PORTADA

Por Aldo Mazzucchelli

Luego del mea-culpa público de Gabriel Pereyra, del que ya nos ocupamos con el respeto que merece, intenta terciar en el asunto Gerardo Sotelo, hoy en carácter de -según él mismo elige firmar- “Presidente del Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional. Director de Canal 5”.

En una nota institucional colgada del sitio respectivo, desarrolla un conjunto de ideas que podría considerarse intentan funcionar como una suerte de asesoramiento no solicitado en materia de ética periodística. No solo asesora de modo no solicitado a Gabriel Pereyra, a quien le explica que cuando confiesa haber censurado, Pereyra no sabe lo que dice. Es más: implica que Pereyra hizo bien censurando. Además, también nos asesora a quienes pensamos distinto sobre todo este tema. Sin perjuicio de ello, luego se dedica a insultarnos a mansalva e indiscriminadamente.

En su intentona de aparecer como una especie de árbitro autoelevado o consejero de lo que en realidad es una discusión pública libre -después de tanto tiempo, hubo la semana pasada en Uruguay microrretazos de algo que se parece a eso, en medio del espesísimo silencio periodístico que rodeó a la confesión de Pereyra-, Sotelo plantea una serie de disyuntivas, que están -no creo que de modo deliberado- llenas de trampas y falsedades ocultas, lo mismo que el resto de los argumentos que quiere avanzar. 

Concentrémonos en la que es acaso la principal de esas disyuntivas, para ilustrar el esfuerzo de Sotelo por pensar sin tener en cuenta los datos finos del problema que quiere pensar -los que obviamente ignora con autodeclarada perfección-, y para exhibir su inevitable fracaso en tal empresa.

La construcción de un hombre de paja

Dice Gerardo Sotelo, Presidente del Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional, y Director de Canal 5: 

¿Es verdad que hay un virus y una pandemia o se trata de una invención, una campaña deliberada de los dueños del mundo para esclavizarnos? 

Esta disyuntiva, madre de todas las otras, está formulada de un modo profundamente simplificador y equívoco. Es equívoco Sotelo con él mismo, por ignorancia con seguridad, y lo es con sus lectores. Su pregunta reafirma y normaliza una forma infantil de aproximarse al problema. La primera parte de la disyuntiva Sotelo arranca diciendo:

¿Es verdad que hay un virus…?” 

Hacer esa pregunta ya implica dividir el mundo en dos: gente que “cree en el virus SARS2”, y gente que “no cree en el virus SARS2”. ¿Qué hace Sotelo con todos los críticos de las políticas pandémicas a quienes nos consta que existe una nueva variante (el SARS2) de coronavirus modificado genéticamente? ¿Qué hace con quienes jamás, ni una vez, negamos la existencia del SARS2 y de una nueva condición conocida por Covid19? 

Para Sotelo, lo único que cabe es ser un “lunático” como dirá luego, y negar de plano la existencia del nuevo virus y la nueva enfermedad, o ser un hombre serio como él y tantos más que “siguen la ciencia” y la “crítica racional” (sobre el uso de la palabra “ciencia” por Sotelo hablaremos más adelante). 

De modo que, según Sotelo, solo cabe “negar la existencia del virus”, o aceptar todas las falsedades, maniobras y políticas criminales impulsadas por el sistema farmacéutico/médico/político al respecto desde comienzos de 2020. [1]

¿Por qué tiene que ser esa la alternativa?

Porque si no es esa, Sotelo está en problemas. Tiene que ponerse a pensar, a investigar un poco más en serio, y, sobre todo, Sotelo tendría -de llegar a conclusiones similares a las que llegamos quienes hemos buscado información alternativa de fuentes respetables y múltiples sobre este tema-, quizá que ponerse en la oposición al sistema que le da de comer. Y como Sotelo se ha convertido en un funcionario (es decir, ahora responde a políticas sistémicas, y por tanto ya no es un periodista independiente, porque ambas cosas son incompatibles), Sotelo no puede arriesgarse a ir a ese lugar donde las preguntas se formulan en serio, y son matizadas y complejas. Para él, o aceptás “la ciencia” (oficial), o negás el virus y los enfermos y todo lo demás. Eso tranquiliza a Sotelo, pero es un pésimo ejemplo de pensamiento.

***

Antes de ocuparnos de la segunda parte de la disyuntiva Sotelo, llamemos la atención sobre el inciso “y una pandemia” (“¿Es verdad que hay un virus y una pandemia…”), adosado como si no hubiese nada que explicar a continuación de la existencia o no del virus. Otra vez piensa sin delicadeza Sotelo. ¿Por qué conectar automáticamente la existencia del virus y la de la pandemia? 

Puede haber un virus, y no haber una pandemia. De hecho, en mi discutible opinión, es lo que pasa. Un virus y una condición sanitaria que lleva a alguna gente a sufrir determinados cuadros clínicos, puede ser un hecho. Declarar una “pandemia”, mientras tanto, es una decisión política que involucra términos de definición arbitrariamente estipulados por organismos burocrático-políticos como la OMS. Por tanto, no hay ninguna necesidad de poner una conjunción que, como hace Sotelo, confunde la existencia del SARS2 con la existencia de la pandemia. 

Una pandemia importante fue, por ejemplo, la llamada gripe española de los años 1918 y siguientes. Mató alrededor de 50 millones de personas -cálculo conservador. Otros estiman 80 millones, y otros aun más. 

Esta “pandemia” de hoy, mientras tanto, no se sabe cabalmente a cuánta gente habrá matado. ¿Por qué decimos esto? Porque desde marzo de 2020 se ha decidido (definido e impulsado por la OMS y aplicado por sus estados miembros) que debe modificarse el repertorio de causas de muerte en el certificado de defunción, agregando un código para Covid19, y que debe reportarse a todo fallecido por cualquier causa con un test PCR positivo como muerto Covid19. Desde luego el problema de las causas de muerte es extremadamente complejo y siempre lo ha sido. Pero no puede negarse que hay una definición política que es reportar como “muerto Covid19” a todo muerto con un PCR positivo. Y sabemos que es protocolo de todos los hospitales testear con PCR a todo ingresado, siempre, y a veces más de una vez (se han practicado, nos consta, hisopados post-mortem para ver si había suerte con esa última apuesta). Y sabemos que, empleado como se lo hace para “diagnosticar Covid”, el test PCR es demostradamente fraudulento, como lo ha establecido finalmente un grupo de revisores independientes que pulverizó sin levante el único estudio legitimador para ese uso novedoso del PCR. 

Por lo tanto, muertos por infinidad de condiciones desde cáncer a fallo generalizado por edad avanzada, gripes complicadas con neumonías y demás, problemas cardiovasculares, etc., todo eso, ha sido sistemáticamente informado por SINAE y los canales de televisión (incluido el que maneja Sotelo) como “muertos Covid-19 de hoy”. Pues los canales toman la existencia del código correspondiente con independencia de si es primer causa de muerte, o una concausa de cualquier nivel. Todo eso cae en la nada sutil bolsa “muerto Covid”. 

También se informó como “muertos Covid19” a muchos de los ciudadanos asesinados por la vacuna, es decir, gente antes sana, de cualquier edad, que luego de vacunarse entraron en un espiral de malestar, enfermedad, y muerte, dando PCR positivo. Y a unos cuantos que después de vacunarse tuvieron enfermedades cardíacas repentinas, sin antecedente conocido ni causa conocida, y que murieron de infartos o ACV. (Se acaba de denunciar un aumento del 500% en la muerte súbita de atletas FIFA. En Uruguay las muertes súbitas de personas jóvenes y sanas, atletas o no, no pueden tener, oficialmente, nada que ver con la vacunación. Por tanto, no se las investiga.) Esos muertos súbitos y jóvenes también fueron por ende ignorados como muertos por vacuna. Y otras veces (si dieron positivo al PCR) reportados como “muertos Covid-19”, y entraron en la grosera estadística de 5.000 muertos solo en Uruguay desde que se empezó a vacunar hasta julio de 2021, sobre la que ninguna autoridad médica o política siente la necesidad de preguntar nada, atribuyéndolo todo a una “nueva variante” que, misteriosamente, coincide en su aparición, en cada país del mundo –ver el gráfico al inicio de esta nota-, con el inicio de la vacunación. 

Aun así, después de dos años de esta política declarativa fraudulenta, esta “pandemia” habría “matado” (sabemos que no es así) a unos 5.000.000 de personas, de casi ocho mil millones que tiene el mundo. Esto es, ha muerto “por la pandemia” el 0.064% de la población mundial. 

Es decir, pandemias eran las de antes -recordemos la dimensión de la gripe española, con 50 millones de muertos en un mundo de poco más de mil millones por entonces. Esto de ahora, dimensionado comparativamente, podría no calificarse de pandemia. Sería más bien un gigantesco circo político apoyado en la existencia real de un virus de escasísima letalidad real. Basta observar la cantidad de comorbilidades (más de dos comorbilidades para más del 90% de los fallecidos en algunos estudios serios y amplios como este de 7500 casos que ofrecimos en castellano gratuitamente al público hace un año y medio), y las edades de los fallecidos (muy frecuentemente por encima de la expectativa de vida), basta ver que la enfermedad se ha cobrado la mayoría de sus supuestas víctimas en países de alto nivel de vida -lo que en general coincide con tener una población relativamente más envejecida-, para entender que esto no sería una “pandemia” salvo porque la OMS y los medios de comunicación y quienes dictan políticas a este respecto así lo han decidido, coordinada y claramente, desde comienzos de 2020. 

***

Vayamos ahora sí a la segunda parte de la disyuntiva Sotelo. Recordemos que dice esto: “¿Es verdad que hay un virus y una pandemia o se trata de una invención, una campaña deliberada de los dueños del mundo para esclavizarnos?

Hasta un niño se da cuenta que poner “una campaña de los dueños del mundo” es faltarle el respeto al lector.

Llamar “dueños del mundo” a un conjunto de intereses muy reales, de existencia absoluta y largamente demostrada, y que siempre han hecho lo mismo -matar por poder y dinero-, pero que además declaran abiertamente sus intenciones y sus métodos, es ignorar deliberadamente el análisis de las causas plausibles de algo que nos afecta a todos. 

Sotelo sabe que al decir “dueños del mundo“, en lugar de analizar quién definió qué, cuáles son los intereses intrincados que intervienen en ello, y cómo se coacciona al sistema médico, a los políticos y figuras públicas -entre ellas el mismo Sotelo, víctima en esto- para que sumen a ese discurso sistémico de la farsa pandémica, lo que se hace es ocultar, por infantilización, la existencia de esos intereses. Los intereses son de los financiadores de las grandes compañías farmacéuticas -Wellcome Trust, Bill & Melinda Gates Foundation, y grandes administradoras de fondos de inversión como Blackrock, Vanguard, etc.- intereses articulados en burocracia global a través de GAVI, o de CEPI, entre otras, bajo el paraguas fundamental de la hipercorrupta OMS.

Los intereses son de las grandes compañías farmacéuticas. Lo son también de la industria de la salud, en estos dos años receptora de una cantidad de fondos públicos bajo el pretexto de que se hace para paliar la supuesta emergencia de la “pandemia”. Son los de diversos agentes políticos locales que, en países importantes como Estados Unidos o Brasil, aprovecharon el montaje de la “pandemia” para crear condiciones políticas y discursivas excepcionales y usarlas a su favor. Y son otros intereses más amplios y convergentes, como los de buena parte del sector tecnológico:

A ello se suma -y esto interesa destacarlo especialmente- el interés reaccionario de los viejos medios de comunicación tradicionales (en el mundo y en el país) que venían perdiendo casi toda su audiencia -incluido el canal que dirige Sotelo- a manos de la nueva comunicación, más libre y de mejor calidad, posibilitada por las nuevas tecnologías de la información. Esta liberación de voces y este arrebatarle a los grandes medios su control discursivo no es algo que la envejecida “industria” del periodismo tradicional, y sobre todo quienes la usan para intentar controlar discursivamente a amplios sectores de la población, pudiese tolerar sin hacer nada. La “pandemia” ha representado pues una gran oportunidad para, en base a un “estado de guerra” y un discurso de miedo simplificador, retomar sectores de audiencia -y el dinero de anunciantes que viene detrás- que por un tiempo al menos sintieron que era imperioso estar “informado” sobre lo que estaba pasando.

Y son esos mismos medios tradicionales globales y locales los que, como Sotelo, legitiman e impulsan el discurso censurador de las voces alternativas a su discurso hegemónico en las redes sociales y los blogs y medios alternativos. Reaccionario es ese movimiento, y no es heraldo de ningún futuro, sino un resabio del viejo esquema de la comunicación controlada piramidalmente, que está en vías de ser barrida de la faz de la tierra. Pero aun resiste. La tecnología es imparable y corre a favor de quienes seguimos impulsando la libertad de palabra en su máximo nivel y expresión, no a favor de los censuradores ni de la teoría de un discurso único inundado sobre la gente por un grupo de medios globales cuya credibilidad disminuye, para más y más gente, con cada día que pasa. 

De modo que nada de “dueños del mundo” ni ninguna infantilización parecida. Si Sotelo tuviera una hora de su día para dedicarle a los entresijos del asunto, lo invito a que repase -entre otras- la nota “¿Quién dirigió la respuesta global a la crisis del COVID?”, construida en base a mi propia lectura de los emails privados de Anthony Fauci liberados gracias a que en Estados Unidos aun hay remedos de justicia, a veces. Y verá que no son “los dueños del mundo”, sino intereses, personas, y estrategias muy concretas, que por razones bastante claras, han impulsado las políticas criminales que ahora Sotelo sin quererlo defiende. Se puede rastrear en muchos casos hasta el día y la hora en que se tomaron decisiones que definieron todo lo que está pasando, a lo cual quien firma y Sotelo estamos tan sometidos, contra nuestra voluntad, como cualquier otro ciudadano de a pie. En lugar de buscar un poco de solidaridad con las espantosas consecuencias de esta farsa, Sotelo elige ponerse la camiseta de los agresores. Asumo que no hay mala intención en ello, pero es lo que ocurre.

De modo que Sotelo se tranquiliza construyendo un hombre de paja, para luego proceder a quemar ese hombre de paja en público y tener el 100% de razón. Así cualquiera.

Otras disyuntivas de Sotelo

La recién discutida “disyuntiva Sotelo” es nada más que un ejemplo, especialmente triste por la jerarquía institucional de quien la formula, de cómo ha procedido el discurso oficial sobre Covid-19 en Uruguay. Los demás ejemplos de disyuntiva que nos ofrece Sotelo son igualmente tristes. Enumero otras de las absurdas y tediosas falsas encrucijadas ante las que pone a sus sufridos lectores:

– “¿Es algo parecido a una gripe o una patología con características singulares y preocupantes?

No solo no es parecido a la gripe salvo porque ambas, en estadios graves, pueden ocasionar falta de oxigenación, sino que –de acuerdo a investigaciones médicas actualizadas sobre la que existe razonable consenso en la profesión médica– se trata de una enfermedad inflamatoria generalizada, generadora de microtrombos que son los responsables por la obstrucción del intercambio de oxígeno a nivel de los alvéolos pulmonares. Pero también de un sinfín de complicaciones en, potencialmente, muchos órganos del cuerpo afectados por tales procesos inflamatorios. De todo ello no se sabría nada si médicos independientes -los verdaderamente científicos, que son pocos- no hubiesen buscado fuera de los protocolos impulsados por OMS y gobiernos a comienzos de 2020 basados en la intubación compulsiva de pacientes. Estos médicos siguen denunciando las presiones, censura, y protocolos absurdos a que se viene sometiendo a la práctica médica desde hace casi dos años, como publicamos en este número.

Pero además, está bien que Sotelo pregunte por la gripe. Pues desapareció del planeta junto con la aparición del Covid. ¿Cómo se explica? Si sólo busco objetos puntiagudos en una caja, sin distinguir entre tornillos y clavos, encontraré sólo objetos puntiagudos. Dejar de considerar la existencia de la gripe, y calificar a todo enfermo de complicaciones de gripe (que es una enfermedad seria en algunos casos, y siempre lo ha sido) como neumonías y demás, como “enfermo de Covid”, aumenta sensiblemente la cuenta de muertos “por Covid” (recuerde Sotelo: todo enfermo con un PCR positivo; y un PCR fraudulento, corrido a 35 ciclos y más, da falso positivo una enormidad de veces) -así como aumentan la recaudación de la industria sanitaria las compensaciones ofrecidas en muchos países, por fuera del Tocaf y de todo control, y bajo la etiqueta de “emergencia”, a los sistemas y empresas médicas por “luchar contra Covid”. Todo eso ayuda a hacer desaparecer la gripe.

-“¿Se evita el contagio con las medidas restrictivas que sugieren y aplican las autoridades y con la inoculación de las vacunas disponibles o todo esto es parte del mismo plan siniestro de dominación global?” 

No se evita nada, desde luego, con una mascarilla ni con las vacunas. Sotelo lo ignora porque prefiere quedarse con la idea, supongo, de que hay por ahí algún paper aislado que demostraría la utilidad de las mascarillas, e ignorar a la vez la existencia de muchos estudios de revisión que comparan rigurosamente los resultados de todos los estudios serios existentes, entre ellos este último del 8 de noviembre firmado por científicos de Harvard, Bentley, UCSan Francisco, y Universidad de Colorado, que demuestran que las mascarillas no sirven de nada en el caso. [2]

¿Y sobre la eficacia de las vacunas? No, tampoco han servido para algo positivo -salvo para llenar las arcas de BigPharma. Sobre esto podríamos inquietar las certezas monolíticas de Sotelo exhibiéndole aquí la estadística de casos y muertes en países “muy vacunados”, como el Reino Unido o Israel. 

Nuevos casos Covid 19 por día, Reino Unido

Sobre que la vacuna previene contraer Covid, aquí encima tiene el lector la gráfica de infectados Covid-19 en el Reino Unido, al día de hoy. Como el lector puede ver, los infectados crecieron exponencialmente (como en todos lados) a partir del inicio de la vacunación (diciembre-enero, donde tenemos el pico absoluto), y ahora, que 9 de cada 10 personas mayores de 12 años en el Reino Unido están vacunados (dato de ayer de la fraudulenta BBC, tómelo como le parezca), tenemos un pico de infecciones que no cesa. Es decir: o todos esos infectados desde julio de 2021 son el uno de cada diez no vacunado, cosa que es perfectamente falsa, o la vacuna no sirve de nada, pues a ocho o diez semanas de recibirla, usted hierve de Covid como si nada.

¿Cómo puedo afirmar que son los vacunados quienes mueren con mayor frecuencia? Lo dice el propio NHS, el servicio de salud británico. He aquí los datos. Hablando de la “variante Delta” (imposible distinguirla, sintomáticamente, de los efectos negativos de la vacunación) entre el 1 de febrero y el 12 de setiembre de 2021 “se registraron 160 muertes entre la población parcialmente vacunada, 722 muertes entre la población no vacunada y 1.613 muertes entre la población totalmente vacunada.” Los argumentos de “es más probable entonces morir si no estás vacunado” deben tener en cuenta que la vacunación aseguró al público inmunidad contra Covid severo, ni qué hablar contra la muerte. Esa promesa no se ha cumplido, en absoluto. He aquí el cuadro que nos interesa, en Inglaterra:

Concurrencia a cuidados de emergencia, y muertes de casos Delta secuenciados y genotipados en Inglaterra, según status de vacunación (1 de febrero al 12 de setiembre de 2021)

Esta es la fuente completa.

¿Quiere ver Israel, el país enarbolado como modelo por Pfizer? Aquí lo tiene: 

Nuevos casos Covid 19 por día, Israel

En Israel, un país de amplísima cobertura en materia de vacunas, ha habido, el mes de setiembre y octubre con todo el mundo vacunado completamente, el más grande pico de casos hasta ahora. Y ha habido también, y esto pulveriza la idea de que “la vacuna no te evita la enfermedad pero sí la muerte”, un nuevo pico de fallecimientos por Covid, que equivale al segundo peor desde el comienzo del asunto. El peor, como siempre, fue en el momento siguiente a vacunar. Compruébelo el lector:

Muertos por Covid19 por día en Israel

El lector catequizado puede protestar todo lo que quiera contra estos porfiados hechos, inventarse “variantes” ad hoc que lo ayuden en su empeño, y acusar al mensajero. Los datos están ahí. Y las propias compañías de vacunas y el propio Anthony Fauci (uso una fuente insospechablemente oficial: Yahoo) admite ahora que las vacunas no inmunizan a quien se las pone. [3]

De alguna manera misteriosa, se nos sigue diciendo que igual es mejor ponérselas, y que hay que ignorar la avalancha de efectos secundarios y muertes que acarrean en los más vulnerables.

Es decir que las vacunas (admitido por Pfizer, por ejemplo) “pierden eficacia luego de dos meses”. ¿No lo cree Sotelo? Le ofrezco una fuente que supongo confiable para su visión del periodismo mundial: CNN

Una vacuna que dura dos meses, admitido hasta por la CNN. Esto debería ser un escándalo global. No he escuchado a ninguna autoridad sanitaria del país referirse a esto. En lugar de ello, ahora recomiendan la inoculación de los niños.

Ignoran toda la investigación que, en avalancha, está publicándose durante este año. Decenas de papers que analizan y explican los daños causados por la vacuna y sus mecanismos. Tomo este resumen de una exposición de setiembre 8, ya antes citada. Según por ejemplo Lei et al (2021); Aboumianakis y Filipattos (2020); Obes (rev), la proteína spike que está demostrado circula por el cuerpo luego de la vacunación, genera al unirse al receptor ACE2 desregulación endotelial, alteración mitocondrial, apoptosis, y alteración del sistema renina-angiotensina. Según Solopov (2021) “una sola dosis endotraqueal de spike induce daño pulmonar“; según Ratajzac y Kuzia (2020) la desregulación de ACE2 por spike activa el inflamasoma; según Robles et al (2021) spike induce inflamación del endotelio de manera severa al sobreexpresar el factor de transcripción NFKB. El papel de la desregulación de ACE2 en la hipertensión, la desregulación renal y cardíaca se conoce al menos desde 2007 (Hamming et al, Journal of Pathology); la desregulación de ACE2 por la proteína spike se conoce al menos desde 2010 (Glokawa et al, Journal of Virology); el efecto pro inflamatorio severo de la proteína spike se conoce desde al menos 2009 (Dosch et al, Virus Res; Weng et al, Virus Res).

Pese a esos conocidos efectos, todas las vacunas de diferentes plataformas tecnológicas se han concentrado en esa proteína spike, y su introducción al cuerpo o la estimulación para que el cuerpo mismo la produzca constituye una agresión cuyos síntomas son indistinguibles de los síntomas del Covid19 -puesto que ellos son en ambos casos la consecuencia de los procesos antes descritos. De ahí que se afirme persistentemente por decenas de papers publicados desde hace meses, que la vacunación genera la enfermedad en distintos grados de severidad dependiendo de múltiples factores individuales.

La gravísima trombocitopenia trombótica inducida por vacuna (VITT) ha sido descrita por Greinacher et al (2021) y publicada nada menos que en el New England Journal of Medicine.

Este cuadro (tomado de una presentación de Karina Acevedo) muestra la comparativa de efectos adversos reportados a VAERS por vacunas contra Covid (514.270 reportes -es sabido que constituyen un porcentaje muy chico de los reales efectos adversos, la gran mayoría de los cuales nunca se reporta) versus los reportes de dos vacunas habituales (DTP y PHV). Para la cohorte de 6 a 17 años, la comparativa arroja 28 reportes de efectos adversos para DTP, 69 para PHV, y 19.171 (diecinueve mil ciento setenta y uno) para vacunas contra Covid (suma de Pfizer, Moderna, Janssen).

Fuente: Karina Acevedo Whitehouse en base a datos oficiales sistema VAERS

La única palabra en contrario de toda esta evidencia la aportan -con información parcial, de corto plazo, y habiendo eliminado los grupos de control (vacunándolos por “razones humanitarias”) de modo que no podemos tener resultados científicos efectivos- los fabricantes mismos, que lucran con la venta de estas vacunas. Y esa información de pésima calidad e inexistente confiabilidad la avalan las agencias reguladoras cuyos dineros y fondos, así como la financiación de los evaluadores en sus carreras privadas, viene normalmente en el mundo real, y a lo largo de todas sus vidas, de esos mismos fabricantes.

En general, la solución recomendada por los propios fabricantes y avalada por la hipermegacorrupta FDA a este gravísimo problema de vacunas que no inmunizan, solución digna de Cantinflas, es aumentar la dosis de lo mismo que no protege, sino que enferma. Y la versión oficial piensa que no hay nada que preguntar al respecto -y que debemos vacunar a los niños, que ni se enferman ni mucho menos mueren por Covid19. Y no, señora, señor, un “PCR positivo” en la clase de su hijo no es un niño enfermo: es un niño sano, o a lo sumo resfriado, con PCR positivo. Tampoco existen los “asintomáticos”, otro concepto fantasma creado ad hoc. Lo que hay es un aumento de testeos y de psicosis en los menores de 12 y entre sus padres, para preparar luego la aprobación de la vacunación. Marketing criminal. 

Respecto a niños y jóvenes, además de todo lo anterior, está el problema de la miocarditis y la pericarditis. Esto ocurre con mucha mayor incidencia en niños y adolescentes, porque ellos tienen una expresión sensiblemente más alta del receptor ACE2 en el corazón. Con lo cual, al circular una parte de la spike inoculada (o del material genético que induce su producción por el propio cuerpo) y llegar al corazón, se puede producir daño cardíaco y daño coronario. Cabe recordar que, en los seres humanos, las células cardíacas no regeneran. De modo que cuando necrosan, se forma tejido fibrótico que compromete al corazón de manera grave para el resto de la vida de la persona. No existe cura para los daños estructurales causados por la miocarditis.

En el Reino Unido se ha informado de un incremento de 400% en las muertes por miocarditis este año 2021 en niños varones.

No informar de este riesgo a los niños y adolescentes a los que se quiere vacunar, es el marketing criminal referido, en el que están abiertamente comprometidos grandes medios de este país, las sociedades médicas involucradas, y otros agentes interesados, o comprometidos con la ortodoxia Covid.

Sigue el Director Sotelo:

-“¿Es necesario vacunarse para protegerse y proteger a los demás o hacerlo supone exponerse a riesgos sanitarios innecesarios, además de a nuevas formas de vasallaje?” 

– “Vacunarse para proteger a los demás”… “vasallaje…” El sinsentido absoluto de las frases me eximiría de comentarios. Para empezar, el que se vacuna se protege(ría) exclusivamente a sí mismo. Sólo que no se protege, porque como lo hemos mostrado recién, se enferma igual. Ha habido miles y miles de casos de vacunados que luego “tuvieron Covid” en el Uruguay, millones en el mundo. ¿Cuál es el argumento para explicarlo? “Menos mal que me vacuné, sino mi Covid habría sido aun más grave”. Explicación que carece de lógica, pues el que emite semejante explicación no tiene idea de si se hubiera enfermado alguna vez en caso de no haberse inoculado él mismo la proteína spike, que como se ha mostrado es la que causa todos los problemas que conocemos. 

Pero además, cuando muere un vacunado, se agrega “y bueno, las vacunas no protegen 100%”. Es decir, para cualquier evento, siempre se inventará un “argumento” que parezca explicar lo que de todos modos una población mayormente hipnotizada por los medios quiere creer, aun a costo de su propia vida.

-“¿Es real o no que la inoculación provoca imantación, trastornos genéticos y otras patologías?

– Tal parece que sí, que lo es. Desconozco la explicación, pero me parece curioso que muchos de los vacunados emitan códigos MAC aun luego de apagar su celular, y que a algunos vacunados con esta y otras vacunas, se les peguen objetos. Y sobre esto es sobre lo que Sotelo también podría informarse, antes de descartarlo con una pregunta retórica. Lo que ocurre mundialmente es demasiado grave como para salir así del paso. La información sobra, el problema es haber decidido de antemano que hay dos bandos y que a uno no se lo debe escuchar, que está bien censurarlo porque sus argumentos no hacen sentido y son peligrosos. 

Parte de la retórica en la que se apoya Sotelo es la de “seguir la Ciencia”…  

Los periodistas no debemos ser ecuánimes entre lo falso y lo verdadero” -nos explica Sotelo. “Debemos consignar las contradicciones e incongruencias entre quienes sostienen puntos de vista razonables, constatables y responsables, pero no equiparar la verdad con la mentira, la incertidumbre con el caos y la crítica racional con el mesianismo irracional.

En todo caso, debemos volver cada tanto a la refutación de las mentiras (aquello que ahora llamamos, con afectación pasteurizadora, “fake”), a la advertencia sobre las consecuencias de las prácticas acientíficas (cuando estas sean significativas) y a echar una mirada, entre periodística y antropológica, a las conductas y las elucubraciones bizarras, sobre todo si con su validación se compromete la salud o la vida humanas.”

Sotelo nos asegura aquí que él puede determinar, de toda la ciencia, cuál es científica. Nos instruye sobre que solo determinada ciencia (la de las instituciones que lucran con la pandemia, BigPharma y sociedades oficiales) es atendible. Además, parece alinearse con la noción de “fake news” -aunque critica que se lo diga en inglés. En plena circularidad, Sotelo admite que esas “mentiras” serán lo que sea que agentes mediáticos comprometidos con la farsa global definan como tal. Esto nos hundiría en un pantano de acusaciones cruzadas acerca de la verdad o falsedad de lo que los medios controlados por la progresía global emiten como discurso único desde hace años.

Esa progresía está compuesta en su mayoría de políticos y burócratas que obtienen su poder de una servil alianza discursiva con los grandes medios, y la academia, lo que Mencius Moldbug llama “la Catedral” que ha construido la narrativa hegemónica de “cambio climático”, “pandemia”, “centralidad excluyente de las políticas de derechos LGBT”, etc. que nos rige globalmente, lloviendo plata y directivas sobre los gobiernos de los Estados otrora soberanos. Solo los políticos que aceptan esa agenda pueden esperar credibilidad y buenas notas de esos grandes legitimadores masivos: medios unánimes y unánime academia. El resto serán calumniados y sólo se publicarán malas noticias y mentiras a respecto de ellos.

Esa progresía es la que, también, ha definido que hay que trazar una línea y demonizar y atacar a todos quienes críticamente no nos sumemos a ese menú de ideas generalizadas, y llamarnos de “negacionistas” cuando no de “fascistas”, “ultraderechistas”, etc. Cuando al mismo tiempo esa progresía apoya la censura a mansalva en las redes. 

En el mundo en que Sotelo y yo crecimos, los fascistas eran los censuradores, los que querían imponer una visión única y eliminaban la disidencia. Él cambió en esto, no yo. 

De paso, hace tiempo que digo: no veo dónde están los “liberales” en Uruguay. En lo que puedo ver y oír, hace casi dos años que están todos callados aceptando que a los demás nos bajen nuestras opiniones de YouTube, o nos impidan propagandear nuestros medios de prensa en Facebook, etc. No les interesa, ni denuncian nada. La censura, si es a aquel cuyas ideas ponen en riesgo la legitimidad profunda del sistema al que se deben, el sistema de la modernidad liberal occidental -que se cae a pedazos adelante de los ojos de estos mismos liberalotes pasados de moda- está bien. Eso -un silencio cómplice ante la censura de las voces disidentes- parece ser todo lo que va quedando del liberalismo a la criolla. 

Insulto al principio, insulto al final

Gerardo Sotelo, Presidente del Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional, y Director de Canal 5, que había iniciado su pieza con un insulto incrustado en el título, la termina con un conjunto de insultos y acusaciones sin fundamento:

“…Tampoco para practicar la indulgencia con los lunáticos, cuyo aparente desinterés y su autoproclamado altruismo pueden esconder las motivaciones más mezquinas, los procedimientos más retorcidos y las peores consecuencias.”

Este insulto final de Gerardo Sotelo pinta su actual posicionamiento de cuerpo entero. No le alcanzó con construir un hombre de paja para, enseguida, ganar la discusión sin jamás haberla -ni habérsela- permitido. Además, tiene que atribuirnos a los “negacionistas” “motivaciones mezquinas, procedimientos retorcidos”, y veladamente acusarnos de quién sabe qué “peores consecuencias“.

Recordemos que, efectivamente, su nota comienza con un insulto. La titula “El periodismo y los negacionistas“. Bien. “Negacionistas” eran, hasta hace poco, los negadores del Holocausto; ahora somos quienes buscamos información científica distinta a la de la OMS, Big Pharma, y los funcionarios que les hacen el coro presumiendo la inexistencia de intereses que no paran en muertos para avanzar sus metas de poder, influencia y dinero.

¿Cómo llega Sotelo a saber cuáles podrían ser las motivaciones de un escritor como quien firma, para empeñar su tiempo y su reputación en discutir con quien se ponga enfrente sobre los hechos profundos de esta “pandemia”? 

¿Qué he ganado materialmente hasta ahora con esto?

¿En qué puede haber beneficiado en concreto mi “carrera” como autor, o en la universidad? 

¿Qué tengo para perder y qué para ganar embarcándome en esta línea de investigación y publicación?

La respuesta, se lo digo en la cara a Sotelo, es: no tengo nada material para ganar. Pero tengo, sí, mucho para ganar manteniéndome fiel a la verdad que alcanzo a ver con independencia de cualquier perjuicio personal que pueda traerme. Pagaré siempre todos los costos que tenga que pagar con tal de mantenerme fiel a lo que veo como verdadero.

Si quiero mantener mi dignidad, no puedo evitar remitirme a la ciencia bien entendida, es decir, libre. En eXtramuros se ha publicado sistemáticamente ciencia de primera mano, o crítica fundada firmada por científicos reconocidos, ninguno de los cuales parece tener nada para ganar al ponerse a muchos de sus colegas y virtualmente a todas las instituciones financiadoras de investigación científica en contra. He aquí una lista parcial de esos científicos valientes: Sucharit Bhakdi, Robert Malone, John Ioannidis, Karina Acevedo, Jay Battacharya, Vladimir Zelenko, Pierre Kory, Michael Yeadon, Scott Atlas, Héctor Carvallo, Roberto Hirsch, Peter McCullough, Erin Olszewski, Gert Vanden Bossche, Genevieve Briand, Roger Hodgkinson, Sebastian Rushworth, Martin Kulldorff, Sunetra Gupta, Denis Rancourt, Knutt Wittkowski, Byram Bridle… La lista podría seguir, pero alcanza con esto.

El lector que no entiende como funciona el nuevo discurso único podrá buscar en wikipedia estos nombres, para constatar cómo todas las entradas correspondientes en la wiki han sido editadas para enchastrarlos. Es parte de la censura en la que vivimos.

Estos que en eXtramuros citamos, son científicos. Hay literalmente miles más publicando, investigando, y declarando contra esta farsa. Los citados antes son, todos ellos, profesionales médicos, o investigadores en el terreno de la salud y la biología. La gran mayoría de ellos pertenecen a las universidades más prestigiosas del mundo, y algunos además tienen títulos eméritos gracias a trayectorias destacadas. 

Los fundamentos de opinión que subyacen a esta pieza no son, pues, sólo la opinión caprichosa de quien firma. eXtramuros se ha convertido en un puente, tratando de traducir, explicar, ampliar, y coordinar información de calidad sobre lo que está ocurriendo en el mundo, con independencia de los informes de más aliento que hemos intentado producir, de modo totalmente vocacional y sin ningún sueldo ni favor político para ello.

No soy un funcionario, no respondo a otros intereses que la búsqueda de hechos ciertos y explicaciones razonables, dentro de mis siempre admitidas limitaciones. Esto no descarta, pues, que yo esté equivocado en muchas cosas, y estoy siempre dispuesto a aceptarlo inmediatamente, apenas me lo demuestren. Pero, con el respeto debido a la persona de Gerardo Sotelo, no acepto que me llame “negacionista”, ni que me atribuya “intereses mezquinos”, ni “procedimientos retorcidos”, ni que me acuse de traer “las peores consecuencias”, ningún ex-periodista desde su atalaya de transitorio funcionario.


Notas

[1] Me refiero, y dejo aquí de lado, a propósito, a quienes (respetablemente, para mi) buscan explicaciones alternativas a las condiciones médicas vulgarmente conocidas como “virales”, llegando a negar la existencia de los virus en general. Esa es otra discusión, y es una discusión legítima, y de fondo. Este no es el lugar para considerarla.
[2] Para los interesados en la farsa del uso de mascarillas, he aquí lo fundamental del abstract del estudio citado: “El uso de mascarillas de tela en entornos comunitarios se ha convertido en una respuesta de política pública aceptada para disminuir la transmisión de la enfermedad durante la pandemia de COVID-19. Sin embargo, las pruebas de la eficacia de las mascarillas se basan principalmente en estudios observacionales que están viciados de confusión, y en estudios mecanísticos que se basan en puntos finales sustitutos (como la dispersión de gotas) a lo que se toma como sustitutos de la transmisión de la enfermedad.
Las pruebas clínicas disponibles sobre la eficacia de las mascarillas son de baja calidad, y la mejor evidencia clínica disponible no ha demostrado en su mayoría la eficacia, con catorce de dieciséis ensayos controlados aleatorios identificados que comparan las mascarillas con los controles sin mascarilla y no encuentran beneficio estadísticamente significativo en las poblaciones de intención de tratamiento.”

[3] De la información en el portal de Yahoo: “El 12 de noviembre, el Dr. Anthony Fauci, asesor de la Casa Blanca en materia de COVID, intervino en el podcast The Daily de The New York Times para hablar del estado actual del coronavirus en EE.UU. Según Fauci, las autoridades están empezando a observar una disminución de la inmunidad contra la infección y la hospitalización varios meses después de la vacunación inicial. El experto en enfermedades infecciosas señaló los datos que llegan de Israel, que suele ir entre un mes y un mes y medio por delante de nosotros en cuanto al brote.

Están observando una disminución de la inmunidad no sólo contra la infección, sino contra la hospitalización y, hasta cierto punto, la muerte, que está empezando a afectar a todos los grupos de edad. No se trata sólo de los ancianos“, dijo Fauci. “Está disminuyendo hasta el punto de que cada vez se ven más personas que contraen infecciones pese a estar vacunados, y cada vez más de esas personas que contraen infecciones pese a estar vacunados, acaban en el hospital“.

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