ENTREVISTA

Hace unos diez días la periodista Delfina Milder, de El País, me contactó para que le diese mis opiniones para una nota en la que ella estaba trabajando. Conversamos por teléfono, le pedí que me enviase las preguntas por escrito, cosa que ella amablemente hizo. Se las contesté, y le hice la aclaración de que sabía que había contestado largo, y que entendía que no tuviese espacio para publicar lo que le había escrito, pero que me interesaba que aunque sea una periodista como ella leyese una opinión distinta.
Efectivamente, la nota anunciada salió el sábado pasado, incluyendo solo un párrafo de mis respuestas, en medio de una curiosa representación que hace la nota de lo que está haciendo el periodismo uruguayo. Los directores de medios allí entrevistados hablan como si los medios que dirigieran no fuesen los que nosotros vemos y leemos todos los días. Dejemos al lector el juicio sobre la posible disonancia entre lo que los directores de medios dicen que hacen, y la común experiencia de leer o ver esos medios. De esa nota de El País -que incluye una muy buena columna final de Martín Aguirre- tendrá su juicio quien llegue a leerla. En lo que a nosotros respecta, aprovechamos las preguntas de Delfina Milder -a quien volvemos a agradecer por ellas- y aquí van las respuestas que El País no pudo incluir en su reporte del sábado anterior.

Por Aldo Mazzucchelli

¿Cómo ve Ud. la difusión de información sobre la pandemia en los medios masivos? ¿Le parece que hay un exceso?

La información brindada selecciona a partir de una narrativa. El eje de la narrativa fue establecido en marzo de 2020: “Esta es la peor pandemia a la que se ha enfrentado la humanidad en muchísimo tiempo, es algo sin precedentes, y todas las medidas que se tomen estarán justificadas, porque sin esas medidas todo sería peor. Los políticos y los estados deben hacer lo que la Ciencia indique”. 

El problema con esta narrativa es que es circular, y ninguno de sus puntos se ha demostrado. Esto no significa negar la existencia de la enfermedad, sino criticar la respuesta que se le ha dado. Quienes están alineados con la respuesta que se ha dado tienden a creer que era la única posible, y a demonizar y llamar de «negacionistas» a quienes planteamos objeciones serias, pero eso es un truco retórico, destinado a atacar al otro sin tener que escuchar sus razones.

En fin, al comprometerse de arranque gobiernos y corporaciones con esa respuesta, ella ahora es incambiable porque el costo político de hacerlo sería intolerable. 

¿A qué me refiero con “no demostrado”? 

(1) Para afirmar que es la peor pandemia habría que haber tenido una cifra fundamental: tasa de letalidad por infectado-. Esa cifra, que no se tenía en marzo, se tuvo luego enseguida, a partir de abril o mayo; curiosamente esa que es la cifra clave y el pilar de todo el dimensionamiento de la enfermedad, nunca fue importante para los periodistas. La OMS la ha publicado y revisado más de una vez haciéndola cada vez más precisa, y demuestra que la letalidad de esta enfermedad es relativamente muy baja: 0.15% de los infectados al 26 de marzo, lo que es un número ínfimo considerando que sólo un pequeño porcentaje de cada población realmente se infecta, mientras que la mayoría combate el virus por mecanismos naturales. Ese dato fundamental, que pondría la pandemia en perspectiva y la reduciría a su verdadera dimensión, nunca ha sido central. No ha sido analizado, ni se lo destaca. La razón por la que no se lo hace es muy evidente y muy simple: poner la dimensión del virus en su real perspectiva destruye todo el discurso elaborado, y muestra la ilegitimidad de las medidas tomada. Hablar de números de muertos siempre parece mucho, porque un solo ser humano muerto por cierto siempre es mucho. Pero no es honesto, porque las medidas deben estar en proporción a la real dimensión comparada de la enfermedad. Eso está totalmente ausente.

Por ejemplo: en el año 2019, según datos oficiales de nuestro Ministerio de Salud Pública, fallecieron 3540 personas (tres mil quinientas cuarenta) por enfermedades respiratorias (el 10.2% del total de los fallecidos en el país) y 1190 solo de influenza

Fuente: MSP-Uruguay

En contraste, en 2020 según datos oficiales finales, fallecieron 174 personas de Covid-19. Y hasta el presente, menos de 1000 (con todos los problemas que todos sabemos que tiene ese número. Solo en 2020 se redujo en casi un tercio (de 244 a 174) por parte del Comité Técnico que hizo el balance final).

Es decir, por un 14% de los fallecimientos por gripe de 2019 (y aun por menos de la cifra de gripe de un año, sumando todos los meses y casos de 2021), en 2020 pusimos en serio riesgo la educación de los niños, la economía de la gente de trabajo, la cultura y la vida de todos los uruguayos.

Hay más, pero no sale en los periódicos ni lo investigan los que dirigen la información en la televisión. ¿Por qué no averiguan y publican a dónde fue la gripe en Uruguay en 2020?

Hablando con una persona que despacha ambulancias en una de las dos mutualistas más grandes del país, con 15 años de experiencia laboral, me contaba: «Mientras que todos los años tenemos cientos de traslados por gripe, este año que pasó (2020-2021) no tuvimos prácticamente ninguno«
-¿Cómo? (pregunté)
Ninguno. No existió la gripe. Todos los traslados de personas ancianas con neumonías o cuadros que siempre se atribuyeron a la gripe, que tuvimos estos doce meses -que fueron muchos menos en total, salvo estas últimas semanas que se incrementaron-, fueron por Covid.»

El argumento más ridículo posible es «fue por los tapabocas». Es decir, los tapabocas protegen de la gripe, pero no protegen de Covid, según las cifras astronómicas de «casos» que informa el SINAE.

Esto, una vez más, no es negar que exista la enfermedad Covid-19 -ni que tenga un pico ahora mismo, en marzo de 2021, totalmente real. Es sospechar que muchos cuadros virales respiratorios que son y siempre fueron gripe, tienden ahora a atribuirse a Covid-19, basándose en un test PCR de mala confiabilidad, o en una tendencia clínica no del todo sólida, pues está influida por la histeria colectiva -y por intereses menores de alguna parte de la corporación médica.

(Agrego el 2 de abril: el Ministerio de Salud Pública ha finalmente emitido un comunicado reconociendo en parte el problema y desplazando el PCR del centro de la escena diagnóstica, aunque aun se mantiene el «automac» famoso de inmensa cantidad de falsos positivos que esta revista ha denunciado).

Eso en cuanto a por qué lo de «no demostrado» respecto de las cifras y dimensiones alegadas de la pandemia sigue en pie.

(2) Para afirmar que todas las medidas (aislamientos, encierros, tapabocas, vacunas) son las únicas posibles y eficaces, habría que tener con qué compararlas. Desgraciadamente, esas comparaciones existen y muestran que las medidas tomadas no han tenido efecto sustancial. Pero esos estudios jamás son tenidos en cuenta, y al contrario son activamente ocultados cuando contradicen la confianza en la efectividad de las medidas. Parece que fuese más importante blindar la narrativa que ir ajustando las medidas a su eficacia real. Claro, revisar las medidas luego de un año implicaría pagar unos costos políticos astronómicos. En confianza, una persona allegada al gobierno me decía el otro día «Si controlamos el PCR y pasamos de 1500 contagiados a 60, quedamos como unos mentirosos». Bemoles de tener que mantener una posición política a pesar de la realidad, debido a los costos.

(3) Los políticos «deben hacer lo que la Ciencia indique” es algo engañoso, en la medida en que muchos científicos de gran trayectoria y prestigio se pronuncian en contra de lo que opinan los “Comités de Emergencia” que se han creado en cada país, los cuales tienen todos un discurso único y coincidente. Entonces sí, hagamos lo que la ciencia indique, pero… ¿Cuál ciencia? Hay opiniones diametralmente opuestas, y sin embargo se finge que hay un consenso mayoritario y una disidencia de unos pocos tontos o dementes o irresponsables. A esos científicos que plantean los errores y los crímenes cometidos durante el año pasado se los descalifica y se los censura. Y los medios no prestan atención a la ciencia. No la presentan como un territorio en disputa y con puntos de vista contradictorios, sino como un monolito con una opinión única, que coincide con la opinión que emiten, entre otras, las corporaciones comprometidas con el lucro de pandemia, que son varias.

¿En qué cree que fallan los medios al informar acerca de la pandemia?

Ante los tres puntos anteriores, lo que surge claramente es que el periodismo no ha tenido el sentido crítico o de independencia requerido por las circunstancias. En lugar de hacer periodismo, es decir, buscar la verdad con independencia de la opinión más dominante, lo que ha hecho es convertirse en el brazo propagandístico de esa opinión más dominante. Me parece raro que esto no sea más evidente, puesto que basta con entender el punto para verlo confirmado todo el tiempo. 

Pongamos un ejemplo de cómo no se analizan aspectos centrales, sino que se repite cierta voz global.

En este momento estamos frente a un fenómeno evidente: a partir del comienzo de la vacunación masiva en algunos países, hemos visto en ellos un incremento sustantivo de las muertes atribuidas a Covid-19. 

Es el caso de Israel, de Estados Unidos, y hay otros ejemplos. Tomemos los dos primeros lugares: en ambos coincide el inicio exacto de la campaña de vacunación (a mediados de diciembre, con pequeñas diferencias de días) con un aumento brutal de la mortalidad atribuida a Covid, que alcanza su pico un mes después. En ambos países se usó solo vacunas ARNm- Pfizer en Israel, y Pfizer y Moderna en USA. 

Adjunto los gráficos con datos de los Ministerios de Salud de ambos países:  

Fuente: Worldometers, datos oficiales del CDC
Fuente: Worldometers, datos oficiales del Ministerio de Salud de Israel

Esto puede tener, se me ocurre, al menos tres explicaciones. 

Primera:  hay dos hechos no relacionados entre si que coinciden: coincide la aparición de más infecciones (o de infecciones más graves, por causas desconocidas) con el mes posterior al inicio de la vacunación. 

Segunda: la vacunación masiva (que comenzó por ancianos en ambos países) tiene una incidencia notable en apresurar la muerte de los ancianos vacunados. Si uno observa, hay un pico de muertes que dura unas cinco semanas luego de la vacunación, y luego disminuye. 

Tercero: los mecanismos de registro de las muertes por Covid-19 (certificados de defunción) tienden a atribuir a Covid-19 un número mayor de muertes, quizá por una elevación excesiva del Ct al cual se detectan los casos positivos. En esta tercera hipótesis, puesto que todo fallecido con un PCR positivo es “muerto por Covid.-19 confirmado”, entonces basta con admitir un umbral de ciclos mucho más alto (por encima de 20, 30, o incluso de 35) para que automáticamente aumente el número de “casos”, de “internados” y de “fallecidos”. En los tres casos es el test PCR el patrón oro.

Ahora bien, yo afirmo que no conozco la respuesta correcta al fenómeno que nos muestran esas estadísticas. Pero ¿qué ha informado el periodismo masivo de todo esto? ¿Soy exagerado si digo que nada? A eso va mi crítica. 

En cambio, se sigue publicando la basura que difunden los mismos que fabrican las vacunas (es decir, propaganda corporativa) diciéndole a la población que está todo perfecto y no hay de qué preocuparse. ¿Eso es ético?

Yo nunca he negado, ni en eXtramuros hemos negado, la existencia de la patología nueva, ni la existencia de casos de Covid-19. A lo que siempre hemos apuntado es a dar información sólida, para poner en perspectiva y en contexto los datos, y mostrar cómo por encima de la realidad médica estricta existen movimientos políticos y financieros globales muy importantes que intentan desde el principio controlar la narrativa, y usar la enfermedad para fines políticos y económicos. 

La prensa masiva ha caído en ese discurso controlado, y sus periodistas salvo excepciones han olvidado ejercer la crítica. No cuestionan nada ni informan nada que no corresponda a la narrativa oficial.

¿Cree que hay una narrativa única en torno a la pandemia? ¿Cómo la define? ¿Es una narrativa de miedo? 

El pánico (más que miedo, es un pánico irracional y sin límites) es un factor importante, sí. Pero hay más cosas. Hay un mensaje de “no ejercer la crítica” que pinta a cualquier esfuerzo de analizar en detalle como impertinente, o como directamente criminal. Hay una santificación del espacio del médico y de lo que llaman “la Ciencia», que comenzó con los aplausos allá por marzo, y sigue con una transferencia incontrolada de recursos a esa corporación, por las más diversas causas, todas justificadas en la “emergencia”, que supuestamente solo los médicos tienen derecho a evaluar. Se ha reducido la “ciencia” a la voz única e indiscutible del GACH. Todo lo que aportan en sentido contrario científicos en el mundo es ignorado -y se me disculpará esto, pero es cierto-: son científicos inmensamente más prestigiosos que los integrantes del GACH. En eso la narrativa opera en el sentido del nacionalismo, una especie de nacionalismo provinciano, que usa los signos comunes del futbol o la garra o los Andes para comunicar una especie de mensaje épico del que está ausente cualquier dimensión crítica. Solo el GACH, el Pasteur y los “científicos uruguayos” cuentan. 

Desde que empezó la pandemia ni un solo periodista de ningún medio grande ha desafiado realmente lo que dice el GACH, intentado investigar a fondo cómo se hacen los PCR en Uruguay. Esto sólo lo hizo eXtramuros, y luego de ahí lo tomó (si bien con muchos defectos argumentales) el Dr. Sciutto, de quien me deslindo absolutamente, puesto que jamás formamos ningún grupo, y solo lo vi una vez en mi vida que coincidimos (junto a Fernando Andacht) en una diminuta radio casi clandestina alla por el invierno. 

Lo que en eXtramuros hemos planteado y averiguado sobre el CT de los tests PCR en Uruguay está absolutamente en pie. No solo no ha sido desmentido, sino que ha sido confirmado incluso por un documento del propio GACH de 1 de febrero que reconoce que a un CT mayor a 24 no se pueden cultivar virus en las muestras “positivas”. Pese a ello, el GACH sigue diciendo que no se debe informar el CT. Ahora un estudio hecho en Rhode Island demuestra la correlacion absoluta entre numero de CT y gravedad y muerte: a mayor CT disminuyen ambas cosas. ¿Qué pasa cuando se permite que tests de CT no informados sean el “indicador de la pandemia”?

Evidentemente este, el mal uso y la mala información de los tests PCR, es un centro de todo el problema. Los medios no cubren nada de esto: ignoran totalmente este factor.

Si los PCR se hiciesen rigurosamente, informando el CT junto a cada resultado, y si esto fuese inspeccionado rigurosamente por el MSP con multas y cierres significativos a los laboratorios que no respetasen límites de CT muy estrictos, menores digamos a 25 o 28 ciclos, la situación informada al público sería inmensamente distinta. Habría muchos menos casos, los casos serían todos reales, «sintomáticos», esos casos serían los únicos rastreados porque serían los únicos realmente graves, y los fallecidos por Covid serían el número real que son. 

El Comité Técnico que se creó para homologar los muertos covid oficiales deja algunas dudas -al menos me las deja a mi, como ciudadano que sigo de cerca todo esto, y tengo todo el derecho a decirlo- de que todas las muertes Covid que homologa como tales lo fueron. ¿Por qué sugiero esto? El CDC norteamericano ha revisado repetidamente las muertes Covid-19 y ha llegado a la conclusión, repetidamente, de que sólo un 6% del total fueron consecuencia realmente de Covid. El restante 94% tiene un promedio de tres y cuatro comorbilidades serias. Cuando se desagregan esos datos, cosa que el CDC ha hecho y está disponible, toda la teoría de que son exactas las cifras oficiales informadas corresponden a los muertos que causa la enfermedad Covid-19 se viene al suelo. ¿Por qué sería tan distinta la situación local, si los mecanismos de declaración de muerte covid descansan esencialmente en el PCR?

Sin embargo, salvo excepciones, los medios grandes no han hecho otra cosa que ignorar el problema -o, si acaso, buscar eliminarlo haciéndole una pregunta o dos a especialistas que ya se sabe de antemano lo que van a decir, pues su línea ha sido blindar el discurso de la ortodoxia Covid, como le llamo. De todos modos, los hechos están allí. Tarde o temprano lo que no es exacto deberá ajustarse. 

Mientras tanto, en la medida en que los medios no hacen ningún trabajo crítico en serio, el discurso de la pandemia es usado políticamente. En USA, en Brasil, ese uso es escandaloso. La guerra entre gobernadores y poder federal, totalmente alineado al uso político de los muertos y la pandemia, es notable. Nadie lo analiza. Se limitan a tomar partido, siempre de un mismo lado. Sobre política internacional los medios grandes se limitan a repetir una narrativa global única que es siempre la misma: CNN, NYT, Guardian, BBC Mundo, Reuters, AP, EFE… Esas son las únicas notas reproducidas. Estos medios tienen un discurso absolutamente monolítico, y eso es lo único que creen y repiten los periodistas locales. No se los ve ir a investigar en fuentes realmente alternativas en internet, que las hay excelentes. El periodismo independiente desaparece y es reemplazado por la propaganda de intereses particulares, a veces muy grandes.

¿Cree que en Uruguay opera una “versión oficial” de la ciencia, que los medios masivos reproducen? 

Por supuesto. ¿Cómo le llama usted a sólo escuchar a los científicos locales o globales comprometidos con el discurso y la narrativa oficial de la pandemia, y jamás publicar líneas de juicio alternativas, o directamente denigrarlas en artículos mentirosos redactados por agencias internacionales como Reuters o EFE? El problema es que los periodistas se basan en publicar lo que sienten que es “aceptable” a la mayoría en redes sociales, en lugar de investigar y cambiar la narrativa mostrando sus inconsistencias. En las últimas dos semanas la histeria alcanzó picos nunca vistos, evidentemente intentando forzar a Lacalle a cambiar el rumbo e imponer medidas más estrictas (es decir: que limiten más las libertades individuales y destruyan más la economía de los más vulnerables). Ya vimos todos la acción de agentes y factores políticos menores, como las luchas intestinas en el SMU, y la alianza de parte del gremio médico con parte de la oposición política, usando la gravedad reciente de la situación y la muerte de ciudadanos como forma de sembrar un discurso desestabilizador. Eso es usar a los muertos para hacer política. Esta desestabilización aumentaría aun más el control discursivo (y de paso la transferencia de recursos y poder a los sectores que sustentan lo “duro” del discurso). 

Esto no ha sido llamado por su nombre tampoco -si acaso algunos ciudadanos lo hicieron en redes sociales, ante el silencio del «sistema». En cambio, todos los medios se limitan a repetir los gritos de pánico, a ver quién grita más fuerte. Nadie investiga si hay o no una correlación entre un altísimo e inaceptable número de CT empleado en los tests masivos, y todo lo demás. Eso está fuera de la preocupación de los medios, y sin embargo para obtener un “caso” tengo que tener un PCR positivo, lo mismo que para iniciar la cadena que de allí lleva a la internación, la eventual intubación, y la muerte “por Covid”. Lo dijo claramente el Dr. Medina: cualquier intubado por Covid que muera, es muerto Covid, porque esa intubación es lo que desencadenó todo lo demás. Con esa lógica, si me apresuro a intubar a alguien que quizá no lo necesitaría y luego el mismo proceso empeora el cuadro y mata al paciente, la muerte resultará que no fue ese eventual error médico, sino que esa muerte innecesaria también fue por Covid. Confío plenamente en los médicos uruguayos, y me consta que hace meses evitan la intubación innecesaria. Pero la declaración de Medina es de una lógica peligrosa, dado el contexto político.

¿Cuáles son los costos o el peligro para la sociedad de que impere ese único discurso?

Surge de lo anterior. La respuesta corta es: la destrucción completa de la trama social, una crisis de legitimidad de medios y gobiernos, y una cierta cantidad de muertes innecesarias.

¿Le parece que debería haber espacio en medios masivos para versiones disidentes o negacionistas de la pandemia? ¿Por qué?

El problema está en tu pregunta. “Negacionista” es un insulto. Es un término que se usó hasta este año para calificar a los negadores de la existencia del Holocausto. Al trasladar su uso a cualquier posición crítica o que plantee dudas sobre aspectos de estos fenómenos de 2020 – 2021, lo que se está haciendo es descalificando de antemano. Tampoco somos “disidentes”, porque para que haya un disidente tiene que haber un régimen autoritario, como era el soviético, ¿no? Yo nunca había escuchado el término “disidente” empleado en una democracia. Que ahora se use revela que los que lo usan ya sienten que estaríamos en una dictadura, en la cual ellos cumplen el rol de oficialismo.- Si eso es ser disidente, yo estaría orgulloso de serlo. Me preocupa que usen el término “disidente” y el término “negacionista”. En una democracia quienes piensan lo contrario a la ocasional mayoría no deberían ser descalificados, sino respetados y protegidos especialmente. La agresividad con la cual muchos periodistas llevan esta simple diferencia de opiniones al plano personal hace sospechar que esos periodistas están a la defensiva. Uno puede disentir sin atacar al otro, que es lo que yo trato siempre de hacer. 

Acusar al otro de “criminal” porque plantea información relevante sobre los efectos posibles de las vacunas experimentales, por ejemplo, ¿es ser criminal? ¿Y si las vacunas experimentales confirmasen lo que están insinuando (por ejemplo Astra Zeneca, retirada en 20 países, 19 europeos más Tailandia), que es que son potencialmente más peligrosas que otras vacunas, e incluso más letales que el covid como tal? ¿En ese caso quién sería el criminal, el que avisó o el que garantizó una supuesta seguridad que no puede realmente garantizar? Pero los medios no publican ni hacen hincapié en lo que daría lugar a dudas razonables. En cambio, insisten que la vacuna es la única solución y llaman a cualquiera que dude o pregunte, de “antivacuna”. Esto también es un truco retórico. Preguntar por la potencial peligrosidad de una vacuna experimental no es ser “antivacunas”. “Antivacunas” es oponerse a todas las vacunas por razones doctirnarias o filosóficas. Son dos cosas distintas.

Hay periodistas que confunden voluntariamente una y otra cosa y hacen terrorismo televisivo. Es hacer terrorismo no abrir la boca ante la concentración del 8M, y luego demonizar a 100 personas que se juntaron en Kibon. ¿O no es un doble rasero increíble, que cualquiera debería ver? Cuando una sociedad se vuelve tan abiertamente hipócrita y se ríe de su propia inconsistencia, está enferma. Pero no de Covid. 

En una columna usted comentó que la ciencia se está tratando como una especie de religión o dogma (no recuerdo la palabra exacta que utilizó). ¿Está sucediendo esto en Uruguay? ¿Los medios masivos influyen en que esto suceda?

Por supuesto. Cuando se pretende que hay una sola palabra, oficial, que no se puede discutir, como hacían y hacen muchas iglesias. Cuando se le da un carácter ceremonial y de revelación, pasando instantáneamente al insulto o “excomunión” (cancelación) de todo el que se atreva a preguntar o discrepar. Cuando se convierte a la ciencia -una realidad humana imperfecta, como todo lo humano- en una voz revelada que se promete como la única barrera ante la muerte, y se asegura dogmáticamente que la muerte es el fin de todo y nada hay que se pueda concebir más allá de ella. Todo eso es cientifismo, es una especie de religión autoritaria materialista: fe irracional en una concepción idealizada y absoluta de la Ciencia, y fobia a cualquier crítica o salida de la ortodoxia, en lugar del uso libre de la razón. Todo eso son síntomas de que una pseudo “ciencia” (que no es ciencia auténtica) se está postulando como un mecanismo irracional, emocional, de eliminar la razón y el pensamiento crítico individual. Se trata de estimular un comportamiento de manada, de pánico, de correr todos para el mismo lugar sin importar a quien pisemos (pensá en toda la gente sin trabajo y en seguro de paro), y sin importar si el lugar hacia donde corremos es un precipicio.

¿Cómo sería un debate sano en torno a la pandemia?

En este contexto creo que ya es imposible, porque las condiciones no existen. Fueron eliminadas al crear una presión abrumadora contra la llamada «disidencia». Si esa presión no existiese, podría haber especialistas que se atreviesen a mostrar los puntos de vista alternativos. Estos especialistas existen en el mundo, y también en Uruguay, pero Uruguay es muy pequeño y solo quien realmente sienta que está dispuesto a perderlo todo por la verdad se animaría a hablar. Yo conozco a varios científicos (que por cierto me han ayudado mucho con la información que buscamos y publicamos) que tienen muy claro algunas dimensiones de lo que ocurre desde marzo, pero realmente no se atreven a hablar en público. Hacerlo para ellos es arriesgar demasiado su estatus profesional, y eventualmente sus propios medios de vida. En el mundo existe gente de mucho prestigio que sí se ha animado a hablar (Ioannidis, Levitt, Yeadon, Bhakdi, Cahill, Gupta, Kulldorf, Battacharya, etc., etc. Al final, son muchos cientos en el mundo). Han intentado cancelarlos, pero solo lo han conseguido parcialmente. A un número mucho mayor, muchos miles, de simples médicos sin otra defensa que su palabra, los han controlado duramente con la amenaza de hacerles perder su trabajo, y han revestido todo esto de justificaciones políticas. Y a los que no pudieron controlar (como la Dra. Simone Gold en USA, atacada por el aparente crimen de ser votante de Trump, igual que 70 y pico de millones de norteamericanos) los echaron y los persiguen judicialmente por hablar lo que no debían y ser honestos. Por defender el tratamiento con HCQ mas zinc propuesto por Didier Raoult, apoyado por un estudio de 3700 casos, todo ello eliminado por los grandes medios porque elimiina la necesidad de la vacunación masiva. Dijeron que la HCQ era “la droga de Trump y Bolsonaro” y publicaron un estudio falso en The Lancet, que la revista tuvo que retirar humillada poco después, cuando comprobó que los autores no eran nada de lo que decían, y que era todo trucho. Pese a todo, esa obvia campaña interesada de prensa logró que no se usase la HCQ cuando podría haber ayudado, y que la mayoría de médicos sigan creyendo, incluso en Uruguay, que es nociva o que su efectividad no está comprobada (porque los médicos, igual que todos los demás, son sensibles a las campañas de este tipo). Así se controla el discurso.

El autoritarismo del discurso de pademia se reviste de coartadas políticas. Básicamente el que quiere pensar por si mismo, investigar, y defender la libertad de los demás y la propia, es “de derecha” o directamente algo así como un nazi- Yo pensaba que estábamos en una democracia, pero al ver el clima discursivo que se está instalando esta semana tiendo a pensar que el espacio democrático está seriamente comprometido. ¿Cómo se puede dar un debate real en estas condiciones? A la gente se la ha instruido luego de un año de repetirle todos los días lo mismo, sin la menor crítica ni relativización, que el que diga lo contrario no debe ser escuchado.

¿Cómo ve el futuro pos-pandemia? ¿Cree que nos estamos volviendo cada vez menos críticos?

No lo sé. Hay muchos futuros posibles. Yo soy optimista. Desde luego no creo en ninguna vuelta a la normalidad. Y eso para mí es algo bueno: no volvamos al 2019, inventemos entre todos algo mejor. El problema es que para ello tenemos que empezar a pensar por nosotros mismos y someter a crítica las mentiras a que la pandemia dio lugar, y el avance de autoritarismo y control. Quizá lleve un tiempo llegar ahí, pero yo soy optimista.

La vacuna se vende como algo fundamental para… no se sabe para qué. La gente cree que la vacuna le garantizará el regreso a la normalidad, pero es difícil que eso realmente ocurra. Si ocurre, será un regreso efímero, quizá en junio, seguido más adelante por más incertidumbre, y quizá más medidas, quizá debido a otros asuntos nuevos que se crearán entonces. Solo sabemos que es moralmente obligatoria, pero no sabemos mucho más (las compañías fabricantes mismas no lo saben, y lo dicen abiertamente. El MSP lo ha dicho abiertamente también, aunque nadie lo lee y los medios no lo publican). No sabemos si protegen contra la infección o si solo ocultan los síntomas; no sabemos si esos efectos duran un mes, o seis, o diez años; no sabemos, sobre todo, cuál es su nivel de seguridad en el mediano y largo plazo.

Pero todo esto tiene un lado bueno: pasada la furia de estos meses, o años, habrá que hacer un balance, y muchas de las formas en que nuestro sistema de gobierno se volvió más opaco, muchas de las formas en las que los poderes globales (me refiero a corporaciones + burocracias internacionales + organismos financieros) controlan a los poderes locales y les imponen sus agendas, muchas de las formas en las que el conflicto de intereses se convirtió en parte constitutiva de la empresa científica… todo eso será más claro para muchos más, espero. Ya está pasando.

Y por supuesto, los grandes medios deberán ver los resultados de lo que están haciendo ahora. No me refiero a que lo paguen con cárcel ni nada por el estilo: lo pagarán en lectores, en televidentes. Hasta que este discurso único se impuso, los noticieros de las 19 hs no era posible verlos salvo por alguien que tuviese una visión del mundo muy anticuada, o una educación tendiente a cero. Puro sensacionalismo provinciano y rapiñas, más notas de “color” totalmente inmirables. Sin embargo, ahora esos noticieros se volvieron importantes de nuevo. Esto es conseguido sobre la base de machacar con una “noticia” que supuestamente nos apela a todos como sociedad, y por tanto debemos de nuevo ponernos a mirar. Sin embargo, pese a esos niveles de audiencia incrementados, esos noticieros han sido la herramienta principal del discurso oficial, del disciplinamiento de la gente en el terror, del ataque al vecino, de la falsificación y simplificación de la ciencia, de la exhibición de “expertos” de escasa o nula trayectoria anterior que se limitan a incrementar el pánico, etc. No han informado: han desinformado. Lo mismo hacen los programas de “debate” de la tarde.

¿Cuál será el balance que haga la gente de todo esto con la perspectiva correcta de tiempo y nueva información?

Para mi esos medios tradicionales están muertos. Son muertos que hablan. Ahora están apostando a hacer un discurso único y deslegitimar o censurar toda visión crítica, como forma de mantener o recuperar algo de la audiencia que internet les viene quitando hace 25 años. Pero lo de internet es imparable. La información de calidad está exclusivamente en las fuentes independientes de la web. Y para eso es imprescindible mantener la web abierta y sin censura. Que la internet se haya censurado a niveles desconocidos durante 2020 es otro síntoma de esto que le digo: se está intentando frenar y revertir la libertad informativa de la web, bajo la excusa de que es “informaciòn falsa”. Los que empujan este movimiento anti libertad de expresión son el New York Times, el BBC, Reuters, EFE, etc., es decir, los antiguos medios tradicionales dominantes, que quisieran recuperar su rol como fuentes principales de credibilidad. Ellos inventaron los “fact-checkers” como herramienta también para esto. 

Esa es la batalla principal hoy: por la legitimidad informativa. La censura nunca fue un modo aconsejable de aumentar la credibilidad, porque la censura siempre pierde a la larga. 

Esa es mi sugerencia a los periodistas honestos que queden en los grandes medios: el primer gran medio que se dé cuenta que la verdad y la independencia siempre son el mejor camino, ganará niveles de audiencia inconcebibles. La gente está sedienta de información sólida e independiente, y se da cuenta de donde está esa información. Lo digo porque lo sé directamente, por los niveles de lectura que tiene eXtramuros, casi sin promoción y sin un peso. Pero claro, el gran medio que se dé cuenta de que vale la pena este camino hacia lo verdadero e independiente tendrá que prepararse para aguantar los ataques que le harán los demás medios “sistémicos”, que no pueden jugarse a la verdad porque están demasiado comprometidos con el discurso oficial del sistema, y con el dinero global/local que los financia de un modo u otro.


Compartir