de los conceptos racionales estaba siendo negada y el espíritu humano se zambullía en el pozo de la ignorancia y la superstición colectivas. Millones de detonaciones mediáticas devastaron la inteligencia del planeta en cuestión de días. En ese marco apareció una nueva publicación digital en Uruguay. Lo hizo con un artículo de Yinon Weiss que rezaba: “frente a la amenaza de un virus nuevo (…) los académicos usaron información equivocada, y con ella construyeron modelos equivocados. Los líderes confiaron en estos modelos equivocados.
El disenso fue suprimido. Los medios alimentaron el miedo, y el mundo entró en pánico”. Weiss señalaba aquello como “uno de los errores médicos y económicos más estúpidos de todos los tiempos”. Extramuros se estrenaba así, con una bofetada al nuevo sistema de creencias impuesto por el terrorismo mediático. Desde entonces, por la vía de una publicación que abarcaba diversos perfiles de la política, emparentándola con la cultura, la historia y el arte, algunos pocos incorporaron el pensamiento crítico como norma y cuestionaron el teatro del miedo instalado en la sociedad, que ya condicionaba el futuro de la coexistencia humana a una anunciada redención inoculadora global. Más de setenta números después, cuesta mucho medir el impacto que Extramuros ha tenido en la sociedad, con su firma comunicativa desafiante y novedosa, en equilibrado trinomio político, científico y literario, defendiendo su necesidad de existir en el imperio único de la superstición informativa.
Saludo su existencia, la reivindico, y me congratulo de ser parte de sus lectores, recordando que estos tres años de buenas letras han sido posibles por el trabajo de individuos que, por la misma vía del talento y el amor a la libertad, generaron una referencia editorial. Esto, en el plano de una comunicación cada día más pauperizada por alarmantes signos de oscurantismo cancelador, adquiere un valor inconmensurable.
Federico Leicht


En tiempos de pensamiento único, de la cultura de la cancelación, donde por un lado el acceso a la información se da como nunca antes y por otro la manipulación de casi todos los medios de comunicación, el desafío de la revista extramuros como medio independiente es muy valorable.
Los cambios que se están produciendo a nivel global, desde lo social a lo económico definen una agenda bien marcada. El colectivismo es la base ideológica donde se sustenta todo este modelo y la planificación central es la herramienta para llevarlo adelante. Y aquí los organismos multilaterales como la ONU, FMI, BM, OMS y todo su batallón de ONG’s que promueven y financian: feminismo, LGTBQ+, cambio climático, energías renovables, aumento del gasto público, aumento de la presión fiscal, aumento de los controles por medio de las regulaciones y por último las monedas digitales o CBDC que será el verdadero punto de inflexión de la destrucción de las libertades como se conocían hasta ahora.
El progresismo, que no es otra cosa que una evolución lógica del antiguo socialismo, corta transversalmente todos los sistemas políticos de casi todo el mundo. Lo podemos apreciar en nuestro país, donde solo existen matices entre las diferentes fuerzas políticas, teniendo en común, esta agenda antes mencionada.
En el análisis profundo aquella vieja lucha de clases que enfrentaba el capital con el trabajo, dio lugar a la confrontación de hombre / mujer, heterosexual / homosexual, padres / hijos, pro vida / abortistas, etnias / etnias, pro ambientalistas, animalistas, etc., etc. Es la misma lógica que busca dividir la sociedad. Definir bien los términos es tan importante como las conclusiones a donde podamos llegar, la distorsión de éstos, es otra de las tantas herramientas utilizadas. Por dar algunos ejemplos: “Progresistas liberales” como nuestro actual presidente autoproclamado “Liberal” aunque en los hechos, es un progresista. Progresismo y liberalismo son un oxímoron. Cuanto más nos alejamos de los fundamentos liberales: respeto a la vida, a la libertad, a la propiedad privada y la igualdad ante la ley, más difícil se hace la convivencia social.
El modelo progresista, otorga al estado cuotas cada vez mayores de responsabilidad individual y el precio a pagar es la entrega de la libertad. Y a pesar de que cuando se habla de libertad pueda sentirse como idealista, no existe convivencia pacífica sin libertad.
Quedaría mucho por analizar entre otros puntos, el sistema financiero que es clave en éste modelo. Los bancos centrales con el manejo monopólico monetario generando ciclos de auge y recesión, siendo financistas en última instancia de la banca “privada”. Lo que quiere decir a grandes rasgos que se privatizan ganancias y se socializan pérdidas. Este, es un tema extenso que intentaremos abordar en otro momento.
El desafío por delante es que cada uno tome conciencia de la realidad e intente generar pequeños cambios, el apoyo a espacios como la revista extramuros son necesarios para llevar adelante la toma de conciencia.
Horacio Viera


Les voy a hablar de Imre Lakatos. El padre era Lipschitz, pero en Hungría en aquella época la portación de apellido acarreaba problemas de salud. (Colectivismos, la de siempre). Lakatos fue buchón comunista, era comunista. Cuando invadieron los rusos se tomó los vientos y fue a parar a la London School of Economics. No lo querían mucho salvo los que lo conocían personalmente. Una de las cosas por las que se conoce a Lakatos es que fue el único en enmendarle la plana a Popper.
Popper decía que la veracidad –para no entrar en detalles- era producto de las refutaciones. De generar una teoría, y golpearla contra la realidad a ver si aguanta. Lakatos lo estudió, estudió mucha historia, y en lo que luego fue un libro, “La metodología de los programas de investigación científica”, dijo que no. Que la veracidad de una teoría sólo se conoce haciéndola competir con otras por la explicación de las mismas observaciones.
Tiene muchas vueltas, no es así de sencillo, pero no es para dar clase de filosofía este artículo, para eso ya están el libro y los docentes que se atrevan a pasar su contenido. (Recomiendo además “El mito del marco común” de Popper, para los que estén remando en el dulce de leche relativista con alguna esperanza de llegar a Miami).
Parece que nos quedamos muchas veces en Kuhn, a lo sumo en Popper. Feyerabend si estamos exquisitos y queremos un fondo imposible de justificar. Pero el espíritu de Lakatos tiene algo para aportar, que viene al caso.
“Nunca se debe permitir que un programa de investigación se convierta en una Weltanschauung, en un canon del rigor científico, que se erige en arbitro entre la explicación y la no-explicación, del mismo modo que el rigor matemático se erige como árbitro entre la prueba y la no-prueba. Desgraciadamente esta es la postura que defiende Kuhn: realmente lo que él llama «ciencia normal» no es sino un programa de investigación que ha obtenido el monopolio. Pero de hecho los programas de investigación pocas veces han conseguido un monopolio completo y ello sólo durante períodos de tiempo relativamente cortos, a pesar de los esfuerzos de algunos cartesianos, newtonianos y bohrianos. La historia de la ciencia ha sido y debe ser una historia de programas de investigación que compiten (o si se prefiere, de «paradigmas»), pero no ha sido ni debe convertirse en una sucesión de períodos de ciencia normal; cuanto antes comience la competencia tanto mejor para el progreso.”
Esto aplica también a disciplinas como la ética y la estética.
Feliz aniversario. No se fíen de mi historiografía ni sinopsis, las escribí en dos minutos. Vayan a los originales que para algo está Internet.
Juan Friedl


Conocí Extramuros a través de uno de sus fundadores, Diego Andrés Díaz, a quien agradezco la invitación con la que he sido honrado a participar en esta celebración del tercer aniversario de la revista.
Extramuros nació en el marco de un clima amenazador a la Libertad de prensa y por ende a la Libertad como valor superior. En el parecería ya lejano 2020, el humor social generado por la “pandemia”, desenmascaró a los enemigos de la sociedad abierta, en términos Popperianos.
Lo vivido por entonces, el relato único, la censura, la descalificación, la persecución a los disidentes, calificándolos de negacionistas, conspiraniocos, terraplanistas, enemigos de la ciencia, fue una prueba para los verdaderos hombres libres, que, ante el avasallamiento de las mayorías, se atrevieron a hacer una pausa y reflexionar, a no seguir al rebaño, a ser verdaderamente libres. Ello, siguiendo a Axel Kaiser, constituye la máxima expresión de libertad humana posible: el enorme y dificultoso esfuerzo de pensar.
Si hablamos de Libertad de prensa, ésta no puede limitarse sin que se pierda, y algo perdimos en los tiempos de pandemia. Thomas Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno no dudaría en elegir lo último”.
Pero cuidado, en estos primeros años, la censura también estuvo dentro de la propia prensa, una suerte de censura a la interna. No hubo micrófono ni espacio para aquellos periodistas que no se callaron. Por el contrario, sí lo hubo para aquellos que muy sueltos de cuerpo alentaron la nacionalsocialista idea de aislar y encerrar en “una camarita” a los no vacunados, sin que ningún fiscal de esos que no dudaron en llevar detenidos a tres manifestantes que reclamaban libertad, hiciera nada, mirando infame y groseramente para el costado.
En ese contexto, ahí estuvo Extramuros, que nació al poco tiempo de decretada la emergencia devenida en dictadura sanitaria y fue una voz libre. Dijo Lord ACTON que los amigos sinceros de la libertad siempre fueron pocos y sus triunfos obras de minorías. Esa visión independiente, crítica del statu quo, alguno pudo haberlo calificada de radical, como adjetivo peyorativo. Al respecto, permítanme citar a Barry Goldwater, quien afirmaba que “El extremismo en la defensa de la libertad no es ningún vicio. Y dejadme que os recuerde que la moderación en la defensa de la libertad no es ninguna virtud”. Un ciudadano que se limita a votar cada cinco años, y luego se limita a adular políticos, no es un verdadero ciudadano, por el contrario, tiene alma de súbdito.
Saludamos en forma entusiasta estos tres años de Extramuros, augurando larga vida por éste sendero, en la defensa de la libertad. Ésta se defiende todos los días y es responsabilidad de cada uno. Como dijo Thomas Jefferson “el costo de la libertad es la eterna vigilancia”.
Fernando Doti