La propaganda «goebbeliana» aplicada a la vacunación contra el Covid-19

ENSAYO

Este es el secreto de la propaganda: a quien la propaganda quiere capturar, lo empapa de sus ideas, sin darse cuenta de que es imbuido de ella (…) Si los otros ejércitos organizan y forman más de sus tropas, entonces nuestro deseo es movilizar al ejército de la opinión pública, el ejército de unificación espiritual, porque seremos realmente el punto de inflexión de la historia.”1 

Joseph Goebbels, Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich.

Por Andrea Grillo

La vacunación, un tabú del que solo hablan “los que saben”

No es novedad que la opinión pública se encuentra profundamente dividida frente a la temática de la vacunación contra el Covid-19. Esto no sucede solamente en Uruguay sino en todos los demás países del mundo, un acontecimiento por demás interesante en la globalizada sociedad post moderna, pero quisiera detenerme – y explayarme – en una lectura personal de lo que está pasando aquí y ahora.

Catalogar la vacunación como un tema tabú no es una exageración. De hecho, la palabra tabú “viene del polinesio (tongano, samoano, maorí) “tapu” (prohibición). Se refería a algo supernatural y peligroso. Tan peligroso, que no se debía ni pronunciar y al que lo pronunciaba lo castigaban físicamente. Sólo los hechiceros tenían un poder sagrado, llamado mana, para dominarlo.”2 Análogamente, aquellos que intentan pronunciarse en contra de las campañas de vacunación masivas, son abiertamente despreciados, censurados y vilipendiados hasta por sus propios pares, que ponen toda su fe en las voces de los “expertos”. El grado de aceptación es tal que las contradicciones en el discurso no son percibidas, y asistimos así a la milagrosa reconciliación de todas las paradojas. Por poner un solo ejemplo, la vacuna Coronavac de Sinovac obtuvo la autorización de uso de emergencia de la OMS el 1° de junio del 20213, pero ya se había empezado a distribuir en la población uruguaya desde fines de febrero y en ese mismo mes el Ministerio de Salud Pública emitía un comunicado que declaraba: “Como todas, las vacunas contra la COVID-19 se probaron en personas mediante ensayos clínicos en diferentes fases, que incluyen su uso en decenas de miles de personas (fase III). En estos estudios (vigilados durante dos años) se identifican las reacciones adversas más frecuentes y a corto plazo.4 Es harto evidente la discrepancia entre los hechos y el discurso, e incuestionable que los plazos para identificar las reacciones adversas no están cumplidos, pero realizar una crítica de este calibre o simplemente mencionar la posibilidad de un riesgo es cometer una herejía contra los brujos que sí pueden dominar el tabú. Los “expertos” afirmaron que era segura y efectiva, el gobierno la distribuyó, la población la aceptó y la OMS dio la aprobación de uso emergencia cuatro meses después. ¿Cómo se logró esta maravilla?

La comunicación masiva: herramienta inagotable de persuasión, disuasión y división.

Si la publicidad puede ser considerada como el arte de generar una necesidad de consumo que no existe, imaginemos qué campo fértil constituían los seres humanos aterrorizados a principios del 2020 para que les plantaran lo que fuera en la cabeza. Porque la necesidad ya existía: un anhelo imperioso de seguridad que predisponía a comprar cualquier cosa que la prometiera. El problema fue que no todos parecieron percibir la amenaza de la misma forma, y ya desde el principio surgieron algunos pensamientos que cuestionaban toda la narrativa oficial, poniendo en tela de juicio no solo lo concerniente al virus en sí, sino criticando además las políticas sanitarias, los cierres y la censura. Constituían una pequeña minoría frente a la gran masa cumplidora de protocolos, que había acaparado el papel higiénico y el alcohol en gel y que corría en dirección contraria de cualquier infeliz que tuviera la mala suerte de estornudar a media cuadra de distancia. El tejido social comenzaba, en su trama vincular, su proceso de ruptura. Los dueños de la palabra hicieron intentos de zurcirlo para atraer a esa minoría con algunos mensajes que no prosperaron, tales como “nos cuidamos entre todos”, una forma de decir que nos vigiláramos los unos a los otros espiando por la ventana (#quedateencasa). Y al llegar las vacunas, la brecha se amplió abruptamente entre quienes las esperaban con fervor mesiánico y quienes no compartían dicho culto. A partir de ahí la discusión se enardeció, la mayoría se plegó a las directivas oficiales y se intensificó la presión sobre aquellos que habían decidido no vacunarse. Hasta entonces, como veníamos viendo, la publicidad se limitaba a tirar línea en clave de normas morales con notas de emotividad intensa. Así asistimos al espectáculo de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes en la Sala Adela Reta, invitando a que todos los uruguayos atravesáramos esta “montaña”. También tuvieron su participación destacadas figuras del fútbol uruguayo, promotores de los sentimientos más nobles y patrióticos.

Nada de esto es inocente, por supuesto, pero al menos se mantenía un discurso aparentemente motivado por el altruista deseo del bienestar general. Paralelamente, sin embargo, en la realidad no virtual, el discurso hacía agua por todos lados. La normalidad prometida con las dos dosis no llegaba nunca aunque la propaganda oficial festejaba alentadoras cifras en cuanto a la baja de casos y de muertes. El estado de excepción se mantenía con todas las medidas sanitarias dispuestas desde el 13 de marzo del 2020.

Se comunicó la necesidad de una tercera dosis y hasta una cuarta, sometiendo a la población a formar parte de un nuevo experimento: el cruce de plataformas de vacunas. A pesar de que la salvación no había llegado, la mayoría continuó depositando su fe en las voces de mando, pero las protestas por parte de quienes no lo hacían se volvieron más contundentes. Para ellos se necesitaba un mensaje con una tonalidad algo más imperativa.

Uruguay se Vacuna

De todos los hechiceros habilitados para pronunciarse acerca del tabú, el MSP destaca como la autoridad máxima. Es quien otorga el guión a los periodistas y también quien reafirma o desmiente las declaraciones de los científicos. En el pináculo de toda comunicación referente a la vacunación, se asienta el MSP. Desde hace un mes, su última producción publicitaria multimedios, se nos presenta en todos los formatos, a toda hora del día, en una letanía invasiva que no da tregua:

Gracias al trabajo de nuestros vacunadores, en Uruguay se vacuna, en promedio, el 1% de la población. Por eso hoy, Uruguay está entre los países más vacunados del mundo. Ocho de cada diez uruguayos mayores de doce años, ya están en proceso de vacunación, y seis de cada diez, ya tienen las dos dosis. Gracias a este logro, comenzaron a disminuir los casos activos y los enfermos graves. Pero tenemos que sostener la vacunación y los cuidados personales para no retroceder. Necesitamos que todos los uruguayos no vacunados se agenden ahora, para conseguir una protección segura. Si no lo hacen, el virus seguirá circulando y la pandemia seguirá perjudicando a muchos uruguayos. Agendate ahora mismo y ponele el brazo a la pandemia. Uruguay se vacuna.”

Cualquier comunicación que comienza con un agradecimiento predispone a su receptor a un contenido amable, vale decir que quien escucha queda listo para recibir de buen grado el resto del discurso. Convengamos que no hay mejor mentira que la que se construye sobre una verdad parcial, lo que aquí se logra en dos líneas: informar el porcentaje de personas vacunadas y atribuir a ese porcentaje la disminución de los casos y las muertes. Cuando algunas personas advirtieron al comienzo de la campaña de vacunación que los casos y las muertes, en lugar de descender, aumentaban, la respuesta fue que “correlación no es causalidad.” Lo mismo podría decirse ahora. A principios de julio, el MSP instaba a seguir “manteniendo los cuidados antes, durante y después de recibir las vacunas.”5Una vez más, uno se pregunta entonces para qué, pero el desprecio por la lógica es propio de toda sumisión al poder, sea cual sea.

Lo que este mensaje tiene de verdaderamente nuevo es que, por primera vez, se dirige a los no vacunados, acusa recibo de su existencia y su importancia, y los convoca. Antes la propaganda se dirigía a “todos”, ahora presenta a las claras los dos grupos, le habla a “éstos”, y a “los otros”:

Necesitamos que todos los uruguayos no vacunados se agenden ahora, para conseguir una protección segura. Si no lo hacen, el virus seguirá circulando y la pandemia seguirá perjudicando a muchos uruguayos.”

Aparentemente la vacuna solo funciona cuando se la da el otro. Y aparentemente también es responsabilidad de ese otro que el virus siga circulando o no. Esto que antes se decía de forma velada, se libera y se pronuncia explícitamente. La culpabilización, de por sí grave pero que hasta ahora se había mantenido en la forma privada de los vínculos, queda legitimada por la voz más fuerte de todas. La autoridad ha dejado de intentar mostrarse imparcial. Nunca lo fue, pero ahora es franca en su acusación. Tal vez para algunos esto sea una cuestión de matices, por cuanto ya venimos desde hace tiempo siendo testigos de cómo la comunicación mediática profundiza la división entre los uruguayos sin ningún tipo de sustento científico. Pero no es una cambio menor en el discurso. El MSP, a sabiendas de que está mintiendo – Uruguay siempre tuvo el diario del lunes a nivel mundial y los peores datos de contagios y mortalidad los ostentan los países con mayores índices de vacunación – instiga al enfrentamiento civil y promueve la violencia entre ciudadanos, porque quienes crean el mensaje verán en el otro, ya sin lugar a relativizaciones, al enemigo mortal, al terrorista. Por primera vez la divinidad científica, en boca de su hechicero más respetable, acusa directamente a quienes no se vacunan de perpetuar la muerte. Y es una acusación muy seria como para dejarla pasar.

Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

Principio de la vulgarización. Joseph Goebbel


Referencias

1 Goebbels, discurso del 25 de marzo de 1933. Citado de: Smitz-Berning, Cronelia: Vokabular des Nationalozialismus. Berlín, Nueva York 2000, pág. 479.

2 http://etimologias.dechile.net

3 https://www.who.int/es/news-room/q-a-detail/coronavirus-disease-(covid-19)-vaccines?adgroupsurvey={adgroupsurvey}&gclid=EAIaIQobChMIn8z8_KCq8gIViIKRCh3-DQwOEAAYASAAEgKWz_D_BwE

4 https://www.gub.uy/ministerio-salud-publica/comunicacion/publicaciones/preguntas-frecuentes-vacunacion-covid-19/sobre-vacunas/eficacia

5 https://www.facebook.com/MSPUruguay/photos/1751387555062645

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