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Si hay un mito histórico donde el Uruguay asentó su excepcionalidad como país en América, es haber representado objetivamente una sociedad donde la educación y la excelencia académica siempre significaron, de forma real y simbólica, uno de sus pilares. Luego de tres gobiernos de la izquierda -que se consideraba a sí misma la fuerza más idónea para manejar el tema-, he aquí algunos elementos para una revisión. 

Por Roberto de la Rosa

De todos los ámbitos en los cuales la izquierda se encontraría al llegar al poder, pocos le resultaban tan familiares y cómodos como el ámbito educativo. Es que la izquierda, durante un largo tiempo, había construido allí amplios espacios de control, ya sea político, sindical, pero sobre todo cultural y simbólico. 

Estos ámbitos culturales de la educación y la cultura representaron para la izquierda uno de sus espacios más potentes y consolidados, a partir de los cuales construyó un predominio cultural hegemónico y poderoso en la sociedad. 

Faltaba, según la izquierda, que esta ostentara el poder para llevar a cabo las reformas educativas que el país necesitaba para ubicarlo nuevamente en un sitial de privilegio. Ellos sabrían cómo hacerlo, tenían los mejores planes, las personas más preparadas, los mejores diagnósticos, dominaban sus ideas los ámbitos académicos, y contaban con un amplio respaldo social y político. La educación, era cosa de la izquierda.

El gobierno de Tabaré Vázquez comenzó su política educativa implementando el celebrado PLAN CEIBAL, el que configuró una importante burocracia especializada, con el fin de universalizar el acceso a productos informáticos y conectividad a los estudiantes del sistema. 

Obtenido el poder, el gobierno llamó a un Debate Educativo Nacional que se instaló en 2005. Allí se congregaron las organizaciones sociales, gremiales, culturales y educativas a volcar sus propuestas acerca de los caminos que debería tomar la educación a través de un sitio web. Los resultados, los pueden buscar allí, si es que logran acceder: las propuestas fueron tan variadas, contradictorias e incluso delirantes, que el gobierno finalmente optó por no utilizar esa herramienta para modelar los cambios educativos.

En el inicio del gobierno de José Mujica, el presidente entrante plantearía el tema educativo como una prioridad fundamental (ver minutos 0:30 a 0:37) El aumento del presupuesto y la creciente participación gremial en el gobierno educativo parecían el camino eternamente deseado por la izquierda y presentado como solución.

 Los cambios educativos no representaron ninguna mejora en el sistema, e incluso este empezó a experimentar un notorio deterioro en los contenidos, aprendizajes e institucionalidad, y las autoridades solo podían mostrar resultados estremecedores de decadencia educativa. Al finalizar el gobierno de Mujica, los resultados evidenciaban una crisis profunda (ver minutos 0:11 a 0:34) en la educación.

Estos resultados catastróficos habían significado fuertes enfrentamientos entre el gobierno y los gremios docentes, ya que estos últimos denunciaban constantemente que los resultados de las políticas aplicadas solo trajeron mayores niveles de repetición y deserción, y que las autoridades presionaban constantemente a los docentes para que bajaran los niveles educativos con la finalidad de obtener porcentajes mayores de aprobación: es decir, maquillar los resultados a través de empobrecer a la educación

Estas practicas continuarán en el segundo gobierno de Tabaré Vázquez, siendo denunciadas en varias ocasiones por docentes, padres y autoridades. 

El presidente de la Asociación de Docentes de Educación Secundaria (ADES), Luis Martínez, sostenía en diciembre de 2017  que «entre la baja de las exigencias y los cambios de reglamento de pasaje de grado» se está llevando adelante «una estafa, una mala praxis educativa«. Como respuesta, las autoridades apelaron siempre a culpar a los docentes de los magros resultados y negaron las presiones.

Mujica, finalmente, reconocía su fracaso en realizar los cambios necesarios en el sistema educativo

Se esperaba que en el gobierno de Vázquez las cosas se transformaran de verdad. Asomaba nuevamente la Educación como centro del debate político frente a las elecciones de 2015 (ver por ejemplo minutos 1:10 a 1:50).

Incluso connotados agentes culturales de la izquierda como Gerardo Caetano ponían el grito en el cielo sobre la inocultable crisis educativa. (minutos 5:13 a 5:28)

Se hablaría del famoso “cambio de ADN en la educación”.

Tabaré Vázquez presentaba así su plan de cambios profundos, los cuales contarían con la conducción intelectual de Fernando Filgueiras y Juan Pedro Mir, la conducción política de Wilson Netto, y de la flamante ministra de Educación, Maria Julia Muñoz (ver minutos 0:00 a 0:15).

Las cosas se deterioraron rápidamente a partir de una secuencia interminable de malas decisiones, desastres, renuncias, manipulaciones y luchas por el poder político.

Los conflictos sindicales del sistema educactivo acabarían con el fracasado decreto de esencialidad de agosto de 2015 y con la desocupación del Codicen por parte de las autoridades en medio de acusaciones de violencia , y represión.

En fin, los conflictos entre los actores políticos, técnicos y sindicales de la izquierda, llevaron a que rápidamente fueran separados de su cargo los “hacedores” del tan publicitado cambio de ADN (ver minutos 0:03 a 0:23)

A la renuncia de Mir, se agregó el alejamiento de Filgueira. Al poco tiempo de renunciar, Filgueira -que había sido presentado como uno de los revolucionarios transformadores del ADN educativo en la campaña del 2015-, planteaba en una entrevista televisiva que el desempeño en la tasa de egreso de secundaria en Uruguay era de los peores de la región, sólo superando a Guatemala, Nicaragua y Honduras.

 Se puede ver en esta nota de El País gráficas que ilustran lo anterior.

Ante los continuos fracasos y los escándalos por luchas de poder internas, el gobierno apostó a las figuras de Maria Julia Muñoz y Wilson Netto para lograr los cambios significativos en las metas promocionadas en la campaña electoral. Mostrar datos de mejoría parecía ser el plan desde allí hasta el fin del gobierno.

Es aquí donde la idiosincrasia de la izquierda local se empezó a mostrar de forma diáfana: por un lado, la izquierda cultural pregonará que las pruebas Pisa son un arma del imperialismo, y funcionales al “mercado de trabajo y la privatización” lo que dio lugar a ocupaciones de liceos, intentando evitar su aplicación

Ante estas nuevas pruebas, WiIson Netto (comparado por Muñoz con José Pedro Varela) salió a presentar como un éxito los datos recabados al respecto. A los pocos días, las autoridades tuvieron que desdecirse de sus planteos: habían realizado una lectura apresurada de los mismos, que no arrojaban mejoras significativas en sus resultados  (ver minutos 0:09 a 0:29).

El deterioro educativo vino acompañado, en el discurso oficial, de una abierta hostilidad a la educación privada, y se propuso en varias oportunidades frenar el desarrollo de las opciones que la sociedad civil plantea como alternativa. 

Esta defensa contrasta con algunas prácticas que la administración del estado permitió a sus funcionarios. Una de ellas es el sonado caso donde el  MEC destinó cerca de 800.000 dólares en financiar educación privada a sus funcionarios

En definitiva: la educación estatal es buena para la ciudadanía, pero mala para los funcionarios del estado.

Después de 15 años de gobiernos de izquierda, la educación en Uruguay ha profundizado su tendencia negativa.  En este sentido, el estancamiento de la educación, la falta de innovación, incentivos a la excelencia y a la cultura del desarrollo académico, sus problemas institucionales y el crecimiento de la brecha educativa entre los diferentes sectores sociales y el uso de los centros educativos y de formación docente como espacio de adoctrinamiento ideológico y promoción de relatos oficiales apologéticos de la izquierda, son lastres con los que el Uruguay cargará en el futuro, inevitablemente.

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