Como una sociedad de consenso es una sociedad profundamente autoritaria

En este vertiginoso fragmento de crítica política, Mencius Moldbug mostraba (hace más de diez años) cómo la sociedad en que vivimos está controlada discursivamente, convirtiéndose de hecho en una sociedad mentalmente autoritaria, sin necesidad de ninguna teoría conspirativa. 
El fragmento pertenece a An Open Letter to Open-Minded Progressives, de 2008, e incluye una de las más claras definiciones de su concepto político de “catedral”. 

PORTADA

Por Mencius Moldbug

Juguemos un poco. Separaremos las civilizaciones en tres tipos–1, 2 y 3–de acuerdo a la relación que en ellos exista entre opinión y autoridad. Describiré las clases en abstracto, sin dar ejemplos. Luego intentaremos averiguar en qué clase de sociedad vivimos nosotros.

El tipo 3 es lo que se llamó la “sociedad abierta”. En una sociedad de tipo 3, los pensamientos compiten en base a su parecido con la realidad. Las instituciones que propagan los pensamientos compiten sobre la base de la calidad de pensamiento que propagan. Esto no es muy complicado. Las ideas buenas ganan la competencia a las malas en una sociedad de tipo 3 […] Pienso que estaremos de acuerdo que una sociedad de tipo 3 es aquella en la que querríamos vivir. La pregunta es: ¿vivimos en una? 

La sociedad de tipo 1 es básicamente lo opuesto de la tipo 3. Llamémosla la sociedad de la lealtad. En una sociedad de tipo 1, los pensamientos que usted tenga vendrán coordinados por el gobierno. La opinión pública es cuestión de seguridad nacional. ¿Por qué lo es? Porque la gente es terriblemente peligrosa. […] En una sociedad de tipo 1 el Estado establece dos tipos de ideas: buenas y malas. Penaliza a la gente por expresar malas ideas, o las recompensa por expresar ideas buenas, o ambas cosas. Una mala idea es una idea que, si una cantidad suficiente de gente llegase a pensarla, sería una amenaza para la seguridad del Estado. Una buena idea es cualquier idea que resulte útil para el Estado […] 

Para instalar sus buenas ideas en su cerebro, el Estado mantiene un conjunto de órganos de información, instituciones que divulgan buenas ideas desde que usted está en la cuna hasta que está en la tumba. Los órganos instalan buenas ideas en los jóvenes, y las mantienen ahí en el adulto. Los homínidos son máquinas de aprender. Aprenderán lo que sea que se les ponga adelante. No es realmente tan difícil. 

Para impedir la dispersión de las malas ideas, el Estado emplea sus poderes para desestimular, prohibir, o destruir a los órganos de información no coordinados. En una sociedad exitosa de tipo 1–ha habido muchas–las buenas ideas pueden ser muchas, y variadas. Muchas si no todas ellas, muy finas. Podría ser posible, para un miembro inteligente de la clase gobernante, vivir una vida normal y exitosa, sin ni una vez verse tentado a salirse fuera del corral. Sin embargo, desde la perspectiva de las fuerzas de seguridad, podría ser bastante útil tener un par de preguntas para las que la respuesta mala fuese la verdadera, y la buena idea fuese un sinsentido. Hay gente a la que, de nacimiento, le gusta crear problemas. Separar las ovejas de las cabras da a las autoridades un gran modo de reconocer las segundas. Por supuesto, no todo el mundo en una sociedad 1 precisa ser un creyente. Pero cuanto más los haya, mejor, especialmente dentro de la clase gobernante. 

Una estructura ideal es aquella en que los que creen están concentrados entre los círculos sociales más exitosos y más de moda, mientras que los que disienten (si hubiese alguno) tiendan a estar peor educados, ser menos inteligentes, y ni cerca de ricos que los otros. Si se logra esto, los creyentes sentirán un desprecio saludable y natural por los que disienten, y estos se verán inclinados a abandonar sus malas ideas si es que tienen algún deseo de triunfar en la vida. El sine qua non de una sociedad de tipo 1 es la coordinación central de la información. Puesto que los órganos son los instrumentos que hacen realidad la seguridad del Estado, no puede permitirse que se contradigan uno a otro. […] Aun en cosas triviales, el desacuerdo significa inestabilidad. En otras palabras, los órganos informativos de una sociedad de tipo 1 son sinópticos. Ven el mundo a través de un solo ojo, un solo conjunto de doctrinas, una historia oficial. Llamémosle sinopsis. […] No hay misterio alguno respecto de la identidad histórica de las sociedades de tipo 1. Es un patrón indudablemente de derecha. Es también la estructura básica de todo gobierno humano: el rey-dios. Los griegos lo llamaron “despotismo oriental”, en la historia cristiana se le conoce como césaropapismo. En la historia anglonorteamericana, es el estado throne-and-altar (trono y altar), representado por la alta iglesia anglicana, o la tradición católica. […] Y por supuesto, en la historia del siglo XX vemos representado el tipo 1 con la mayor claridad en el nacionalsocialismo y en el fascismo italiano. […] 

Vemos también el tipo 1, si bien no tan nítidamente, en los estados comunistas. Tiende a volverse allí más institucional y menos personal. Es fácil identificar hítleres comunistas, pero no hay un equivalente comunista claro para Goebbels. Los estados comunistas han experimentado la decadencia de la autoridad personal a lo largο del tiempo, la cual pasó a las instituciones. Pero el Partido en un estado moderno de partido único es más o menos el equivalente a la iglesia en la vieja época cristiana, y una iglesia establecida es una iglesia establecida, sea que la gobierne un papa o un sínodo. El estado de tipo 1 es sin duda el más común a lo largo de la historia. No es el fin del mundo. La China de hoy es una sociedad de tipo 1. Tiene también la economía más exitosa del mundo, y no es un mal lugar para vivir, para nada. La inglaterra isabelina, que experimentó quizá la explosión artística más grande de la historia, era una sociedad de tipo 1 repleta de policía secreta. Por otro lado, Corea del Norte es una sociedad de tipo 1, y es horrible de casi todos los modos posibles. Yo podría decir, en general, que preferiría vivir en una sociedad 3 antes que en una sociedad 1, pero los detalles aquí importan. 

Pero, he aquí el problema. El problema es: las sociedades occidentales modernas, post 1945, no encajan para nada en la descripción de la sociedad 1. Por ejemplo, no hay autoridad que coordine. Salvo que uno salga con una teoría conspirativa (ja, ja), eso no existe. No hay un Goebbels que le diga a los escritores qué escribir, a los cineastas qué filmar, a los periodistas qué imprimir, a los profesores qué profesar. No hay papa, no hay iglesia, no hay Partido, no hay nada. Y, como vimos, el diseño de tipo 1 no tiene sentido sin coordinación. Sin embargo, por otro lado… Primero, si bien nuestra sociedad no encaja en la descripción de tipo 1 en su aspecto esencial, parece encajar muy bien en otros aspectos. Y segundo, si bien encaja en la descripción 3 de algunos modos, no parece encajar en otros. Por ejemplo, en una sociedad de tipo 3, deberíamos ver heterogeneidades intelectuales entre instituciones que compiten. Harvard y Yale deberían estar de acuerdo en general, porque la realidad es una sola. Y lo mismo deberían el New York Times y el Washington Post. Pero siempre hay esclerosis, estancamiento, corrimientos. La competencia, no solamente entre ideas sino entre instituciones, es esencial al ideal popperiano. Deberíamos ver a estas instituciones deslizarse un poco fuera de la realidad a veces. Y deberíamos ver que el mercado de las ideas las castiga  cuando lo hacen, y las recompensa cuando no lo hacen. 

¿Usted ve eso? Porque yo, por cierto, no lo veo. Lo que yo veo es sinopsis. Desde mi perspectiva, no sólo Harvard y Yale, sino de hecho todas las universidades principales del mundo occidental, ofrecen exactamente el mismo producto intelectual. ¿Qué institución es más de izquierda, por ejemplo? ¿Harvard, o Yale? Usted puede elegir dos universidades cualquiera de las relevantes, y no será capaz de contestar esta pregunta. Es una especie de pelotón intelectual. Y no es que no veamos deslizamiento. Hay mucho. Si usted pregunta quién está más a la izquierda, Harvard hoy, o Harvard en 1958, la respuesta es fácil. Pero el pelotón entero va derivando en la misma dirección, a la misma velocidad. ¿Esto le parece obviamente tipo 3 a usted? 

De manera que, si hubiese algún Goebbels diciéndole a los profesores de Harvard y Yale lo que deben profesar, sería un secreto inconcebiblemente bien guardado. Lo mismo es cierto para los periódicos. Los así llamados “medios de comunicación hegemónicos (mainstream)”, constituyen por cierto una sinopsis. Así como existe una clara distinción entre universidades hegemónicas y marginales, hay una clara distinción entre medios hegemónicos y medios marginales. Los últimos pueden decir cosas completamente diversas. Los primeros constituyen una sinopsis. Y las sinopsis académica y periodística son claramente idénticas–los periodistas hegemónicos no desafían, como regla general, la autoridad académica hegemónica. Estas instituciones hegemónicas se parecen mucho, pero mucho mucho, a los órganos de información que esperamos ver en una sociedad de tipo 1. Y su producto es claramente una sinopsis. Pese a lo cual, no están, claramente, sujetos a ninguna clase de coordinación central. Pienso que la sinopsis hegemónica post-1945 es suficientemente importante como para tener nombre propio. Llamémosla Sinopsis. Démosle también, al conjunto de instituciones que produce y propaga la Sinopsis–medios académicos, periodismo y educación hegemónicos–un nombre. Llamémosles la Catedral. 

¿Cómo explicar este fenómeno?

La Sinopsis, por supuesto, tiene una respuesta. La respuesta es que vivimos en una sociedad de tipo 3, y la Sinopsis es el conjunto de todas las ideas razonables. En cuanto a la Catedral, es simplemente la culminación de la gran búsqueda humana de conocimiento. Es simplemente tan permanente como la realidad dentro de la que existe, y aclara, razón por la cual habrá Harvard y habrá Yale en 2018, 2208, y 3008. He aquí, de nuevo, nuestra primera hipótesis. Si usted cree en la Sinopsis y confía en la Catedral, usted es o bien un progresista, o bien un idiota. No hay manera de recibir una educación de universidad hegemónica, leer el New York Times cada mañana, confiar en ambos, y no ser un progresista. Salvo, por supuesto, que usted sea un idiota. 

Pero hay otra hipótesis, que es que vivimos en una sociedad de tipo 2. La sociedad de tipo 2 es la sociedad del consenso. Su fenómeno clave es el de la coordinación espontánea. Usted puede llamarla una Gleichschaltung sin un Goebbels. La coordinación espontánea puede producir un sistema de información oficial que se parezca en todo al de una sociedad de tipo 1, pero que no responde a ninguna autoridad o institución central. Básicamente, una sociedad de tipo 1 es un gobierno en que el Estado controla la prensa y la universidad. Una sociedad tipo 2 es una en que la prensa y la universidad controlan el Estado. Es fácil distinguir ambas formas, pero la experiencia del cliente es bastante la misma. Como en una sociedad de tipo 1, una sociedad de tipo 2 puede resultar razonablemente cómoda y placentera para vivir en ella. El diseño de tipo 2 es más estable en algunos sentidos, y menos en otros. No es el fin del mundo. Pero, siendo alguien que preferiría una sociedad de tipo 3, la considero perniciosa.  Las sociedades de tipo 2 tienden a formarse a partir del colapso de la autoridad central en las sociedades de tipo 1. Recuerde que en una sociedad de tipo 1 la opinión pública es poder. Es el poder de la muchedumbre. Una muchedumbre no puede derrotar a un ejército, pero si el ejército es neutral, quien tenga la muchedumbre más grande, gana. ¿Qué pasa en una sociedad de tipo 1 cuando falla el centro? ¿Cuando la censura ya no opera, los periodistas no reciben órdenes, los herejes no son ya quemados en la estaca, los profesores no son ya contratados ni echados por sus opiniones políticas? Usted podría pensar que el resultado es una sociedad de tipo 3, un mercado de ideas en el cual sólo rige la libertad, y las ideas compiten exclusivamente en función de su valor. Pero la conexión entre la opinión pública y el poder político vale aun. Por tanto, los órganos de información aun actúan como centros de poder. Si sus visiones divergen, como debieran hacerlo fuera de una sociedad de tipo 1, entonces pueden competir de dos modos: sobre la base del rigor intelectual, o sobre la base del poder político. Si eligen el primero y abjuran del segundo, estarán en desventaja frente a aquellos que tienen a sus amigos como armas. Más aun, puesto que el poder político es un arma más mortal, los competidores exitosos resolverían cualquier negociación entre poder y rigor intelectual en favor del primero. Podemos describir la patología del tipo 1 como distorsión coercitiva del poder. El poder político distorsiona el paisaje de ideas, deformando el campo de juego. Las ideas que el Estado favorezca serán popularizadas artificialmente. Las ideas que éste combata, serán desalentadas artificialmente. El equivalente de tipo 2 es una distorsión del poder de tipo atractivo. El Estado coercitivo no existe, o al menos no ejerce coerción. Pero la conexión entre el poder y la opinión pública sigue existiendo. Las ideas, por ende, son favorecidas selectivamente sobre la base de su capacidad para servir a estándares alrededor de los cuales organizar coaliciones, las cuales pueden luchar por el poder por cualquier medio eficaz. De nuevo, desde la perspectiva de la sociedad de tipo 3, la distorsión del poder de tipo atractivo es patológica, por la misma razón que lo es la distorsión coercitiva del poder. Es un criterio alternativo que contribuye al éxito o fracaso de las ideas y que no tiene nada que ver con su validez. Por ejemplo, de muchas formas el sinsentido es una herramienta de organización más eficaz que la verdad. Cualquiera puede creer la verdad. Creer en un sinsentido es un demostración de lealtad mucho más poderosa. Funciona como un uniforme político. Y si usted tiene un uniforme, usted tiene un ejército. Hemos visto este efecto cohesivo antes en un estado de tipo 1, pero funciona igual de bien para las facciones que compiten en el tipo 2. Esto no explica, sin embargo, cómo es que la sociedad caótica de tipo post-1 cuaja en la sociedad madura y espontáneamente coordinada de tipo 2. ¿Por qué tenemos una Sinopsis y una Catedral, en lugar de una cantidad de sinopsis y catedrales competitivas? La respuesta es, creo, que incluso una sociedad de tipo 2 tiene un solo gobierno. 

Es imposible para dos sistemas de información en competencia capturar un gobierno único. Y capturar al gobierno da a un sistema de información una ventaja considerable sobre todos sus competidores. Se puede subsidiar a sí mismo. Puede penalizar a sus competidores. Puede entregarse a todo el rango de sórdidas patologías propias del tipo 1. Sin llegar a un coordinador central, la Catedral puede captar los recursos y poderes del Estado. Puede desarrollar teorías del gobierno que incorporará en la Sinopsis, y que el Estado deberá seguir. Estas teorías involucran, naturalmente, el apoyo sumiso de la Catedral, la que se vuelve responsable por la producción de “políticas públicas”, es decir, decisiones de gobierno, es decir, el poder real está en manos de los profesores y los periodistas, es decir, la Catedral, no a través de su pureza y honestidad, sino a través de su control auto-sustentable de la opinión pública. La gran pregunta de Lenin, “¿Quién, de quién?”, está contestada. 

Pero ¿por qué no se parte la Catedral en varias facciones? ¿Qué es lo que mantiene a Harvard alineada con Yale? ¿Por qué no se da cuenta una de las dos que no hace falta que haya mil universidades sinópticas, y una enorme demanda insatisfecha de alguna universidad conservadora en serio? ¿Por qué, en suma, es estable la Sinopsis? Pîenso que la respuesta es que la Sinopsis sólo incluye las proposiciones políticas cuya adopción tienda a fortalecer la Catedral, y a debilitar a sus enemigos. Rechaza y se opone a todas las demás proposiciones. En la medida en que este conjunto cambie con el tiempo, la Sinopsis cambiará también. Sigue una suerte de estrategia de subida de una colina–no en el paisaje de la verdad, sino en el del poder. Por tanto, por definición, no es posible oponérsele desde dentro. Ser progresista es simplemente apoyar la Catedral y la Sinopsis. Hoy, la Sinopsis desciende linealmente del primer movimiento de tipo 2 en la historia moderna, la Reforma. A través de la Reforma alcanzamos el Iluminismo, cuya conexión con la Sinopsis es obvia. El régimen post-1945, cuya victoria sobre todas las fuerzas pre-Reforma o anti-Iluminismo parece final e irreversible, es el milenio progresista. (Digo “milenio” sólo en el sentido de “utopía”. No espero que dure mil años).

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