* La oficina de prensa de OMS intenta seguir asustando al mundo con cambios reglamentarios sin viabilidad

* La negociación final implica que los gobiernos locales dan el visto bueno a cambios mayormente cosméticos al Reglamento Sanitario, a cambio de mucho dinero para ellos y la industria de la salud

* Eslovaquia se desmarcó de la resolución, y Rusia y Argentina dijeron reservarse el derecho a aplicar las enmiendas -o no- en función de su soberanía nacional. Costa Rica también expresó sus reservas sobre la ampliación del mandato a los globalistas

CONTRARRELATO

Por Salvador Gómez

La Organización Mundial de la Salud fracasó en su última reunión anual, celebrada en Ginebra, y no obtuvo el consenso de los países miembros para aprobar un borrador de Tratado Global sobre Preparación y Combate de Pandemias. La iniciativa, impulsada por los países del bloque anglosajón, con una hermética y muy poco explícita postura de China, y la oposición de Rusia, México y otros países, quedó para mejor oportunidad.

Desesperados por el fracaso y la pésima imagen internacional que la organización estaba recogiendo, y en medio de amenazas del ex terrorista, y actual Director Tedros Adhanom Ghebreyesus, que pidió en un discurso ser “más duros en el combate a los antivacunas, para frenar todo el mal que están causando“, la sección de prensa de la organización apareció el día de cierre con un comunicado lleno de adjetivos, en el que plantea que se ha llegado a un “paquete decisivo de enmiendas” para “mejorar las regulaciones del Reglamento Sanitario Internacional” de 2005.

Además de ello, se establece una fecha límite de un año para que los países que desde 2021 no se vienen poniendo de acuerdo en los términos de un Tratado de Pandemias, lo hagan. 

Todo el comunicado es un conjunto de exclamaciones de optimismo. Los objetivos de gobierno mundial que la OMS intenta pasar de contrabando de su tratado sanitario son reducidos a artículos de coordinación, y la prensa de la OMS editorializa diciendo que esto implica “comprender que las amenazas sanitarias no reconocen fronteras nacionales y que la preparación es un esfuerzo colectivo“.

El Director confía en que la idea de ponerse de acuerdo en un año acerca de un Tratado “demuestra cuán fuerte y urgentemente los países lo quieren“. Pese a esa urgencia, los países no han demostrado estar de acuerdo en aprobar lo que Ghebreyesus y sus colegas de la dirección de la OMS pretenden. 

Entre las definiciones adoptadas -que podrían entrar en vigor un año después que Ghebreyesus informe a los países miembros, siempre que eventos políticos no cambien la actual correlación de fuerzas global- está haber acordado una “nueva definición de lo que constituye una emergencia pandémica“. Según esa nueva definición, “una emergencia pandémica es una enfermedad transmisible que tiene, o corre un alto riesgo de tener, una amplia propagación geográfica a y dentro de múltiples Estados, excede o corre un alto riesgo de exceder la capacidad de los sistemas sanitarios para responder en esos Estados; causa, o corre un alto riesgo de causar, una perturbación social y/o económica sustancial, incluida la perturbación del tráfico y el comercio internacionales; y requiere una acción internacional coordinada rápida, equitativa y mejorada, con enfoques de todo el gobierno y toda la sociedad.”

En otras palabras: si esto un día llega a ponerse en práctica, habrá un vago y amplio rango de situaciones, que quedarán a criterio de los jefes de la OMS, y que permitirán a los políticos globalistas, a las autoridades de la OMS, y a Big Farma, intentar intervenir en la soberanía de los países, a los efectos de obligarlos a comprarles sus productos, o a distorsionar el comercio y el flujo de dinero, o a someter a la población al pánico con el fin de que se declare un estado de excepción.

Junto a esta aparente entrega de la soberanía sanitaria, viene la etiqueta de precio: los políticos locales exigieron que la OMS y el poder financiero internacional les pague adecuadamente por ella. Es por eso que la prensa de la OMS habla de que se ha logrado “un compromiso de solidaridad y equidad para reforzar el acceso a los productos médicos y a la financiación. Esto incluye el establecimiento de un Mecanismo Financiero de Coordinación para apoyar la identificación y el acceso a la financiación necesaria para abordar equitativamente las necesidades y prioridades de los países en desarrollo, incluyendo el desarrollo, fortalecimiento y mantenimiento de las capacidades básicas, y otras capacidades relacionadas con la prevención, preparación y respuesta ante emergencias pandémicas“.

En pocas palabras: si la OMS define una pandemia, para que los países le crean y le compren a Pfizer o a quien sea miles de millones de unidades de medicamentos, habrá que pagarle grandes cifras a sus Estados y gobernantes. El dinero de la OMS, que viene sobre todo de las grandes farmacéuticas y un puñado de países ricos, pasará por las manos de los gobernantes del resto del mundo, antes de volver multiplicado a la sus dueños originales, perdiendo grandes peajes en el camino. Un toma y daca que convierte la cháchara acerca de la solidaridad internacional en un acuerdo mafioso. 

Luego, se crea un hueco “comité de Estados Miembros” que va a “promover” y “apoyar” lo que sea. Palabrerío vacío, pues ese comité no tiene soberanía sobre los países dotados de ejército. 

Finalmente, el cuarto elemento destacado por los propagandistas de la OMS es la “Creación de Autoridades Nacionales del Reglamento Sanitario Internacional, para mejorar la coordinación de la aplicación del Reglamento dentro de los países y entre ellos.”

Eso suena tremendo, pero ¿cuál serán los fondos y equipamiento que cada país le dará a esas “autoridades NACIONALES”? Si son “nacionales”, se supone que responden al superior gobierno local de cada país. Si es así, su capacidad de fuego estará limitada a lo que el país en cuestión quiera. No nos imaginamos a la “Autoridad Nacional de Reglamento Sanitario” en Rusia, Estados Unidos o China, dándole órdenes a Putin, Biden, Trump o Xi Jinping. En cuanto a países minúsculos como Uruguay, dudamos mucho que tal comité tenga algún día un presupuesto serio como para actuar de autoridad de facto sobre temas de salud. 

En una clara demostración de que la cuestión de la soberanía no se ha entregado, ni pasa desapercibida, Eslovaquia se desmarcó de la resolución, y Rusia y Argentina dijeron reservarse el derecho a aplicar las enmiendas -o no- en función de su soberanía nacional. Costa Rica también expresó sus reservas sobre la ampliación del mandato a los globalistas. Entre otros.

En fin, las cacareadas enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional no permiten a la OMS hacer nada distinto de lo que ya demostró que puede hacer -declarar una pandemia global y pretender alinear la acción de todos los países del globo, agitando el concepto de “seguir la Ciencia” como sinónimo de obedecer a los políticos de túnica de cada lugar. Las enmiendas no le permiten a Big Farma crear un ejército para intervenir directamente en las naciones soberanas, con lo cual todo este ejercicio declarativo sigue sin tener ningún poder real y efectivo sobre aquellas naciones que, llegado el momento, se nieguen a seguir ciegamente todas las declaraciones de la OMS.

Pese al modo exitista en que se lo ha presentado, esto no es ningún avance para la OMS. Nina Schwalbe, consejera delegada de Spark Street Advisors y observadora independiente de las negociaciones sobre la pandemia, expresó su “profunda decepción” por el hecho de que se hayan eliminado todas las referencias al cumplimiento en el RSI.

Las enmiendas no incluyen ninguna disposición sobre un mecanismo de cumplimiento. ¿Cómo pueden los países rendir cuentas de sus compromisos sin un mecanismo de cumplimiento?“.

Esto es todo lo que se ha aprobado: un conjunto de intenciones a nivel reglamentario, la promesa de, llegado el momento, una compra masiva de voluntades políticas, y una manifestación de deseos de un acuerdo sustancial para “dentro de un año, o menos”, cuyo avance depende absolutamente de la política internacional de alto nivel, sobre la que las maniobras propagandísticas y palaciegas de Big Farma y la OMS no tienen ningún poder. 




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