Es posible que en eXtramuros estemos todos locos. Aquí simplemente confieso que aun no nos dimos cuenta

ENSAYO

Vamos entrando al cuarto año de esta revista, y en varios grandes temas  -Gran Reseteo, censura y cultura de cancelación, pandemia, Ucrania, cambio climático y Gaza- hemos hecho y mantenido lecturas radicalmente distintas al resto de los medios locales y globales

Por Aldo Mazzucchelli

Cuando comenzó el conflicto, en la inmensa mayoría de los medios -no en eXtramuros- se instaló inmediatamente la narrativa propagandística de OTAN y sus aliados. Se dijo que Rusia había querido tomar Kiev y no había podido. Luego se repitió un constante mensaje, bajo múltiples variantes: Occidente es mucho más avanzado tecnológicamente que Rusia. Los soldados rusos no pudieron siquiera tomar Kiev o retener las posiciones iniciales. La victoria de Ucrania es segura. Y esto es bueno, pues en Ucrania se defiende la libertad y la democracia, amenazada por el autoritarismo ruso. Se pintó a Putin como un Hitler, a su intervención militar como totalmente inmotivada, y a Rusia como una continuación disfrazada de la Unión Soviética. Se dijo, también, que la alianza rusa con China era frágil e iba a ser rota en cualquier momento, volviendo al mundo al orden de posguerra. También se insistió: bajo el peso de las sanciones, Moscú está aislada, la comunidad internacional le ha dado la espalda, y la crisis económica generalizada que es inminente en Rusia hará que pronto Putin sea removido por un golpe popular.

En eXtramuros, en cambio, desde los primeros análisis de Salvador Gómez publicados en nuestro número siguiente al comienzo de la guerra, se decían cosas muy diferentes. Y también nos propusimos, bien al comienzo y cuando las estrategias de lectura se definen, ofrecerle a nuestros lectores distintas fuentes contrapuestas, para estimular el diálogo interno. Puede que todos estemos locos en esta época rara, pero hoy esas cosas diferentes que dijimos desde el principio se dicen ya hasta en el Washington Post y en el Financial Times, porque ni siquiera los mayores propagandistas de la hegemonía pueden ignorar tanto los hechos. 

En eXtramuros se decía que Rusia no tenía interés ni nunca lo había tenido en tomar Kiev. Que hizo una demostración inicial de fuerza para forzar una negociación. Y que esta negociación había ocurrido enseguida, pero que los líderes de Inglaterra y Estados Unidos -quienes realmente pelean esta guerra por delegación contra Rusia- habían ordenado a Zelensky rechazar el acuerdo al que él mismo había llegado, y lanzar una guerra larga y total. Con el tiempo salió Neftali Bennett, ex Primer Ministro de Israel y participante de esa negociación, a confirmarlo. Hoy lo sabe todo el mundo.

eXtramuros dijo que el Nord Stream había sido volado por Estados Unidos casi el mismo día que la voladura ocurrió. Para cualquiera que hubiese estado siguiendo la lógica de los hechos, era la única posibilidad. Con el tiempo, Seymour Hersh reveló todos los detalles de cómo Estados Unidos, con ayuda técnica de Noruega y anuencia del suicida gobierno alemán, voló el NordStream, comprometiendo el futuro industrial de su propio país en el camino.

eXtramuros -en su locura, claro- dijo que la guerra no tenía relación con ninguno de los objetivos proclamados -“democracia”, “libre determinación”, “orden internacional basado en reglas”-, ni con Ucrania como tal, sino con los objetivos estratégicos de Estados Unidos en su proyecto de hegemonía global, amenazados por el crecimiento de China, y la final negativa rusa a permitir que su soberanía y recursos siguiesen siendo amenazados por la OTAN. Que un sub-objetivo de Estados Unidos era cortar toda relación estratégica entre Rusia y Alemania -particularmente la vinculada a la energía. Y que la guerra arrojaría a Europa a una mayor dependencia aun de las políticas norteamericanas. 

Publicamos también que todo ello revelaba graves errores, y cálculos hechos en base a mala información y prejuicios, creyéndose el propio cuento de supremacía militar. Que el ejército ruso estaba mucho mejor equipado y formado para el tipo de guerra en cuestión -una guerra de desgaste, con el inmenso territorio ruso a la espalda-, y que su industria de armamento era mayor, hasta el punto de ser imbatible, incluso si se suma toda la -muy menguada- capacidad instalada en Occidente. Que Rusia sobrepasaba abiertamente a Ucrania y a la OTAN, tanto en tecnología como en personal -y, sobre todo, en población, en capacidad industrial, y en experiencia de guerra. Por ende, el único resultado esperable era una derrota de Ucrania y de la OTAN. Y -locura máxima- que esa derrota no traería, en absoluto, ningún avance ulterior de Rusia, pues los objetivos de Rusia nunca fueron “conquistar Polonia” o “avanzar sobre Europa”, en absoluto, sino desmilitarizar y “desnazificar” Ucrania -liquidar el peso interno de la ideología ultranacionalista en el poder-, garantizar la neutralidad de ese territorio respecto de OTAN, y proteger a la población étnica rusa en Ucrania.

Además, dijimos que la guerra de Ucrania era también un gigantesco mecanismo de robo y lavado de dinero, en el que está involucrada por cierto la familia Biden, aunque esto sea casi anecdótico teniendo en cuenta los volúmenes de transferencia de recursos públicos al sector privado -en este caso, armamento. Además del negoción que es esta guerra en materia de energía. En efecto, a esta hora Estados Unidos se ha quedado con una porción del mercado de gas europeo que antes de la guerra no tenía, pero sin la capacidad de reemplazar la oferta rusa, ni en volumen, ni mucho menos en precio. Pero además aseguró aun más el vasallaje de Europa occidental -como si, al ver su inevitable pérdida de hegemonía global, quisiese al menos asegurarse esa parte del hemisferio occidental. Las sucesivas partidas de “ayuda para Ucrania” van a parar 90% a la industria armamentística norteamericana, y a toda la cadena de corrupción y robo de la que participan muchos, sobre todo fuera, pero también dentro de Ucrania. 

Zelensky es uno de los mayores responsables por la ejecución vicaria de estas políticas, y solo es cuestión de tiempo que -como lo dijo Salvador Gómez cuando la guerra recién había comenzado- sus “aliados” occidentales terminen de traicionarlo y lo abandonen a su suerte, que solo puede ser una. Al hacer su campaña electoral prometió que haría cumplir los acuerdos de Minsk y detendría la limpieza étnica que venía ocurriendo a impulso de Kiev desde 2014, luego del golpe de estado. Pero luego admitió que Minsk y todo lo demás sólo había sido una estrategia para ganar tiempo -lo que confirmó Angela Merkel-, y envió a su pueblo a la muerte en cantidades astronómicas, a cambio de mantener el poder y girar por el mundo como una parodia petisa de Churchill, recaudando para él y su camarilla. Sigue haciéndolo a esta hora, ya sin gente que reclutar y mandar al frente, y algunos gobiernos occidentales siguen invitándolo a sus casas, pero ese tiempo ya termina.

eXtramuros repitió muchas veces, en la soledad de su celda del manicomio, que no existía ninguna ventaja ni victoria ucraniana, ni ninguna posibilidad de que se produjera. Que Rusia había ocupado de entrada los territorios de etnia rusa, y que la valiente resistencia ucraniana estaba destinada a ser demolida -a un altísimo costo en vidas de militares ucranianos- debido a que Rusia había establecido una línea defensiva en los límites del Donbass y estaba fortificándola de tal modo que cualquier intento ucraniano de recuperar esos territorios habitados por rusos sería imposible. Al mismo tiempo, los rusos avanzaban metódica y lentamente creando “calderos” donde encerraban y eliminaban a los ucranianos, como pasó repetidamente durante el año 2023. Y que las retiradas rusas de setiembre-octubre del 22 y la de Kerson luego, no eran más que maniobras tácticas destinadas a reforzar las posiciones mejor defendibles, pues -una vez más- el objetivo ruso no era el territorio, sino la desmilitarización -es decir, demoler el material y el personal de Ucrania hasta que no quede quién pueda pelear ninguna guerra, ni equipo con qué pelearla. 

Todas estas cosas no son cosas que a nosotros nos gusten, ni de la que seamos partidarios: son cosas horribles. eXtramuros no es partidario de ninguna guerra. Pero no verlas es peor que verlas, en cualquier hipótesis. De modo que era preciso verlas e informarlas tal como son.

La propaganda OTAN, sin embargo, siguió durante los dos años de guerra, y sigue, repitiendo lo mismo. Si nosotros somos locos, la propaganda de la OTAN es psicótica y ha cortado desde el principio toda conexión con los hechos. Hace una semana y poco esa misma ‘inteligencia’ occidental le filtró a un analista insospechable como el mencionado Seymour Hersh -a quien hemos publicado repetidamente en nuestra revista- el bulo de que se negociaba una paz en secreto entre el general Zaluzhny y el comandante ruso Gerasimov, pues la guerra “estaba en un estancamiento luego de la ofensiva ucraniana de verano”, y que en esas negociaciones Rusia se quedaría con los territorios ya obtenidos -que en plebiscito votaron a favor de permanecer como parte de Rusia-, y a cambio concedería el ingreso de Ucrania a la OTAN. 

Nada de eso. Jamás hubo, ni hay ahora, ningún estancamiento. “Estancamiento” es el concepto que la propaganda psicótica de OTAN elige cuando no puede mostrar ningún avance propio, o sea prácticamente siempre. Mientras toda resistencia ucraniana se sigue derrumbando y los rusos siguen asegurando posiciones y alejando al enemigo de su frontera -negando cualquier estancamiento-, y mientras Zelensky es recibido con sorna en la Casa Blanca al haber ido de nuevo a ver ahora qué podrá hacerse, ayer Putin dio un discurso en donde declaró que solo habrá paz una vez que Rusia haya conseguido “hasta el último de sus objetivos”. Llegó incluso a mencionar indirectamente a Odesa -ciudad de mayoría también rusa, y única salida al mar que le queda a Ucrania- como un nuevo objetivo probable, puesto que lo que se quiere asegurar es la protección de toda la población rusa de Ucrania de cualquier nuevo ataque de nuevos gobiernos ucraniano-otánicos. Tarea difícil,  por no decir imposible y que llevará mucho tiempo, salvo que haya una derrota real y total de los aliados del “partido de Occidente” en Kiev.

De modo que lo de la “negociación secreta” y lo del “estancamiento” son la misma mentira del comienzo, con distinto formato. La verdad es que la anunciada “ofensiva ucraniana” comenzada el 4 de junio fue un fiasco sangriento que costó la vida de decenas de miles de soldados, más de 700 tanques y más de 2000 vehículos blindados, como ahora los medios occidentales ya han admitido. Y Ucrania no logró avanzar siquiera cinco km en los pocos puntos en que lo intentó. Lo que está ocurriendo ahora -mientras el clima lo permita- es lo mismo que antes: avances rusos cautelosos formando calderos donde encierran con la superioridad de que gozan, en materia de logística, personal, comunicaciones, aviación, artillería y drones, a las fuerzas ucranianas que intentan resistir.

Pero la verdad más ilustrativa y quizá más cruel que deja esta guerra es que Occidente tiene toda su capacidad de verse a sí mismo trastornada hasta un extremo en el que ya no parece haber marcha atrás. 

Creyó que iba a aislar a Rusia y separarlo de China. Kissinger se pasó su vida entera avisando a los norteamericanos que si propiciaban una alianza ruso-china, perderían toda ventaja estratégica. Esa alianza no solo ha ocurrido y se ha consolidado, sino que crece a una velocidad que los periódicos y analistas occidentales -que leen solo lo que los confirma en sus prejuicios de 1990- aun no logran ver. El BRICS crece a pasos agigantados, lo mismo que la Organización de Cooperación de Shanghai, y lo mismo que diversas fases y tramos de los proyectos chinos conocidos por Ruta de la Seda. India oscila entre el proyecto para Asia de China y Rusia, y la tibia alternativa que intenta plantear Occidente, que sigue buscando crear sectarias alianzas asiáticas y del Pacífico en donde solo pueden estar los que estén con Estados Unidos y contra China. En cambio, China y Rusia plantean alianzas comerciales donde no se condiciona a los países que participan a jurar fidelidad a nada, sino simplemente a respetar los principios concretos establecidos en ellas. 

Igual que India lo hace Turquía, jugando a dos puntas según le conviene. Mientras tanto Arabia Saudita, el principal aliado vital de Estados Unidos en Medio Oriente, ingresa el 1 de enero próximo también al BRICS, lo mismo que el archienemigo norteamericano, Irán, y lo mismo que Egipto, otro gigante del mundo musulmán. Peor aun: Irán y Arabia han recompuesto sus relaciones diplomáticas, y ambos son ahora -por virtud de la situación que se experimenta en Gaza- más aliados que nunca. El mundo árabe y, aun más ampliamente, el mundo musulmán, está unido lo quiera o no, por virtud de las decisiones del gobierno de Israel, que parece creer que la mejor manera de combatir a supuestos terroristas es matar a toda la población civil de Gaza. El mundo mira azorado el bombardeo incesante de civiles 24/7 durante dos meses y pico -salvo una breve tregua-, mientras ni siquiera las Naciones Unidas apoyan ya la política israelí. El propio Secretario General Guterres -un títere de Occidente en la mayoría de los temas- ha empujado desesperadamente para que el Consejo de Seguridad ordene un cese al fuego, y Estados Unidos -una vez más- lo ha vetado. Cada vez son menos los países que apoyan esa línea, propia del mundo viejo enfermo de ideologías divisivas. La vergonzosa cancillería uruguaya se abstiene ante la masacre en curso. 

Nada de eso informan los medios centrales y sus repetidoras barriales locales, que han decidido en su mayoría que la historia de Medio Oriente comenzó con la versión oficial sionista del 7 de octubre, día que aparentemente ocurrió sin la menor responsabilidad de Israel, y sin causa alguna, pero que justifica cualquier masacre de palestinos que se haga de aquí en más. 

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Sigue nuestra locura y nuestro error. Solo que ahora no estamos solos. Esta semana salió en Búsqueda un excelente artículo sobre cómo se ha dado cuenta INAC de lo que representa para Uruguay haber firmado los ridículos acuerdos que perjudican la producción ganadera en aras de cumplir con las completas -y unánimes- estupideces del “cambio climático antropogénico”. eXtramuros denunció todo esto hace muchos meses, en absoluta soledad.

Una vez más: sea cual sea el beneficio de la exploración de nuevas tecnologías energéticas, a la cual no cabe oponerse, he aquí la reina de todas las locuras, que reafirmamos una vez más: ningún cambio climático antropogénico existe en absoluto. Los cambios climáticos se dan en series históricas largas vinculadas sobre todo a la actividad solar, se conoce bien su ritmo, y el período que viene estará marcado por una baja de temperaturas. Nada tienen que ver las emisiones, y mucho menos los gases emitidos por animales que han vivido millones de años en armonía con el clima terrestre. El CO2 no es un veneno a combatir, sino un ingrediente fundamental para la vida. Mientras tanto las Naciones Unidas, con su famoso y ridículo Panel, están generando pseudociencia para justificar políticas globalistas ejecutadas por organismos financieros globales y ongs, cuya única finalidad es, para unos, interferir en el mercado de alimentos, permtir la compra o confiscación de tierra por agentes transnacionales, y crear una crisis sobre otra, de modo de dar sustancia a sus profecías, y ganar así espacio político para imponer cambios tecnológicos para beneficio de minorías, junto a mayores niveles de control global, reduciendo un poco la población en el camino -cosa en la que también están fracasando. Para otros, seguir usando los foros internacionales para hacer política de alianzas con otros fines, y no hacer nada más, como lo prueba la jerigonza de esta declaración de la Federación Rusa en la última y periódica payasada organizada por las Naciones Unidas al efecto.

Los productores uruguayos no deberían caer en esa trampa, sino rebelarse contra ella. Comprendemos que las presiones sobre la economía local por parte de los organismos internacionales son inmensas, quizá insuperables. Pero al menos debiera ser posible plantear  al público las objeciones científicas a los datos falsos, sobre los que se fundamentan todas estas políticas. 

Uruguay no debiera tener ninguna división gubernamental que se ocupe del “cambio climático”. Lo mismo daría que se destinasen recursos a una división que se ocupase de la colonización inminente de las lunas de Saturno. Sin embargo, no solo tiene esa oficina: esa oficina le hace al Uruguay su política de producción cárnica. 

Con el tiempo, todo esto se verá con el nivel de ridículo y error que tiene. Por el momento, pareciera que el sueño colectivo debe seguir un poco más.

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Creer en este tipo de narrativas es solo posible si se ha abandonado la intención de pensar. Cosa que la mayor parte de la población de Occidente parece haber decidido hacer, puesto que “intercambiar” en redes y entretenerse en la repetición de inanidades es mucho más cómodo. 

Lo que estamos presenciando es una fase de decadencia de la civilización occidental, la cual se presenta a sí misma -faltaba más- como un pináculo de progreso transhumanista basado en la “Ciencia” trasmutada en religión, la virtualidad como escape a la adicción digital, la exploración de interminables imágenes de sí como pasatiempo autosatisfactorio único, y la Inteligencia Artificial como mágica solución final a todos los problemas futuros. La transformación en curso es guiada retóricamente por viejos, representantes obvios del mundo viejo e intoxicado, como Schwab, Soros o Gates, que le han vendido a una población cada vez peor educada en historia y filosofía que la técnica es el nuevo diosecillo al que rendirse, confiando a la IA y la robótica la solución de cualquier problema humano concreto. Los problemas abstractos, metafísicos o interiores, por su parte, no existen más.

No dudo que todo lo que estamos viviendo sea la forma que tome la transición hacia un nuevo paradigma global, avanzado el cual buena parte de los mecanismos viejos aun operativos caerán, así como buena parte de las intuiciones hoy avanzadas se consolidarán. Pero desde luego, el trabajo de separar ese trigo de esa paja debe hacerse constantemente.

Una población encandilada por la disonancia cognitiva absoluta entre lo que se le dice y lo que es, intenta seguir hacia adelante, haciendo oídos sordos a todas las advertencias, y pujando por dejar atrás todo el legado de los últimos dos mil quinientos años de humanidad, el cual no tiene lugar real -ni oficial, ni extraoficial- en lo que el blob + Davos y su remedo de “filosofía” divulga. 

A este paso, Ucrania terminará de perder de una vez -aun llevará tiempo- y Rusia consolidará sus posiciones y sus objetivos, ya totalmente volcado hacia Asia gracias a las fallidas sanciones, y operando en el mundo como una fuerza de resistencia a las pretensiones hegemónicas pasadas de moda del blob norteamericano. Lejos de estar aislado, Moscú ha ampliado hoy su importancia en el mundo en relación con los años ’90 y 2000, salvo en los círculos oficiales de lo que Washington llama “la comunidad internacional”, reducida a ser un grupo minoritario de vasallos europeos, más unos poquitos países angloparlantes. China se viene consolidando -creo que transicionalmente- en un hegemón comercial y político, sin necesidad de serlo militar, siempre que la decadencia y previsible derrota de Estados Unidos y la OTAN no tire al hemisferio norte a una guerra nuclear generalizada.

Las viejas ideologías -el liberalismo y el socialismo, el progresismo y la socialdemocracia, la izquierda y la derecha- están completamente muertas y ya no hacen otra cosa que balbucear anacronismos y pensamiento reflejo. El mundo precisa nuevas categorías y un pensamiento completamente nuevo que vendrá con ellas, pero esto solo podría consolidarse una vez que, pasada esta larga transición, la gente encuentre los caminos para usar la tecnología en su propio bien, para colaborar con los demás en soluciones humanas que vuelvan a abrir el pensar a niveles distintos, al tiempo que se reduce al mínimo el poder de los “representantes” e intermediarios. Cada uno podría representarse a sí mismo, y deberá formarse para ello. Para eso, la escritura es un recurso fundamental, y por tanto deberá recuperar un lugar importante en la comprensión de sí y de los demás.

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La prensa “grande”, la prensa sistémica, pública o no, la prensa sensata y oficial de los horarios centrales, sigue trabajando según las inercias pasadas. Ha comprometido su futuro al vender su función al mejor postor. El sistema alcanzó sus límites de delirio y oquedad. Los reflejos de servidumbre de tal gran prensa frente a los poderes del momento la han condenado. Estos grandes papagayos de la “información profesional” (de paso, la información no es ninguna profesión: es una función humana que en un momento de locura la modernidad ‘especializó’ también, haciéndola vulnerable a la compraventa) han mostrado cuál es su dependencia del poder sistémico. Ya nadie les cree, por otro lado, como lo muestran las encuestas continuas y los números de venta. Solo existen porque el sistema los compró a través de sus corporaciones y fundaciones, y éstas pagan para que salgan. Se trata de un mecanismo sin interés ni futuro.

Otros medios surgirán, pero una vez más, la aspiración de todo “intermediario” -eXtramuros incluido, por supuesto- debería ser desaparecer apenas su función pueda ser realizada por la gente misma. Los espacios independientes que han ido surgiendo en los últimos años son parte del futuro, aunque quizá también transicional: cuando todo el mundo sea capaz de informarse razonablemente bien por sí mismo, un nuevo diálogo horizontal con más sustancia y menos reactivo que el que predomina hoy en redes debería sustituir a la mayoría de los intérpretes y expertos, por más valiosos que estos sean. Contrariamente a lo que se repite, la idea de “no tengo tiempo para informarme y por eso confío en fuentes seguras” es justamente uno de los peores venenos de la época que se va: es la condenada lógica del fact-checker sustituyendo la autonomía individual de informarse y pensar. Contra ella, la tecnología ha hecho que la información esté libremente disponible, y lo estará cada vez más. La censura es parte del mundo viejo que aun sueña con la viabilidad del control. Quien estará equivocado será quien crea que no debe hacer su propio trabajo de informarse responsablemente abandonando las ideologías y las adhesiones automáticas y emocionales. Falta mucho acaso, pero es para allá. 

El comportamiento del sistema y su prensa durante la “pandemia” es el simple e imborrable testimonio de que a este sistema ya no le queda interés por la verdad ni por los hechos, si estos arriesgan a ocasionar un colapso sistémico, y la pérdida del poder por parte de quienes lo detentan. Tibias voces en Italia, en Estados Unidos, intentan llevar ante la justicia a los responsables globales del genocidio continuo que se ha instalado en 2021 con parte de la vacunación “anti Covid”. El escándalo del exceso de muerte es de tal magnitud que incluso la prensa grande y los políticos de túnica tienen que balbucear que no tienen explicación y cambiar de tema, como si eso fuese siquiera aceptable. La afluencia de pacientes -y no solo veteranos, sino especialmente jóvenes- con toda clase de dolencias a los hospitales es vox populi entre el personal sanitario, pero nadie abre la boca en público. La negación, la culpa por lo hecho antes, y el miedo por las posibles consecuencias, paralizan la conciencia y vuelven a llamar a la respuesta de estampida silenciosa.

Desde luego que todos estos posicionamientos alternativos vienen de una sola opción: en lugar de leer la lógica de Occidente y sus discursos como si fuesen los de una civilización aun en dominio de su propio destino, simplemente los vemos como las manifestaciones delirantes de un enfermo terminal. Luego, nos interesa ver cómo el resto de los actores globales están pensando su propia situación, y la historia común. Muy especialmente aquellos que por tamaño y desarrollo tienen ganada la posibilidad de plantear otras perspectivas.


Imagen: The Sower of the Systems (George Frederick Watts. 1902). Fragmento