ESOTÉRICA

Las Experiencias de Casi Muerte (ECM) suman decenas o centenares de miles. Los testimonios directos cada vez más están abiertos y a disposición de cualquiera que quiera entrar en ese campo

Por Aldo Mazzucchelli

Se me ocurre que un texto que pretenda comunicar algo a la vez básico, e inmensamente trascendente, debe ser corto. De ese modo no se estorba la llegada del mensaje con palabrerío.

Pues bien: el fenómeno más importante de la historia de la humanidad es la divulgación, a esta altura urbi et orbi, disponible para quien quiera verlo, en todo tipo de forma y variante -testimonios en libros, YouTube, conferencias, etc.-, de información experimental sobre lo que ocurre a la conciencia personal en la muerte -y, hasta cierto punto, luego de la muerte.

Esta información estaba disponible hace mucho, de una forma limitada y especulativa -ver,  por  ejemplo, la historia de Er justo al final del Libro X de La República, de Platón, entre otros. Ahora, lo está de boca de miles, y miles, y miles de testigos directos. Sin límite, abierta al examen de cualquiera que se disponga a enfrentarse con ella.

Una de las publicaciones masivas pioneras durante el siglo pasado corresponde a la serie de diez testimonios publicada en la revista Guideposts en ediciones sucesivas entre 1963 y 1964. Allí se incluye entre otras la experiencia de George Ritchie, tenida en diciembre de 1943. Ritchie era un recluta de 20 años que se convertiría en médico y luego en psiquiatra. Su experiencia dio lugar a un libro, Return from Tomorrow, publicado recién en 1978, que se convirtió en una referencia a partir de allí.Los Drs. Raymond Moody en EEUU o Pin Van Lommel en Holanda (ambos médicos) exploraron sistemáticamente el fenómeno en sus pacientes, durante las décadas de los setenta y ochenta.

Moody publicó Life After Life en 1975. En 1988, Van Lommel puso en marcha un estudio prospectivo de experiencias cercanas a la muerte que abarcó 10 hospitales holandeses. En el estudio participaron 344 supervivientes de paros cardiacos. En 2001, su estudio prospectivo a gran escala sobre experiencias cercanas a la muerte tras una parada cardiaca se publicó en la revista médica The Lancet. Su libro que resume y analiza muchos años de investigación se publicó en primera edición en 2007: Consciousness Beyond Life. The Science of the Near-Death Experience. En España, últimamente es muy visto y entrevistado el cirujano Dr. Manuel Sans Segarra, eminencia en el tema.

Muchos otros lo han explorado empleando distintas metodologías luego, intentando sistematizar y organizar la información contenida en los relatos individuales de modo estadístico (un 12% de quienes son resucitados luego de declararse clínicamente muertos tienen algún tipo de experiencia de este tipo, dentro de las poblaciones controladas), verificando sorprendentes constantes. Además se ha intentado por muchas vías certificar los testimonios, constatar los datos objetivos mencionados -como en este ejemplo, vinculado a la experiencia de Ritchie- seguir la vida de las personas que las han experimentado y transmitido, y verificar y descartar posibles fraudes.

Existen asociaciones mundiales de personas que las han experimentado, y que cuentan e intercambian la información en conferencias a esta altura muy concurridas.

Los testigos en general no tienen nada que ganar, siendo personas anónimas que siguen siendo tales, salvo casos de alto perfil como el del neurocirujano de Harvard, Dr. Eben Alexander, y en general exponen su experiencia con nombre y apellido. A diferencia de lo que ocurre con sueños o alucinaciones -cuyos efectos son a lo sumo de corto plazo-, las vidas de estas personas quedan transformadas de ahí en adelante, según muestran los estudios de seguimiento realizados.

La ciencia oficial y las habituales tribus de “escépticos” balbucean algunas explicaciones irrisorias -“daño cerebral debido a la falta de oxígeno”; “influencia de opiáceos, anestésicos u otras sustancias”, etc-, que no tienen ni el más leve atisbo de poder explicativo -amén de que quedan fácticamente derrumbadas en instantes, apenas se las somete a escrutinio confrontándolas con los casos.

La coincidencia en lo fundamental de los testimonios es sólida. En la medida en que el fenómeno se ha vuelto viral, y la profundización en el mismo está a disposición de todos, es crecientemente verificable que la conciencia no es un epifenómeno de la materia neural o cerebral, ni emana del cuerpo físico. 

Como con tantas otras cosas que están ocurriendo en avalancha en los últimos tiempos, basta un acto de voluntad para abrir esa misma conciencia a las múltiples consecuencias éticas y existenciales de esta nueva situación. 

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